Detalles de la Alcalá que nunca conocí

Si habéis pasado alguna vez por la sección del blog titulada Alcalá de Henares ayer y hoy sabréis que no hace tantos años se podían ver en la ciudad carromatos tirados por caballos que se usaban para repartir tinajas de vino o cualquier otra mercancía por los comercios de la época. Se podría decir que eran los antecesores de las actuales furgonetas de transporte; y aunque os pueda parecer algo lejano y remoto, dando una vuelta con los ojos bien abiertos por la calle Mayor podréis encontrar algunos detalles que prueban esto que os digo.

Columnas y dragones

Yo llegué aquí en 1984, por lo que la ciudad ya tenía un aspecto bastante similar al actual. Es verdad que se han remodelado muchas cosas en los últimos años y que algunas zonas concretas están irreconocibles, pero a mediados de los ochenta los niños ya no jugaban en las calles porque los coches eran los dueños del asfalto y la plaza de Cervantes tenía un aspecto prácticamente igual al de hoy. Por suerte o por desgracia, por aquellos años Alcalá había dejado de ser la pequeña y tranquila localidad llena de huertas en el extrarradio porque a finales de los setenta experimentó un rápido crecimiento en su población así como una considerable industrialización.

Aparcamiento de caballos

Sin embargo, cuando descubro algún pequeño detalle que me traslada directamente a esa Alcalá de hace varias décadas (como esa anilla oxidada donde el jinete podía atar a su caballo mientras jugaba una partida de cartas en el bar de turno) no puedo evitar esbozar una sonrisa y pensar que tengo suerte de vivir en una ciudad llena de rincones especiales.