Review: patinete Oxelo Town 7XL

Desde mi casa al trabajo tengo una distancia de 33 Km (y otros tantos para volver) de modo que la opción del Xiaomi Mijia M365 no es viable para ir hasta allí. Si trabajara en la misma ciudad en la que vivo os aseguro que lo llevaría todos los días para ir a la oficina porque me parece ideal para ese tipo de desplazamientos cotidianos; pero no se da el caso y la verdad es que es una pena.

Sin embargo, mi novia sí que tiene la suerte de trabajar a unos 3 Km de casa, de modo que es ella ahora la que usa mi patinete eléctrico hasta que nos llamen de la tienda Xiaomi de La Vaguada para que vayamos a recoger la unidad que va a ser suya y así tener cada uno su propio M365. Además, el recorrido hasta su oficina es todo el tiempo cuesta abajo y al regresar, después de todo un día de trabajo, se agradece poder subir todo el desnivel sin esfuerzo y con rapidez.

Lo que ocurre conmigo es que como el gusanillo de los “transportes alternativos” me ha picado muy fuerte, hace unas semanas estuve valorando la opción de hacerme con un patinete plegable para adultos con tracción animal para seguir recorriendo la ciudad a través de los carriles bici y tras informarme bastante, al final me decanté por el Oxelo Town 7XL que venden en cualquier Decathlon.

Al igual que hice al analizar el M365, voy a centrar esta review en las sensaciones y en el día a día del uso del patinete. Hace ya algo más de un mes que lo tengo y la verdad es que lo estoy usando más de lo que pensaba, así que a grandes rasgos os adelanto que estoy bastante contento con él; sobre todo por su gran portabilidad. También trataré de comentar a lo largo del artículo diferencias, ventajas y desventajas con respecto al modelo eléctrico de Xiaomi, pues creo que son dos reviews que se pueden complementar muy bien entre ambas.

Datos técnicos

Os voy a enumerar a continuación las características técnicas principales del patinete para que os hagáis una idea rápida de lo que ofrece:

  • Material de chasis y manillar: aluminio 6061
  • Material de horquilla delantera y balancín trasero: acero
  • Ruedas: macizas fabricadas en poliuretano, diámetro 200 mm, dureza 87A, rodamientos 608-2Z ABEC-5
  • Frenos: freno de fricción mediante guardabarros trasero y freno auxiliar mediante maneta en manillar
  • Suspensión: mediante amortiguadores de elastómero/muelle en horquilla delantera y balancín trasero
  • Peso del patinete: 5,5 Kg aprox.
  • Peso máximo del usuario: 100 Kg
  • Altura del usuario: entre 145 y 190 cm
  • Altura de la plataforma al suelo: 15 cm
  • Longitud del patinete plegado: 86 cm
  • Accesorios incluidos: juego de llaves Allen y correa de transporte
  • Colores disponibles: gris, negro y verde
  • Precio oficial: 98,99 euros

La suspensión delantera consiste en un amortiguador compuesto de muelle helicoidal y elastómero con unos 2 cm de recorrido el cual se comprime aproximadamente a la mitad cuando me subo al patinete, de modo que tiene recorrido tanto en extensión como en compresión suavizando así las pequeñas irregularidades del camino.

En cuanto a la suspensión trasera, esta consiste en un sistema de balancín del que “cuelga” el eje trasero y que se ancla al chasis principal a través de un amortiguador que, al igual que el delantero, consta de un muelle helicoidal y un elastómero. Al igual que la suspensión delantera cede algo cuando me subo al patinete pero aun tiene recorrido de compresión.

Tengo la impresión de que la suspensión trasera va más dura que la delantera, pero la verdad es que en marcha sí que se nota que las dos actúan filtrando las pequeñas irregularidades del terreno. Ojo, que con el poco recorrido que tienen a nada que el bache que pisemos sea un poco grande va a hacer tope (sobre todo la delantera) y sentiremos la vibración en nuestras manos; pero con lo duras que son las ruedas de PU, de no contar con las suspensiones fliparíamos al pasar sobre cualquier tipo de relieve. Por cierto, el peso máximo del usuario del patinete es de 100 Kg y yo peso 67.

El freno trasero es de fricción y no es más que el guardabarros trasero el cual debemos pisar para que su cara interna roce contra la superficie de la rueda deteniendo el patinete y volviendo a su posición con un muelle en cuanto levantamos el pie. Tenemos también una maneta de freno junto al puño derecho el cual actúa sobre una pequeña leva que fricciona contra la rueda trasera pero cuyo poder de frenada es menor que el del freno principal. Hablaremos luego de esto en más profundidad porque para mí es importante.

Los puños del patinete son de goma y su relieve está pensado para amortiguar las vibraciones del camino. Aun así cuando recorro distancias grandes luego me hormiguean las manos durante un buen rato, de modo que si le vais a dar caña al cacharro os recomiendo que uséis unos guantes acolchados o bien que cambiéis los puños por unos de espuma, ya que son estándar de bicicleta. Por cierto, a la hora de plegarlo los extremos del manillar se sacan de su emplazamiento y se fijan en un par de pinzas para que así la anchura del patinete sea mucho menor.

En cuanto a la tabla (la plancha horizontal sobre la que vamos de pie) esta va recubierta con una goma cuya rugosidad consiste en pequeños triángulos enfrentados. No agarra igual de bien que las “burbujas” del Xiaomi M365 pero no he tenido ningún resbalón, así que tampoco me voy a quejar. Como detalle curioso, hay en la parte trasera de la tabla una pequeña “ventana” a través de la cual podemos ver el muelle encargado de la amortiguación trasera.

Nuestro contacto con el suelo son dos ruedas de poliuretano de 200 mm de diámetro exactamente iguales en ambos ejes. Como ya os apunté antes son bastante duras pero a cambio sabemos que no vamos a pinchar jamás porque están hechas del mismo material que las que llevan los patines en línea. Eso para mí también es una gran ventaja sobre el M365 sobre todo sabiendo que las ruedas neumáticas y los abrojos no se llevan nada bien.

Las ruedas tienen unas minúsculas ranuras en los laterales que supongo que están pensadas para desalojar agua si nos inclinamos con el suelo húmedo. De todos modos, este tipo de ruedas son totalmente desaconsejables en tales condiciones, de modo que si estáis circulando con el patinete y se pone a llover mi consejo es que bajéis y caminéis si no queréis besar el duro suelo a las primeras de cambio.

Un detalle que no quiero pasar por alto es que el mecanismo de plegado no es tan rápido como me gustaría. Al usar el patinete tengo que hacer las siguientes operaciones antes de empezar a recorrer la ciudad:

  1. Soltar la leva del seguro junto a la articulación principal
  2. Pulsar la palanca de plegado y desplegar el patinete
  3. Volver a apretar la leva del seguro para asegurarme de que el patinete no se va a cerrar si piso la palanca de plegado mientras voy en marcha
  4. Sacar los dos puños de sus soportes e introducirlos en sus alojamientos
  5. Soltar la leva que regula la altura del manillar, llevarlo a su altura correcta y volver a apretar dicha leva

A ver, no es que se tarde una eternidad. En total me lleva menos menos de un minuto, pero sí que son unas cuantas operaciones a realizar para hacer el despliegue total del patinete y si por lo que sea tenemos que hacerlo con frecuencia podemos acabar un poco hartos.

Por cierto, el patinete no trae ningún tipo de luz (ni timbre) pero tenemos una ranura en el guardabarros trasero para poner una de tipo VIOO de las que venden en Decathlon (en algunas fotos de esta review podéis ver la que llevo yo ahí colocada, que es una pulsante roja recargable por microUSB) y en el manillar hay algo de espacio para colocar una luz frontal de pequeño tamaño. Más complicado es añadir también un timbre; de modo que si ponéis una luz frontal el timbre va a tener que ser vuestra propia voz alertando a todos esos peatones que tienen la fea costumbre de caminar por los carriles destinados a bicis y sucedáneos como el que hoy nos ocupa.

Por último, el patinete incluye una pequeña pata retráctil en el lateral izquierdo para poder dejarlo de pie y una correa de transporte que se engancha a la barra que une la plataforma con el manillar y nos permite llevarlo colgado al hombro una vez plegado.

Y creo que con esto ya os he descrito todo el patinete, así que vamos a pasar ahora a tratar la experiencia de uso y los problemas que nos podemos encontrar en el día a día, que al fin y al cabo es la chicha de este tipo de análisis.

Usando el patinete

Veréis, siempre llevo el patinete plegado en el maletero del coche y he de decir que no abulta nada. A diferencia del M365, cuyo peso y tamaño son mayores de lo que sería deseable, este patinete una vez plegado abulta muy poco y se nota relativamente ligero al levantarlo del suelo.

Por tanto, a veces salgo de trabajar y cuando dejo el coche en el garaje directamente lo saco del maletero y me voy a dar una vuelta antes de subir a casa. También en ocasiones se ha dado el caso de aparcar en alguna zona lejana que tengo ganas de explorar, sacar el patinete del maletero y usarlo para dar una vuelta por allí. Ya sabéis lo fan que soy de las cosas que se pueden llevar siempre encima y por eso este patinete es para mí una buena inversión.

Como os decía, este es un patinete al uso, es decir, que tenemos que ir pateando el suelo para movernos (a no ser que vayamos cuesta abajo, claro está) y por eso debéis de tener una cosa en cuenta: si no estáis acostumbrados las agujetas en los tobillos van a ser bestiales durante los primeros días de uso. Con el tiempo se fortalecerán y no habrá más problema, pero cuando los primeros días hagáis algún recorrido más o menos largo, al levantaros de la cama al día siguiente y apoyéis los pies en el suelo os vais a acordar de la madre del puñetero patinete.

Eso sí, al menos la plataforma queda bastante cerca del suelo, lo cual hace que si bajamos algún escalón montados en el patinete éste pueda pegar algún rascón sobre todo en la zona del muelle de la suspensión trasera (queda algo expuesto al sobresalir entre los listones longitudinales del chasis) pero también consigue que no haya que flexionar mucho la pierna de apoyo para impulsarnos haciendo que nos cansemos algo menos. Aun así, os aseguro que con uno de esos se hace más deporte de lo que parece.

Más cosas que me han sorprendido (en este caso para mal): igual que el M365 frena de maravilla, en la primera bajada que hagáis con un patinete de este tipo lo vais a pasar mal. El freno del manillar apenas reduce la velocidad y si no queréis acumular boletos para un piñazo de los gordos debéis presionar el freno de fricción trasero con mucha fuerza constantemente y aún así veréis que el patinete tarda bastante en detenerse.

Esto es debido a que la fricción del poliuretano de las ruedas con el metal del freno trasero es muy pequeña, de modo que la deceleración es baja. Nada que ver con el freno de disco trasero del Xiaomi en conjunción con el freno eléctrico delantero que detienen el patinete a la más mínima insinuación sobre la maneta.

Ya os digo que la primera vez que me metí en una cuesta prolongada fríos sudores empaparon mi espalda al ver que por mucho que apretaba el freno aquello apenas reducía su velocidad. Por suerte era un carril bici totalmente recto y en una zona despoblada de San Sebastián de los Reyes, pero aun así fue una experiencia algo traumática.

Una curiosidad acerca del freno: sobre el guardabarros trasero tenéis una pegatina que advierte de peligro de quemaduras al tocar la superficie del mismo; algo que me pareció a todas luces exagerado cuando la vi por primera vez mientras desembalaba el patinete. Pues bien, tras la bajada prolongada que os narraba en el párrafo anterior me acordé de aquella señal de advertencia y cuando puse mi dedo sobre el guardabarros poco me faltó para gritar porque éste había alcanzado una temperatura tan elevada que parecía que estaba tocando una olla puesta al fuego.

Si pensamos en términos de energía tiene todo el sentido, ya que al ser un freno de fricción, la mezcla de energía cinética y potencial que lleva el patinete cuando está bajando una cuesta se convierte en calor por efecto del roce entre el freno y la rueda durante la deceleración; y dado que la superficie es pequeña, esa energía es capaz de elevar su temperatura considerablemente.

En el caso del patinete eléctrico de Xiaomi, la mayor parte de la energía que transformamos al frenar se emplea en recargar la batería, de modo que la que se disipa en forma de calor en el disco trasero es mucho menor y además se trata de un disco metálico ventilado capaz de disipar mucho mejor el calor generado.

Hay una cosa en la que antes ni me fijaba al caminar y que ahora miro con otros ojos: es rarísimo encontrarse con tramos perfectamente llanos por los que circular; y es que en un patinete como éste del que hoy os hablo al tener tan poco rozamiento a nada que la calle pique ligeramente hacia abajo vamos a ver que la velocidad aumenta y en cuanto tenga medio grado de subida vamos a notar que hay que darle al pie con mucha frecuencia.

Del mismo modo, vais a ver que al impulsarnos sobre un suelo perfectamente pulido vamos a avanzar un montón de metros mientras que si el suelo tiene algo de relieve (losetas, rizados, piedrecitas…) el patinete se frena mucho antes obligándonos a impulsarnos con más fuerza y/o frecuencia. Esto lo vais a ver perfectamente en los típicos pavimentos de acera hechos de puntitos, estrellas, rayas y cualquier otra forma de relieve destinada a que los peatones no resbalen en los días de lluvia.

Hablando de impulsarnos, os recomiendo que no os volváis locos tratando de ir siempre a la mayor velocidad posible, ya que usar uno de estos patinetes cansa (y mucho). Sobre todo vais a notar agotamiento no en la pierna que nos impulsa; sino en la que va apoyada sobre la plataforma, que a cada “patada” se ve obligada a flexionarse y estirarse de nuevo. Por eso es importante ser, por decirlo de algún modo, ambidextro y usar por igual las dos piernas para impulsarnos para así ir cambiando y no agotarnos enseguida.

Una cosa que me gusta mucho de este modelo de patinete es la suavidad y el silencio de marcha. La primera vez que lo probé fue en un parking subterráneo hecho de hormigón perfectamente pulido del propio Decathlón y me encantó la facilidad con la que las ruedas deslizaban sobre el suelo. Daba la sensación de que con un par de impulsos iba a ser capaz de cruzar el parking entero.

Luego en calles con su suciedad, sus baches, sus raíces, sus hojas caídas y sus piedrecitas vamos a ir notando cada uno de esos elementos que, además, se encargarán de robarnos velocidad obligándonos a impulsarnos con más frecuencia de lo que nos gustaría; pero al menos en esos casos las suspensiones hacen algo más llevadero el trayecto. Si el patinete no llevara los amortiguadores las vibraciones harían que hasta vierais borroso al coger algo de velocidad.

De momento las ruedas no presentan desgaste significativo pese a haber hecho ya unos 100 Km aproximadamente. Donde si veo algo de desgaste es en el freno principal, puesto que la parte del interior del guardabarros que roza con la rueda ha perdido ya algo de la capa negra que lo recubre y se ve el color metálico. Esto es algo que podéis apreciar en la foto que os voy a poner a continuación. De momento es una cosa mínima, pero creo que con el paso del tiempo (muuuuucho tiempo) esa pieza llegará a desgastarse bastante y lo suyo sería cambiarla antes de que alguna arista de la estructura interior pueda llegar a dañar la rueda. Por lo que sé, Decathlon cuenta con recambios para todos los elementos del patinete.

Como os digo los desgastes de ruedas y frenos son mínimos pero, sea como sea, de momento ambos elementos se están haciendo amigos y eso es bueno. Me explico: la superficie de la rueda tiene curvatura hacia los lados y la superficie del freno es plana, por lo que al estrenar el patinete la superficie de contacto entre ambos es mínima cuando frenamos. A medida que vamos usando el freno, ambas superficies se van desgastando y por tanto sus formas cada vez “encajan” mejor, por lo que la frenada va ganando algo de potencia; si bien ya os decía que no tiene nada que ver con el rendimiento de los frenos del patinete eléctrico de Xiaomi.

Lo de la correa de transporte me parece algo innecesario. Al final cuando vas en marcha con ella colocada en la barra vertical los enganches metálicos van haciendo ruido y rayando el plástico del guardabarros delantero y cuando te echas el patinete al hombro tiendes a mancharte la ropa con el polvo (y cosas peores) que siempre cogen las ruedas. Por tanto, cuando tengo que transportar el patinete lo que hago es plegarlo y o bien lo cojo a pulso con la mano o bien lo agarro del centro del manillar y lo llevo como si de un trolley se tratara.

Por la calle con este patinete no eres el centro de atención de todo el mundo como ocurría con el Xiaomi. Es bastante más discreto y pequeño, de modo que sólo los niños parecen fijarse en nosotros quedándose mirando a las ruedas porque en comparación con sus patinetes de ruedas de 100 mm éste parece un deportivo. Si no os hace gracia ir llamando la atención allá donde vayáis, un patinete como éste es una opción mucho más discreta que su primo eléctrico oriental.

Una cosa que hacía con el patinete eléctrico y que con este casi me hace salir por orejas es meterme por hierba directamente desde el carril bici. Dado que el Xiaomi es de tracción delantera, si pasamos del asfalto a la hierba no pasa apenas nada porque la rueda tira de nosotros igualmente. En el caso de un patinete como éste, en el momento que la rueda delantera toca la hierba se frena radicalmente y si vamos muy deprisa y/o llevamos el peso desplazado hacia delante podemos hacer un Superman en toda regla. Es un patinete pensado para el asfalto y los pavimentos en buen estado, así que ni penséis en hacer off-road de ningún tipo ni acrobacias como las de Claudius Vertesi.

En cuanto a labores de mantenimiento, un detalle que me gusta mucho es que con un juego de llaves Allen podemos desmontar cualquier componente del patinete a excepción de la clásica tuerca-contratuerca de la dirección. En realidad no hay demasiado que hacer ya que viene todo apretado de fábrica y lo más seguro es que nuestra única labor en este sentido será la de cambiar las ruedas cuando estén muy machacadas (cuestan 10 euros cada una en Decahlon y vienen con los rodamientos incluidos) y el freno trasero cuando tenga un “surco” apreciable.

Aparte de esto yo os recomiendo comprobar de vez en cuando que no haya nada suelto y mantener más o menos limpio el patinete en general, ya que esto ayudará a que no se acumule polvo en zonas que pueden ocasionar un desgaste prematuro de ciertos componentes como los rodamientos de las ruedas.

Y a grandes rasgos eso es todo. Como os decía antes, a día de hoy llevo unos 100 Km recorridos con este patinete y estoy bastante contento con él. No diré que sea mejor que el Xiaomi porque son dos cosas diferentes y reconozco que para desplazarse es mejor la opción eléctrica; pero la sencillez y la facilidad de transporte del Town 7XL es lo que me llevó a hacerme con él.

Lo mejor

  • El silencio y la suavidad de marcha sobre suelo liso
  • La ligereza y tamaño del patinete a la hora de cargar con él una vez plegado
  • Las suspensiones, que aportan un plus de comodidad al circular

Lo peor

  • La escasa capacidad de frenada, sobre todo durante los primeros días de uso
  • Poca adherencia de las ruedas sobre suelos húmedos
  • La ausencia de luces y timbre, elementos básicos para desplazamientos urbanos

Conclusiones

Poco a poco los patinetes para adultos se están convirtiendo en un medio de transporte muy válido para las abarrotadas ciudades. Desde mi punto de vista los modelos eléctricos son mucho más cómodos para movernos sobre ellos, pero si tenemos que plegarlos y cargar con ellos todavía son demasiado pesados y voluminosos además de que si surgen problemas con sus baterías la resolución de los mismos puede ser costosa y/o compleja.

Por eso no debemos descartar del todo la opción de hacernos con un patinete “de los de toda la vida”; ya que aunque va a requerir de nuestro esfuerzo para movernos de acá para allá, a la hora de cargar con él es más pequeño y liviano. Además, su precio es mucho menor, el mantenimiento a realizar es prácticamente nulo y la autonomía va a depender exclusivamente de las fuerzas de nuestras piernas.

Seguramente una bicicleta urbana sea un medio más cómodo y eficaz, pero sigue siendo un problema a la hora de meterla en un centro comercial, un autobús, la consulta del médico… Cosas que con un patinete como éste del que hoy os hablo no os causarán ningún quebradero de cabeza.

-Actualización 20/05/2018-

Han pasado ya varios meses desde que adquirí el Oxelo Town 7XL y creo que es buen momento para, con ayuda de la perspectiva que dan el tiempo y la experiencia, comentar alguna cosa al respecto, ya sea para afianzar conceptos que salieron en la review inicial como para desmontar otros.

Por un lado, compruebo con alegría que pese a que le he dado bastante uso al patinete, no se aprecian desgastes significativos en las piezas sometidas a abrasión como son los frenos, los puños o las ruedas. De hecho los puños se encuentran exactamente en el mismo estado que el día que saqué el patinete de la caja, así que en ese sentido un diez para Decathlon.

Por su parte, la pieza metálica que actúa sobre la rueda al presionar la maneta de freno en el manillar presenta un ligero desgaste (inicialmente era plana) de tal modo que ahora la rueda y ella tienen el mismo perfil, mejorando en la medida de lo posible la frenada. Sea como sea, el uso del freno del manillar sólo es recomendable si vamos a baja velocidad en llano y queremos ir más despacio teniendo la situación controlada. En caso de frenazo brusco lo mejor es emplear directamente el freno de pie lo más fuerte posible, ya que es capaz de detener el patinete en mucho menos espacio.

Este freno de pie tan característico de los patinetes también se ha ido desgastando ligeramente hasta ir adoptando la misma forma de la rueda, de modo que ahora la fricción es mayor y eso se nota en el poder de detención. De todos modos, éste sigue siendo algo escaso, sobre todo a la hora de bajar pendientes y especialmente si lo comparamos con mi admirado freno de disco del Xiaomi M365, por lo que os recomiendo que extreméis la atención al entorno si vais rápido.

Por cierto, comentar también que en mojado los frenos están prácticamente de adorno, por lo que me reafirmo en aquello que os decía de que si os pilla un chaparrón por el camino es mejor que os bajéis y continuéis vuestro trayecto a patita si no queréis partiros la crisma.

Ah, y ya que hablamos de frenos me gustaría comentaros una cosa curiosa que no quiero pasar por alto. En ocasiones, en bajadas pronunciadas en las que iba a cierta velocidad como es lógico mantenía pisado el freno trasero con fuerza para ir más despacio. Una vez que la calle iba recuperando la horizontalidad y mi velocidad ya era adecuada soltaba el pie y entonces, al ir a apoyar mi dedo índice en la maneta de freno (una manía que tengo desde mis tiempos de mountain biker) sentía un picotazo que al principio pensaba que era cosa de algún insecto.

Pues bien, no era ninguna avispa ni nada que se le pareciera; sino electricidad estática: el patinete se cargaba con la fricción del freno trasero y como va aislado tanto de mí como del suelo mantiene la diferencia de potencial hasta que yo tocaba algo metálico y entonces… ¡ZAS! Chispazo al canto.

En invierno no es un gran problema porque al ir con guantes no me daba la descarga de estática, pero en verano, con los dedos al aire iba temeroso del posible chispazo en cada bajada larga. Al final lo que hice fue usar funda termoretráctil de 13 mm para aislar la maneta de freno y que así no me pegara el chispazo de ninguna manera.

Mi teoría es que la maneta me pegaba el calambrazo porque está unida al conjunto de freno trasero y leva a través del cable metálico que lo acciona y de ahí que el potencial eléctrico que adquiría esa pieza al rozar con la rueda pasará a mí a través del dedo cuando me disponía a usar el freno manual. La prueba de esto es que desde que he aislado la maneta no me ha vuelto a ocurrir, así que si os pasa lo mismo os recomiendo que pongáis el termoretráctil, porque una tira de un metro cuesta menos de un euro en cualquier tienda de electrónica y siempre podéis darle otros usos a lo que os sobre.

Por lo demás la suspensión sigue teniendo el buen tacto de siempre (tenía miedo de que con el paso del tiempo algún elemento de la misma se fuera ablandando y fuera haciendo tope en cada bache), la estructura apenas tiene arañazos, no hay holguras de ningún tipo en la dirección o el mecanismo de plegado, las rodamientos de las ruedas siguen girando sin ningún tipo de fricción, la plancha de caucho con relieve donde apoyamos los pies sigue en perfecto estado y, en general, el patinete sigue teniendo el mismo aspecto de cuando lo estrené pese a haber hecho con él bastantes kilómetros (no podría precisar cuántos, aunque calculo en números gordos que del orden de 300) y haber ido siempre guardado en el maletero de mi coche con lo que ello implica en cuanto a cambios de temperatura, pequeños golpes, rozamientos con otros elementos…

Ah, por cierto, en todo este tiempo no se ha aflojado ni un sólo tornillo ni he tenido problemas con los cierres rápidos. Lo único que sí he tenido que hacer es engrasar ligeramente la zona de plegado porque al no tener grasa originalmente al poco tiempo empezó a crujir a cada impulso; pero aunque es algo bastante escandaloso con dar una fina capa de grasa se acabaron los ruidos, así que si os ocurre no os preocupéis.

Me gustaría comentar que una de las cosas que más me gustan de este patinete es que cuando circulas con él tienes la sensación de que por su robustez y sencillez de construcción nunca te va a dejar tirado. Daos cuenta de que no hay una batería que vaya a fallar, ruedas neumáticas que puedan pinchar en cualquier momento, un motor que pueda dar problemas mecánicos y/o eléctricos… Y como os digo, esa sensación de fiabilidad es una cosa que a mí me resulta reconfortante.

En cuanto a la forma física, con el tiempo he llegado a recorrer del orden de 15 Km de una vez sin que eso supusiera grandes agujetas al día siguiente. Como os comenté en su momento, al final todo es acostumbrarse a los movimientos de tobillo que requiere este medio de transporte para poder movernos. Eso sí, os recomiendo que le cojáis el truco a impulsaros con cualquiera de las dos piernas, porque la que va flexionando se os va a ir cargando poco a poco y llegará un momento en el que o cambiáis de pierna o tendréis que parar un rato.

Lo peor de un patinete como este es subir pendientes, porque al tener que patear el suelo con más fuerza y frecuencia es algo realmente agotador. Yo lo que hago en cuestas pronunciadas es ir caminando mientras empujo el patinete, ya que por la suavidad con la que rueda y el escaso peso que representa se puede decir que va casi sólo.

En definitiva, sigo estando muy contento con la adquisición del Oxelo Town 7XL y cada vez le encuentro más la gracia a eso de no depender de baterías ni pinchazos para recorrer los carriles bici de la ciudad. Eso sí, cuando llegan las subidas se echa de menos un motor eléctrico que ayude a nuestras maltrechas piernas, porque la gravedad, en este tipo de cacharros, parece tirar más que de costumbre.

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* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

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Reconozco que el fútbol me da bastante igual y que la única vez que he ido a ver jugar al Alcalá fue porque invitaron (y para colmo fue un empate sin goles, por lo que fue un verdadero aburrimiento).

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Los últimos días de “El Pipe”

El pasado domingo me acerqué con la cámara al pequeño campo de fútbol conocido como “El Pipe” que hay junto a mi antiguo instituto y que, según un proyecto de reforma de esa zona que ya ha desalojado a bastantes familias que residían en los edificios colindantes, dentro de no mucho tiempo se convertirá en una moderna instalación deportiva de césped artificial.

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No es que sea yo un deportista nato. Evito todo lo posible la vida sedentaria; pero no soy una de esas personas que todos los fines de semana se ponen a correr una maratón o pasan las tardes haciendo pesas.

Bueno, sí que es verdad que tuve una época en la que me machacaba bastante en el gimnasio: me lo pasaba bien, conocí a mucha gente y gané bastante masa muscular (algo que incluso llamó la atención de alguna chica por aquellos tiempos). Sin embargo, después de dos años y pico lo dejé por falta de tiempo y en apenas unos meses volví a mi complexión habitual, comprendiendo entonces que es muy complicado luchar contra la propia naturaleza.

Verano de 1998

Lo que os quería decir es que pese a que no practico deporte en el sentido que todos entendemos, sí que es cierto que no hay día en el que no salga a la calle y recorra caminando un trayecto más o menos largo haga el tiempo que haga. De hecho, para ir de mi casa a la plaza de Cervantes y volver hay que recorrer entre tres y cuatros kilómetros; y por lo general mis paseos por la ciudad son bastante más largos que esto. Además, cuando voy sólo camino a toda velocidad, de modo que es muy habitual es que vuelva a casa con una agradable sensación de cansancio que siempre abre el apetito y ayuda a conciliar el sueño a la hora de ir a la cama.

Es decir, que aunque no estéis apuntados a un gimnasio ni juguéis al tenis los fines de semana, si tenéis la sana costumbre de ir a los sitios caminando de vez en cuando al menos ya estaréis haciendo más ejercicio que toda esa gente que coge el coche hasta para comprar el pan.

Ah, por cierto, aprovecho la ocasión para comentaros que la fotografía es una excusa inmejorable para obligarse a salir a dar una vuelta; así que además de potenciar la creatividad también mejorará vuestro fondo físico. Y hablando de fotografías, mirad la curiosa imagen que capté el pasado viernes en el cruce de la plaza de los Santos Niños y que ilustra bastante bien el concepto de “deporte urbano” del que soy un firme defensor.

Deporte urbano

Las limitaciones de los flashes

¿Os habéis fijado alguna vez en toda esa gente que desde las gradas más altas de los grandes estadios de fútbol dispara fotografías con flash cada vez que se arrima por esa zona del césped la estrella de turno? La próxima vez que veáis un partido por la televisión, fijaos en ese detalle y veréis la ingente cantidad de fotografías que se realizan en un momento y que en la mayoría de las ocasiones quedarán irremediablemente oscuras.

Precisamente este artículo se me ocurrió hace un par de días cuando vi a una chica intentando fotografiar unos edificios de Oropesa del Mar a las doce de la noche empleando el flash de su cámara compacta estando situada aproximadamente a medio kilómetro de distancia. Tras su tercer intento en vano, estuve a punto de acercarme para comentarle que con la luz del flash poco iba a iluminar desde allí, pero se la veía tan entusiasmada que no iba a ser yo quien la disuadiera de su propósito, así que pensé en publicar una entrada hablando sobre este tema. Quién sabe, a lo mejor al volver de sus vacaciones en la playa busca en Google por qué le salen las fotos oscuras y encuentra esta entrada. Casualidades más extrañas me han ocurrido en el pasado…

Las Vegas desde la playa de La Concha

Fotografía tomada desde el sitio donde estaba aquella chica. Sí, esas dos torres pintadas de blanco y verde son las que pretendía iluminar con el flash de su compacta.

Las limitaciones del flash

Los flashes incorporados en las cámaras tienen una potencia muy limitada y, de hecho, en las cámaras compactas no suelen alcanzar a iluminar con claridad más allá de dos o tres metros en el mejor de los casos. En las réflex tal vez lleguemos algo más lejos, pero si queremos alcanzar al menos una veintena de metros debemos hacernos con un modelo externo que de mucha más potencia.

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Fijaos en todo el área que es capaz de iluminar el flash del fotógrafo

En cualquier caso, ni con un SB-900 vamos a ser capaces de iluminar un estadio de fútbol desde el cuarto anfiteatro, de modo que todos esos destellos luminosos que veis entre el público en todo gran partido que se precie, no dan lugar más que a fotografías en las que todo lo que no esté en primer plano aparecerá casi completamente negro.

¿Cómo medir el alcance máximo de un flash?

Ya que estamos metidos en harina, os comentaré que el alcance de un flash viene dado por su número de guía a una determinada sensibilidad ISO (habitualmente 100), que no es más que el producto de la distancia máxima (en metros o en pies) que alcanza dicho flash multiplicado por el número f (que es el que define la apertura del objetivo a la que vamos a disparar la fotografía). De todos modos, aunque no vamos a entrar en ello, también la distancia focal del objetivo influye en esta distancia, pues no es lo mismo iluminar la pequeña zona que abarca un teleobjetivo, al inmenso rectángulo que capta un ultra-gran angular.

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Acoso a base de "flashazos"

Si por ejemplo tenemos un flash con número de guía de 17 metros a ISO 200 (el que viene integrado en mi Nikon D40), si estamos empleando una apertura de f/4 podremos iluminar un objeto situado a 4,25 metros. Si cerramos hasta f/10 sólo alcanzaremos a iluminar un objeto que esté a 1,7 metros de distancia, y si abrimos el diafragma a f/2 (suponiendo que el objetivo sea capaz de alcanzar dicho valor) podremos iluminar un objeto colocado a 8,5 metros. Por supuesto, si incrementamos la sensibilidad ISO, la distancia a la que podremos colocar el objeto a iluminar aumentará, aunque no de manera lineal porque el área a iluminar se incrementa con el cuadrado de la distancia, así que si estamos usando ISO 200, para poder colocar el objeto a fotografiar al doble de distancia y que quede igual de iluminado con la misma potencia del flash tendremos que colocar el ISO en 800.

En general, para que os hagáis una idea de las distancias de las que estamos hablando, el flash de una cámara compacta suele tener un número de guía que ronda los 15 pies (5 metros) mientras que uno externo de gama profesional puede llegar a los 250 pies (que son unos 75 metros). Si tenemos en cuenta que la apertura máxima del objetivo de una compacta rara vez irá más allá de f/2.8, tenemos que el flash va a alcanzar poco más de dos metros en los casos más favorables.

Lo que hacen los profesionales

En el caso del estadio que os comentaba antes, lo mejor es olvidarse del flash por potente que sea y optar por utilizar una óptica muy luminosa. De hecho, si os fijáis con atención en los fotoperiodistas que están a pie de campo, veréis que ninguno de ellos dispara con flash a largas distancias, y que lo que llevan montado en sus cámaras son monstruosos teleobjetivos con unas aperturas máximas tremendas.

Reporteros teleobjetivos

¿Por qué creéis que un Canon 200mm f/2 o un Nikkor 70-200 f/2.8 cuestan 5500  y 2000 euros respectivamente? Pues porque son las únicas ópticas que nos van a permitir tomar fotografías en esas condiciones de luz. Eso y, por supuesto, también contar con una cámara réflex de gama alta que nos permita subir la sensibilidad ISO hasta la estratosfera (3200, 6400…) sin que las imágenes pierdan demasiada calidad. Esos son los equipos con los que los reporteros hacen esas fotografías de portada en las que los jugadores aparecen completamente estáticos en medio de un salto o al disparar una falta. Si fuera tan sencillo como usar el flash de una compacta, las redacciones de los diarios deportivos se ahorrarían una pasta en equipos fotográficos, ¿no creéis?  😉

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Tratando de recuperar la forma física: ¡me he comprado unas Asics!

Para “celebrar” mi recién estrenada condición de desempleado esta tarde he aprovechado para irme de compras; algo que no practicaba desde hace bastante tiempo (bueno, a excepción del reloj que me compré hace poco más de un mes  😛 ). Ya sé que puede parecer una actitud bastante consumista y un poco superficial; pero me apetecía y no le di más vueltas.

Después de nueve meses de sobredosis de ordenador he decidido llevar a cabo un cambio de aires consistente en hacer bastante más deporte del que he practicado últimamente y que me ha llevado a una forma física bastante lamentable. Mis dedos están ágiles y fuertes de tanto teclear, pero lo que son las piernas andan un poco fuera de tono con respecto a épocas pasadas de tantas horas de silla que me he pegado en los últimos tiempos (y menos mal que en cuanto tengo ocasión cojo la cámara y me voy a dar una vuelta, que si no…).

Pues bien, mirando por mi armario me he encontrado con que aunque había bastantes zapatos no tenía unas zapatillas en condiciones, así que a primera hora de la tarde me he pasado por una conocida tienda de deportes que hay por el centro de la ciudad para recorrerme unas cuantas veces arriba y abajo el superpoblado pasillo del calzado “casual” (cuanto más variedad hay de algo más me cuesta decidirme) hasta que me he dado cuenta de que mis ojos se posaban más tiempo sobre un colorido par de Asics que en el resto de modelos.

Asics Alastar (II)

Ya sé que la marca Asics no está tan en boca de todos como Nike, Adidas y alguna otra que me dejo en el tintero; pero, además de que ese es un asunto secundario para mí, recuerdo (y en este punto es donde entra en juego el subconsciente) haber visto hace apenas unos días una campaña de publicidad que me llamó bastante la atención así como algún anuncio en la prensa; elementos que, seguramente, habrán influido para que al final me decantara por estas. La verdad es que el tema de la publicidad y la forma en que esta modifica nuestros patrones de consumo es algo de lo que me gustaría escribir un día de estos en el blog, así que lo apunto en mi lista de “temas pendientes”.

asics_logo

Pero bueno, el caso es que al final se vino para mi casa un par de Asics Alastar (así se llaman) y, aprovechando que soy muy aficionado a comentar en el blog todo lo que cae en mis manos, me he animado a hacer un par de fotos a las zapatillas recién sacadas de su caja y a narraros algunos detallitos que me han llamado la atención de algo tan aparentemente simple como unas zapatillas de deporte.

Lo que me ha llamado la atención de estas zapatillas es que se pueden llevar con más cosas que el típico chándal (se pueden combinar perfectamente, por ejemplo, con unos vaqueros) y que poseen un aire ochentero que me recuerda bastante a mis años felices del Spectrum. Nunca me han gustado demasiado las típicas zapatillas blancas que sólo pegan si vas vestido para ir a correr la maratón, pues por lo general suelo ver el lado práctico de las cosas y si encuentro un calzado cómodo os aseguro que trataré de llevarlo en la mayor cantidad de ocasiones posible, por lo que para mí la polivalencia es fundamental.

De primeras me han parecido cómodas y resistentes para el uso trotero que les pienso dar; me falta por ver si son calurosas, aunque eso es algo que ya iré comprobando con el paso de los días, pues por lo que he visto en las previsiones meteorológicas nos esperan jornadas de temperaturas sofocantes. Está claro que si pienso darles un uso intensivo durante las próximas fechas, conviene que lleve conmigo una botella de agua fresca o que mi ruta incluya alguna fuente bajo la que meter la cabeza.

Asics Alastar (I)

Por cierto, os comento a modo de curiosidad que me he estado informando un poco sobre la marca Asics (que son las siglas de “Anima Sana In Corpore Sano”) al llegar a casa y me he encontrado con que se trata de  una compañía japonesa fundada en 1949 (¿y yo que creía que eran unos recién llegados?), que últimamente se han disparado las ventas de sus modelos, que además de calzado fabrican ropa deportiva y que siempre han apostado por el uso del gel para amortiguar las vibraciones al pisar; algo que comenzó con los modelos de competición y que ahora se ha extendido a otros modelos de la marca. Un poco de cultura general que nunca viene mal por si algún día vamos a un concurso de televisión  😉

Bueno, pues la teoría ya está puesta sobre la mesa (o mejor dicho, sobre el monitor). Ahora toca comenzar con la práctica, que consiste ni más ni menos que en calzárselas y recorrer todas las calles y los campos que se me pongan por delante para tratar de recuperar así mi perdida forma física.

¡Un saludo!