Recuerdos de Oropesa (V)

Por mucho microclima que sus montañas puedan propiciar, Oropesa del mar no es una excepción a un fenómeno que las provincias mediterráneas conocen muy bien: la gota fría. Y es que si sólo habéis ido por allí durante los meses de verano os sorprenderá encontraros con una imagen como esta tomada en una tarde de noviembre:

Lluvias en Oropesa del Mar (21/11/2011)

Recuerdo que aquel día estuvo lloviendo intensamente desde primera hora de la mañana y cuando al salir de trabajar me dirigí al supermercado a hacer la compra como de costumbre, me encontré con un panorama absolutamente caótico: la carretera se había convertido en un auténtico río y no estaba yo por la labor de jugarme el tipo vadeándolo, de modo que me tocó dar la vuelta y tras un gran rodeo entré a Oropesa por un paso elevado.

Ese puente que veis en la imagen es un transitado acceso a Marina D’or que durante los meses estivales cientos de personas atraviesan cada día. Seguramente pocos veraneantes se habrán imaginado que en ocasiones es necesario cerrarlo al tráfico (de hecho así estuvo durante varios días en esta ocasión) porque debido a la fuerza de la corriente algún vehículo podría verse implicado en un grave accidente; pero los que hemos pasado allí algún invierno sabemos de primera mano que cuando en Oropesa llueve con ganas hay que andarse con mucho ojo.

El río Chinchilla es un cauce fluvial que durante la mayor parte del año no lleva ni una gota de agua. Sin embargo, cuando llueve copiosamente en el interior de la provincia hasta el punto de elevarse el nivel de los acuíferos de la zona de Cabanes, en cuestión de minutos el agua empieza a correr por él buscando el camino hacia el mar sin que nada ni nadie pueda detenerlo hasta que el nivel freático desciende y todo vuelve a su equilibrio natural.

Lluvias en Oropesa del Mar (22/11/2011)

Como ya os he contado en varias ocasiones, el vivir durante todo el año en un lugar típicamente “de veraneo” hace que uno se encuentre con situaciones que no se dan durante julio y agosto. Hay cosas muy agradables y apetecibles como dar un paseo por la playa en soledad o disfrutar de un atardecer en completo silencio; pero también hay malos ratos como los que os describo con estas imágenes.

Al fin y al cabo, la gracia de esta serie de entradas que estoy redactando últimamente es daros a conocer esas situaciones en parte por mi afición por la fotografía y en parte por las ganas que siempre tengo de compartir esas pequeñas cosas de cada día con vosotros.

¡Hasta la próxima parrafada!  😉