Las fotos no las hace la cámara

Hay una frase que a todos los amantes de la fotografía nos saca de quicio: “Claro, con esa pedazo de cámara no me extraña que te salgan tan bien las fotos”.

Gaviotas

A todo el que tenga esa idea en la cabeza me gustaría decirle que una réflex tiene tal cantidad de controles y parámetros configurables que durante las primeras semanas de uso no es nada fácil conseguir alguna foto medianamente decente y que para ir mejorando progresivamente hay que practicar mucho. Además, para sacarle todo el partido a la cámara después de la sesión de disparos toca pasarse un buen rato en el ordenador revelando los RAWs; algo que también implica saber emplear un software de cierta complejidad.

Está claro que una cámara que quintuplica en peso, volumen y precio a una compacta tiene que tener “algo” que la haga merecer la pena; porque si no fuera así nadie cargaría con un mochilón a la espalda hasta lo alto de una montaña para hacer una foto del atardecer.

Vista desde el castillo de Vilafamés

Como os digo, si a una persona acostumbrada a usar una compacta en modo automático le pones una réflex de gama alta en las manos es casi seguro que se sentirá tan perdida ante la profusión de botones y ruletas que no sepa muy bien por dónde empezar e incluso no tenga muy claro cómo sujetarla.

Además, debido al tamaño de sensor de las cámaras réflex, la PDC de las fotografías resultantes es menor que en el caso de una compacta; de modo que esta va a ser menos tolerante con los fallos de enfoque, ya que en las compactas podemos enfocar un poco más cerca o más lejos del motivo principal y éste aparecerá igualmente nítido mientras que en una réflex empleando la misma apertura el motivo aparecerá ligeramente desenfocado.

Sólo envases de vidrio

Pero vamos, que al margen de detalles concretos, lo que quería comentar a grandes rasgos es que una cámara réflex no hace ni mucho menos sola las fotos y que si se le quiere exprimir a tope hay que practicar durante mucho tiempo para conocer sus limitaciones y tener una cierta soltura en teoría fotográfica. Si no es así, la diferencia entre las imágenes captadas con una cámara compacta y una réflex no serán tan grandes como para justificar la diferencia en peso y precio.

Recordad que al final el que elige los parámetros, encuadra y pulsa el disparador es el fotógrafo y no la cámara.

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Diez pequeños consejos para hacer mejores fotos

Decían que las bicicletas son para el verano; pero lo que más se ve en esta época del año son cámaras de fotos. Por tanto, mejor que enseñaros a pedalear he pensado que podría ser interesante dar un repaso rápido a algunos conceptos muy simples que os permitirán hacer mejores fotografías durante estas vacaciones que para muchos acaban de comenzar.

Setas de verano

Sea como sea, todo lo que voy a contaros en estas líneas está desarrollado en los artículos que he ido publicando tiempo atrás; pero la idea es resumir en pocas palabras una decena de conceptos sencillos que se pueden aplicar a cualquier cámara ya sea réflex, compacta o bridge y si queréis ampliar información podéis hacer click en los enlaces relacionados que hay bajo cada foto de ejemplo; ya que os llevarán a un artículo más extenso sobre el tema en cuestión.

1. Llena el encuadre

Un elemento que llene el encuadre siempre será más atractivo que otro que apenas sea una miniatura en el centro de la imagen.

Días floridos II

Al hacer una foto intenta llenar el encuadre

2. Aplica zoom óptico a los retratos

A la hora de hacer un retrato desenfocaremos más el fondo si aplicamos zoom óptico (un objetivo con distancia focal larga en el caso de las réflex) lo que resaltará al sujeto principal.

Apmomp (retrato de medio cuerpo)

Retratos con focales largas y aperturas grandes

3. Busca perspectivas originales

No te quedes en la típica foto tomada a la altura de los ojos apuntando de frente. Agáchate, súbete a un banco, apunta hacia arriba o hacia abajo… Un elemento de lo más cotidiano cobra una dimensión sorprendente visto desde un ángulo original.

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Tipos de planos en fotografía en función del ángulo de visión

4. Aplica la regla de los tercios

Aunque a veces funciona, en general trata de huir de la simetría. El modo más sencillo de hacerlo es la regla de los tercios, que se basa en colocar los elementos principales fuera del centro del encuadre.

A la sombra

La regla de los tercios

5. Sujeta correctamente tu cámara

Usa siempre las dos manos para agarrar tu cámara (sea del tipo que sea) porque de ese modo evitarás vibraciones que darán al traste con la nitidez de tus imágenes.

Luis en multiángulo

Cómo sujetar correctamente una cámara réflex

6. Sé consciente de que la luz lo es todo en fotografía

Dado que la fotografía consiste en captar la luz que reflejan las cosas, entenderéis que las condiciones luminosas son básicas a la hora de lograr una foto atractiva. Por mucho que dominéis los programas de retoque fotográfico, siempre es recomendable partir de una buena base.

Soportales

La importancia de la luz en la fotografía de exteriores

Dos formas distintas de fotografiar el atardecer

7. Busca la máxima nitidez

Para mí es fundamental captar las cosas del modo más nítido posible y, en general, creo que esto siempre ayuda a conseguir imágenes visualmente atractivas que captan la atención del espectador.

Morro de gos

Consejos para mejorar la nitidez de nuestras fotos

8. Juega con los enfoques y los desenfoques

Conseguir una gran nitidez en el sujeto principal de la fotografía desenfocando al mismo tiempo el resto de los elementos hará que la atención del espectador se centre en ese motivo principal, por lo que usando la técnica adecuada podemos destacar lo que nosotros queramos.

Lechuza

Jugando con la profundidad de campo

Jugando con los desenfoques

9. Aprovecha la fuerza del blanco y negro

El blanco y negro no es cosa del pasado, ya que ayuda mucho en aquellas composiciones donde las formas y las texturas son lo principal por encima de las tonalidades de la imagen.

¿Campo de concentración?

El mundo en blanco y negro

10. Diviértete

A no ser que seas un profesional de la fotografía, de lo que se trata a la hora de salir con la cámara es de pasar un buen rato; así que aprovecha esos días en los que te sientes inspirado y nunca salgas a hacer fotos si ves que en realidad no te apetece demasiado.

Miradas

Las fotografías no se hacen; se sienten

Si a la hora de salir a hacer fotos aplicáis algunos de estos consejos os daréis cuenta de que vuestras imágenes ganan puntos; así que aprovechad ahora que hay muchas horas de luz y practicad todo lo que podáis, que seguro que durante el frío invierno os gusta echar un vistazo a esos recuerdos veraniegos.

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Distorsiones ópticas en fotografía

Después de aquella entrada en la que os hablaba de las aberraciones cromáticas tenía pendiente escribir un artículo sobre otro de los defectos ópticos más habituales en nuestras imágenes: las distorsiones tanto de barril (barrel distortion en inglés) como de cojín, llamada pincushion distortion en el idioma de Shakespeare.

Ida y vuelta

¿Qué es la distorsión?

La distorsión en fotografía son aquellas deformaciones ópticas de la imagen causadas por el objetivo empleado (o la óptica de la cámara en caso de ser una compacta o una bridge) y que diferencian la imagen capturada de lo que realmente había delante de la cámara en el momento de disparar. Por lo tanto, la distorsión es algo a evitar pero que cualquier sistema de tratamiento de señales va a introducir en mayor o menor medida durante el proceso. En el caso de la fotografía, estas distorsiones serán más evidentes cuanto más nos acerquemos a los bordes de la imagen quedando el centro de la misma, por lo general, libre de estos defectos ópticos.

En un mundo ideal no hay distorsiones; y por lo general ese paradigma se da tanto en los objetivos fijos de 50mm como en aquellas ópticas de gama profesional diseñadas para dar la más alta calidad de imagen posible. Ya sea por la simpleza y la simetría de las lentes que conforman un 50mm como por la complejidad óptica de, por ejemplo, un 70-200 f/2.8, en esos objetivos no vamos a encontrarnos con distorsiones apreciables a simple vista en las imágenes resultantes.

Verde

En caso de emplear una óptica diseñada para formato completo en una cámara réflex equipada con un sensor de tipo APS-C, al emplear solamente la parte central de la misma estaremos prácticamente exentos de cualquier defecto óptico, ya que como os decía antes, la zona más “conflictiva” de los objetivos es la parte exterior de los mismos.

En cualquier caso, hay objetivos que buscan expresamente esas distorsiones geométricas tal y como sucede con los ojos de pez, que emplean una exageradísima distorsión de barril para poder encajar en la imagen un campo de visión de 180 grados.

Luis en multiángulo

Las ópticas más conflictivas en cuanto a esto de las distorsiones van a ser, por tanto, los zooms de gama baja diseñados para formato APS-C y aquellos objetivos en los que el rango focal sea muy elevado (un ejemplo clásico es el habitual “18-200 VR” de Nikon que mucha gente monta el primer día en su cámara para no tener que cambiarlo nunca). Lo habitual en estos modelos es que tengamos un punto intermedio en su recorrido donde no exista ninguno de los dos tipos de distorsión pero en los extremos nos encontremos con ciertas deformaciones de la imagen que se harán más patentes cuanto más nos acerquemos a las esquinas de la misma.

Distorsión de barril (barrel distortion)

La distorsión de barril es la más común y suele darse por lo general en distancias focales cortas. Como su propio nombre indica, se trata del abombamiento de la imagen de tal modo que las líneas situadas en los extremos del encuadre aparentarán salir hacia el exterior. Puesto que este defecto óptico se suele dar sobre todo en objetivos angulares; al ser estos empleados habitualmente para paisajes, en cuanto llevemos a los extremos del encuadre un edificio de varias plantas o el mismo horizonte se apreciará claramente la distorsión. También se suele dar habitualmente en la posición de gran angular de las cámaras compactas así como en los modos macro de las mismas.

A modo de ejemplo, podéis fijaros en el abombamiento del horizonte de la fotografía que tenéis a continuación y que fue tomada hace ya unos cuantos años con mi Konica Minolta dimage Z2.

Vista desde la planta de coronación

Distorsión de cojín (pincushion distortion)

La distorsión de cojín suele pasar más desapercibida porque se da, por lo general, en los teleobjetivos y consiste en que los extremos de la imagen parecen curvarse hacia dentro. Como os decía, se suele dar más frecuentemente en distancias focales largas; pero al usar de forma habitual este tipo de ópticas para aislar detalles del fondo enfocando nuestra atención en la zona central del encuadre, el efecto de la distorsión muchas veces pasará completamente desapercibido.

De hecho, he tenido que buscar durante un rato en mi archivo fotográfico hasta dar con una imagen en la que se apreciara este efecto con cierta claridad; y lo he encontrado en la siguiente fotografía tomada hace poco más de un año con mi Werlisa Club 35 y en la que podéis apreciar claramente la distorsión de cojín en las líneas que trazan los ladrillos de la pared.

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Distorsión de bigote (moustache distortion)

Aunque en ocasiones veréis este tipo de distorsión tratarse por separado, en realidad es una combinación de las dos anteriores y su efecto consiste en que a lo largo de las líneas paralelas a los extremos del encuadre se dará distorsión de barril en la zona central y de cojín en las exteriores; dando lugar a una forma que recuerda a un bigote.

Este tipo de distorsión suele aparecer en algunos angulares extremos cuando se llevan a su focal más baja (entre 10 y 12 mm) debido a la complejidad de mantener la linealidad de la imagen empleando ángulos de visión en torno a los 108º.

Las ventajas de la fotografía digital

Columnas

En la época de las cámaras analógicas era muy complicado eliminar estas deformaciones ópticas durante el proceso de revelado (aunque no me atrevo a decir que era imposible porque puede que hubiera algún método) pero hoy en día es bastante sencillo corregirlo en formato digital. De hecho, una vez repasados los principales defectos ópticos que suelen aparecer en nuestras imágenes (básicamente el viñeteo, las aberraciones cromáticas y las distorsiones vistas hoy) me gustaría abordar en una futura entrada la corrección de dichos defectos mediante el programa Adobe Lightroom 3, pues incluye una función específica este fin.

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Jugando con los desenfoques

Del mismo modo que hace unos días hablábamos de tres elementos que me sirven de inspiración para hacer fotografías, hoy me gustaría hablaros de un recurso por el que tengo cierta predilección: los desenfoques.

De viaje

Desenfoques con compactas: misión (casi) imposible

La incapacidad de realizar desenfoques acusados con cámaras compactas (a no ser que empleemos el modo macro de las mismas y disparemos a escasos centímetros del sujeto en cuestión) debido al minúsculo tamaño de sus sensores siempre fue algo frustrante para mí. Cuando veía imágenes captadas con cámaras réflex en las que el sujeto principal aparecía completamente aislado del fondo deseaba poder hacer algo similar, pero era consciente de que aquel equipo fotográfico tan limitado no iba a ser capaz de lograr resultados ni remotamente parecidos.

Ese fue precisamente uno de los motivos por los que me pasé a réflex hace ya algo más de dos años. Y aunque en las primeras fotos hechas con el venerable 18-55 que venía “de serie” con mi Nikon D40 ya se notaba un gran cambio con respecto a mis cámaras anteriores, pronto me hice con ópticas que me permitían conseguir mis ansiados desenfoques; siendo la primera de ellas el siempre resultón Nikkor AF 50mm f/1.8D y el más claro ejemplo de ello el recién llegado Nikkor AF 80-200 f/2.8 ED, que gracias a su generosa apertura y a su distancia focal permite una libertad creativa bastante grande debido al control que estos dos parámetros nos dan sobre la profundidad de campo.

Miradas (II)

La importancia de la profundidad de campo

No está de más recordar que a la hora de realizar alguna fotografía empleando este recurso tenemos que pensar en tres dimensiones, porque si disparamos por sistema a la máxima apertura y distancia focal del objetivo es posible que incluso partes del motivo retratado aparezcan desenfocadas por la minúscula profundidad de campo resultante; de modo que tendremos que jugar con la apertura empleada y la distancia al sujeto para asegurarnos de que lo que estamos desenfocando es únicamente lo que nosotros queremos (algo para lo que es muy útil el botón de previsualización de la profundidad de campo).

Del mismo modo, hemos de ser conscientes de que, por lo general, obtendremos mayor nitidez si evitamos la máxima apertura del objetivo empleado cerrando ligeramente el diafragma. A modo de ejemplo, en mi querido 50mm f/1.8 siempre trato de disparar a aperturas no superiores a f/2.8 porque en este modelo a plena apertura se nota cierta pérdida de nitidez que cerrando un paso de diafragma queda mitigada casi totalmente. Si no queda más remedio ya sea porque buscamos una PDC muy reducida o porque la luz disponible es muy escasa dispararemos a f/1.8; pero yo al menos lo evito siempre que puedo. Sin embargo, con el AF-S Nikon 35mm f/1.8 DX sí que puedo disparar a máxima apertura sin preocupaciones porque sé que la pérdida de calidad de la imagen con respecto a aperturas más pequeñas es prácticamente imperceptible.

Red & blue

Los tres factores clave

Para lograr desenfoques pronunciados tenéis que tener en cuenta tres cosas: un sujeto que esté más o menos cerca de nosotros (os recuerdo la importancia de llenar el encuadre), una distancia focal elevada y una apertura amplia. Jugando con estos tres parámetros vamos a poder variar la nitidez de los fondos de tal modo que podamos destacar un elemento sobre el resto o bien hacer todo lo contrario y, aplicando la teoría de la hiperfocal, dar nitidez a todos los planos de la imagen.

La elección de cómo queréis plasmar el mundo en una fotografía ha de ser siempre cosa vuestra; y precisamente por eso es por lo que afirmo que comprarse una réflex y usarla en modo totalmente automático es una lástima.

Quilmes

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Los megapixels son lo de menos

Para estas épocas de compras navideñas en las que las cámaras digitales ocuparán los primeros puestos en la lista de los regalos más populares he pensado que sería de utilidad comentaros un tema que espero contribuya a desmentir el mito de los megapixels.

Amanece (que no es poco)

Si os acercáis a cualquier centro comercial y echáis un vistazo al stand donde están las cámaras digitales veréis que en muchos casos el único dato que se da de cada modelo es la cantidad de megapixels de las fotos que es capaz de captar del mismo modo que en multitud de ocasiones he escuchado a gente decir que una cámara es mejor que otra simplemente por tener más megapíxels.

La carrera comercial de los megapixels

Hace una década se estilaban las cámaras de uno y dos megapixels, que fueron aumentando poco a poco hasta plantarse en los siete u ocho millones de pixels allá por el año 2006 y aumentar hasta los diez megapixels dos años más tarde; cifra que ha aumentado hasta los doce o incluso catorce megapixels en algunos modelos recientes pero que, en general, se ha mantenido más o menos estable desde entonces.

Edificio España

Los megapixels son lo de menos

Pues bien, si tenéis en cuenta que la densidad de fotocaptores del sensor influye directamente en la nitidez de la imagen por culpa de la difracción, entenderéis que en una compacta no conviene pasarse con el número de megapixels si no queremos que nuestras imágenes aparezcan emborronadas; especialmente en los bordes que es donde las ópticas “sufren” más.

De hecho, vistas a escala 1:1 observo mayor nitidez en las imágenes que captaba allá por el 2005 con mi Canon Powershot A75 que con las últimas compactas que he tenido. Cierto es que en los modelos actuales contamos con sistemas avanzados de enfoque, exposición precisa incluso en situaciones de iluminación complicada, sensibilidades elevadas, zooms ópticos cada vez más potentes, sistemas electrónicos de reducción de ruido… pero en lo que respecta a la nitidez general de la imagen me da la sensación de que en los modelos con mayor densidad de pixels hemos dado un ligero paso atrás; algo que no me hace ninguna gracia dado que en mis fotografías siempre intento que el motivo principal aparezca perfectamente definido.

Urban style

Y ojo, que no estoy diciendo que desempolvar una de aquellas primeras Sony Mavica que hacían las fotos a 1024 x 768 y se grababan en diskettes sea una buena opción; pero sí que es verdad que empleando una cámara de “tan sólo” 6 ó 7 megapíxels tendremos más que de suficiente para obtener fotos de calidad sin comprometer la calidad general de imagen ni el espacio ocupado en la tarjeta de memoria.

Además, el incremento de tamaño de las fotografías es cada vez menos perceptible a medida que aumenta el número de megapíxels porque, por ejemplo, pasar de 10 Mpixels (3648 x 2736) a 14.7 Mpíxels (4416 x 3312) supone un salto no demasiado perceptible en cuanto al tamaño de la imagen; ya que para duplicar tanto la altura como la anchura de una imagen necesitaríamos cuadriplicar el número de pixels de la misma, lo que os dará una idea del sensor que necesitaríamos para lograr este propósito.

Los sensores grandes ofrecen mayor nitidez

En el caso de las cámaras réflex tenemos algo más de margen porque sus sensores son mucho más grandes que en el caso de las compactas; y de ahí que las equipadas con sensores APS-C se muevan actualmente entre los doce y los catorce megapixels sin demasiados problemas y las que llevan sensor Full Frame puedan aguantar resoluciones de más de veinte megapixels sin que se aprecie difracción en las imágenes empleando aperturas intermedias.

Lechuza

Es por esto que, en términos generales, cuanto más grande es el sensor que lleva una cámara digital más nitidez y calidad vamos a obtener en nuestras fotografías y por ese motivo para fotografías de paisaje y de moda se suelen emplear cámaras de medio formato que llevan sensores mucho más grandes que los de cualquier réflex del mercado y que dan una calidad de imagen espectacular.

Obviamente un minúsculo sensor de menos de un centímetro cuadrado y catorce megapixels no es lo más adecuado para obtener una calidad de imagen impactante; pero aun así hay vendedores y encargados de marketing empeñados en meternos en la cabeza la falsa idea de que cuantos más megapixels tenga una cámara mejores fotos haremos.

Lo importante es la resolución (y no tiene nada que ver con los megapixels)

Como conclusión de todo esto, me gustaría que después de lo aquí expuesto no confundierais megapíxels con resolución; porque la resolución tiene que ver con esa nitidez de la que os hablaba antes y, como habéis visto en este artículo, los megapixels poco tienen que ver con este publicitado parámetro que no es, ni mucho menos, el más importante a la hora de decantarnos por uno u otro modelo.

Escalera

Bajo mi punto de vista, más vale tener una fotografía con pocos píxels pero muy nítida a otra de tropecientos mil megapíxels en la que los colores y las texturas aparezcan de forma sucia y poco definida. Y como os digo, un sensor de pequeño tamaño y/o poca calidad unido a una densidad de fotocaptores desmesurada van a degradar la calidad de la imagen considerablemente.

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Ricoh R10 a 99 euros en El Corte Inglés

Os comento en pocas líneas que ayer estuve en El Corte Inglés de Alcalá de Henares comprando una nueva mochila fotográfica (de eso hablaremos otro día) cuando en la repisa donde están expuestas las cámaras compactas me llamó la atención que tenían en promoción la Ricoh R10 a 99 euros (su precio anterior eran 279 euros) y la R8 a 89 euros, que es prácticamente igual pero con la pantalla algo más pequeña.

Después de una rápida consulta a un par de reviews de estas cámaras en uno de los iPads que hay en la sección de informática, al final no me pude resistir y decidí hacerme con una R10 viendo que las prestaciones y la calidad de imagen que da son bastante buenas.

De hecho, hoy me la he llevado en un bolsillo por la mañana para probarla un poco y me ha llamado la atención lo bien que funciona el enfoque y la buena calidad de imagen que da para ser una cámara compacta. Obviamente no tiene nada que ver con las fotografías que es capaz de hacer cualquier réflex por simple que sea; pero para ser una cámara que abulta poco más que un paquete de tabaco la verdad es que es sorprendente. En cualquier caso, os advierto que al poseer un zoom de 7x (equivalente a un 28-200 en formato de 35mm) es algo más gruesa que las compactas ultrafinas que se estilan en los últimos meses.

Esta que tenéis a continuación es una de las imágenes que he captado hace apenas un rato sin ningún tipo de postproceso y sobre la que podéis hacer click para verla a su tamaño original de 10 Mpixels:

Bueno, que me voy por las ramas: por lo que tengo entendido esta oferta es general en todos los centros de El Corte Inglés; de modo que si os interesa haceros con una buena compacta a un precio muy ajustado podéis probar suerte a ver si quedan existencias.

Por cierto, os dejo sendos enlaces a las dos reviews que consulté ayer por si os son de utilidad:

Aberraciones cromáticas

Las aberraciones cromáticas suelen aparecer con frecuencia en algunas fotografías. Es un defecto óptico que se suele dar con mayor frecuencia en cámaras compactas de gama baja, si bien también puede darse en cámaras réflex empleando algunos objetivos y bajo ciertas condiciones de iluminación.

¿Qué son las aberraciones cromáticas?

El término aberración cromática engloba a los defectos ópticos consistentes en la tinción con cierto color no deseado de las transiciones entre elementos muy contrastados de la imagen. De hecho, el método clásico para comprobar si aparecen aberraciones cromáticas bajo ciertas condiciones consiste en hacer una fotografía a unas ramas o elementos similares a contraluz.

Como podéis apreciar, los bordes de las hojas a contraluz aparecen teñidos de un tono morado bastante antiestético que es un claro ejemplo de aberración cromática.

¿Por qué se producen las aberraciones cromáticas?

Este defecto depende fundamentalmente de la óptica empleada y se produce por algo muy sencillo de entender: la luz se compone de muchas longitudes de onda diferentes, correspondiendo cada una de ellas a un color tal y como muestra la siguiente imagen.

A modo de curiosidad os diré que las ondas de longitud mayor de 700 nm se consideran radiación infrarroja del mismo modo que aquellas ondas con una longitud inferior a los 400 nm pertenecen al espectro de la radiación ultravioleta. En cualquiera de los dos casos, estas ondas son invisibles para el ojo humano, ya que sólo podemos captar longitudes de onda entre 400 y 700 nm, que son las que originan el espectro visible de colores.

Una vez repasados estos conceptos básicos, en lo que a fotografía se refiere lo ideal sería que cuando tenemos algo enfocado todas las longitudes de onda converjan en el mismo punto de la superficie del sensor para “dibujar” el elemento de forma completamente nítida. Sin embargo, empleando ciertas ópticas puede ocurrir que determinadas longitudes de onda tengan su punto de convergencia ligeramente adelantado o retrasado con respecto a la superficie del sensor. En tal caso, los bordes de elementos oscuros sobre fondo claro (o viceversa) pueden aparecer teñidos de tonos azules, rojos, verdes o amarillos; algo que se intenta evitar añadiendo ciertas lentes especiales a la fórmula óptica del objetivo.

En la siguiente imagen tenéis una explicación gráfica que os ayudará a entender el por qué de esos bordes coloreados en ciertas imágenes. Si las componentes azul y roja de la imagen se dibujan en puntos diferentes al del plano de la imagen aparecerá en los bordes del motivo fotografiado este defecto óptico que hoy estamos viendo.

También es habitual que las aberraciones cromáticas aparezcan en los reflejos puntuales sobre superficies brillantes; y de hecho esto es algo que ya os comenté en la review del Nikkor AF ED 80-200mm f/2.8D sacando a relucir el siguiente recorte a escala 1:1 de una fotografía tomada con él:

En una óptica perfecta, esos bordes azulados en los brillos no deberían de existir, siendo los límites de los mismos completamente blancos. Sin embargo, ya veis que en este tipo de situaciones aparece una componente azul en forma de halo en torno al punto luminoso que en ciertas fotografías pueden apreciarse con claridad.

¿Cómo evitar las aberraciones cromáticas?

Puesto que estamos ante un defecto óptico del objetivo, para evitar la aberración cromática sólo podemos tratar de “esquivar” las condiciones bajo las que éste se produce. La cosa no sólo consiste en evitar reflejos puntuales y fuertes contrastes en nuestras imágenes; sino también evitar usar las aperturas y las distancias focales más propensas a producir este fenómeno. Ya sé que siempre insisto en lo mismo, pero se demuestra una vez más que conocer nuestro equipo fotográfico es lo que más nos va a ayudar a hacer mejores fotografías.

De todos modos, las aberraciones cromáticas no son demasiado complicadas de eliminar en postproceso. Cualquier software avanzado de retoque fotográfico nos va a ofrecer la posibilidad de mitigar estos defectos e incluso hay cámaras que corrigen esto por ellas mismas internamente, por lo que no llegaremos a ver las aberraciones cromáticas captadas por el sensor si disparamos en formato JPG y tenemos activada esta característica que os digo.

De hecho, me gustaría mostraros con un ejemplo práctico el resultado de una corrección de este tipo, y para ello vamos a emplear una imagen tomada hace unos días en un partido de fútbol donde estuve probando el 80-200 f/2.8, la vamos a abrir en Adobe Lightroom para visualizarla a escala 1:1 y luego nos centraremos en ese detalle que os he marcado con un recuadro rojo.

Si nos fijamos en el poste vertical de la portería que hay al fondo vamos a ver que en su parte derecha hay una componente amarillo-verdosa que no es otra cosa que una de esas aberraciones cromáticas de las que estamos hablando hoy.

Mediante los controles de corrección de las aberraciones cromáticas podemos mitigar estas eliminando la componente de color no deseada del borde del poste dándole a este una apariencia casi completamente neutra como podemos ver en el siguiente recorte capturado una vez aplicado el correctivo.

Como podéis imaginar, en la fotografía vista a un tamaño normal la aberración cromática es prácticamente invisible, y prueba de ello es que en la imagen original que subí hace unos días a Flickr ni siquiera me molesté en aplicar la corrección que hemos visto hoy porque sencillamente ni me di cuenta del tono amarillento del poste que aparece al fondo. De hecho, aquí tenéis la imagen en cuestión en la que la atención se centra en el jugador con el número 30:

Día de partido

La importancia de conocer las cosas

Ahora ya sabéis de dónde proviene este defecto óptico que tan a menudo se presenta en ciertas ópticas; y precisamente eso es lo más importante que quería mostraros en este artículo. Evitar su aparición no es fácil porque bajo ciertas condiciones poco vamos a poder hacer para que no se produzca pero, como habéis podido ver, siempre podemos mitigar sus efectos en buena medida mediante las herramientas que la fotografía digital pone a nuestro alcance. Ahora, como de costumbre, todo es cuestión de probar y experimentar por nosotros mismos.

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Las cámaras EVIL. ¿Una nueva revolución fotográfica?

Aunque ya comenté algo hace unos meses sobre la Olympus PEN EP-1 me gustaría dedicar hoy unas líneas a hablar en términos generales de las cámaras EVIL, pues estoy seguro de que van a captar una buena cuota de mercado de aquí a unos meses y así sabréis en qué se basan estos modelos cuando hablen sobre ellos en revistas, catálogos de centros comerciales y demás.

EVIL son las siglas de Electronic Viewfinder Interchangeable Lens o lo que es lo mismo, objetivos intercambiables con visor electrónico. Es decir, se trata de la unión de un cuerpo de reducido tamaño que prescinde del clásico sistema de espejo basculante que da nombre a las réflex pero contando con una montura que nos va a permitir cambiar de objetivo en función de nuestras necesidades fotográficas así como con un sensor de generoso tamaño con lo que esto implica en términos de calidad de imagen y relación señal/ruido.

Lo mejor de dos mundos

Digamos que sobre el papel las cámaras EVIL aunan lo mejor de dos mundos: el reducido tamaño y ausencia de piezas móviles de una compacta con el sensor de una réflex y la amplia gama de objetivos de estas que nos va a permitir cubrir las más variadas necesidades. Como os digo, me parece una gran idea que atraerá a muchos usuarios de compactas que no se atreven a dar el salto a réflex por su aparatosidad, complejidad y elevado coste. De hecho, algunas marcas ya han empezado a incorporar algunos de estos modelos a sus gamas de productos y todo apunta a que será una tendencia al alza a corto plazo.

Lo que ocurre es que si hasta ahora las EVIL no han terminado de despegar del todo en cuanto a ventas es debido a que el coste de las mismas es considerable. La primera cámara de este tipo fue la mencionada Olympus PEN, cuyo cuerpo cuesta algo más de 600 euros. Sin embargo, en los últimos meses Panasonic y Sony también se han subido al carro de las EVIL presentando modelos de características similares a las de la Olympus pero con un coste sensiblemente inferior; pues el cuerpo de la primera sale por unos 500 euros y la Sony se acompaña de un objetivo de 16mm f/2.8 por un precio similar a la anterior o con un más versátil 18-55 por unos cincuenta euros más.

Por precios similares podemos acceder a una de las cámaras réflex más asequibles de cada marca acompañada de algún objetivo básico, que siempre tienen unas prestaciones mayores que las EVIL en cuanto a tiempos de espera, velocidad de captura y modos manuales. Como os decía, las EVIL son atractivas en cuanto a que nos van a dar una calidad de imagen similar a una réflex en un cuerpo mucho más pequeño que estas si bien están más orientadas al point & shoot que a la fotografía pura y dura basada en la teoría clásica de apertura, tiempo de exposición y sensibilidad.

Nikon EM (1979)

Compatibilidad de objetivos

Las cámaras EVIL tienen una distancia bastante pequeña entre la superficie del sensor y la montura del objetivo, lo que permite diseñar ópticas más pequeñas y ligeras adaptadas al tamaño de estos modelos. Sin embargo, para no perjudicar en exceso a los antiguos poseedores de una réflex de la marca casi siempre hay disponibles adaptadores para poder emplear los objetivos de la marca con sus cámaras EVIL como éste que tenéis a continuación que permite emplear los objetivos Sony/Minolta en las EVIL que acaba de sacar a la venta la marca nipona.

Dicho proceso de adaptación es bastante sencillo porque lo único que hay que hacer es alejar la montura del objetivo de la bayoneta de la cámara EVIL hasta que la distancia coincida con la empleada en las cámaras réflex para proyectar la imagen sobre el sensor; pero esta operación no se puede realizar a la inversa porque tendríamos que meter el objetivo EVIL dentro de la montura de la réflex para cumplir con la especificación de la distancia entre bayoneta y sensor.

Desventajas con respecto a una réflex

Las cámaras EVIL no poseen visor óptico como el que llevan todas las réflex, por lo que la composición y el enfoque hay que realizarlo a través de la pantalla de la propia cámara como si de una compacta se tratara o como si empleáramos el sistema Live View de las últimas réflex aparecidas en el mercado. Esto, que de primeras puede parecer muy atractivo, tiene una serie de desventajas, ya que el consumo de batería es mayor y siempre va a haber un ligero retardo entre el mundo real y lo que vemos a través de la pantalla debido al procesado digital de la imagen dificultando la captura de elementos en movimiento. Del mismo modo, en entornos con iluminación deficiente la visión a través de la pantalla va a ser menos nítida que la que podemos tener a través de un visor óptico porque la cámara tendrá que amplificar la luz disponible mediante medios electrónicos.

Luis en multiángulo

Del mismo modo, en las EVIL actuales no vamos a encontrar la inmediatez de respuesta de las réflex: tardan del orden de un segundo en encender, las ráfagas no son tan rápidas y, en general, no están diseñadas para fotografías de acción sino más bien para llevar una cámara en el bolsillo que nos permita captar imágenes “tranquilas” con más calidad que una compacta.

Todo esto, por supuesto, no será un problema para la inmensa mayoría de usuarios (de hecho incluso para mí no lo sería ya que mis fotografías suelen ser de elementos más o menos estáticos) pero hay que tenerlo en cuenta si pretendemos llevarnos nuestra cámara EVIL para fotografiar una carrera de motociclismo o intentar captar el vuelo de un águila.

Nos espera un futuro interesante

En estos momentos hay cámaras EVIL a la venta por parte de cuatro fabricantes: Olympus, Panasonic, Samsung y Sony. De momento los rumores apuntan a que Nikon no tardará en presentar un modelo de estas características (de hecho dentro de un par de meses tendrá lugar la feria Photokina, donde podría ser desvelada la EVIL de esta marca) y en tal caso Canon no tardaría en sacar al mercado su propio modelo, pues entre las dos grande marcas de fotografía pocas diferencias hay en cuanto a los productos en el catálogo de una y otra.

Como toda tecnología recién estrenada, hacerse ahora con una EVIL puede dar lugar a que nos arrepintamos de aquí a unos meses porque lo más seguro es que los modelos venideros representen un buen paso adelante en prestaciones, calidad y disponibilidad de ópticas. A mí me atrae mucho el concepto de estas cámaras, y de hecho el otro día me planteé hacerme con una Sony NEX-3 equipada con el 16mm f/2.8; pero al final preferí esperar para ir viendo cómo va evolucionando esta tecnología durante los próximos meses, porque seguro que la cosa se pone muy interesante.

Más información (en inglés)

· EVIL Camera (Wikipedia)

· How stuff works

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

¿Qué es la difracción?

Cuando el otro día hablábamos de cómo obtener la máxima nitidez posible en nuestras fotografías, os comenté que los objetivos tenían un rango focal en el que daban su rendimiento más óptimo y que si nos salíamos del mismo perderíamos algo de definición en la imagen obtenida.

Pues bien, resulta que aunque los objetivos profesionales (que son, por lo general, los más caros) están diseñados para dar una nitidez tremenda incluso empleando las aperturas más grandes, ningún modelo por muy de gama alta que sea se libra de un fenómeno físico inherente a la propia naturaleza ondulatoria de la luz y que hace que en las aperturas más cerradas perdamos bastante definición: la difracción.

Trasera Nikkor 50mm 1.8D (f/22)

Objetivo Nikon 50mm AF f/1.8 D con su diafragma cerrado a f/22

¿Qué es la difracción?

La difracción es un fenómeno que tiene lugar cuando las ondas que forman la luz atraviesan un orificio estrecho, ya que estas se deforman y a partir de ese punto no avanzarán en forma de haz; sino que “se abrirán” como los faros de un coche en mitad de la noche debido a que el orificio actúa como un nuevo emisor. Y claro, como ya os estaréis imaginando esto es lo que ocurre cuando empleamos las aperturas más pequeñas disponibles en un objetivo, puesto que estamos obligando a pasar a la luz por un agujero diminuto de un modo muy similar a lo mostrado por la siguiente imagen.

Difracción de una onda al pasar a través de un orificio de pequeño tamaño

Por tanto, la difracción hace que la luz ya no se concentre en un punto preciso, sino que se va a dispersar formando lo que se conoce como un disco de Airy; que no es más que la representación de esa deformación de la onda que veíamos en la figura anterior pero tal y como se proyectaría sobre el plano (el sensor de la cámara en este caso) perpendicular a su dirección de avance.

Disco de Airy

Siempre os digo que en fotografía todo es cuestión de equilibrio; así que si necesitamos capturar una imagen con una gran profundidad de campo para que todo aparezca enfocado, no todo es cerrar el diafragma a tope y disparar. Es verdad que cuanto más cerremos el diafragma más cosas aparecerán enfocadas en la fotografía, pero no es menos cierto que llegará un momento a partir del cual cerrar más el diafragma va a dar lugar a una pérdida general de nitidez por lo que os comentaba anteriormente.

Comparación visual: f/5.6 vs f/14

Fijaos en los siguientes dos recortes sin escalar de la zona central de una imagen que capté hace unos días con mi Nikon D40 y el objetivo Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G. La primera está disparada a f/5.6 (apertura a la que, en teoría, esta óptica da la máxima nitidez) y en ella podréis ver que se aprecian todas las imperfecciones y los detalles del óxido presente en una valla de acero sobre la que daba el sol directamente:

Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G @ f/5.6

Sin embargo, si hacemos esa misma fotografía a f/14 podréis comprobar que la pérdida de detalle es bastante notoria. Y que conste que todavía hice una fotografía más cerrando el diafragma a f/22 que ofrecía aun menos detalle, pero entre toma y toma el trípode se me desplazó un pelo y ya las fotografías no quedaron exactamente igual encuadradas, por lo que opté por usar la toma a f/14 para ilustrar la pérdida de nitidez porque el efecto de la nitidez ya era tan patente que se podía apreciar a simple vista.

Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G @ f/14

La difracción en función del tamaño de sensor y su resolución

En función del tamaño del sensor de las cámaras y su resolución va a haber una determinada apertura a partir de la cual comenzaremos a notar el efecto de la difracción. Vamos a comprobar que cuanto más pequeño es el sensor y más alta la resolución la difracción aparecerá a aperturas cada vez mayores; pero en cualquier caso, estos valores no han de tomarse como una frontera infranqueable, sino como una apertura orientativa sobre la que nos podemos mover con tranquilidad si necesitamos profundidad de campo pero que no deberíamos superar ampliamente si pretendemos mantener el nivel de nitidez de la fotografía resultante.

Paisaje costero

Como vais a ver en la siguiente relación calculada gracias a una aplicación web disponible en Cambridge in Colour, tendremos más “margen de maniobra” en sensores de igual tamaño cuando su resolución es menor; y de ahí que las cámaras compactas con muchos megapixels presenten difracción practicamente en todas las aperturas (por ese mismo motivo no suelen cerrar el diafragma más allá de f/8).

Por cierto, tal vez esteis pensando que el tamaño de la apertura del diafragma es más pequeño cuanto más corta es la distancia focal del mismo; pero aunque esto es así (el diámetro de la apertura del diafragma viene dado por el cociente “distancia focal / número f” ) tened en cuenta que la distancia entre el diafragma y el sensor es mayor cuanto más larga es la distancia focal (pensad en lo largo que es un teleobjetivo de 300 mm y lo corto que es un gran angular, por ejemplo) y esa distancia provoca que el disco de Airy se proyecte sobre el sensor de una forma más difuminada de tal modo que una cosa se compensa con la otra y al final la difracción sólo es producto de la apertura empleada.

Bueno, vamos con los ejemplos que os decía antes y las respectivas aperturas a partir de las cuales comenzaría a aparecer la temida difracción:

  • Sensor Full Frame (36 x 24 mm) de 24 Mpixels: f/9.6
  • Sensor Full Frame  de 12 Mpixels: f/13.6
  • Sensor Nikon DX (24 x 16 mm) de 12 Mpixels: f/9
  • Sensor Nikon DX de 6 Mpixels: f/12.7
  • Sensor Canon APS-C (22 x 15 mm) de 18 Mpixels: f/7
  • Sensor Canon APS-C de 10 Mpixels: f/9.3
  • Sensor 4/3 (17 x 13 mm) de 12 Mpixels: f/7.2
  • Sensor de 1/1.8″ (7 x 5 mm; habitual en compactas) de 12 Mpixels: f/3

Como veis, el tener una cámara con un montón de megapixels no siempre es lo mejor, ya que superando una cierta relación superficie / resolución la difracción aparecerá cada vez a aperturas más amplias con la merma que ello supone de cara a la calidad de las imágenes (fijaos en el ejemplo de la compacta de 12 Mpixels). De hecho, los fotógrafos profesionales especializados en moda y naturaleza suelen emplear cámaras de medio formato cuyos sensores son mucho más grandes que el negativo “estándar” de 35mm y que están en otra dimensión en cuanto a calidad de imagen, resolución y precio.

De todos modos, volveremos a este interesante tema de resolución vs. calidad de imagen en un futuro artículo que estoy comenzando a preparar. Mientras tanto, haced muchas fotos y disfrutad de estos días de sol.

Más información (en inglés)

Wikipedia (Diffraction)

Wikipedia (Airy disk)

Ken Rockwell

Cambridge in colour

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Recomendaciones a la hora de comprar una cámara digital

Aprovechando que se acercan las Navidades y que uno de los regalos estrella de estas fechas suelen ser las cámaras digitales, me gustaría hoy hacer un pequeño repaso a los tres tipos más habituales de cámaras que podemos encontrar en las tiendas.

Cierto es que en comercios especializados podemos encontrar todavía cámaras de carrete, cámaras de medio formato y cosas así pero, como os digo, hoy me gustaría centrarme en lo más habitual: las típicas cámaras que podemos encontrar en cualquier centro comercial y que son lo que la inmensa mayoría de la gente buscará en las próximas semanas.

Cámaras compactas

Son las más vendidas con diferencia desde la popularización de las cámaras digitales. En los últimos tiempos han avanzado las ventas de los otros dos tipos de cámaras que luego veremos; pero a día de hoy las compactas son las que más rápidamente vuelan de las estanterías de las tiendas. Además, todas ellas graban vídeo, lo que puede ser un aliciente para algunos usuarios.

Una cámara compacta no abulta mucho más que un paquete de cigarrillos y gracias a ello podemos llevarla en el bolsillo de una chaqueta o en un pequeño bolso sin que apenas notemos que está ahí. En los últimos modelos se prescinde de cualquier visor óptico de tal modo que el encuadre de la fotografía lo realizaremos utilizando la pantalla trasera de la cámara, que suele tener un tamaño de unas tres pulgadas en diagonal.

Por lo general poseen un zoom óptico de entre tres y cuatro aumentos y de un tiempo a esta parte se están poniendo de moda los objetivos angulares para poder realizar fotos de grupo en las que quepa todo el mundo en la imagen. De todos modos, no esperéis milagros en estas cámaras, pues sus ópticas no suelen ser demasiado luminosas y a veces podemos ver deformaciones en las imágenes debido al compromiso entre tamaño y calidad.

Una cámara compacta no tiene rival para llevarla encima y hacer fotografías de todo lo que se nos cruce por delante. Yo mismo tengo una Sony Cybershot DSC-P200 que viene conmigo cuando no llevo la réflex encima y, desde luego, no tengo pensado desprenderme de ella pese a que tiene sus limitaciones porque me resulta muy práctica para ciertas situaciones.

Las desventajas de las compactas vienen derivadas precisamente de su pequeño tamaño: el sensor es mucho más pequeño que el de una réflex y eso hace que las imágenes presenten un ruido bastante importante en cuanto subimos la sensibilidad ISO (la densidad de píxels es tremenda) y no es posible realizar desenfoques acusados con ellas por la construcción de sus ópticas.

Una compacta básica nos puede costar poco más de 100 euros, mientras que una de gama media superará los 200; por lo que el desembolso no es demasiado grande en términos generales.

Cámaras bridge

Una bridge es una cámara que se encuentra a medio camino entre una compacta y una réflex. Llevan un objetivo único con un zoom bastante potente (suelen rondar los doce o quince aumentos; pero hay modelos que llegan a los veinte) y para albergarlo poseen un cuerpo algo más aparatoso que recuerda en cierto modo al de las réflex por su forma.

El enfoque también se realiza con ayuda de la pantalla situada en la parte trasera (que puede ser basculante) y en los modelos más recientes se han incorporado sistemas de estabilización para ayudar a que las imágenes queden nítidas disparando a las distancias focales más largas. Últimamente también se ha puesto de moda el incluir la posibilidad de disparar en formato RAW con las posibilidades de post-proceso que esto ofrece.

La gran ventaja de las bridge es que ofrecen un zoom muy potente en un cuerpo más o menos pequeño y ligero. Algo que agradecerán los excursionistas (de campo o de ciudad) que no quieren cargar con un equipo muy pesado y buscan la polivalencia de un equipo que les permita pasar de teleobjetivo a angular en un momento y sin andar cambiando de objetivo. Al igual que las compactas, todas ellas (al menos que yo sepa) son capaces de grabar vídeo.

Los problemas de las bridge vienen dados principalmente porque el sensor no es mucho más grande que el de una compacta (los problemas de ruido siguen presentes en cuanto subimos la sensibilidad ISO) y el amplio rango del zoom hace que se presenten defectos ópticos en algunas distancias focales como pérdidas de nitidez en la posición de teleobjetivo y distorsión de barril usando el angular.

Las cámaras bridge son algo más caras que las compactas de gama equivalente, costando una bastante básica en torno a los 250 euros y las de gama media sobre los 400.

Cámaras réflex

De las réflex no os contaré gran cosa, pues casi todos los artículos de esta sección del blog están basados en este tipo de cámaras y a estas alturas ya tendréis una idea hecha de qué nos pueden ofrecer. En cualquier caso, a nivel de funcionamiento os remitiré a una entrada en la que explicaba en pocos párrafos cómo funciona una réflex.

Las cámaras réflex siempre tienen ópticas intercambiables, y ahí es donde reside la potencia de estas. Lo habitual es que con la cámara venga un objetivo “de kit”, que suele tener unas características bastante normalitas. Suelen ser modelos con una distancia focal de 18 a 55 mm y apertura rondando f/4 que, si bien en la distancia más corta puede cumplir con soltura, enseguida veremos que se nos va quedar muy justo para acercarnos a los detalles lejanos, por lo que enseguida pensaremos en hacernos con un teleobjetivo.

Por cierto, de un tiempo a esta parte, la práctica totalidad de los modelos de réflex que salen al mercado son capaces de grabar vídeo. No puedo decir que lo hagantodas porque por ejemplo la reciente Nikon D3000 no posee esta característica; pero sí que es algo que antes era impensable y ahora es de lo más habitual. Y todo esto por la adopción del sistema Live View, que no es otra cosa que la posibilidad de enfocar y componer las fotografías empleando la pantalla de la cámara. Claro, una vez que la imagen se visualiza en una pantalla digital, el grabarla en una tarjeta de memoria es algo trivial, y de ahí la adopción general de la grabación de vídeo.

De todos modos, en las cámaras réflex la diferencia de calidad en las imágenes la marca el objetivo que llevemos acoplado, por lo que conviene optar por un cuerpo no demasiado caro y así poder comprar una óptica acorde con nuestras necesidades más adelante. Yo recomiendo empezar con la óptica del kit y, una vez que veamos qué es lo que más nos gusta hacer, optar por un objetivo acorde con ello. Tal vez sea el macro, la fotografía de aves o los paisajes; y en cada uno de estos casos necesitaremos ópticas diferentes.

En cuanto a precios, las cámaras réflex más sencillas (Nikon D3000, Canon 1000D…) suelen costar unos 500 euros y vienen acompañadas de un objetivo básico. Si nos vamos a la gama media (Nikon D90, Canon 450D) tendremos que hacernos a la idea de que el coste se nos irá a los 900 euros aproximadamente por un conjunto de cuerpo más objetivo básico.

Conclusiones

Como veis, cada tipo de cámara tiene sus potenciales usuarios: las compactas están orientadas a personas que quieren tener un recuerdo visual de los sitios a los que van sin complicarse mucho la vida. Las bridge están un escalón por encima y vendrán bien a usuarios que busquen polivalencia en un aparato que ni pese ni abulte demasiado. Por su parte, las cámaras réflex están enfocadas (nunca mejor dicho) a aquellos usuarios que buscan creatividad y calidad en sus imágenes sin importarles el mayor gasto que suponen estos equipos así como las dimensiones o el peso del conjunto.

La familia Nikon sigue creciendo

En cuanto al coste de una cámara, tened en cuenta que comprando una compacta o una bridge poco más tendréis que gastar a no ser que queráis comprar un trípode, una funda o algo así. Sin embargo, la compra de una cámara réflex es sólo la punta de iceberg, ya que poco a poco acabarán cayendo objetivos, flashes, filtros, bolsas de transporte y otros elementos que superarán con creces el coste inicial del equipo. De hecho, cualquier objetivo Nikon o Canon de gama media-alta (no hablemos ya de las ópticas más punteras) seguramente os costará más que el propio cuerpo de la cámara y, por supuesto, más que cualquier compacta o bridge que podáis ver en la tienda. De todos modos, otras marcas como Sigma, Tamron o Tokina fabrican objetivos compatibles con todas las marcas que os permitirán ahorrar algo de dinero.

Consejos generales

– Para mi gusto es mejor que las cámaras empleen una batería recargable de Li-ion. Las pilas son cosa del pasado y duran bastante poco en comparación con las baterías más recientes. En mi D40 puedo hacer más de 700 fotos (apenas uso el flash, eso sí) antes de tener que recargarla.

– Aseguraos de que la cámara emplee tarjetas SD. Podéis ver lo que cuesta una tarjeta de 2 GB en ese formato y luego buscar el equivalente en XD o en Memory Stick y entenderéis por qué lo digo.

La tarjeta en su estado original

– El estabilizador es muy recomendable para fotos en condiciones de poca iluminación. Si es electrónico lo que hará es subir la sensibilidad ISO para disminuir el tiempo de exposición, mientras que si es óptico lo que se hará es mover algún elemento dentro de la cámara para contrarrestar el temblor de nuestras manos.

– Aunque todo es cuestión de gustos, yo os recomiendo optar por una marca de fotografía “de toda la vida” como Nikon, Canon, Fuji, Olympus… Son marcas que llevan muchos años haciendo cámaras de fotos y saben bien cómo hacer un producto de calidad. No soy amigo de emitir “juicios universales”, pero reconozco que en las cámaras compactas Canon es, probablemente, la que mejores modelos fabrica.

– A la hora de comprar una compacta o una bridge lo más importante es la óptica. Aseguraos de que los parámetros de rango focal y luminosidad se adecuan a lo que estáis buscando porque no podremos cambiarla.

Mi set de herramientas

– En las cámaras réflex los objetivos suelen ser compatibles entre los diferentes cuerpos de una misma marca. De todos modos, informaos bien de esos temas porque, por ejemplo, en los últimos cuerpos de Nikon de gama baja (D40, D40x, D60, D3000, D5000) los objetivos AF no son capaces de enfocar automáticamente y tendremos que hacerlo a mano. Del mismo modo, un objetivo DX viñeteará en una cámara FX si no usamos el modo de recorte. Podéis echar un vistazo a las dos entradas que he referenciado en este párrafo para más información sobre estos conceptos.

– Si vais a comprar vuestra primera réflex tened en cuenta que en cuanto os hagáis con un flash y un par de objetivos ya estaréis casados con esa marca para toda vuestra vida. Todas las marcas que tienen cámaras réflex en el mercado dan una calidad más o menos similar, ya que el responsable último de la fotografía es el que aprieta el disparador; pero tened por seguro que lo que os compréis para una marca no servirá para otras, así que pensad bien la decisión porque es más importante de lo que parece. Si queréis cambiar de marca pasados unos años os va a tocar vender todo vuestro equipo y comenzar de cero otra vez.

– En cualquier caso, comprad aquello que os resulte más práctico y con lo que creáis que os vais a sentir más a gusto. Al fin y al cabo, lo más importante no es la cámara, sino la persona que presiona el disparador; de modo que el mejor consejo es que una vez que tengáis la cámara en vuestras manos la uséis mucho y así veréis como cada vez vais haciendo mejores fotografías.

Domingo por la mañana

¡Un saludo y gracias por leerme!

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Cómo fabricar un ojo de pez con un adaptador de gran angular

Hoy va a ser una de esas entradas en las que el texto será breve porque todo está explicado en un vídeo que he grabado para la ocasión. En este caso se trata del proceso a seguir para hacer un ojo de pez (de bajas prestaciones, eso sí) a partir de uno de esos adaptadores que se suelen vender en comercios de fotografía y tiendas on-line que prometen convertir nuestra cámara compacta en un gran angular.

Por lo general, como gran angular no valen un pimiento porque apenas amplían el ángulo de visión de la cámara, merman la calidad de imagen y suelen viñetear bastante; pero con un proceso de lo más sencillo (y reversible) podemos hacer que se comporte como un ojo de pez que nos permita hacer algunas fotografías originales y divertidas sin demasiadas pretensiones en cuanto a nitidez.

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Olympus PEN: alma de réflex en cuerpo de compacta

Si habéis echado un ojo a la prensa en estos últimos días habréis visto que por todas partes hay anuncios de un nuevo modelo de cámara Olympus: la PEN E-P1 (sí, el nombre se presta al cachondeo :mrgreen: )

ep

Pues bien, para los que estéis preguntándoos qué es lo que tiene de especial esta bonita cámara (reconozco que su diseño retro me gusta bastante), os diré que se basa en mezclar el tamaño de una cámara compacta con (en teoría) la calidad de imagen de una réflex. Es decir, la PEN no es más que una réflex sin espejo (no hay visor óptico; la imagen se compone en su pantalla) o una compacta con ópticas intercambiables y un sensor de mayor tamaño.

En concreto, el sensor y la montura del objetivo cumplen con la nueva especificación micro cuatro tercios, que no es más que una revisión del sistema cuatro tercios empleado por esta y otras marcas como Pentax o Panasonic. Sus sensores son más pequeños que en el caso de Nikon o Canon y por tanto permiten tamaños de ópticas menores, aunque esto también presenta desventajas a la hora de realizar desenfoques o tratar de fabricar sensores de mucha resolución (ver artículo sobre los tamaños de sensor para más detalles).

Olympus_EP1.480

Pero bueno, el caso es que creo que la PEN es una buena idea; y de hecho es la “reencarnación” de una cámara del mismo nombre aparecida en en año 1959 cuyas prioridades eran lograr un tamaño reducido y una simplificación de su manejo. No sé si este modelo recién presentado tendrá éxito comercialmente, pero el caso es que su aspecto y su concepto me han gustado bastante (aunque os aseguro que no me la voy a comprar). Tal vez sea capaz de cubrir ese hueco de los usuarios que quieren más calidad de imagen que una compacta pero que no se animan a dar el salto a réflex porque les asusta un poco su tamaño.

Como siempre, será el tiempo quien dará o quitará razones…

El síndrome reflexivo

Me he tomado la libertad de denominar síndrome reflexivo a algo que me está ocurriendo desde hace unas semanas con respecto a mi afición por la fotografía. No es nada que me haya pillado por sorpresa, pues ya había leído por ahí cosas sobre este tema alguna que otra vez y sé que aparece prácticamente en todos los usuarios de cámaras compactas que han dado el salto a la réflex, pero no deja de sorprenderme que aquello que hace cosa de cuatro meses creía imposible al final ha acabado sucediendo.

Nikon D40 + Nikkor 50mm 1.8D

La cosa es bien simple: consiste ni más ni menos en que cuando te habitúas a utilizar la cámara réflex, el día que coges de nuevo la compacta te parece que es de juguete. En mi caso, hace poco me la llevé al trabajo y al regresar a casa me fui a dar una vuelta con ella en el bolsillo. Hice alguna que otra foto (ninguna era gran cosa, la verdad) pero al sostenerla en las manos la sentía tan pequeña y ligera que no podía evitar sentir una extraña sensación.

Además, me empecé a preguntar una serie de cosas mientras la utilizaba: ¿Dónde está mi anillo de zoom? ¿Por qué tarda tanto en enfocar? ¿Cómo es que el obturador no hace ningún ruido al disparar? ¿Por qué el visor es tan oscuro?…

Y encima, para redondear del todo la experiencia, al llegar a casa y descargar las fotografías en el ordenador aluciné al comprobar la pérdida de definición y el elevado nivel de ruido que aparece en las fotografías de esta pequeña cámara comparada con la réflex.

Supongo que algunos de vosotros pensaréis que soy idiota o algo así, pero os aseguro que de un tiempo a esta parte me cuesta horrores hacer fotos con una compacta; y del mismo modo que antes la llevaba siempre en el bolsillo “por si veía alguna escena chula para fotografiar”, ahora en muchas ocasiones me cojo la bolsa de fotografía y me voy con la réflex de paseo pensando que “como vea una foto chula, con la compacta va a perder mucho”.

Y ya sé que esto parece chocar contra lo que os decía recientemente acerca de que ha de primar más el arte en una fotografía que la técnica; pero, qué queréis que os diga: lo que ocurre es que me he habituado hasta tal punto a disparar con la réflex que se me hace muy raro tratar de fotografiar algo con otro tipo de cámara.

¡Qué cosas, oiga!