Dibujando en el aire con la luz

Hay gente que piensa que fotografías como la que os voy a enseñar a continuación son retoques hechos con Photoshop, pero nada más lejos de la realidad, pues no es ni más ni menos que el saber captar la realidad con una cierta perspectiva creativa.

Para hacer este tipo de imágenes sólo necesitamos una cámara relativamente sencilla (esta está hecha con la Canon Powershot A75 que poseía hace unos años y que hace poco regalé a mi padre) pero que tenga modo manual, un trípode (es imposible mantener la cámara completamente firme por muy buen pulso que tengamos), un poco de oscuridad y una fuente de luz.

Dibujando en el aire

Lo que veis en la imagen no es más que Joe dando vueltas a una linterna que tenía en la mano. Yo planté la cámara en el trípode y realicé una exposición de quince segundos de tal modo que llegara suficiente luz al sensor de la cámara como para que se pudieran apreciar los detalles del terreno y el fondo. Si os fijáis un poco en la fotografía (especialmente si pulsáis en el icono de la lupa y la veis a mayor tamaño) veréis que tiene bastante ruido, pero es que eso es algo típico en exposiciones largas sobre todo si la cámara no es de alta gama.

Lo que más me gusta de esta imagen es el reflejo de la luz a los pies de Joe y la cara de sorpresa de éste, que parece estar observando otra dimensión a través del anillo luminoso que él mismo ha creado y que ahora mismo me hace pensar en Portal. También destaca bastante en el paisaje la ya conocida antena del Cerro del Viso y el coche aparcado en las cercanías de la misma.

Bueno, espero que os haya gustado esta sencilla entrada sobre fotografía creativa; aunque la imagen ya tiene cuatro años recuerdo bien que la noche en la que la capté me lo pasé como un enano descubriendo este tipo de técnicas.

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Corazones bajo el sol

Corazones. Pintaba corazones con un bolígrafo bajo el sol de la tarde. Aquello fue sin duda lo que más me llamó la atención cuando vi por primera vez a aquella chica sin nombre.

“Todos tenemos aficiones -pensé-. Algunos hacemos fotografías en nuestro tiempo libre, otras personas construyen casas de muñecas y también los hay que cultivan cactus en sus jardines. Bajo ese punto de vista, dibujar corazones no parece una cosa tan rara después de todo”.

Sin embargo, puestos a dibujar… ¿por qué precisamente corazones? Tal vez la razón más lógica sería pensar que aquella chica estaba enamorada de alguien, pero… ¿por qué no buscarle una explicación más enrevesada a las cosas? ¿No es siempre más divertido así? ¿Qué otras razones pueden llevar a alguien a dibujar corazones bajo un sol abrasador?

Lo primero que se me vino a la cabeza es que tal vez fuera cardióloga y estuviera documentando algún trabajo sobre los efectos del calor en el aparato circulatorio, pero si te fijabas un poco en el reverso de la carpeta que estaba utilizando a modo de improvisado lienzo eran los típicos corazones redondeados, con dos lóbulos superiores y acabados en pico en su parte inferior, así que parece que el tema no iba sobre medicina porque este órgano vital de los seres humanos es bastante menos glamouroso visto al natural.

Podría ser que fuera pintora, pero en ese caso ¿por qué no dibujar un gato por ejemplo? Al fin y al cabo en aquel lugar había decenas de gatos, bueno, y también flores, nubes, playas, personas y montañas; así que por falta de elementos para elegir como modelo no sería. Siguiendo el mismo razonamiento no había ningún corazón por ahí cerca posando con su mejor sonrisa; ni siquiera uno de esos cursilones cojines de IKEA que te acogen con los brazos abiertos, de modo que deseché también la teoría del retrato.

¿Y si era diseñadora y estaba haciendo un boceto de la próxima colección de complementos para primavera? Ágata Ruíz de la Prada concibe todos sus productos a base de corazones rodeados de grandes flores pintadas en vivos colores y le va bastante bien. Puede que esa chica estuviera trazando los rasgos de un bolso que veríamos en los locales más lujosos de Marbella dentro de unos meses, pero se supone que una diseñadora elegiría una mesa de dibujo perfectamente calibrada o un iMac último modelo para hacer algo así; además de que su actitud despreocupada hacía ver que tampoco es que se le fuera la vida en aquella tarea.

Se me agotaban las posibilidades; mi imaginación no daba mucho más de si: no parecían existir más motivos para dibujar una colección de corazones en el reverso de una carpeta aparte del hecho de estar colada por alguien. Sin embargo mi inquieta mente decía a gritos que después de haber tergiversado y tirado a la basura tres teorías diferentes no podía irme a casa con aquella duda existencial.

Di unos pasos, me coloqué frente a ella con el sol a la espalda y cuando levantó la vista del cartón sus cejas se arquearon debido al exceso de luz trazando decenas de minúsculas arrugas en torno a sus ojos. Se puso la mano izquierda a modo de visera y en ese momento mi silueta a contraluz dijo:

-Perdona, ¿son corazones eso que dibujas?

Corazones bajo el sol