Los modos de medición

Ya comenté en una entrada reciente que cuando pulsamos hasta la mitad el disparador de la cámara, esta mide la luz que entra a través del objetivo para calcular una exposición acorde a las condiciones de iluminación existentes. Cómo se realiza esta medición y de qué manera podemos influir en ella es lo que voy a tratar de contaros en este artículo.

The sky is in flames!

Midiendo la luz

La luz que entra en la cámara a través del objetivo llega a una serie de sensores repartidos por todo el encuadre de tal modo que en función de la cantidad de luz que alcance cada uno de ellos y de la importancia que queramos dar a cada zona de la imagen se calculará una determinada exposición mediante la variación de apertura, tiempo y sensibilidad.

Nikon EM (1979)

Como os digo, aunque en las modernas cámaras digitales hay multitud de sensores encargados de medir la luminosidad de la escena (1005 en el caso de la Nikon D300) nosotros vamos a poder dar la misma importancia a todos ellos o bien definir una zona en la que la medición de la luz se tenga más en cuenta que en el resto a través de los modos de medición.

Los tres modo de medición

Para esto que os comentaba antes, en la práctica totalidad de cámaras digitales (no sólo réflex) vamos a contar con tres modos de medición de la luz: matricial, ponderada al centro o puntual; y aunque por lo general la primera de ellas suele ser la más empleada por su flexibilidad, enseguida vamos a ver que las otras dos pueden sernos de mucha utilidad en condiciones de iluminación complicadas o para ciertos tipos de imágenes.

Luces, sombras, siluetas y reflejos (versión en vertical)

En los siguientes párrafos intentaré haceros ver en qué consiste cada uno de los tres modos y acompañar la parrafada con un ejemplo gráfico que os de una idea del tipo de situación en el que nos puede venir bien dicho modo. Vamos con ello:

1. Matricial

Como os decía antes, en la inmensa mayoría de los casos el modo de medición matricial funcionará correctamente y dará como resultado una exposición correcta y ajustada; sobre todo cuando la iluminación de la escena es más o menos uniforme. Algo que podremos comprobar con el histograma que incluye cualquier cámara digital.

Y es que la medición matricial no es más que un promedio de las lecturas de todos los sensores presentes en el encuadre, por lo que en caso de que haya una pequeña zona subexpuesta o sobreexpuesta esto apenas tendrá influencia sobre la exposición de la fotografía.

Sin embargo, en caso de que el resultado no sea el esperado (la fotografía ha quedado más clara o más oscura de lo deseado) podremos ajustarla a nuestro gusto con la compensación de exposición volviendo a realizar el disparo a continuación. En cualquier caso, para situaciones en las que queramos afinar más (o escenas en las que haya zonas con niveles de iluminación muy dispares) es por lo que existen los dos modos que vamos a ver después.

En el ejemplo que tenéis a continuación podréis ver que aunque las palmeras están ligeramente subexpuestas (más oscuras de lo deseado) debido al contraluz reinante, la cámara ha calculado una exposición tal que el cielo no se ha quemado y el degradado que busca el horizonte ha quedado con unos tonos muy naturales.

Atardecer en Oropesa

2. Ponderada al centro

El modo ponderado al centro tiene una utilidad fundamental: los retratos. En ese tipo de imágenes lo que buscamos es dar protagonismo a la persona que aparece en el centro de la imagen tratando de que el espectador se olvide de todo lo demás. Por tanto, la medición ponderada al centro lo que hace es dar más importancia a la zona media del encuadre, influyendo menos en el cálculo de la exposición la luz que haya en la parte más externa.

En el ejemplo que acompaña a este apartado podéis ver un caso típico de retrato en el que usar la medición ponderada al centro de tal modo que el rostro de la persona quede correctamente expuesto sin importar demasiado si el fondo queda algo más claro o más oscuro de lo deseado. Al fin y al cabo de lo que se trata es de “aislar” el primer plano del fondo de la imagen.

Apmomp (retrato vertical)

3. Puntual

La medición puntual tiene en cuenta solamente una pequeña zona de la imagen (en el centro del encuadre o en el punto de enfoque seleccionado) para realizar el cálculo de la exposición. Se suele emplear en fotografías en las que es importante destacar un detalle para que el espectador se centre fundamentalmente en él, de tal modo que los amantes del macro recurren a él con frecuencia.

Se trata de un modo que también se emplea a veces en los retratos; pero normalmente para primerísimos planos en los que lo que ha de quedar correctamente expuesto (y enfocado) son los ojos de la persona a la que estamos fotografiando.

En las flores que ilustran este apartado medí la luz sobre los pétalos de la que está perfectamente enfocada; pues aunque la iluminación de las tres flores era bastante uniforme, no quería que el fondo oscuro provocara una sobreexposición y, por tanto, un quemado irremediable de los pétalos blancos.

Días floridos II

Conclusión

Como señalé anteriormente, lo más habitual a la hora de hacer fotografías es emplear el modo de medición matricial, pues los avances de la electrónica presentes en las cámaras actuales hacen que esta calcule casi siempre una exposición correcta. En caso de que la fotografía resultante sea más clara o más oscura de lo que teníamos previsto jugaremos con la compensación de exposición para acercarnos al resultado deseado.

Sin embargo, para ciertas escenas en las que hay zonas de luces y sombras muy marcadas en el encuadre, a la hora de hacer retratos o si nos enfrentamos a trabajos en macro, los modos de medición ponderada al centro y puntual nos pueden venir muy bien para atinar con la exposición en la primera toma.

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Review: Olympus E-PL1

Al final no pude resistirme a la tentación que suponen las cámaras EVIL (prometen calidad de réflex en cuerpo de compacta) y para adentrarme en ese mundillo me he hecho con una Olympus E-PL1; que es uno de los últimos modelos de la familia PEN de la que también hablé en su momento.

Olympus E-PL1

Aunque es verdad que antaño solía redactar unas reviews kilométricas sobre cámaras y objetivos; de un tiempo a esta parte noto que he llegado a un punto en el que prefiero comentar aspectos muy generales, comentar algunos detalles que me hayan llamado la atención (para bien o para mal) y, por último, ilustrar el artículo con un buen puñado de imágenes, ya que al final es lo que mejor puede dar una idea de lo que podemos conseguir con determinado equipo.

Vamos pues con el análisis de esta cámara llegada a mis manos hace un par de semanas y con la que ya he disparado casi un millar de imágenes.

Kit básico

Aunque junto con la cámara me regalaron una tarjeta SD de 4GB, una funda y un pequeño trípode tipo “gorila”; en lo esencial el kit se compone del cuerpo de la cámara y el objetivo M.Zuiko Digital ED 14-42mm f/3.5-5.6 L

Ambos elementos llaman la atención por su pequeño tamaño (especialmente el objetivo; aunque tiene truco, ya que se repliega sobre si mismo) si estamos acostumbrados a manejar cámaras réflex aunque sean de gama baja. A continuación os dejo con unas imágenes en las que comparo el tamaño de la E-PL1 con las tres cámaras que suelo emplear.

Olympus E-PL1 y Nikon D300

Olympus E-PL1 y Ricoh R10

Olympus E-PL1 y Nikon D40

Como veis, por su tamaño la Olympus tiene más que ver con una cámara compacta que con una réflex; si bien en su interior tiene un sensor que cumple con la especificación micro cuatro tercios (m4/3) que implica un factor de recorte de 2x con respecto a una cámara full frame. Eso sí, si bien en las compactas el objetivo suele retraerse en el interior, en el caso de las EVIL éste siempre va a sobresalir algo por llevar el sistema de ópticas intercambiables mediante bayoneta. Quiere esto decir que no es una cámara para llevar en el bolsillo trasero de un vaquero; siendo más cómodo llevarla en el bolsillo de una chaqueta amplia, en algún tipo de bolso o directamente en la mano.

Olympus E-PL1

Cosas a tener en cuenta

1. La E-PL1 no lleva ruletas de control como las cámaras réflex, por lo que los cambios de ajustes no son tan rápidos como en el caso de estas. De hecho, el sistema de control de la Olympus es más parecido al de una compacta que al de una réflex como tal.

2. No hay visor óptico; de modo que tendremos que emplear la pantalla para todo.

Olympus E-PL1

3. Por lo dicho en el punto anterior la autonomía palidece en comparación con cualquier réflex. Lo normal es que haciendo unas 250 fotos sin flash la batería empiece a pedir con urgencia una recarga.

4. El objetivo del kit es… un objetivo de kit. Parece una perogrulada; pero lo que quiero decir es que no abarca ninguna focal “extrema” (equivale a un 28-84 en formato full frame) ni tiene una apertura demasiado amplia. Por tanto, se trata de una óptica adecuada para paisajes generales y cosas así. Si necesitáis cosas más extremas tendréis que buscar ópticas aparte compatibles con el sistema m4/3. Eso sí, por los resultados obtenidos, el objetivo parece mejor de lo que en realidad es debido a que la propia cámara corrige por software los defectos ópticos como la distorsión, el viñeteo o las aberraciones cromáticas como lo haría Lightroom 3.

Olympus E-PL1

5. La correa de cuello que trae me parece “demasiado” para el tamaño de cámara que es. Yo os recomiendo colocar una correa de muñeca para llevarla por la calle.

6. Tenemos modos de disparo manuales, semiautomáticos y totalmente automáticos. A mí me gusta disparar en prioridad a la apertura (modo A) pero tened en cuenta lo que os decía antes de que se tarda un poco en cambiar los parámetros con respecto a una cámara réflex.

7. El menú parece muy simple; pero si activáis una opción que anda un poco escondida, veréis todas las posibilidades de configuración que tiene esta pequeña cámara. Os recomiendo un buen vistazo al manual antes de empezar a toquetear todo eso.

Peces de mil colores

8. La pantalla no se ve demasiado bien en exteriores cuando hay mucha luminosidad (la de mi D300 se ve bastante mejor). Digo esto porque “en directo” os parecerá que las fotos están oscuras; pero al llegar a casa veréis que, en general, la cámara expone bastante bien incluso en condiciones algo complicadas. Podéis usar el histograma para verificar la exposición en exteriores.

9. Una de las cosas que más me gusta de la E-PL1 es la buena gestión del ruido a ISOS altos. Podemos emplear hasta ISO 3200; pero en general os recomiendo no pasar de 1600. Eso sí, disparando en JPG veréis que incluso a ese nivel de ISO la imagen apenas muestra ruido.

Oropesa al anochecer

10. Acostumbrado al balance de blancos de las cámaras réflex de Nikon veo que la Olympus tiende a anaranjar la escena en días nublados. Si disparamos en RAW (la cámara ofrece esta posibilidad) podemos modificar esto en el ordenador; aunque dado que la cámara saca unos JPGs bien expuestos y bastante nítidos casi veo más recomendable pasar del formato RAW y emplear el JPG. Cierto es que en mi D300 y mi D40 siempre disparo en RAW, pero en la E-PL1 lo estoy haciendo exclusivamente en JPG.

11. Al poseer un sensor de menor tamaño que una réflex (recordemos que emplea un factor de recorte de 2x frente al 1,6x y 1,5x de las cámaras más habituales de Canon, Nikon o Sony) la profundidad de campo resultante es mayor, lo que unido a la escasa apertura máxima del objetivo que trae la cámara no la hacen recomendable para fotografías en las que los desenfoques sean el argumento principal de la imagen. Sin embargo, para paisajes es una cámara que puede jugar un buen papel.

Olympus E-PL1

12. Se pueden emplear objetivos de cámaras réflex de diversas marcas (hay adaptadores para ópticas Nikon, Canon, Leica, Sony…) pero perderemos el enfoque automático y una de las principales razones de la existencia de las cámaras EVIL: el menor tamaño y peso de sus ópticas.

13. Además de los consabidos modos de escenas predefinidas contamos con seis modos creativos del que mi favorito es uno que simula un tilt-shift. Os dejo con un par de ejemplos de ese modo que os digo así como de algún otro.

Fake tilt-shift

Fake tilt-shift

Efecto estopenoico

My feet

14. El enfoque se realiza por contraste (como en las compactas) por lo que es considerablemente más lento que en una cámara réflex. No es la mejor cámara para seguir águilas en vuelo o guepardos por la sabana.

15. Por el momento no hay demasiadas ópticas disponibles para el formato m4/3. Seguramente más fabricantes se irán incorporando al carro de esta nueva tecnología; pero de momento son Olympus y Panasonic las que tienen más objetivos disponibles, si bien la oferta sigue siendo escasa en comparación con sistemas más asentados en el mercado.

16. Tanto el cuerpo como el objetivo tienen una calidad de construcción correcta. Es plástico sólido y el ajuste de las piezas es bueno; pero realmente parece una cámara de juguete si estamos acostumbrados al tacto sólido de una D300 y un objetivo como el 80-200 f/2.8. Una comparación más justa podría ser con la D40 y su habitual 18-55; sacando en este caso también ventaja la cámara de Nikon si bien con menos diferencia. Eso sí, no me arriesgaría a ponerme a hacer fotos en medio de una tormenta, pues estoy seguro de que entraría agua en su interior y la cámara tendría los días contados.

17. La E-PL1 posee un buen rango dinámico, ya que incluso en escenas con cierto contraste conserva bien el tipo impidiendo la aparición de amplias zonas empastadas y/o quemadas en la imagen.

Las caprichosas formas de las nubes

Conclusiones

Ya os adelanto que no se me pasa por la cabeza ni por un segundo renunciar a mi D300 a la hora de ir expresamente a hacer fotos. La E-PL1 no ha venido a sustituirla sino a complementarla; y es que si me voy de viaje un fin de semana no quiero renunciar a hacer algunas fotos, pero tampoco quiero cargar con el mochilón habitual lleno de objetivos para Nikon. Precisamente para eso ha llegado la Olympus; para poder hacer fotografías con cierta calidad en aquellas ocasiones en las que no quiero o no puedo llevarme mi equipo réflex habitual.

Un día de playa en pleno otoño

Los factores en los que sale perdiendo en comparación con una réflex de gama media (enfoque, autonomía, profundidad de campo, disponibilidad de ópticas y resistencia a climatología adversa) la desaconsejan como cámara única si nos tomamos la fotografía en serio; pero si pretendemos ir ligeros de equipaje y tener cierta versatilidad a la hora de hacer fotos, una cámara de este tipo puede ser una buena opción.

Los amantes

Lo mejor

  • Relación tamaño y peso / calidad de imagen
  • Muy poco ruido a ISOs altos
  • Sin distorsiones geométricas apreciables
  • Buen rango dinámico

Lo peor

  • Mayor PDC con respecto a una réflex normal
  • El balance de blancos automático a veces no va fino del todo
  • Modificar parámetros lleva más tiempo que con una réflex
  • Pocos objetivos disponibles por el momento

Más imágenes de ejemplo

El batir de las olas

Paisaje oropesino

Villa Raquel

Fake Tilt-shift

Caños

Por los campos

Rosa, azul y rojo

Oropesa al anochecer (II)

Reflejos

Agua y fuego

Agua

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La velocidad de las tarjetas de memoria en fotografía

De nada sirve hacerse con una Nikon D3 y su capacidad de disparar nueve fotografías por segundo (una auténtica ametralladora) si luego nuestra tarjeta de memoria es tan lenta que representa un cuello de botella que la deja parada durante varios segundos al transferir hasta ella los datos del buffer intermedio de la cámara.

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(Imagen extraída de dpreview.com)

Dicho buffer no es más que una rápida memoria RAM de tipo FIFO (“First In, First Out” o “primero en entrar primero en salir”) en la que se almacenan las fotografías recién capturadas para dotar al sistema de una cierta agilidad en sus operaciones de escritura. Nunca se escribe directamente en la tarjeta porque la operación sería mucho más propensa a errores de sincronización y el rendimiento de la máquina dependería mucho de la tarjeta empleada (de hecho depende, pero mucho menos gracias al empleo de esa memoria intermedia que ya está optimizada para rendir al máximo).

Al tomar fotografías sueltas, nada más terminar la exposición la cámara genera la imagen internamente con los datos captados por el sensor, la pasa al buffer y a continuación la graba en la tarjeta. Por muy lenta que esta sea, nosotros no notaremos esa operación de escritura porque se realiza antes de que nos de tiempo siquiera a componer la siguiente imagen en el visor.

En modo ráfaga el proceso es algo diferente: mientras mantengamos el dedo presionando el disparador, la cámara va generando las imágenes, pasándolas al buffer y a continuación a la tarjeta de memoria. Esa operación de escritura se irá realizando en segundo plano de forma continuada y completamente transparente para nosotros, de tal modo que las imágenes van entrando por un lado del buffer y almacenándose allí temporalmente durante el tiempo necesario para que la tarjeta las vaya grabando en ella. Para hacernos una idea un poco más gráfica, es como un depósito de agua con una tubería de entrada (el sensor) y un grifo a la salida (la tarjeta de memoria).

!

Todo irá como la seda si la tarjeta es tan rápida como para grabar los datos según entran al buffer (dejamos el grifo abierto y según entra agua al depósito sale por el otro lado). En el caso contrario las imágenes se irán acumulando en dicho buffer hasta que se llene. En ese momento, la cámara dejará de disparar hasta que se transfiera a la tarjeta la suficiente información como para tener espacio de almacenamiento interno para una imagen más. Es como si nuestro depósito estuviera lleno, el grifo no diera más de si y en la tubería el agua se quedara acumulada esperando a entrar. Evidentemente no podrá pasar más líquido al interior del depósito hasta que el grifo lo vacíe un poco.

Es decir, que la ráfaga funcionará a toda velocidad siempre que haya espacio suficiente en el buffer para almacenar al menos una fotografía más, así que cuando estamos rozando el límite de llenado de esa memoria intermedia, la cámara dejará de disparar y se pondrá a transferir información a la tarjeta de memoria con objeto de liberar espacio en el buffer; y hasta que eso no suceda no va a seguir disparando hagamos lo que hagamos, por lo que la cadencia de la ráfaga disminuirá considerablemente.

Baldo

Aquí es donde entra en juego la velocidad de la tarjeta de memoria, pues cuanto más rápida sea, menos va a tardar la cámara en transferir los datos desde el buffer. Si la tarjeta es lenta (grifo de poco caudal) enseguida se va a ir llenando esa memoria intermedia y comenzarán los parones en la ráfaga, mientras que con una tarjeta rápida (grifo por el que puede salir gran cantidad de agua) vamos a poder disparar a máxima velocidad durante todo el tiempo que queramos (al menos en formato JPG) porque las fotografías se graban en la tarjeta al mismo ritmo que entran en el buffer. Además, en caso de alcanzar el límite de llenado del buffer, usando una tarjeta rápida la operación de vaciado será más breve que si escribimos en una tarjeta de velocidad inferior.

Por cierto, hablando de velocidad, actualmente hay una forma más o menos estándar de conocer la velocidad de las tarjetas SD, que consiste en buscar un círculo con una C y una cifra a continuación que indicará la rapidez de la tarjeta. Las más lentas son las de clase 2 (C2), mientras que por encima irán las C4 y las más rápidas a día de hoy son las C6 C10 (gracias a K0J1 por el apunte 😉 ).

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Para poneros un ejemplo concreto, en el buffer de mi Nikon D40 caben cuatro imágenes en RAW o nueve en JPG a máxima calidad, pero hay cámaras profesionales cuyo buffer es muchísimo más grande (66 en JPG y 17 en RAW en el caso de la Nikon D3). Mi velocidad de disparo es de 2.6 fotografías por segundo en cualquiera de los dos formatos, y la diferencia entre emplear la tarjeta marca “Nisupa” que me regalaron con la cámara y la Sandisk Extreme III de 4 GB que compré poco después es que antes la ráfaga en JPG se me ralentizaba cuando llevaba unas cuantas fotografías y ahora puedo disparar en dicho formato hasta 99 fotografías (limitado por firmware) a máxima velocidad porque la información se graba en la tarjeta de memoria al mismo ritmo que entra en el buffer.

Disparar en formato RAW ya es otra historia, pues al ocupar seis megabytes cada fotografía sí que alcanzo a llenar el buffer en ráfagas de más de seis disparos, ralentizando la ráfaga a aproximadamente dos imágenes por segundo (que tampoco está nada mal para una cámara tan sencilla); aunque ese llenado se alcanza tan pronto como sucedía con la tarjeta más lenta y además la memoria intermedia se vacía más rápidamente como os decía hace un par de párrafos. De cualquier modo, apenas empleo el modo ráfaga (hasta el momento nada más que en los recientes fuegos artificiales en Oropesa del Mar), por lo que la compra de la nueva tarjeta respondió más al deseo de tener un medio de almacenamiento fiable que a una necesidad real de velocidad.

Y es que para temas de fotografía siempre merece la pena invertir un dinero extra en el medio de almacenamiento; ya sea por el tema de la velocidad si acostumbráis a disparar en ráfaga o porque una tarjeta barata nos puede dejar tirados el día que hemos hecho las mejores fotografías de nuestra vida (la Ley de Murphy es poderosa).

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Funcionamiento del obturador en una cámara réflex

El obturador de una cámara réflex es una compleja obra de ingeniería que resuelve más problemas de los que a priori podríamos imaginar. Crear un dispositivo que se abra y se cierre para dejar pasar la luz es algo que puede parecer sencillo, pero a medida que vamos pensando en los posibles inconvenientes que pueden aparecer durante su fase de diseño nos vamos a dar cuenta de que no es algo tan simple como podríamos suponer en un principio.

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Ya sabemos que el diafragma del objetivo es el encargado de regular la cantidad de luz que llega al sensor mediante su apertura; mientras que el obturador será el que regulará el tiempo durante el cual la luz alcanza al sensor. Un tiempo que en ocasiones será bastante largo (del orden de segundos) y que en otras durará menos de una milésima de segundo.

Precisamente, de esa necesaria rapidez viene uno de los primeros inconvenientes a la hora de diseñar un obturador: si queremos tiempos de disparo muy breves necesitamos que el obturador se mueva realmente rápido, por lo que éste ha de ser muy ligero para que tenga la mínima inercia posible.

Los obturadores, en general, se fabrican en materiales como la fibra de carbono, el aluminio, el kevlar… de tal modo que si nos ahorran una décima de gramo estaremos ganando en prestaciones a la hora de disparar a toda velocidad. Sin embargo, no vamos a poder hacer fotografías a velocidades de obturación realmente elevadas ni siquiera fabricándolo con los materiales más ligeros porque no dejaría de ser un dispositivo mecánico que se ha de desplazar en dos direcciones en un movimiento de vaivén. Para comprender mejor la problemática asociada, vamos a, imaginar el caso de un obturador que tarde apenas una milésima de segundo en bajar y otra en subir (pensad en una persiana, pues el concepto sería similar).

ventana-con-persiana

Si subimos y bajamos esa “persiana”, nos vamos a encontrar con que la parte inferior del sensor va a estar expuesta dos milésimas de segundo más que la parte superior (vamos a imaginar que el obturador primero sube para exponer el sensor y luego baja). Si nuestra fotografía precisa de una exposición de, por ejemplo, dos segundos, la parte inferior del sensor va a estar expuesta a la luz un total de 2002 milésimas y la superior 2000; no habría excesivo problema, aunque ya existiría una pequeña modificación en la luminosidad de la fotografía por la diferencia de tiempos.

Sin embargo, si nos vamos al caso de una toma con un tiempo de exposición de sólo media milésima de segundo (1/2000) vamos a tener el problema de que la parte inferior del sensor va a estar expuesta durante 2,5 milésimas de segundo y la parte superior durante sólo esa media milésima, lo que daría lugar a una fotografía que gradualmente estará cinco veces más clara en la parte inferior que en la superior.

Para solventar esto, lo que se hace es emplear obturadores consistentes en dos cortinillas (una cortinilla es una lámina muy delgada de los materiales que os comentaba antes), de tal modo que ambas realizan su recorrido en la misma dirección: en reposo hay una primera cortinilla tapando el sensor y una segunda escondida por encima de él. En el momento de presionar el disparador, cae la primera cortinilla exponiendo el sensor, y una vez transcurrido el tiempo de exposición necesario baja la segunda a la misma velocidad que la primera quedándose delante del sensor y volviendo a impedir la llega de la luz a su superficie, pasando en ese momento a grabar los datos de la fotografía en el buffer de la cámara y posteriormente en la tarjeta de memoria.

Si volvemos a nuestros dos ejemplos anteriores veréis que en el caso de la exposición larga primero cae una cortinilla y tras un par de segundos cae la segunda; sin más. En el caso de la fotografía realizada a alta velocidad, las dos cortinillas irán “persiguiéndose” de tal modo que van a ir exponiendo todos los puntos del sensor exactamente durante media milésima de segundo mediante la banda luminosa creada por las dos cortinillas del obturador.

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Exposición lenta en la que las cortinillas se mueven por orden

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Exposición rápida en la que ambas cortinillas bajan "persiguiéndose"

En cualquier caso, una vez terminado el proceso las cortinillas vuelven a su lugar original dejando la cámara preparada para un nuevo disparo. Si recordáis el principio básico de funcionamiento de una cámara réflex, os comentaré que cuando disparamos en ráfaga la exposición del sensor se produce durante el tiempo que el espejo está levantado y que cuando éste baja es cuando las cortinillas vuelven a su posición original (os recomiendo ver el vídeo grabado con cámara hiperlenta para apreciar todo el proceso con detalle).

Solventado lo de la velocidad de exposición tenemos un nuevo problema: el flash. Si en una fotografía disparada a alta velocidad empleáramos el flash, puesto que su destello es brevísimo se estamparía una franja luminosa en el sensor durante la bajada de las cortinillas del obturador. Para evitar este problema, se suele limitar la velocidad de disparo de la cámara al emplear el flash de tal modo que por encima de la cual se impida su uso. En el caso de mi D40 (la réflex digital más básica del catálogo de Nikon) esa velocidad límite es de 1/500; y es curioso, porque en el resto de modelos esta velocidad no va más allá de 1/200 o 1/250 en el mejor de los casos. A esa velocidad (o inferiores) habrá un momento durante el cual todo el sensor estará expuesto a la luz, que será el aprovechado por el flash para dispararse, quedando la fotografía uniformemente iluminada.

De todos modos, y como norma general, este límite de velocidad se aplica a los flashes integrados en la cámara, pues con los externos de tipo profesional existen “trucos” para emplearlos a cualquier velocidad sin problemas (los más de 400 euros que cuesta un Nikon SB-900 están más que justificados porque sus prestaciones y las posibilidades creativas que da son impresionantes). No obstante, hablaremos un poco más de los flashes y una de sus principales aplicaciones prácticas.

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Flash SB-900 montado en una Nikon D700 ¡Es enorme!

Evidentemente esta explicación es un poco “para andar por casa”, ya que hay más parámetros y más factores que influyen en el diseño del obturador de una cámara réflex (además, aparte del método de las cortinillas también se suelen emplear medios electrónicos para controlar el tiempo de exposición); pero para hacernos una idea de los conceptos más importantes que condicionan su funcionamiento creo que es suficiente.

Me encantan estos problemas a los que los ingenieros se enfrentan a la hora de diseñar cualquier cosa y que siempre resuelven con brillantez. Y es que, en mi opinión, el desarrollo de la mentalidad necesaria para salir de este tipo de atolladeros es lo que se debería potenciar en las escuelas técnicas por encima de complejos teoremas que nunca se utilizan o kilométricas fórmulas matemáticas.

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