Review: medidor láser DeWalt DW030

Hace unos días, en una visita a una conocida cadena de tiendas de bricolaje, vi algo en la línea de cajas que mi cerebro no tardó ni dos segundos en querer comprar. Siendo un amante de los aparatos de medida, era extraño que todavía no tuviera un medidor de distancias por láser; y este que hoy os presento, con un tamaño tan minúsculo, tenía que ser mío.

Quería hacer una breve reseña de este medidor porque para mi gusto tiene alguna característica que lo hace muy atractivo y a lo mejor a alguno de vosotros le pasa como a mí y le parece un buen “autoregalo”. Además, me da que es bastante novedoso, ya que era la primera vez que lo veía en una tienda y normalmente me suelo fijar en este tipo de cosas.

Veréis, los medidores láser que hay en el mercado suelen ser del tamaño de una caja grande de cerillas de cocina, pesan en torno a 150 gramos y suelen funcionar con un par de pilas AA o AAA. Sus rangos de medida andan sobre los 30 ó 40 metros (aunque los hay de más) y en muchas ocasiones disponen de funciones de cálculo de áreas y volúmenes, las cuales consisten en tomar medidas consecutivas del ancho, del largo y de la altura del recinto a acotar y el aparato hace la multiplicación por nosotros para danos el área o el volumen resultante.

Este modelo de DeWalt sin embargo es mucho más simple que todo eso: su minúsculo cuerpo sólo tiene un botón que nos va a servir para encender, medir, cambiar de unidades y apagarlo; así que la simpleza es extrema. El DW030 mide 62 x 32 x 17 mm y tiene un peso de 31 gramos. Os pongo a continuación una fotografía en la que podéis ver este modelo junto a un Bosch que estaréis hartos de ver, ya que es uno de los modelos más vendidos de este tipo de aparatos.

Además, el aparato del que hoy os hablo sólo sirve para una cosa: medir distancias en línea recta. Lo apoyamos en la pared desde donde queremos medir, pulsamos una vez el botón para encender el láser, dirigimos el haz de luz a la superficie hasta la cual queremos conocer la distancia y pulsamos una segunda vez para que el aparato haga la medición propiamente dicha quedando fija en pantalla.

Si queremos cambiar las unidades de medida (por defecto viene en metros) debemos mantener pulsado el botón durante tres segundos. Si queremos apagar el aparato debemos mantener pulsado el botón durante cinco segundos. Eso es todo.

De su alimentación se encarga una batería interna de litio que se recarga a través de un puerto microUSB, algo que no lleva más de una hora y que nos dará bastante autonomía. Yo llevo unos días usándolo a menudo para probarlo en todo tipo de situaciones y todavía marca 2/3 de carga de batería, así que en ese aspecto se defiende bastante bien.

El rango máximo de medición es de 9 metros, lo cual es bastante menos que los modelos a los que me refería al principio de esta entrada, pero suficiente si queremos montar unos muebles en casa, medir las cotas interiores de nuestro coche o ver la distancia que hay entre las columnas del garaje. Si necesitáis medir el ancho de un campo de fútbol tendréis que ir a modelos más prestacionales.

La resolución de la medida es en milímetros y el fabricante declara un error máximo de +-6 mm en 9 metros, lo que en términos porcentuales es un +-0,066%. Por cierto, el rango mínimo de medida es de unos 16 centímetros y por debajo de esa distancia el DW030 no es capaz de medir.

Como ya os imaginaréis la ventaja de este modelo es su tremenda portabilidad, ya que por su tamaño cabe en cualquier bolsillo (incluso en el típico de las monedas de los pantalones vaqueros) así como la recarga de su batería por microUSB porque siempre tendremos cerca un cargador de este tipo.

Como todos los distanciómetros láser, en interiores funciona muy bien pero en exteriores a plena luz del sol a veces no es capaz de “ver” correctamente la superficie a la que queremos medir y da valores extraños (o directamente no mide). También ocurren errores cuando pretendemos medir la distancia a una superficie transparente como por ejemplo la altura hasta el agua de un tanque o un cristal. Si tenéis que medir en exteriores es mejor esperar a que estemos en sombra, porque ya os digo que con el sol en todo lo alto a veces nos podemos volver un poco locos.

Por cierto, una cosa curiosa que he podido comprobar es que si medís la distancia hasta un espejo el valor que vais a ver en pantalla es el doble del que hay realmente.

En cuanto al vil metal, a mí me ha costado poco menos de 30 euros y en Amazon lo he visto por 33, así que parece claro que ahí anda el precio de este modelo. Realmente por ese dinero hay modelos con más prestaciones, pero desde luego no tienen el tamaño ni la ligereza de este DeWalt, que es lo que me llevó a comprarlo. La caja incluye además del medidor, una correa para la muñeca y un cable microUSB para cargarlo además de un par de panfletos con instrucciones de uso y seguridad.

Y ya está. Como veis ha sido una review realmente breve pero es que en realidad no hay mucho más que contar. Espero que al menos os haya resultado entretenida.

¡Nos leemos!

Retratos y angulares: no siempre incompatibles

Siempre se ha dicho (yo el primero) que lo mejor para realizar un retrato es usar un teleobjetivo, ya que éste aplana las facciones y además difumina el fondo de la imagen de tal modo que la atención del espectador recaerá sobre el protagonista de la misma.

Frustración

Ejemplo de retrato hecho con un teleobjetivo en el que podemos ver cómo el fondo aparece tan difuminado que es irreconocible.

Sin embargo, usar un angular para estos menesteres puede ser útil en determinadas circunstancias; sobre todo si buscamos darle un aire informal a nuestro retratado.

Tened en cuenta que al utilizar un angular, las facciones se alargarán más cuanto más corta sea la focal (sobre todo teniendo en cuenta que para llenar el encuadre tendrás casi que ponerle el objetivo en la nariz al modelo) y además el retratado y el fondo aparecerán con una nitidez similar debido a la gran profundidad de campo que poseen este tipo de ópticas y que es algo que podéis apreciar en el ejemplo que tenéis bajo estas líneas y para el que he empleado la técnica de la distancia hiperfocal.

Playa de Morro de Gos (Oropesa)

Fotografía de paisaje realizada con un objetivo angular

Pero como os decía, no siempre debemos de evitar estos efectos secundarios, ya que en ocasiones pueden resultar creativos y divertidos. Os dejo a continuación con un par de ejemplos de esto que os digo explicando un poco lo que pretendía en cada uno:

Plano picado con angular

En el primero de ellos lo que buscaba al emplear el angular era precisamente ese alargamiento del cuerpo que se puede apreciar gracias al ángulo de disparo y la focal empleada, sobre todo en el brazo que está más cerca de la cámara. Como podéis ver, esa alteración en las proporciones llama la atención del espectador y al mismo tiempo nos sitúa en el lugar donde está hecha la fotografía.

Autoretrato

El segundo ejemplo está hecho a escasos centímetros de mi cara (ya os decía que para llenar el encuadre con un angular hay que acercarse mucho) y de ahí que mi nariz y mis ojos aparezcan desproporcionadamente grandes. Lo que pretendía en este retrato es darle a la imagen un aire un poco irreal; algo que también busqué mediante el tratamiento del color. No sé si lo conseguí o no; pero la fotografía al menos me ha servido para ilustrar esto que hoy quería contaros.

Como os decía antes, para retratos “serios” lo suyo es emplear un teleobjetivo (y mejor si es de apertura generosa). Sin embargo, el uso de un angular puede dar lugar a efectos interesantes que darán un aire informal a nuestras imágenes. Esta es la teoría. Ahora sólo os queda coger la cámara y poneros a practicar.

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La distancia focal como elemento compositivo

Si bien el tema de la distancia focal y su relación con la perspectiva es algo que ya vimos por aquí hace unos cuantos meses, hoy me gustaría volver a abordar el tema pero esta vez desde un punto de vista más artístico y menos técnico; y es que las distancias focales son un aspecto muchas veces dejado de lado a la hora de componer una fotografía porque hay gente que tiende a pensar que el zoom sólo sirve para acercarse a las cosas cuando en realidad no es así.

La focal empleada va a cambiar la perspectiva e incluso el significado de una fotografía si sabemos hacer buen uso de este parámetro, de modo que debemos de darle su justa importancia porque se trata de una poderosa herramienta para expresarnos.

A primera hora

Para empezar vamos a repasar (aun a riesgo de repetirme un poco con respecto a la entrada que os enlazaba en el primer párrafo) cómo varía la perspectiva en función de la distancia focal empleada partiendo de otra premisa muy básica: hay que tratar de llenar el encuadre.

LLENANDO EL ENCUADRE

Sí, llenar el encuadre con el motivo principal de nuestra fotografía es importante para que una foto “diga algo” pero, ¿cómo llenarlo? Podemos usar una misma focal y movernos con nuestros pies (lo que yo suelo llamar “pedestrian zoom”) o bien podemos emplear el zoom óptico de nuestra cámara o las distintas focales de las que dispongamos en caso de una cámara réflex.

Sin embargo, optar por una u otra opción es más importante de lo que parece porque tiene una influencia total en el aspecto de la fotografía y la relación entre sus planos. Vamos a verlo a través de cuatro imágenes parecidas pero en realidad muy diferentes:

Oropesa del Mar

Angular (16 mm f/8)

Oropesa del Mar

Normal en formato DX (35 mm f/8)

Oropesa del Mar

Teleobjetivo corto (85 mm f/8)

Oropesa del Mar

Teleobjetivo (200 mm f/8)

En las cuatro fotografías anteriores he tratado de mantener más o menos fijo el encuadre del objeto en primer plano alejándome de él a medida que aumentaba la distancia focal. Como podéis apreciar, si empleamos una distancia focal corta (objetivo angular) los planos parecen muy lejanos entre si; mientras que si empleamos una focal larga (teleobjetivo) el fondo y el primer plano parecen acercarse entre si.

Más allá de una mera cuestión estética, vamos a ver que esto tiene implicaciones directas en lo que queramos expresar con nuestras fotografías.

ANGULARES

Un objetivo angular no sirve para que entren más cosas en la foto como mucha gente cree. De hecho, la gracia del angular es que si nos acercamos mucho al motivo principal de la fotografía y sabemos jugar con la perspectiva le daremos un contexto que en muchas ocasiones es lo más importante de una imagen. Os lo explicaré con una fotografía de ejemplo que hice recientemente.

Vertederos improvisados

Si hubiera fotografiado esa caja sin más, la imagen carecería de todo sentido. El espectador sólo vería un cajón de madera que en su momento contendría algún electrodoméstico de la marca Siemens, pero no diría nada más. Sin embargo, al emplear una distancia focal pequeña y acercarme mucho a ella, puedo hacer que la caja ocupe buena parte del encuadre y al mismo tiempo sacar todo el material que la rodea y que conforma una auténtica escombrera ilegal en medio del campo; que es precisamente lo que pretendía mostrar en esta imagen.

Tampoco sirve usar el angular desde lejos para así poder meterlo todo en la imagen sin ningún elemento ocupando la mayor parte del encuadre; porque precisamente el protagonismo de esa caja de Siemens es lo que le da a la imagen un toque distintivo. Recordad que con un angular la PDC es muy grande y los elementos de la imagen aparecerán nítidos en ella estén en el plano que estén, por lo que el único modo de destacar uno es haciendo que aparezca con un gran tamaño respecto a los demás.

Os dejo a continuación otros ejemplos similares en los que el uso de un angular mete al elemento principal de la imagen en un contexto que es el que da sentido a la fotografía.

¡Todos a una!

Días de verano

No parking here

TELEOBJETIVOS

Por su parte, un teleobjetivo consigue justo el efecto contrario, ya que tiende a aislar el motivo principal gracias a su estrecha profundidad de campo y, por tanto, el desenfoque del resto de planos que conforman la imagen.

En esta ocasión voy a recurrir a una fotografía que hice hace más de un año para ejemplificar este “aislamiento” que os digo.

Miradas (II)

Como véis, pese a la gran cantidad de elementos que aparecen en la fotografía, al final nuestra mirada se dirige en primera instancia al hombre que hay en primer plano y a continuación a la mujer que lo mira a él y que empieza a aparecer ligeramente desenfocada. Todo lo demás (personas, puestos, banderas…) que ese día había en la calle aparece completamente difuminado y nos permite centrar nuestra atención sobre el motivo principal de la imagen.

A continuación os dejo con un trío de fotografías en las que los desenfoques de los fondos nos permiten olvidarnos de ellos para centrar nuestra mirada en el motivo principal.

Las palomas de Madrid

Bendición de San Antón 2011

El explorador

RESUMIENDO

Como habéis podido ver, lo que siempre os digo de que hay que llenar el encuadre para conseguir una fotografía visualmente atractiva es importante; pero igual de importante es elegir bien la focal con la que vamos a disparar esa fotografía, ya que esa decisión cambiará por completo el significado de la imagen.

¿Queréis situar al sujeto principal de modo que la imagen cuente una historia? Usad un angular.

¿Queréis expresar una cierta sensación de soledad o aislar algo en un encuadre lleno de elementos? Usad un teleobjetivo.

Concentración de clásicos en Oropesa del Mar

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La escala de distancias de los objetivos

Hay un elemento que hace años incorporaban todos los objetivos y que en los últimos tiempos parece haber caído en el olvido: la escala de distancias. No obstante, puesto que en este blog me gusta abarcar todos los aspectos posibles de la fotografía, hoy nos vamos a centrar en ver la utilidad de este “invento” a través de una breve explicación teórica y unas cuantas fotografías de ejemplo.

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

La profundidad de campo

En una fotografía sólo puede haber un plano (perpendicular a la cámara) perfectamente enfocado y de grosor infinitesimal. En el caso de un retrato suelen ser los ojos de la persona o si es un paisaje algún elemento cercano que queramos destacar por encima del resto. No obstante, jugando con parámetros como la apertura o la distancia focal vamos a hacer que la distancia a la que las cosas aparecen nítidas por delante o por detrás del plano de enfoque (lo que se conoce como profundidad de campo o, abreviadamente, PDC) sea mayor o menor en función de lo que queramos expresar con nuestra imagen.

En el caso del retrato esta PDC va a ser muy pequeña porque lo que queremos en esta disciplina fotográfica es aislar al sujeto principal del fondo de la fotografía; y eso lo logramos haciendo que prácticamente todo lo que no esté en el plano de sus ojos quede difuminado. Puesto que para hacer esto necesitaremos focales largas y/o aperturas grandes, ya tenéis el tipo de objetivo que nos va a venir mejor para este tipo de fotografías: un teleobjetivo luminoso.

Estela

Por su parte, si estamos ante un paisaje, lo que nos va a interesar es que aparezcan nítidos la mayoría de los elementos que lo componen; por lo que aunque hayamos situado el plano de enfoque en un elemento más o menos cercano, empleando una apertura pequeña y/o una distancia focal corta cumpliremos con nuestros propósitos de que se represente con nitidez todo lo que aparece en el encuadre; algo para lo que un angular nos vendrá muy bien. Por cierto, os recuerdo que para esto viene muy bien saber lo que es la distancia hiperfocal.

Un rincón para contemplar las nubes

La escala de distancias

Como os decía al principio de este artículo, la escala de distancias es algo que incorporaban prácticamente todos los objetivos hace unos años y que en los últimos tiempos ha desaparecido casi por completo. Por eso, no es raro ver que hay gente que pregunta por el funcionamiento de este elemento y de ahí la inspiración para escribir este artículo.

No está de más recordar que un objetivo tiene mayor profundidad de campo cuanto menor es su distancia focal (vuelvo al ejemplo del paisaje y el angular). Por tanto, a mayor distancia focal más estrecha va a ser la franja en la que aparecen nítidos los elementos y eso es algo que vamos a ver reflejado en las escalas de distancias según la focal empleada como luego comentaré.

Por cierto, aprovecho también para comentar que la PDC no es simétrica con respecto al plano de enfoque, sino que se distribuye de forma que la zona nítida estará repartida un tercio por delante del plano de enfoque y dos tercios por detrás del mismo. Y aunque creo que nadie se liará con esto, me gustaría aclarar que cuando digo “por delante del plano de enfoque” me refiero a un área situada entre dicho plano y la cámara; mientras que “por detrás del plano de enfoque” se refiere a lo que queda más lejos del plano de enfoque desde la posición en la que está situada la cámara (y por lo tanto nosotros).

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

En la imagen anterior podemos ver que el anillo de distancias se compone de dos elementos: por una parte tenemos un elemento solidario con el cuerpo del objetivo que consiste en una línea central que marca la distancia de enfoque con una serie de líneas a uno y otro lado asociadas a diferentes aperturas. Por otra parte existe una escala de distancias expresada tanto en pies como en metros de forma no lineal que gira junto al anillo de enfoque (que es la zona rugosa que podéis apreciar claramente). Estos dos elementos en conjunto (de nada sirve el uno sin el otro) son los encargados de decirnos antes del disparo qué es lo que aparecerá nítido en nuestra imagen y lo que quedará fuera de foco.

Cuatro casos prácticos

Una vez aclarado sobre el papel para qué es y para qué sirve la escala de distancias me gustaría hacer una pequeña demostración práctica de lo anteriormente expuesto a través de cuatro ejemplos muy sencillos. En ellos os mostraré cómo leer los datos que nos da la escala en diferentes situaciones, así que vamos a ello:

a) 28mm enfocado a 1,5 metros

Marexar 28mm f/2.8 (enfoque a 1,5 m)

En la imagen que tenéis sobre estas líneas podéis ver claramente la escala de distancias del 28mm que compré el otro día. Como podéis ver, enfocando a algo que esté a metro y medio de distancia y disparando a f/22 (la apertura que ofrece más profundidad de campo en esta óptica) tendremos nitidez entre todo lo que esté colocado a 70 cm de nosotros y el infinito (e incluso más allá).

Del mismo modo, si disparamos a f/11 obtendremos nitidez entre aproximadamente un metro y algo más de tres; y disparando a una apertura de f/4 la profundidad de campo se situará muy pocos centímetros por delante y por detrás del plano de enfoque. Por cierto, ya veis que las marcas que corresponderían a f/2.8 (el diafragma más amplio disponible) ni siquiera aparecen, porque esta apertura daría lugar a una PDC tan estrecha que prácticamente estarían sobre la línea verde que marca la distancia al plano de enfoque.

b) 50mm enfocado a 1,5 metros

Nikon AF 50mm f/1.8D (enfoque a 1,5 m)

En el caso del 50mm f/1.8 que tenéis sobre estas líneas y que también he enfocado a metro y medio, podéis apreciar que sólo tenemos marcas de PDC para f/22 y f/11; siendo la “zona de nitidez” bastante más estrecha que en el objetivo anterior. Esto es debido a la mayor distancia focal del objetivo, ya que cuanto más larga es una óptica más estrecha es la PDC resultante a igual apertura.

En este caso, a f/22 y enfocando el objetivo a metro y medio, la zona nítida va a ir desde poco más de un metro hasta los dos y medio aproximadamente; mientras que a f/11 se va a reducir a una estrecha franja de unos pocos centímetros en las inmediaciones del plano de enfoque dejando claro por qué una óptica larga da una PDC muy estrecha (especialmente si lo combinamos con una gran apertura).

c) 28mm enfocado a 0,3 metros

Marexar 28mm f/2.8 (enfoque a 0,3 m)

Como podéis ver, si enfocamos del 28mm a una distancia corta (30 cm) el rango de elementos que estarán en foco se reduce considerablemente, ya que a f/16 la PDC abarca apenas unos pocos centímetros en torno al plano de enfoque. En el caso de disparar a f/4 la PDC sería del orden de un centímetro según se aprecia en la fotografía anterior.

d) 50mm enfocado a 0,5 metros

Nikon AF 50mm f/1.8D (enfoque a 0,5 m)

Disparando a f/11 con el 50mm enfocado a medio metro vamos a tener una PDC de apenas un par de centímetros como muestra la imagen que tenéis sobre este párrafo. Del mismo modo, a f/22 la PDC resultante sería de unos 5 cm por delante del plano de enfoque y aproximadamente 10 cm por detrás del mismo. Os podéis imaginar que la PDC resultante disparando a la máxima apertura disponible (f/1.8) sería tan sumamente estrecha que habría que afinar mucho el enfoque para conseguir que el motivo principal de nuestra imagen no aparezca borroso.

Empleando la escala de distancias en la teoría de la hiperfocal

Una consecuencia muy evidente de todo lo anterior es que si nuestro objetivo cuenta con escala de distancias podemos emplear la técnica de la distancia hiperfocal fácilmente de dos modos diferentes:

Paisaje costero

1. Si tenéis un elemento sobre el que queráis enfocar la cámara, una vez realizado este paso podéis mirar la escala de distancias y seleccionar la apertura que queda sobre la marca de infinito. En el ejemplo ‘a’ vemos que dicha apertura sería f/16.

2. Si queréis hacer la fotografía a una apertura determinada, podéis hallar la distancia hiperfocal de dicha apertura girando el anillo de enfoque de tal modo que coincida con la marca de infinito. En esas condiciones tendréis nitidez en todos los elementos situados entre la mitad de la distancia de enfoque marcada por el objetivo y el infinito (esto no es más que un modo diferente de ver el punto anterior).

M-30

Conclusiones

Con el fin de ahorrar costes, la escala de distancias se ha convertido en un elemento cada vez más raro en los objetivos fabricados actualmente. Cierto es que gracias a la fotografía digital podemos comprobar al instante si ese elemento que aparece unos metros por detrás del motivo principal de nuestra imagen está lo suficientemente nítido y en caso negativo repetir la fotografía; pero siempre es útil saber para qué sirven esos números y esas líneas que aparecen en el cuerpo de algunas ópticas que cuentan con algunos años ya en sus cristales y engranajes.

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Tipos de planos en fotografía en función del ángulo de visión

Siempre os digo que el estilo empleado a la hora de retratar las cosas que nos rodean es, por lo general, algo propio de cada individuo y que define nuestra personalidad como fotógrafos. Sin embargo, hay cosas que siguen una serie de normas y precisamente por eso vamos a poder clasificar los tipos de planos en seis categorías en función del ángulo que la cámara toma con respecto al suelo:

1. Plano normal ( → )

La cámara se sitúa a la altura de los ojos y mira en dirección paralela al suelo dando lugar a un plano que emula la visión que solemos tener cuando caminamos por la calle, por lo que resulta muy natural especialmente si lo combinamos con distancias focales medias.

Estático y dinámico

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

Puerta al futuro

Miradas (III)

Playa de la concha

Apeadero

2. Plano picado ( \ )

En este caso el punto de vista del fotógrafo se sitúa por encima del motivo a retratar y se apunta hacia el suelo tal y como hace la persona que aparece en la siguiente imagen:

Mercado medieval 2009

Esto da lugar a imágenes en las que el sujeto principal adquiere un papel secundario, inferior e incluso hasta cierto punto caricaturesco. En el caso de paisajes y demás, nos ayuda a ver la planta del lugar en toda su dimensión si combinamos este tipo de plano con un objetivo angular.

Werlisa club 35

Alcalá Magna a vista pez

Patio Santo Tomás de Villanueva (II)

3. Plano contrapicado ( / )

Como ya os podéis imaginar, se trata del caso inverso al anterior. Para hacer un contrapicado debemos colocar la cámara de modo que tengamos un punto de vista ligeramente bajo y hacer que el ángulo de visión de la cámara apunte hacia arriba en mayor o menor medida como hace el hombre con sombrero que aparece en la imagen que tenéis a continuación:

El cazador cazado mientras cazaba a otro cazador

En estos planos se engrandece el sujeto principal de la imagen dando sensación de poder e importancia al tiempo que la perspectiva resultante siempre es sorprendente. En caso de emplear un angular tendremos ocasión de meter el suelo en el encuadre potenciando la sensación de amplitud general; y si empleamos un teleobjetivo aislaremos el motivo del fondo remarcando su importancia.

Jump! (they say)

Torija

Oteando la ciudad

Alta tensión

4. Plano cenital ( ↓ )

En plano cenital es un caso especial de picado en el cual la cámara apunta directamente hacia el suelo. Como podréis suponer, no es un plano que se emplee a menudo en fotografía porque ángulos tan radicales dan lugar a imágenes extrañas que no siempre funcionan. Aun así, puede ser un recurso creativo muy interesante bajo ciertas condiciones.

Cruce de caminos

My bicycle (II)

Tenis de altura

5. Plano nadir ( ↑ )

El plano nadir es el caso contrario al anterior, ya que en este caso la cámara apunta directamente hacia el cielo, por lo que lo podemos considerar un contrapicado radical. Al igual que antes, no es un plano para utilizar muy habitualmente, pero en ciertos casos se trata de un recurso visual muy interesante. En mi caso, siempre que veo una escalera no puedo evitar disparar usando esta perspectiva tan particular.

Vertigo 2

Suelas

Torre de la Iglesia de Santa María La Mayor

6. Plano aberrante o plano holandés ( ◊ )

Se trata de un plano un tanto “especial”, ya que lo importante aquí no es si el ángulo de la cámara es normal, picado o contrapicado; sino que vamos a inclinar la cámara una considerable cantidad de grados hacia un lado o hacia otro dando lugar a una sensación de inestabilidad en la imagen.

Pasarela cervantina

Bancos y más bancos

La torre de la magistral

Entrada de la sede de la Cruz Roja

Edificio España

30

Hasta aquí este repaso a los tipos de planos en función del ángulo que adquiera la cámara a la hora de disparar. Como os decía al principio de este artículo, hay infinitas maneras de retratar una misma cosa, pero la perspectiva empleada siempre consistirá en alguna variación de estos seis casos que hemos visto hoy.

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Jugando con los desenfoques

Del mismo modo que hace unos días hablábamos de tres elementos que me sirven de inspiración para hacer fotografías, hoy me gustaría hablaros de un recurso por el que tengo cierta predilección: los desenfoques.

De viaje

Desenfoques con compactas: misión (casi) imposible

La incapacidad de realizar desenfoques acusados con cámaras compactas (a no ser que empleemos el modo macro de las mismas y disparemos a escasos centímetros del sujeto en cuestión) debido al minúsculo tamaño de sus sensores siempre fue algo frustrante para mí. Cuando veía imágenes captadas con cámaras réflex en las que el sujeto principal aparecía completamente aislado del fondo deseaba poder hacer algo similar, pero era consciente de que aquel equipo fotográfico tan limitado no iba a ser capaz de lograr resultados ni remotamente parecidos.

Ese fue precisamente uno de los motivos por los que me pasé a réflex hace ya algo más de dos años. Y aunque en las primeras fotos hechas con el venerable 18-55 que venía “de serie” con mi Nikon D40 ya se notaba un gran cambio con respecto a mis cámaras anteriores, pronto me hice con ópticas que me permitían conseguir mis ansiados desenfoques; siendo la primera de ellas el siempre resultón Nikkor AF 50mm f/1.8D y el más claro ejemplo de ello el recién llegado Nikkor AF 80-200 f/2.8 ED, que gracias a su generosa apertura y a su distancia focal permite una libertad creativa bastante grande debido al control que estos dos parámetros nos dan sobre la profundidad de campo.

Miradas (II)

La importancia de la profundidad de campo

No está de más recordar que a la hora de realizar alguna fotografía empleando este recurso tenemos que pensar en tres dimensiones, porque si disparamos por sistema a la máxima apertura y distancia focal del objetivo es posible que incluso partes del motivo retratado aparezcan desenfocadas por la minúscula profundidad de campo resultante; de modo que tendremos que jugar con la apertura empleada y la distancia al sujeto para asegurarnos de que lo que estamos desenfocando es únicamente lo que nosotros queremos (algo para lo que es muy útil el botón de previsualización de la profundidad de campo).

Del mismo modo, hemos de ser conscientes de que, por lo general, obtendremos mayor nitidez si evitamos la máxima apertura del objetivo empleado cerrando ligeramente el diafragma. A modo de ejemplo, en mi querido 50mm f/1.8 siempre trato de disparar a aperturas no superiores a f/2.8 porque en este modelo a plena apertura se nota cierta pérdida de nitidez que cerrando un paso de diafragma queda mitigada casi totalmente. Si no queda más remedio ya sea porque buscamos una PDC muy reducida o porque la luz disponible es muy escasa dispararemos a f/1.8; pero yo al menos lo evito siempre que puedo. Sin embargo, con el AF-S Nikon 35mm f/1.8 DX sí que puedo disparar a máxima apertura sin preocupaciones porque sé que la pérdida de calidad de la imagen con respecto a aperturas más pequeñas es prácticamente imperceptible.

Red & blue

Los tres factores clave

Para lograr desenfoques pronunciados tenéis que tener en cuenta tres cosas: un sujeto que esté más o menos cerca de nosotros (os recuerdo la importancia de llenar el encuadre), una distancia focal elevada y una apertura amplia. Jugando con estos tres parámetros vamos a poder variar la nitidez de los fondos de tal modo que podamos destacar un elemento sobre el resto o bien hacer todo lo contrario y, aplicando la teoría de la hiperfocal, dar nitidez a todos los planos de la imagen.

La elección de cómo queréis plasmar el mundo en una fotografía ha de ser siempre cosa vuestra; y precisamente por eso es por lo que afirmo que comprarse una réflex y usarla en modo totalmente automático es una lástima.

Quilmes

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Diferencias entre tubos de extensión y duplicadores

Leyendo algunos foros de fotografía me doy cuenta de que hay bastante gente que confunde dos accesorios que poco tienen que ver entre ellos: los tubos de extensión y los duplicadores.

Éste equívoco que os comento se debe a que ambos elementos tienen una forma externa muy similar y se utilizan del mismo modo: colocándolos entre la bayoneta de la cámara y nuestro objetivo; aunque enseguida vamos a ver que la finalidad de ambos no tiene nada que ver.

Tubos de extensión

Aunque ya hablé extensamente de mis tubos de extensión en una entrada sobre fotografía macro económica, no está de más recordar que se trata de un elemento metálico hueco regulable en longitud al estar dividido en varios tramos que se pueden encajar entre si y que se utiliza para reducir la distancia mínima de enfoque de un objetivo mediante la separación física de la óptica con respecto al plano del sensor, logrando así ratios de ampliación mayores.

De todos modos, la gran desventaja de utilizar tubos de extensión es que vamos a perder la posibilidad de enfocar a infinito, de modo que el empleo de este elemento sólo tiene sentido para fotografías de tipo macro porque la cámara se va a volver “miope” mientras los estemos empleando. Además, al intercalar los tubos entre la cámara y el objetivo vamos a perder algo de calidad de imagen así como cierta luminosidad en función de la longitud empleada y con los tubos más básicos también perderemos todos los automatismos de la cámara.

Duplicadores

Los duplicadores (hay gente que también los llama multiplicadores) son elementos ópticos que se colocan entre el cuerpo de la cámara y el objetivo aumentando la distancia focal del mismo al multiplicarla por un factor determinado pero sin reducir la distancia mínima de enfoque. En concreto, lo más habitual es que los duplicadores se fabriquen en 1.4x, 1.7x y 2x y, como os digo, se trata de un elemento con lentes en su interior cuyo inconveniente principal es la pérdida de nitidez y luminosidad con la que lastra al objetivo al que se acopla; pero con la ventaja de que siempre vamos a poder seguir enfocando a infinito.

Los duplicadores se emplean con grandes teleobjetivos muy luminosos (200 f/2, 70-200 f/2.8, 300 f/2.8…) porque en objetivos de prestaciones inferiores la pérdida de calidad va a ser muy notable y, en muchos casos, ni siquiera encajará físicamente en la montura de la óptica si esta no tiene la lente trasera bastante “hundida” en el cuerpo. Por tanto, si empleamos un duplicador de 2x en un 200 f/2.8 vamos a aumentar su distancia focal al doble (se convierte en un 400 mm) pero también vamos a perder dos pasos completos de apertura máxima, por lo que se quedará en un discreto f/5.6, que puede ir muy justito para fotografiar escenas con iluminación escasa. Del mismo modo, con determinados modelos podemos perder el autofocus o el sistema VR.

Resumiendo

Por lo tanto, para fotografiar la luna llena tratando de llenar el encuadre de nada os van a servir unos tubos de extensión porque sencillamente no podremos enfocar al infinito con ellos; siendo en ese caso necesario un objetivo con una distancia focal muy larga o, en su defecto, emplear un duplicador si nuestro teleobjetivo lo admite.

Luna llena de Agosto

Del mismo modo, los tubos de extensión os serán de utilidad si queréis hacer una fotografía a algo a escasos milímetros de distancia y no disponéis de un objetivo macro tal y como vimos en la entrada que os referencié anteriormente y que está ilustrada con algunos ejemplos gráficos. Puede que un duplicador nos permita acercarnos algo más al motivo a retratar debido al aumento de la distancia focal, pero se trata de elementos que cuestan varios cientos de euros y el resultado no será tan espectacular como con unos sencillos tubos de extensión.

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Desenfoques resultones casi sin esfuerzo

Seguro que en más de una ocasión os habéis fijado en esas fotografías consistentes nada más que en unos cuantos círculos luminosos. Son muy habituales en motivos navideños y aunque resultan bastante agradables a la vista, realizarlas no tiene demasiada complicación como vamos a ver en esta entrada de hoy.

Luces de selenio

Requisitos técnicos

Lo único que necesitamos para realizar este tipo de fotografías es un objetivo de gran luminosidad. Precisamente por eso se suelen emplear cámaras de tipo réflex y objetivos de focal fija con aperturas de f/1.8 o superiores. En general un simple 50mm f/1.8 puede dar unos resultados más que satisfactorios, sobre todo teniendo en cuenta que no cuesta más de cien euros.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)

Comentaros también que los teleobjetivos profesionales ( el típico 70-200 f/2.8 o un 300 f/2.8 ) también realizan este tipo de imágenes bastante bien; pero pueden costar veinte veces más que una sencilla óptica fija, así que para aficionados como yo quedan directamente descartados.

Y eso es todo lo que necesitamos en cuanto al equipo fotográfico para hacer nuestros propios desenfoques hollywoodienses. Sólo nos falta salir a la calle (o montar la escena en casa) y probar hasta conseguir el resultado deseado; que es lo que vamos a ver a continuación.

Buscando las condiciones ideales

Para este tipo de fotografías debemos buscar luces puntuales y bastante lejanas en lugares en penumbra o directamente oscuros. Escenarios idóneos son calles atestadas de tráfico, semáforos y farolas porque aparecerán como decenas de puntos brillantes en el encuadre que se convertirán por arte de magia en otros tantos discos luminosos de colores.

Reflejos

Una escena como la que tenéis en la imagen que hay sobre estas líneas podría servir para nuestros propósitos, pero en caso de querer realizar nuestros experimentos en casa las luces ideales serían las que están hechas a base de LEDs; como por ejemplo las típicas ristras luminosas que se colocan en los árboles de Navidad. Colocándonos a cierta distancia de ellas obtendremos un resultado bastante bueno.

Por supuesto, como en toda fotografía nocturna que se precie, debéis retirar el filtro UV del objetivo si lleváis uno puesto; ya que de no hacerlo aparecerán reflejos fantasma, manchas luminosas y otros desagradables efectos.

La técnica

La técnica para obtener la imagen es de lo más simple que podemos encontrarnos: se trata de emplear una de las aperturas más grandes disponibles y enfocar a mano a muy corta distancia. En cuanto al tiempo de exposición, puesto que las condiciones de iluminación van a ser un poco “extrañas” es posible que el exposímetro de la cámara no realice sus cálculos con precisión, de modo que será mejor variar la exposición a mano hasta lograr el resultado deseado.

Como os decía, la apertura a emplear ha de ser grande. Si el objetivo tiene palas rectas usaremos la más grande disponible (el número f más bajo de todos), pues de ese modo los círculos saldrán perfectos. En el caso de un objetivo con palas redondeadas podremos emplear alguna apertura menos extrema por si queremos controlar el tamaño de los círculos de luz. Esto es debido a que los puntos de luz se renderizarán con la forma del diafragma como ya vimos en un artículo anterior, por lo que si queremos que la fotografía resulte natural debemos procurar que el diafragma sea lo más redondo posible.

Y eso es todo. Teniendo en mente tan sólo tres cosas: apertura grande, luces puntuales lejanas y enfoque a muy corta distancia podremos obtener nuestras propias imágenes cargadas hasta los topes de bokeh.

Desenfoques navideños

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Las limitaciones de los flashes

¿Os habéis fijado alguna vez en toda esa gente que desde las gradas más altas de los grandes estadios de fútbol dispara fotografías con flash cada vez que se arrima por esa zona del césped la estrella de turno? La próxima vez que veáis un partido por la televisión, fijaos en ese detalle y veréis la ingente cantidad de fotografías que se realizan en un momento y que en la mayoría de las ocasiones quedarán irremediablemente oscuras.

Precisamente este artículo se me ocurrió hace un par de días cuando vi a una chica intentando fotografiar unos edificios de Oropesa del Mar a las doce de la noche empleando el flash de su cámara compacta estando situada aproximadamente a medio kilómetro de distancia. Tras su tercer intento en vano, estuve a punto de acercarme para comentarle que con la luz del flash poco iba a iluminar desde allí, pero se la veía tan entusiasmada que no iba a ser yo quien la disuadiera de su propósito, así que pensé en publicar una entrada hablando sobre este tema. Quién sabe, a lo mejor al volver de sus vacaciones en la playa busca en Google por qué le salen las fotos oscuras y encuentra esta entrada. Casualidades más extrañas me han ocurrido en el pasado…

Las Vegas desde la playa de La Concha

Fotografía tomada desde el sitio donde estaba aquella chica. Sí, esas dos torres pintadas de blanco y verde son las que pretendía iluminar con el flash de su compacta.

Las limitaciones del flash

Los flashes incorporados en las cámaras tienen una potencia muy limitada y, de hecho, en las cámaras compactas no suelen alcanzar a iluminar con claridad más allá de dos o tres metros en el mejor de los casos. En las réflex tal vez lleguemos algo más lejos, pero si queremos alcanzar al menos una veintena de metros debemos hacernos con un modelo externo que de mucha más potencia.

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Fijaos en todo el área que es capaz de iluminar el flash del fotógrafo

En cualquier caso, ni con un SB-900 vamos a ser capaces de iluminar un estadio de fútbol desde el cuarto anfiteatro, de modo que todos esos destellos luminosos que veis entre el público en todo gran partido que se precie, no dan lugar más que a fotografías en las que todo lo que no esté en primer plano aparecerá casi completamente negro.

¿Cómo medir el alcance máximo de un flash?

Ya que estamos metidos en harina, os comentaré que el alcance de un flash viene dado por su número de guía a una determinada sensibilidad ISO (habitualmente 100), que no es más que el producto de la distancia máxima (en metros o en pies) que alcanza dicho flash multiplicado por el número f (que es el que define la apertura del objetivo a la que vamos a disparar la fotografía). De todos modos, aunque no vamos a entrar en ello, también la distancia focal del objetivo influye en esta distancia, pues no es lo mismo iluminar la pequeña zona que abarca un teleobjetivo, al inmenso rectángulo que capta un ultra-gran angular.

technique-using-flash

Acoso a base de "flashazos"

Si por ejemplo tenemos un flash con número de guía de 17 metros a ISO 200 (el que viene integrado en mi Nikon D40), si estamos empleando una apertura de f/4 podremos iluminar un objeto situado a 4,25 metros. Si cerramos hasta f/10 sólo alcanzaremos a iluminar un objeto que esté a 1,7 metros de distancia, y si abrimos el diafragma a f/2 (suponiendo que el objetivo sea capaz de alcanzar dicho valor) podremos iluminar un objeto colocado a 8,5 metros. Por supuesto, si incrementamos la sensibilidad ISO, la distancia a la que podremos colocar el objeto a iluminar aumentará, aunque no de manera lineal porque el área a iluminar se incrementa con el cuadrado de la distancia, así que si estamos usando ISO 200, para poder colocar el objeto a fotografiar al doble de distancia y que quede igual de iluminado con la misma potencia del flash tendremos que colocar el ISO en 800.

En general, para que os hagáis una idea de las distancias de las que estamos hablando, el flash de una cámara compacta suele tener un número de guía que ronda los 15 pies (5 metros) mientras que uno externo de gama profesional puede llegar a los 250 pies (que son unos 75 metros). Si tenemos en cuenta que la apertura máxima del objetivo de una compacta rara vez irá más allá de f/2.8, tenemos que el flash va a alcanzar poco más de dos metros en los casos más favorables.

Lo que hacen los profesionales

En el caso del estadio que os comentaba antes, lo mejor es olvidarse del flash por potente que sea y optar por utilizar una óptica muy luminosa. De hecho, si os fijáis con atención en los fotoperiodistas que están a pie de campo, veréis que ninguno de ellos dispara con flash a largas distancias, y que lo que llevan montado en sus cámaras son monstruosos teleobjetivos con unas aperturas máximas tremendas.

Reporteros teleobjetivos

¿Por qué creéis que un Canon 200mm f/2 o un Nikkor 70-200 f/2.8 cuestan 5500  y 2000 euros respectivamente? Pues porque son las únicas ópticas que nos van a permitir tomar fotografías en esas condiciones de luz. Eso y, por supuesto, también contar con una cámara réflex de gama alta que nos permita subir la sensibilidad ISO hasta la estratosfera (3200, 6400…) sin que las imágenes pierdan demasiada calidad. Esos son los equipos con los que los reporteros hacen esas fotografías de portada en las que los jugadores aparecen completamente estáticos en medio de un salto o al disparar una falta. Si fuera tan sencillo como usar el flash de una compacta, las redacciones de los diarios deportivos se ahorrarían una pasta en equipos fotográficos, ¿no creéis?  😉

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Distancia hiperfocal: la mejor herramienta para fotografiar paisajes

La distancia hiperfocal es uno de los conceptos más importantes si, como a mí, os gusta la fotografía de paisajes. De cualquier modo, es algo íntimamente ligado a la profundidad de campo, de modo que vamos a ver en qué consisten ambas cosas porque una vez conocidas, nuestras fotografías ganarán muchos puntos.

Azul cielo

La profundidad de campo

Cuando hacemos un retrato a alguien siempre tratamos de desenfocar el fondo de tal modo que la atención del espectador se centre en aquello que pretendemos destacar. Sin embargo en caso de querer fotografiar un paisaje, por lo general vamos a tratar de tener enfocado tanto el primer plano como los elementos más alejados de nuestra posición.

Con lo que estamos jugando en ambos casos se llama profundidad de campo (PDC para los amigos), y es algo de la que ya hablamos en aquella entrada que trataba sobre los conceptos más básicos de la fotografía. Sin embargo, podemos resumir ese concepto comentando que la profundidad de campo indica el rango de distancias entre las que tendremos los elementos de la fotografía enfocados por delante y por detrás del sujeto principal. Con una PDC pequeña, todo lo que esté ligeramente por delante o por detrás del punto enfocado aparecerá borroso en la fotografía, mientras que una PDC grande hará que la zona en la que los elementos de la imagen aparecen nítidos sea mucho más amplia.

¿Cómo podemos modificar la profundidad de campo?

Los elementos de la cámara que influyen en la profundidad de campo son dos: la distancia focal (cuanto más largo sea el objetivo utilizado menor PDC) y la apertura empleada (cuanto más abierto esté el diafragma del objetivo menor PDC). Todo esto sin mover la cámara de lugar y sin variar la posición del elemento a retratar, pues la distancia entre ambos elementos también varía la profundidad de campo, siendo esta más pequeña cuanto más próximos estén cámara y elemento enfocado.

Precisamente por esto, a la hora de realizar un retrato nos vendrán mejor objetivos largos y luminosos mientras que para fotografías de paisaje nos serán más útiles grandes angulares cuyo diafragma podamos cerrar bastante sin perder demasiada calidad en la imagen.

Es decir, un gran angular no sólo tiene la ventaja de que “entran más cosas en la foto”, sino que nos va a permitir tener todos los elementos de nuestra composición enfocados gracias a su pequeña distancia focal.

Cómo descubrí todo esto

Antes de descubrir esta técnica lo que hacía era encuadrar la fotografía, enfocar al infinito y disparar. De ese modo, lo que aparecía en primer plano aparecía desenfocado mientras que el fondo quedaba nítido; y es que mi razonamiento consistía en que al admirar un paisaje solemos mirar al infinito y no a lo que tenemos más cerca, por lo que puestos a elegir prefería destacar el horizonte frente al primer plano.

Hasta hace poco no sabía que podía evitar aquella elección teniéndolo todo enfocado empleando la técnica de la distancia hiperfocal, que es lo que me gustaría contaros hoy. Una técnica que descubrí de pura casualidad esta Semana Santa y que a mi regreso a Alcalá, ya con conexión a Internet, comprendí por completo buscando información por la red.

Todo comenzó con las fotografías de paisaje que realicé recientemente en Oropesa del Mar: puesto que la luminosidad era altísima debido a lo limpia que estaba la atmósfera me veía obligado a cerrar bastante el diafragma (f/11, f/13…) a la hora de realizar las fotografías, aumentando por tanto la profundidad de campo de la imagen resultante como ya sabía desde los tiempos de mi Canon A75. Sin embargo, al seguir con mi mala costumbre de enfocar al infinito no había grandes diferencias con respecto a las imágenes que hacía antes, pues lo que estaba situado más o menos cerca de mí seguía apareciendo desenfocado por mucho que cerrara el diafragma. Sin embargo, en un par de imágenes me dio por enfocar a algún elemento más o menos próximo porque me parecía interesante resaltarlo llevándome una agradable sorpresa.

Paisaje costero

Pues bien, cuando llegué a casa y vi el resultado en el ordenador me di cuenta de que había una diferencia abismal con respecto a mis anteriores fotografías de paisajes: ahora TODO estaba enfocado y la sensación de profundidad era enorme. Me di cuenta, por pura casualidad, de que al cerrar tanto el diafragma la profundidad de campo aumentaba de tal manera que aunque enfocara a poca distancia, se podía ver nítidamente incluso el horizonte.

La distancia hiperfocal

La hiperfocal es una distancia determinada que varía según la distancia focal del objetivo, la apertura empleada y la cámara utilizada y que viene dada por una ecuación matemática. Lo interesante del asunto es que si en una fotografía enfocamos a la distancia hiperfocal, se verá nítido todo elemento que se encuentre entre el plano correspondiente a la mitad de dicha distancia y el infinito, de modo que obtendremos la máxima profundidad de campo posible.

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Imagen explicativa extraída de DOFmaster

Es decir, que si por ejemplo tenemos una distancia hiperfocal de 3 metros, si enfocamos nuestra cámara a esa distancia, sabemos que en la fotografía quedará nítido todo lo que esté situado entre 1,5 metros por delante de nosotros y el infinito. Supongo que con este ejemplo (y la ilustración anterior) el concepto os habrá quedado claro, pero vamos a ver un caso real para que os deis cuenta de cómo varía esta distancia en función de los parámetros que empleemos a la hora de disparar con la cámara:

Un rincón para contemplar las nubes

Si tomamos como referencia los 18mm empleados en esta fotografía que realicé hace apenas unos días y tenemos en cuenta que fue disparada con una Nikon D40 a una apertura de f/13, aplicando la fórmula correspondiente (o consultando la calculadora online de DOFmaster) tenemos que la distancia hiperfocal es de tan sólo 1,3 metros, lo que significa que si enfocamos a algo que esté a esa distancia, aparecerá nítido todo lo que se encuentre entre 65 centímetros y el horizonte. De ahí que tanto el banco que hay en primer plano como las nubes del fondo aparezcan perfectamente definidas en la imagen.

Fijaos en que si en esta misma cámara montáramos un ultra-gran angular con una distancia focal de 10mm cerrando al diafragma a f/22, la distancia hiperfocal sería de tan sólo 23 cm, por lo que enfocando en ese punto aparecerá nítido absolutamente todo lo que tengamos en el visor de la cámara (entre 12 cm y el infinito; es decir, TODO). Del mismo modo, en un teleobjetivo de 300mm con apertura f/4, la distancia hiperfocal será de 1125 metros, por lo que en caso de emplear esta técnica tendremos enfocado todo lo que esté entre 560 metros y el infinito; dándonos a entender por qué no se suelen emplear este tipo de objetivos para la fotografía de amplios paisajes.

Conclusión

Os aseguro que hay una gran diferencia en cuanto a calidad entre la técnica que usaba anteriormente para hacer fotografía de paisajes y el empleo de la distancia hiperfocal. Creo que este tipo de fotografías (las que más suelo hacer) han ganado bastantes enteros desde esta Semana Santa, y la verdad es que estoy contento con los progresos realizados y de ahí que quiera compartir todo esto con vosotros. Ya sólo me queda deciros que aunque hoy os haya comentado la teoría sobre este tema, lo mejor para dominarla es practicar y practicar hasta llegar a un punto en el que no tengamos que pensar demasiado en lo que estamos haciendo porque ya nos sale prácticamente por si mismo.

Enlaces de interés (en inglés)

DOFmaster

Depth of field (Wikipedia)

Hyperfocal distance (Wikipedia)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

La última entrada desde Oropesa

Bueno, pues ya está: las maletas esperan en la entrada de casa y ya está todo guardado a excepción de este portátil que ha hecho de punto de acceso durante todo el verano con mi exigua conexión de 56 Kb comportándose inmejorablemente bien.

No sé si os lo he comentado alguna vez, pero siempre me gusta escribir una última entrada cuando el verano ha llegado a su fin; y hoy desde luego no va a ser una excepción. Creo que es bueno comentar unas últimas impresiones antes de ir a la cama y emprender viaje poco después.

La verdad es que me siento un poco triste ahora mismo. Tristeza que mañana se habrá pasado en buena medida, pero la verdad es que estos dos días han sido tan especiales que ahora se hace un poco dura la idea de volver a la ciudad y las luces apagadas de esta casa me recuerdan un poco al ligero vacío que siento ahora en el corazón. A veces la vida es un poco injusta, pero creo que las personas merecemos ser felices y la distancia es un cruel enemigo de la felicidad. Yo ya aprendí lo que es eso hace un tiempo y puedo decir que no fue una experiencia muy satisfactoria; saber de otra persona únicamente a través del teléfono y no tenerla cerca para darle un abrazo, un beso o una caricia es algo bastante cruel. Y no ya sólo por mí, sino también por la persona que se queda aquí; pues a tantos kilómetros no soy capaz de sacar lo mejor de mí y la versión de Luis que tendría esa persona sería bastante “descafeinada” comparada con la de estos días. Esa persona es tan especial que se merece lo mejor de mí, y no un montón de lamentos por no poder pasear de su mano por la playa cada dos por tres.

Lo mejor de todo es que me he dado cuenta de que nada ha cambiado dentro de mí pese a los palos que me he ido llevando en la vida. No sé si es que creo firmemente en esta forma de ser que tengo o que en realidad nadie cambia por muchos disgustos que le den. Sea como sea, estoy especialmente feliz de haber conocido a una persona con la que he podido compartir unos días de playa, lluvia, brisa y sol al tiempo que charlábamos de un montón de cosas.

Nadie sabe las vueltas que puede dar la vida, y desde luego no seré yo el que se formule teorías filosóficas sobre lo que puede o no puede pasar en el futuro. Nadie es capaz de hacer planes a largo plazo, y en el río de la vida somos arrastrados por la corriente sin que podamos hacer mucho más que nadar con todas nuestras fuerzas para acercarnos a la orilla que más nos guste.

En fin, después de este rato de filosofía barata, voy a apagar este ordenador, voy a guardarlo en la maleta junto con el resto de mis cosas, me voy a meter en la cama y voy a dedicar mis últimos minutos del verano a pensar en estos días tan inolvidables que he pasado. Ya mañana tendréis tiempo de leer con calma un resumen más extenso de lo que han dado de si este verano del 2008, pero antes de irme a dormir me apetecía contaros cómo me siento en estos momentos.

¡Muy buenas noches y gracias por vuestros minutos!