Comparativa: Rovyvon Aurora A1 vs. A1x

En el reciente análisis de la Rovyvon Aurora A1x ya os comenté que estaba pensando en redactar una entrada comparando este modelo con su antecesora; y de hecho si os fijáis apenas hay referencias cruzadas entre ellas porque aunque comencé a escribir el artículo poniéndolas en contraste, borré casi todo lo que había escrito y volví a empezar escribiéndolo como un análisis independiente pero ya con la idea de estos párrafos que hoy comparto con vosotros.

Aunque para un comparativo como éste lo suyo sería resumir los datos en un tabla, he decido que mejor os voy a ir narrando punto por punto las semejanzas y diferencias entre los dos modelos a comparar, y así me puedo explayar un poco más (ya sabéis lo mucho que me cuesta ser breve cuando hablo de las cosas que me apasionan).

Externamente las dos linternas son muy similares, hasta el punto de que por separado podríamos pensar que tienen las mismas dimensiones. Sin embargo, puesta una al lado de la otra vamos a ver que la A1x ha crecido un poco con respecto a su hermana.

Concretamente, en la dimensión mayor la A1x es 5,5 mm más larga, mientras que en lo que a diámetro se refiere la A1x también es más grande por apenas 1,6 mm. En cuanto al peso, la A1x hace subir la báscula 4,8 gramos más que la A1; algo lógico porque su batería es 200 mAh mayor (330 contra 130) y por tanto el tiempo de carga también es ligeramente superior (90 minutos frente a 45).

El LED que equipan es el mismo (Cree XP-G3) aunque ambas poseen versiones con emisores Nichia de menor potencia pero mayor afinidad cromática; cosa que para la aplicación que yo le doy a este tipo de linternas se me queda en un un segundo plano. Valoro más la posibilidad de pegar un fogonazo rápido de bastantes lumens antes de percibir el RAL 5005 tal y como lo vería a la luz del día.

Hablando de potencia lumínica, la A1x vuelve a ganarle la partida a la A1 con sus 650 lumens frente a los 550 de la otra. Y no sólo eso, sino que también en la autonomía la A1x gana la partida por mucho, pues en el modo bajo de 20 lumens es capaz de mantenerse encendida durante 8 horas, mientras que la A1 a las 2,5 horas se apagará.

Hasta este punto la A1x gana por prestaciones, pero pierde por tamaño. Sé que la diferencia es escasa, pero cuando llevas la linterna junto a las llaves de casa en el bolsillo del pantalón sí que se nota ese leve incremento de tamaño. A ver, que a los dos días ya ni te acuerdas de que esta linterna es un poco más grande que la A1, pero aun así es un hecho.

Sin embargo, hay un aspecto radicalmente diferente entre las dos, que es la gestión de modos: en la A1 el proceso explicado rápidamente consistía en doble click para encender siempre en modo bajo y luego a base de clicks pasábamos a medio, alto y estroboscópico. Con un triple click activábamos directamente el modo ultrabajo (el 90% de veces que uso la linterna lo hago en ese modo) y manteniendo el botón presionado activábamos el modo alto.

En la A1x la cosa se complica, y es que no hay un modo de inicio por defecto: con un doble click activamos el modo que esté memorizado (lo que se logra usando un modo durante más de 3 minutos seguidos) y a base de clicks vamos haciendo ciclo entre ultrabajo, bajo, medio y alto. Con un triple click activamos directamente el modo estroboscópico y manteniendo pulsado activamos el modo alto directamente.

Pues bien, para el uso que yo hago de estas linternas el más cómodo para mí era el sistema de la A1, ya que sabía que con un triple click accedía directamente al modo Moonlight sabiendo que no iba a molestar a nadie ni me iba a cegar yo. Ahora mismo la A1x la tengo configurada para que se active el modo más bajo cuando la enciendo, pero si por lo que sea para alguna tarea necesito más luz durante un rato y al apagarla me olvido de reprogramar el modo ultrabajo, al volver a encenderla soltará una ráfaga de luz que no me esperaba (y además me caerá la bronca de mi novia por despertarla).

Un aspecto en el que la A1x ha mejorado enormemente es la implementación del PWM en los modos más bajos: en el modo moonlight de la A1 el PWM era de una frecuencia tan baja que se apreciaba a simple vista incluso con la linterna posada sobre la mesa; sólo había que mover un poco la mano delante de ella para comprobar que el parpadeo era evidente. Los modos bajo y medio también emplean PWM, pero al ser de una frecuencia mayor ya no era tan visible.

Pues bien, en la A1x han eliminado el PWM casi por completo; y es que aunque se usa en el modo moonlight el caso es que es inapreciable a simple vista incluso agitando la linterna con rapidez delante de los ojos, de modo que en ese aspecto los diseñadores de Rovyvon sí que han dado un paso adelante.

Por cierto, comentar que los botones de cada linterna son bastante diferentes, tanto en su forma como en su tacto. En el caso de la A1 es un botón ovalado de goma blanda que no tiene un click muy definido pero que aun así es preciso y fácil de activar. Por contra, en la A1x en botón es circular, de menor tamaño, recubierto de una goma algo más dura y con un tacto más definido a la hora de presionarlo. Yo, desde luego, prefería el de la A1 porque me resultaba más fácil dar con él a tientas y controlar el número y la cadencia de las pulsaciones que en el nuevo modelo

Hablemos ahora de lo que viene en la caja de la linterna: la A1x trae como extras un clip, una anilla de llavero, un cable de carga y el manual de instrucciones; mientras que la A1 añadía también una cadena por si nos la queríamos colgar del cuello. Supongo que en la marca se habrán dado cuenta de que era una flipada y han decidido prescindir de ella viendo que a nadie le dio por llevar sus linternas colgadas del cuello como si de un accesorio de moda se tratara.

Conclusiones

A modo de resumen diría que aunque la A1x ha supuesto un paso adelante en autonomía y también por la ausencia de PWM, ese ligero incremento en longitud y diámetro de la linterna la penalizan un poco a la hora de llevarla siempre junto a nuestras llaves. No es radicalmente más grande y está claro que algo había que sacrificar para implementar una batería de mayor capacidad, pero tras varias semanas con la A1x en el bolsillo he de reconocer que en ocasiones he echado de menos a su antecesora.

Por otra parte la nueva implementación de los modos de uso, desde mi punto de vista es un paso atrás por la variabilidad que supone la memorización de modo por defecto de aquel que utilicemos durante más de tres minutos seguidos. A mi modo de ver tal y como estaba implementado esto en la A1 era lo ideal, ya que siempre arrancábamos en el modo más bajo de los tres más habituales y luego teníamos acceso directo tanto al moonlight como al alto. En cuanto a la capacidad de iluminar, aunque en la práctica no hay grandes diferencias entre ambas, me quedaría con la A1x por esa ligeramente mayor concentración del haz de luz en la parte central.

En definitiva, si pudiera hacer una fusión de ambas linternas crearía un modelo con la autonomía y la ausencia de PWM de la A1x pero con las medidas, la implementación de los modos y el botón de la A1. Pero como todo no se puede tener, podría permitir que esa linterna personalizada tuviera las dimensiones de la A1x si gracias a ese sacrificio puedo mantener su batería de 330 mAh.

¡Nos leemos!

Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX vs. Nikon AF 50mm f/1.8 D

Algunas de las entradas sobre fotografía que he ido escribiendo en el blog tratan temas basados en dudas que me han llegado por e-mail o que he visto por varios foros de Internet y que considero pueden ser de interés general.

Entre ellas, una muy recurrente es la que voy a plantear hoy; y es que de hecho en la última semana me han llegado dos correos preguntándome exactamente la misma cuestión: Entre los objetivos Nikon AF 50mm f/1.8 y Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX, ¿cuál elegir para una cámara DX?

Review AF-S Nikkor 35mm f/1.8 DX

En principio es una duda muy general que habría que estudiar para cada usuario y para cada cámara, y precisamente por eso lo que voy a hacer es dar unos puntos básicos a tener en cuenta y que a grandes rasgos serán los que a cada fotógrafo le den la pauta sobre qué óptica se adapta más a sus necesidades. ¡Vamos allá!

Autofocus

Lo primero a tener en cuenta es si la cámara donde se montará el objetivo tiene motor de enfoque en el cuerpo. Os recuerdo que las cámaras Nikon más básicas (D40, D40x, D60, D3000 y D5000 en este momento) no cuentan con motor de enfoque en la propia cámara, por lo que en ese caso los objetivos AF tendrán que ser enfocados a mano; cosa que en una cámara DX puede resultar costoso en ciertas situaciones. Para estas cámaras lo más recomendable es buscar objetivos de tipo AF-S, pues son los que poseen un pequeño motor ultrasónico que les permitirá enfocar automáticamente en las cámaras anteriormente citadas. Más información sobre estos dos métodos de enfoque automático en el artículo titulado “Diferencias entre objetivos AF y AF-S”.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)

Si queremos emplear el enfoque manual, a aperturas más o menos cerradas (f/6.3 ó f/7.1 en adelante) y disparando a elementos lejanos no hay mucho problema porque la profundidad de campo es relativamente grande; pero para cosas que estén cerca y disparando a aperturas amplias es bastante complicado afinar al máximo el enfoque y una pequeña imprecisión puede dar al traste con la nitidez de la foto. Y es cierto que las cámaras poseen un punto verde en el visor cuya activación indica que la imagen está enfocada, pero éste posee una pequeña tolerancia que bajo ciertas circunstancias puede fastidiar la imagen.

Dado que el AF 50mm f/1.8 no posee motor de enfoque y que el AF-S 35mm f/1.8 sí, en este caso mi recomendación sería para el segundo si disponéis de una cámara sin motor de enfoque.

Compatibilidad

Tened en cuenta que el AF-S 35mm f/1.8 es un objetivo DX, por lo que no podremos emplearlo en una cámara FX sin que la imagen viñetee considerablemente a no ser que empleemos el modo recorte que poseen dichos modelos de cámaras. El AF 50mm f/1.8 es una óptica que proviene de la época de los carretes, por lo que es perfectamente utilizable en todo tipo de cámaras ya sean DX o FX.

Review AF-S Nikkor 35mm f/1.8 DX

Punto de vista

También está el hecho de que el AF-S 35mm f/1.8 en una cámara DX da como resultado una visión muy natural de lo que retratéis, ya que el ángulo resultante es de unos 45 grados, que es el considerado como “normal” en fotografía (coincide con el cono de visión detallado que capta el ojo humano). El AF50mm f/1.8 en una cámara DX se “estiraría” hasta comportarse como un 75mm y se quedaría un poco en tierra de nadie: corto para retrato puro y duro pero largo para fotografía en general. Y os aseguro que para retratos podría servir; pero para fotografía general (ciudades, fotos campestres y demás) es demasiado largo, por lo que quedaría para inmortalizar detalles de las calles y cosas así al comportarse como un teleobjetivo corto. Más información sobre el factor de recorte de los objetivos en el artículo “Los dos tamaños de sensor en las cámaras Nikon”.

Por tanto, si queréis un objetivo que de un punto de vista muy natural en una cámara DX el AF-S 35mm f/1.8 es vuestra elección. De todos modos, en un apartado posterior veremos que el AF 50mm f/1.8 también tiene sus usos aparte de lo de los retratos.

Nitidez

Otra razón para decantarse por el AF 35mm f/1.8 es que a su apertura más grande (f/1.8) ya es bastante nítido; cosa que el AF 50mm f/1.8 no consigue hasta que no subimos a f/4 aproximadamente. De hecho, os pongo a continuación una fotografía que hice recientemente con el AF-S 35mm f/1.8 completamente abierto para que os hagáis una idea del desenfoque que podéis obtener con él y la nitidez que da a f/1.8. Tened en cuenta que la foto está hecha a mano con una velocidad de obturación de 1/10, por lo que con la cámara en un trípode se hubiera podido sacar algo más de nitidez incluso.

Desenfoques con el Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX

AF-S 35mm f/1.8 DX (f/1.8, 1/10, ISO 400)

Distorsión

Un objetivo fijo de 50mm tiene una cosa muy buena: no distorsiona absolutamente nada. Yo uso el mío de un tiempo a esta parte para sacar las fotografías de mis libros sobre Alcalá y así incorporarlas a la sección “Alcalá de Henares ayer y hoy” del blog. Si hacéis una foto a un cuadro con el AF-S 35mm f/1.8 veréis que los bordes se comban un poco hacia afuera por su parte central; pero con el AF 50mm f/1.8 las líneas rectas siempre serán rectas. Esto es un efecto que no se nota ni en retratos ni en paisaje ni en ninguna otra disciplina en la que la geometría sea un elemento fundamental, pero para ciertos casos concretos como el que comento sí que se puede llegar a apreciar.

Por tanto, si la ausencia de distorsiones geométricas es fundamental para el uso que le vais a dar a la óptica, el AF 50mm f/1.8 es vuestro amigo.

Distancia focal

Por último, en cuanto a la distancia focal es verdad que dentro de estas dos ópticas, el AF 50mm f/1.8 es más apropiado para retratos (y de hecho para retratos de caras se emplean distancias aún más largas como un 85mm o un 105mm) pero lo del uso para retratos depende un poco del concepto que tengáis del asunto: si os gusta hacer retratos de un rostro sin más, el AF-S 35mm f/1.8 se puede quedar un poco corto. Corto en el sentido de que al ser angular puede llegar a “deformar” un poco las facciones de la cara; no que no pueda enfocar desde cerca, porque es capaz de hacerlo a tan sólo 30cm del sensor. Sin embargo, el AF-S 35mm f/1.8 para retratos de cuerpo entero o de grupos de personas es genial, y ahí es donde el AF 50mm f/1.8 se os quedaría un poco largo; algo que tiene difícil solución si no se pueden dar “un par de pasos hacia atrás”.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (I)

Entonces, con respecto a la distancia focal, si bien es cierto que el AF-S 35mm f/1.8 tiene un uso más general, el AF 50mm f/1.8 os puede venir muy bien para realizar retratos de medio cuerpo, pues esa equivalencia a 75mm que obtendremos sobre un sensor DX es la distancia ideal para ese tipo de imágenes.

Si lo que queréis es “callejear” con la cámara y retratar el mundo desde vuestro punto de vista, entonces el AF-S 35mm f/1.8 será más adecuado para vuestros propósitos.

Precio y disponibilidad

El AF-S 35mm f/1.8 se vende a un precio de unos 200 euros, pero el problema es que apenas hay existencias en las tiendas. Sé de gente que lo tiene encargado desde hace meses y todavía no tiene noticias de que vayan a reponer unidades; y es que esta óptica se ha convertido en un éxito tal que las unidades que llegan a las tiendas vuelan en cuestión de horas.

El AF 50mm f/1.8 se puede encontrar por algo menos. En concreto unos 130 euros, si bien tampoco es habitual verlo por las tiendas debido a que por su bajo precio se suele agotar enseguida, aunque por lo que tengo entendido los plazos de espera hasta que reponen existencias son bastante breves.

Fotografías realizadas con con el Nkon AF-S 35mm f/1.8 en una D40

Hangares abandonados en el campus de Alcalá

Mercado medieval 2009

El Henares en Noviembre

Mi hermano junto a un farol

20090809-DSC_0244

Fotografías realizadas con el Nikon AF 50mm f/1.8 en una D40

Blue eyes (II)

Mi hermano consultando el e-mail bajo una palmera

Testigo del anochecer

Bajo la puerta del COIE

A través del cristal

Conclusión

Como veis con ambas ópticas se pueden conseguir imágenes bastante chulas, pues eso es algo que al final siempre depende del ojo de quien está detrás de la cámara. El tema del enfoque manual en el AF 50mm f/1.8 puede ser crítico a aperturas grandes; aunque no imposible. De todos modos, a modo de opinión personal, puestos a elegir una de las dos yo me quedaría con el AF-S 35mm f/1.8 porque de hecho siempre digo que es la única óptica con la que me atrevo a salir a la calle sin nada más metido en la bolsa de fotografía. Es muy polivalente y da una calidad de imagen muy buena en todas sus aperturas, y con él vamos a poder hacer fotografías muy nítidas y naturales.

Más información

Si queréis información más específica sobre estas dos ópticas os dejo a continuación los enlaces a las reviews que hice en su momento de cada una de ellas así como los análisis correspondientes de Photozone, pues la considero una de las webs más fiables a la hora de consultar el comportamiento de una óptica mediante ensayos técnicos.

Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX (luipermom)

Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX (Photozone)

Nikon AF 50mm f/1.8 D (luipermom)

Nikon AF 50mm f/1.8 D (Photozone)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

El formato RAW: ventajas y desventajas

En fotografía digital se habla mucho del formato RAW: que si es mejor que el JPG, que si los colores salen mates, que si da más calidad, que si es como un negativo, que si es poco práctico… Reconozco que yo mismo le tenía cierta “manía” a dicho formato porque me parecía un  auténtico rollazo tener que procesar en el ordenador cada una de las imágenes para obtener una fotografía que se pudiera imprimir, subir a Internet o compartir con el resto del mundo. Sin embargo (y pese a que antes de empezar a experimentar por mí mismo con todo este tema me declaré fan del JPG) actualmente con la D40 disparo absolutamente todo en RAW y me doy cuenta de que mis imágenes en general han mejorado bastante desde que las proceso en Lightroom.

Mi conversión ha sido tan radical que si antes era un enemigo acérrimo de cualquier proceso de postproducción en fotografía, desde que me he estrenado en el mundillo de las réflex me doy cuenta de que manejar con cierta soltura este tipo de software es casi tan importante como saber encuadrar o controlar los parámetros de la exposición.

Poda salvaje

¿Qué es el formato RAW?

RAW no es un formato propiamente dicho, sino un “concepto”. Un archivo de tipo RAW no es otra cosa que los datos del sensor de la cámara directamente tomados de la memoria intermedia (buffer) de la cámara y sin ningún tipo de proceso posterior. Si lo queréis ver de otro modo, podemos decir que son un montón de datos numéricos que el sensor ha tomado al hacer la fotografía, por lo que no se pueden considerar una imagen de ninguna de las maneras, pues para obtener una imagen visualizable hay que aplicar a esos datos un proceso.

Cuando disparamos en JPG lo que se hace en la cámara después de disparar es tomar esos mismos datos del sensor y aplicarles una serie de parámetros y conversiones para guardar la imagen final en la tarjeta de memoria. Esas transformaciones que os digo se basan en nuestros ajustes de la cámara (intensidad del color, nitidez, compresión de la imagen…) y una vez realizadas se pierden para siempre los datos del sensor quedando guardada la imagen JPG para la posteridad. Lo que hacemos al disparar en RAW es guardar esos datos “en bruto” para aplicar luego nosotros los cambios que queramos y de la manera que queramos en un ordenador.

Si queréis un símil fotográfico, es como cuando configuramos nuestra cámara para disparar en blanco y negro. La fotografía, una vez realizada se guarda así, por lo que si quisiéramos pasar una de esas imágenes a color sencillamente no podríamos. Sin embargo, si hubiéramos hecho la foto original en color, nada nos impedirá, una vez en casa, usar un programa de edición para pasarla a blanco y negro. Pues con el RAW es más o menos así: en el archivo tenemos toda la información posible y por lo tanto vamos a tener la máxima flexibilidad a la hora de tratar nuestra fotografía como creamos más conveniente.

Para que veáis esto que os digo con un ejemplo, os pongo a continuación dos capturas de Lightroom. En la primera aparece el NEF (NEF es la extensión del formato RAW en las cámaras Nikon) recién abierto y sin ningún tipo de modificación. En la segunda, lo que aparece es la misma imagen ya tratada y lista para ser exportada como JPG.

Imagen RAW en Adobe Lightroom sin ningún tipo de tratamiento

Imagen RAW en Adobe Lightroom sin ningún tipo de tratamiento

El mismo RAW ya tratado y listo para ser exportado

El mismo RAW ya tratado y listo para ser exportado (fijaos en cómo ha cambiado el histograma de la parte superior derecha)

Como podéis ver, la mejora de calidad y las posibilidades de edición son más que evidentes; sin embargo tanto RAW como JPG tienen sus cosas buenas y sus cosas malas.

Desventajas del RAW

El problema del RAW es que no es nada portable. Como os decía al principio de este artículo, con este tipo de archivos no podemos pinchar la tarjeta de memoria recién sacada de la cámara y ver las fotos en el ordenador de alguien que no tenga instalado un software específicamente compatible con nuestra cámara de fotos, pues cada fabricante (y en algunos casos cada modelo de cámara) va a tener un formato diferente e incompatible con los demás. Si queremos mostrar nuestras imágenes al mundo, lo que debemos hacer es convertirlas con Lightroom o algún programa similar a JPG u otro formato más universal.

En el caso de la Nikon D40 que poseo, los archivos JPG a máxima calidad ocupan algo más de 2 MB, mientras que un RAW necesita entre 5 y 6 MB, haciendo que nuestra tarjeta pueda albergar menos imágenes. Como dato orientativo os puedo decir que en la de 4 GB que empleo habitualmente puedo almacenar aproximadamente 600 fotografías en formato RAW.

Las ventajas de disparar en RAW

Lo mejor del RAW es su flexibilidad a la hora de “trastear” con las fotografías. Si trabajamos con las imágenes en formato RAW en un programa como Adobe Lightroom vamos a poder variar todo tipo de parámetros como balance de blancos, exposición por zonas (luces altas, medias y negros), nivel de detalle, contraste, reducción de ruido, saturación e iluminación selectivas, viñeteo… Una serie de elementos que en el caso de trabajar con un JPG ya vienen prefijados de antemano y no los podremos tocar o, el que caso de que podamos, generarán una pérdida de información al tener que volver a comprimir una imagen que ya venía comprimida desde la cámara.

Como veis, las ventajas del formato RAW son evidentes si queremos sacar el máximo partido a nuestras imágenes. Yo ya no me preocupo tanto por el balance de blancos, por ejemplo, pues sé que luego en casa lo puedo ajustar hasta dejarlo en el punto que desee sin perder un ápice de calidad. ¿Cuántas fotografías he tirado a la basura en el pasado por un balance de blancos mal configurado? Ahora sé que trabajando con RAW nunca me volverá a ocurrir eso; y bien que me alegro.

JPG vs RAW

Lo que debemos tener en cuenta es que una imagen JPG y un RAW recién abierto poco tienen que ver en el aspecto visual, y de ahí que mucha gente crea que se ve mejor el JPG que el RAW. Todo tiene su explicación, y lo que ocurre en este caso es que el JPG se suele almacenar con unos datos de color y nitidez ya prefijados por la cámara para que la fotografía luzca bien en el monitor o en el papel mientras que con los datos en RAW inicialmente va a aparecer en pantalla una imagen de colores más planos porque son exactamente los que el sensor captó al hacer la fotografía.

Las primeras veces que usaba el formato RAW abría los archivos en Lightroom y quedaba muy desencantado al comprobar que todo tenía unos colores apagados que no me gustaban nada; pero esto es así porque es como lo ve la cámara “por defecto”. Fue entonces cuando comprendí que me tocaba a mi jugar con esas imágenes para darle el colorido que yo quisiera; ya fuera para intensificarlo o atenuarlo según lo que pretendiese expresar con la imagen.

Por otra parte, hay que señalar también que una imagen en JPG tiene 24 bits de color por píxel, mientras que en RAW varía entre 36 y 48, por lo que la gama de tonalidades será muchísimo más amplia en este segundo caso y nos permitirá unos ajustes mucho más finos de cualquier parámetro. De todos modos, veremos mejor la diferencia real entre uno y otro formato a la hora de trabajar en el siguiente apartado de esta entrada.

Un ejemplo práctico

Las cámaras réflex tienen la posibilidad de realizar las fotografías en RAW y JPG al mismo tiempo; y precisamente basándome en ello me gustaría mostraros con un ejemplo práctico qué diferencias hay “en el mundo real” entre los dos formatos. Recordad que pinchando sobre las imágenes se os abrirá una nueva ventana / pestaña que la mostrará a mayor tamaño.

JPG original de la camara

Éste es el JPG directamente extraído de la cámara sin ningún tipo de tratamiento al margen de los valores por defecto que la propia cámara le da al comprimirlo

RAW sin editar

Esto es el RAW exportado a JPG con Adobe Lightroom sin ningún tipo de tratamiento por mi parte. Si os fijáis con atención veréis que los tonos son algo más apagados y la nitidez es algo menor que en la fotografía anterior

raw-virgen-lightroom

Aquí vemos el RAW en Lightroom antes de empezar a tocar nada. Vamos a tratar a continuación de darle un poco de vida a una fotografía que ha quedado un poco "gris" debido a que el día estaba bastante nublado.

raw-editado-lightroom

Una vez finalizado el proceso de retoque podemos ver que la imagen ha cambiado bastante de tonalidad; algo que se puede comprobar observando que en el histograma hay una mayor presencia de amarillos y rojos en los píxels más brillantes (se corresponden con las tapas de los contenedores, las señales y algunos coches)

comparacion-retoque-lightroom

Colocando la imagen original junto a la resultante, los cambios se hacen más evidentes. Lo mejor de todo es que hemos mejorado considerablemente la toma sin perder un ápice de calidad

RAW editado

Por último, aquí está la imagen que hemos exportado desde Lightroom con todas las modificaciones aplicadas. Como veis, el resultado final es bastante mejor que el JPG que generó la propia cámara, y es que aunque los automatismos sean eficientes, todavía no son capaces de distinguir las sensaciones que queremos transmitir con una imagen.

Resumiendo, que es gerundio

En definitiva, desde fuera puede parecer que esta forma de trabajar con las fotografías es lenta y pesada; pero nada más lejos de la realidad. De lo que se trata ahora, tal y como os comenté en la entrada que hablaba de Lightroom, es de hacer cincuenta fotografías en vez de quinientas, y de esas cincuenta seleccionar las que realmente merezcan la pena; que a veces no son más que una o dos; pero esas que han quedado realmente bien hay que trabajarlas hasta que sea imposible hacer que luzcan mejor. A mí eso me produce más satisfacción que llenar una tarjeta con centenares de fotografías mediocres, así que creo que algo he avanzado en esto de la fotografía.

Por cierto, mi agradecimiento sincero desde aquí a Mario; un compañero de trabajo que fue quien me animó a disparar en RAW cuando le comenté que me acababa de comprar una reflex digital. Realmente fue él quien me abrió los ojos a esta forma de entender la fotografía.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Protegiendo un iPod: carcasa rígida vs funda de silicona

Siguiendo los consejos de Manu pedí hace unos días a Dealextreme un par de fundas para mi recién adquirido iPod nano. Como tenía mis dudas entre funda rígida o de silicona me decidí a pedir las dos y usar la que más me convenciera, de modo que aunque al final he decidido colocar la rígida he pensado que sería útil comentar aquí mis impresiones:

La gente que me conoce sabe bien que soy bastante “anti-fundas”. No me veréis con un teléfono metido en una funda ni loco, pues creo que las cosas están para utilizarlas y al fin y al cabo las marcas del uso diario tampoco son nada malo.

Sin embargo, con el iPod nano he decidido hacer una excepción para paliar lo que os comentaba en la review de que para cambiar cualquier cosa en el nano (y en cualquier iPod) hay que sacarlo del bolsillo, desbloquearlo, modificar lo que sea, volver a bloquear y al bolsillo de nuevo. Con la funda rígida consigo que el reproductor esté protegido y que a la vez pueda llevarlo en el bolsillo sin necesidad de bloquearlo, pero aún así vamos a ver qué ventajas ofrece cada uno de estos modelos de fundas protectoras.

FUNDA DE SILICONA

Carcasa silicona

La funda de silicona tiene una serie de ventajas que me hicieron plantearme su uso frente a la rígida: por una lado es de menor tamaño que la de plástico y queda perfectamente pegada al cuerpo del reproductor además de que nos permite dejar el MP3 sobre una mesa sin temor a que resbale y caiga al suelo. El problema es que mi mayor miedo se convirtió en realidad cuando comprobé que la rueda táctil del nano pierde mucha precisión a la hora de manejarla al quedar cubierta por una capa plástica.

Además, observé con sorpresa que la pantalla no queda en absoluto protegida y que por lo tanto queda expuesta a rayones y golpes. Es lógico si pensamos que una capa de silicona haría que se viera bastante mal, pero no deja de ser un impedimento si lo que queremos es mantener el nano en perfecto estado pese a llevarlo en el bolsillo de la chaqueta.

Parte inferior carcasa silicona

La parte inferior tiene una abertura que nos permitirá conectar los auriculares, el conector de alimentación / sincronización y el interruptor de bloqueo sin tener que sacar el nano de la funda. Puede que sea un poco tosca, pero implementar una “trampilla” sería algo un poco complicado en un material tan blando como la silicona.

CARCASA RÍGIDA

Carcasa r�gida

Por su parte, la funda rígida tiene la desventaja de ocupa algo más que la anterior y que es más frágil frente a golpes y caídas. Sin embargo, a la hora de emplear el nano en el día a día le da muchas vueltas a la anterior porque por un lado la pantalla queda completamente protegida y por otro el ajuste en la carcasa es prácticamente perfecto (la rueda táctil no queda perfectamente cuadrada por un milímetro, pero no es nada preocupante ni que vaya a impedir su correcto manejo). Lo mejor es que en esta ocasión la rueda táctil queda sin protección, por lo que no perderemos precisión ni tacto, solventando la principal pega que le saco a la funda de silicona.

Por otro lado, esta carcasa rígida cuenta con una pequeña trampilla en su parte inferior para conectar el reproductor conectándolo al ordenador y para manejar el interruptor de bloqueo. Interruptor que con esta carcasa no necesitaremos emplear ya que la rueda queda algo “hundida” con respecto a la superficie de plástico y aunque llevemos el iPod en el bolsillo no habrá nada que haga contacto con ella (a no ser que llevemos el bolsillo lleno de cosas). Por supuesto a la altura del conector de auriculares hay un orificio que hará que no haya que abrir la trampilla para escuchar música (tendría narices la cosa).

Parte inferior carcasa rigida

Esta trampilla me da un poco de miedo por su aparente fragilidad, pero bueno, en el caso de que se desprenda o se parta la funda sigue siendo igual de práctica, sólo que habrá que tener cuidado de que no entre nada en el conector de sincronización que pueda hacer contacto o impedir la conexión del cable suministrado por Apple con el reproductor.

El caso es que por todo lo anterior al final he decidido emplear la carcasa rígida, aunque me he guardado la de silicona porque me podría venir bien a modo de recambio por si un día se rompe la rígida.

VÍDEO-COMPARATIVA

De cualquier modo, os dejo aquí un breve vídeo en el que se puede ver cómo se coloca y cómo funciona cada uno de los dos modelos que aquí os comento. Supongo que con toda la palabrería y las fotos os habrá quedado claro, pero bueno, he pensado que un vídeo puede ser bastante ilustrativo.

¡Espero que mis divagaciones os hayan sido útiles! 😉