Review: Imalent LD70

En el último año de colegio mi profesor de matemáticas usaba un portatizas porque decía que sufría alergia al yeso, de modo que siempre le recuerdo llegando a clase y sacando aquel cilindro azul de su maletín para ponerse a escribir fórmulas en la pizarra.

No sé si tendrá que ver, pero cuando vi las primeras fotos de la Imalent LD70 no podía dejar de ver aquel portatizas que os digo: el tamaño, la forma, el volumen… Se hubiera quedado en una anécdota simpática si no hubiera visto también las características técnicas de este pequeño cañón de luz, ya que es capaz de lanzar por momentos 4000 lumens (sí, cuatro mil: un cuatro seguido de tres ceros) y al final eso es lo que me animó a hacerme con ella.

El cuerpo

La LD70 tiene un aspecto bastante futurista; especialmente si la adquirimos en uno de los tres colores alternativos al clásico negro como son azul eléctrico, dorado y verde militar, que es la que al final me he comprado. Estuve a punto de comprar la azul, pero he de reconocer que desde el primer momento la verde me hizo tilín y al final decidí seguir mi instinto. Creo que hice bien, porque en la mano es bien bonita y contrasta mucho con el negro de ciertas partes de su cuerpo, el azul del anillo externo de la lente frontal y el amarillo del propio LED.

La linterna es básicamente la fusión entre un octógono redondeado hasta el punto de ser casi un cilindro, está fabricada en aluminio y el color principal está aplicado mediante un anodizado que, como os decía, está disponible en cuatro colores principales. En cualquier caso, el “fondo” siempre es negro y lo que cambia es la capa exterior.

Tiene una longitud de 81 mm, un diámetro de 27 mm y un peso de 87 gramos, lo que la situa en la familia de las linternas EDC pero no de las que, como la Rovyvon Aurora A1 o la Nitecore Tiki pueden ir colgadas en nuestro llavero a todas horas sin que notemos que están ahí. En el caso de la LD70 su emplazamiento natural es una mochila o, como mínimo, un bolsillo amplio como en el caso de, por ejemplo, la Olight S1 Baton.

De hecho, Imalent incluye como complemento a este modelo una correa de muñeca con el nombre de la marca bordado en ella, lo que nos está indicando dos cosas: que la linterna no puede ir en un llavero y que está tan pulida (no tiene ningún tipo de knurling) que se nos puede resbalar de las manos si hace mucho frío y/o somos torpes. Lo bueno es que por obra y gracia de las aristas longitudinales de su cuerpo no rodará si la dejamos apoyada en una superficie inclinada.

Continuando con el repaso a la anatomía de esta linterna, el botón de encendido y apagado (y cambio de modos) está integrado en la parte trasera, pero no se trata del típico botón de las linternas tailcap que hace click-clack al accionarlo; sino que es más bien un botón electrónico de muy poco recorrido pero gran precisión.

Como continuación de la filosofía de diseño de este modelo de linterna el botón es de forma muy simple, de diámetro generoso y completamente plano, y he de decir que desde que tengo esta linterna no he fallado ni una sola vez en el número de clicks, que van entre uno y cuatro en función de lo que queramos hacer; así que parece que los diseñadores han clavado el tacto idóneo que ha de tener un pulsador de este tipo. Eso sí, para prevenir encendidos accidentales es importante bloquear la linterna (cuatro clicks seguidos para bloquear y desbloquear) si no la vamos a utilizar durante un tiempo, porque un sólo click provoca el encendido de la LD70 en el último modo empleado y, como luego veremos, puede llegar a calentarse bastante en los más potentes.

Al estar este botón enrasado con la cara trasera de la LD70 podremos hacer tailstanding sin ningún tipo de problema, cosa que se agradece en una linterna tan potente como esta porque nos va a permitir iluminar una estancia bastante grande de forma muy homogénea al rebotar la luz en el techo. También dispone de una hendidura a cada lado para poder colocar la correa que trae donde más cómodo nos resulte, si bien no podremos acomodar ahí una anilla de llavero.

En cuanto al frontal he de reconocer que me gusta mucho: si os fijáis, consiste en una serie de círculos concéntricos generados por el propio diseño “a capas” de la linterna que rodean un bonito reflector de piel de naranja que ayuda a repartir la luz que emite el generoso LED sobre el que gira todo el diseño de este modelo y una lente lisa frontal perfectamente transparente que sella el conjunto y le da un aire muy elegante.

Cerca del botón de encendido veremos dos contactos metálicos que no son otra cosa que el lugar donde se conecta el cable-cargador magnético que viene con la linterna y que representa uno de los principales problemas que le veo a este modelo de Imalent: si perdemos ese cable tendremos un problema. Cierto es que un puerto microUSB o USB-C hace que la linterna quede más expuesta a daños por humedad si se moja porque puede entrar agua al interior, pero mediante su uso puedo cargar una linterna en casi cualquier lugar porque cables de ese tipo los tengo por todas partes.

Sin embargo, al tener un cable propietario he de cargar con él en todo momento si quiero cargar la linterna en la oficina, en el coche, con un powerbank o en un McDonald’s y si por lo que sea lo pierdo o se rompe (cosa mucho más probable al vernos obligados a llevar el cable de acá para allá todo el día) me tocará comprar uno nuevo, el cual se vende en la web de la marca por unos 7 €.

De hecho, estoy pensando en hacerme con una LD10 que cuesta unos 30 € y así ya tengo dos cables de carga, pues ambas llevan el mismo sistema magnético; aunque también he de decir que el modelo que os digo no me atrae tanto como éste empezando por un motivo muy sencillo: sólo está disponible en color negro.

No lo he comentado todavía, pero a estas alturas de la review creo que ya lo tendréis claro; y es que la batería de la linterna es interna y no reemplazable por el usuario pese a que en realidad es una 18350 de 1100 mAh (dato aportado por la propia marca en sus especificaciones del modelo) cuya carga si la hemos dejado tiritando nos llevará una hora y media. Lo bueno es que si con el tiempo la batería se acaba cortocircuitando internamente o algo así, al menos al ser una linterna con un diseño bonito el pisapapeles en el que se habrá convertido quedará chulo en el escritorio.

Otro detalle molón de la Imalent LD70 es la minúscula pantalla OLED monocromática que lleva incorporada al extremo contrario de los contactos de carga. Mediante su uso podremos saber si la linterna está bloqueada o desbloqueada, el modo en que nos encontramos y, lo más importante, la tensión de la batería en todo momento (si la linterna está apagada y desbloqueada este dato podemos consultarlo con un triple click). Del mismo modo, mientras la estamos cargando muestra el símbolo de una pila con cinco segmentos que se van rellenando. Como os digo, la pantalla es pequeña y muy discreta, pero tiene bastante utilidad.

En términos globales la linterna no tiene un tamaño excesivo y no va a suponer una molestia en el bolsillo de una chaqueta ni llevándola en la mano durante mucho tiempo. Por cierto, en cuanto a resistencia a los elementos y a los golpes, el fabricante certifica que la LD70 es IPx8 y que podría soportar caídas desde 1,5 metros.

Hablemos ahora de los modos de la linterna, pues hay bastante que contar. Y es que a diferencia de la mayoría de modelos, esta se enciende con un sólo click y para cambiar entre los cuatro modos estándar (al más potente se accede de otra manera como enseguida os contaré) hay que mantener pulsado el botón.

Para apagarla en todos los casos se hace mediante un click simple y al volver a encenderla esta lo hará en el último que la hayamos usado (a excepción de los modos Turbo y Estroboscópico).

  • Bajo: 20 lumens (15 horas)
  • Medio-Bajo: 200 lumens (3,5 horas)
  • Medio: 900 lumens (45 minutos)
  • Alto: 2000 lumens (1,5 minutos) –> 900 lumens (39 minutos)
  • *Turbo: 4000 lumens (1 minuto) –> 900 lumens (38 minutos)

Como os decía antes, el modo Turbo no está comprendido en el ciclo de modos normales, y es que la forma de acceder a él es con una doble pulsación en el botón de la linterna. Posteriormente, otra doble pulsación pasará al modo Estroboscópico, que no es más que el modo de máxima potencia pero encendiendo y apagando la linterna a una frecuencia de aproximadamente 10 Hz en lugar de mantenerla constantemente encendida. Ideal para epilépticos, vaya.

Como en muchos modelos que cuentan con modos muy potentes, estos no son utilizables continuamente; sino que cuando los activamos se inicia un contador interno que cambia a un modo inferior cuando ha pasado un tiempo estipulado. Del mismo modo, si la electrónica de la linterna detecta que está alcanzando una temperatura interna “peligrosa” bajará la potencia lumínica y no nos dejará volver a los modos superiores hasta que se enfríe algunos grados.

La luz

La luz que emite este modelo de Imalent es bastante blanca, especialmente en los modos más luminosos. También noto que es una linterna más enfocada a iluminar una zona amplia con su amplio haz que a lanzar un “tubo” de luz que puede llegar muy lejos pero que fuera de su perímetro mantendrá todo a oscuras.

El LED encargado de esto es un Cree XHP70.2 bastante novedoso y que representa un paso adelante en el mundo de las linternas, ya que es capaz de sacar mucha más luz que sus antecesores y, por tanto, lograr prestaciones de linternas grandes en un formato de bolsillo.

Para que os hagáis una idea de lo que podemos esperar de este modelo, una noche me acerqué a una arboleda cercana a mi casa para probar los modos más potentes y me fijé en que al apuntar a lo lejos no era capaz de distinguir cosas que estaban muy distantes; pero a cambio podía ver a mi alrededor con mucha claridad gracias a que el haz se abre bastante al salir de la linterna y no tenemos esa sensación de ceguera periférica que ocurre con otros modelos más orientados a alcanzar grandes distancias.

Sobre estas líneas tenéis una de las pruebas que hice. En la primera imagen tenéis lo que se veía cuando estaba allí con la linterna apagada (era ya casi totalmente de noche) y en la segunda lo que podemos llegar a vislumbrar con la linterna funcionando en modo Turbo.

Me gustaría que os fijárais en cómo la luz se reparte también hacia los lados haciendo que no sólo el camino central esté iluminado, sino también los senderos laterales que discurren entre los árboles. Seguramente en un día claro llegaríamos a ver incluso a más distancia, pero en esos momentos se estaba empezando a formar algo de niebla y eso se nota en el aspecto blanquecino de la imagen. Aun así, estimo que en esas condiciones de niebla ligera podría distinguir a alguien que viniera andando a aproximadamente 100 metros de distancia.

Como os decía, ese es el modo de 4000 lumens de la linterna, que está pensado para ser empleado durante unos instantes para ver en la lejanía con algo de detalle y luego pasar a un modo más normal. Por ejemplo, para caminar tranquilamente tenemos el modo de 200 lumens con el que veremos nuestro entorno perfectamente incluso en completa oscuridad y con el que tendremos una duración de batería más que decente; aunque si queremos más chicha podemos pasar al modo de 900 lumens que emite un porrón de luz y que podremos mantener encendido continuamente durante tres cuartos de hora.

Aprovecharé para comentar que el modo de 20 lumens se queda un poco en tierra de nadie: son demasiados para andar por la casa a oscuras (ya sabéis que para eso considero ideal un modo Moonlight de aproximadamente 1 lumen) pero pocos para caminar por el campo; aunque lo bueno que tiene es que no muestra rastro de PWM. Lo veo bien para buscar algo a oscuras en el garaje o para leer en oscuridad sin quedarnos cegatos por el reflejo de una luz potente en el papel; pero como os digo creo que como modo más bajo es demasiado intenso.

ACTUALIZACIÓN: Aprovechando una noche clara y sin ápice de niable, volví al mismo sitio para repetir la fotografía que tenéis unos párrafos más arriba, así que os la dejo a continuación.

Las sensaciones

He de reconocer que aunque de primeras no me convencía mucho el hecho de que la LD70 no tuviera ningún tipo de textura rugosa en su superficie, he de reconocer que el agarre es bastante seguro gracias a las hendiduras que posee. Si además de eso hacemos uso de la correa para la muñeca que incluye, podremos utilizar este modelo sin miedo a que se nos vaya al suelo.

Más allá de esto, lo que más me gusta de este modelo de Imalent (aparte del mogollón de luz que suponen esas ráfagas de 4000 lumens) es su pantalla OLED con la que podemos ver en todo momento qué tensión tiene la batería. De hecho me parece una buena cosa observar cómo en los modos más bajos la tensión de la batería se mantiene más o menos constante pero cuando vamos a los dos más altos el voltaje cae de golpe varias décimas de voltio que luego se recuperan en buena medida al apagar, señal de que la gran cantidad de corriente que estamos extrayendo de la batería en esos momentos la acerca a su límite de rendimiento.

También me gusta mucho su tacto en la mano: aunque el diseño es diferente al resto de linternas habituales, al sostenerla se nota que es sólida y está muy bien ensamblada. La prueba de agitarla por si se nota algún componente suelto en su interior la pasa sin problemas y por mucha fuerza con la que la aprieto no consigo percibir movimiento o crujidos entre las piezas, y eso que por su forma constructiva (tipo “rollito de primavera”) uno tiende a pensar que va a crujir o a flexar ligeramente.

Haciendo uso de sus modos más potentes, enseguida apreciaremos que la LD70 se calienta considerablemente. En los modos de 20 y 200 lumens es imperceptible y en el de 900 lumens notaremos que el cuerpo se templa pasados unos minutos; pero en los de 2000 y especialmente 4000 lumens si sostenemos la linterna aproximadamente un minuto con la mano desnuda comenzaremos a sentirnos incluso incómodos por la temperatura que alcanza la superficie metálica de la linterna.

Sé de gente que siente decepcionada con esta linterna porque los modos más potentes sólo se puedan mantener durante breves lapsos de tiempo, ya sea por la temperatura (si alcanza cierto nivel no nos dejará volver a los modos más potentes hasta que se enfríe) o porque la duración de la batería se resiente; pero es que estamos hablando de 4000 lumens en un aparato que es incluso algo más pequeño que la típica barra de pegamento Pritt.

Y claro, es que al cabo de un minuto de uso del modo más potente he llegado a medir en su superficie temperaturas que superaban los 56 grados y la batería se ha descargado casi un 20% durante ese tiempo; lo cual es perfectamente normal porque hasta que no la ves funcionar “en directo” no te haces una idea de la cantidad de luz que es capaz de emitir esta pequeña linterna.

Pero es que, insisto, esos 4000 lumens son para usar en un momento determinado y luego volver a los modos de 200 o 900 lumens, que proveen capacidad lumínica más que suficiente para los usos que podemos darle a una linterna como esta. Si os compráis un modelo de este tamaño pretendiendo iluminar constantemente a ese nivel tenéis dos opciones: esperar unos cuantos años a que la tecnología LED avance considerablente o haceros con una linterna capaz de dar picos de 20000 lumens en la que 4000 lumens será uno de los modos intermedios que podrá mantener sin problemas durante bastante tiempo; pero tened claro que ni va a abultar lo que esta ni va a costar 60 €.

Conclusión

No creo que haya ahora mismo en el mercado ningún modelo que supere a éste en relación “peso, volumen o precio / lumens máximos”. Desde luego entre las que he probado hasta el momento podría tener como rivales a la ya mencionada Olight Baton S1 o a la Nitecore TIP2; pero ambos modelos no tienen nada que hacer en cuanto a luminosidad máxima y tampoco disponen de pantalla multifunción. La que sí posee este elemento (pero todavía no ha pasado por mis manos) es la Nitecore TUP, que comparte filosofías de uso y diseño con la LD70 pero su modo turbo se queda en “sólo” 1000 lumens.

Para ponerse a la altura en capacidad de iluminación tendríamos que irnos a una Thrunite TC20 o a una Fenix E35 V3.0 aunque ambos modelos tienen un diseño más clásico y además tampoco disponen de pantalla OLED; y es que la LD70 ahora mismo es un producto único en su segmento por diseño, tamaño y prestaciones y además no me parece que tenga un precio muy disparatado, de modo que me parece un modelo muy recomendable.

Lo bueno

  • Intensidad lumínica brutal en una linterna de este tamaño (aunque sólo durante breves lapsos de tiempo)
  • Calidad de construcción robusta y precisa
  • Diseño moderno y original
  • Pantalla OLED de gran utilidad

Lo malo

  • Cargador no estándar
  • Batería no reemplazable
  • No posee modo Moonlight

Más información

Rincones: Sierra de Gredos

Hace unos días pasé un fin de semana de camping junto a mi chica en Hoyos del Espino (Ávila), un bonito lugar situado en las inmediaciones de la sierra de Gredos. Como de costumbre, llevé conmigo una cámara (en este caso la Olympus E-PL1 junto al 14-42 que trae “de serie”) y con ella capté imágenes de algunos de los rincones por los que pasamos.

Sierra de Gredos

La sierra de Gredos es un lugar para estar en contacto con la naturaleza: aguas cristalinas, silencio, aire puro… Dos días de vida campestre que disfrutamos mucho y que nos enseñó una zona de España que ninguno de los dos conocíamos.

Sierra de Gredos

Sierra de Gredos

Sierra de Gredos

Yo, que trabajo en el sector de las aguas, no podía hacer otra cosa que maravillarme ante la pureza del líquido elemento fluyendo por los arroyos montaña abajo y observar cómo los animales se acercaban a estos para beber, refrescarse o, directamente, vivir en sus inmediaciones.

Sierra de Gredos

Sierra de Gredos

Como os decía antes, además de unas fotos que intentan transmitir la belleza de estos lugares, nos quedan de esta excursión unos recuerdos fantásticos que nos animan a seguir recorriendo la geografía del país. Si tenéis ocasión de acercaros por la sierra de Gredos os aseguro que no os vais a arrepentir.

Campo y ciudad: tan cerca y tan lejos a la vez

Es cierto que en Madrid no puedo ver salir el sol por el mar y que para visitar rincones especiales me toca hacer unos cuantos kilómetros; pero con un mínimo de sensibilidad también se le puede encontrar el encanto a todo aquello que nos rodea allá donde nos encontremos.

Espigas

Además de que los campos están ahora preciosos por la llegada de la primavera y su delicada luz, me encanta el contraste existente entre los prados de tonos ocres que abundan por la zona y la ciudad de Madrid: tan cerca y tan lejos a la vez.

Campo y ciudad

Por cierto, comentar que estas dos imágenes están captadas a primera hora de la mañana con la Olympus E-PL1 y el 40-150mm que me compré hace unos meses; y viendo el resultado ya estoy deseando pasar por allí al atardecer con mi D300 y el 80-200 f/2.8 que reservo para las ocasiones especiales.

Haciendo fotos por Pozuelo del Rey y la dehesa de Torres

Hace un par de semanas estuve en Pozuelo del Rey y sus alrededores. Hubo muchos rincones del pueblo que me llamaron la atención, pero el paseo por sus calles fue breve ya que lo que andaba buscando era la dehesa de Torres situada en un lateral de la recién inaugurada carretera que pasa por la localidad madrileña objeto de mi visita.

Ya supondréis que no fui para allá sin mi cámara; y como recuerdo de aquella mini-excursión quedan las siguientes imágenes que me gustaría compartir con vosotros y que creo que transmiten lo que encontré por aquellas tierras.

Pozuelo del Rey

Pozuelo del Rey

Pozuelo del Rey

Pozuelo del Rey

Dehesa de Torres

Dehesa de Torres

Dehesa de Torres

Dehesa de Torres

Dehesa de Torres

El sosiego que se disfruta en estos lugares (que, aunque parezca mentira, los hay muy próximos a las grandes ciudades) es algo que recomiendo experimentar por un rato a todo el que ande acostumbrado a los rigores de la vida cosmopolita con su contaminación, sus atascos y sus prisas.

Probando el Nikon AF 80-200 f/2.8 en el fútbol

El pasado fin de semana estuve en el campo de fútbol Felipe de Lucas “Pipe” (que pese a lo que os comenté hace unos meses, todavía no ha desaparecido) haciendo unas fotillos con mi recién adquirido Nikon AF 80-200mm f/2.8 para probar qué tal se portaba en uno de los usos más habituales de este tipo de objetivos: las competiciones deportivas.

Día de partido

Las ventajas de un dosocho

Un teleobjetivo de apertura amplia y constante consigue dos cosas muy deseables en estos eventos: aislar los sujetos del fondo y conseguir unos tiempos de exposición breves que consigan congelar el movimiento de los jugadores. Por eso mismo las imágenes que ilustran esta entrada están todas hechas entre f/2.8 y f/3.5; ya que para disparar a f/8 directamente me hubiera llevado mi Nikon 55-200 VR que hubiera aligerado considerablemente mi mochila esa mañana.

Día de partido

Día de partido

Velocidad de enfoque

La velocidad de enfoque, al menos en mi D300, es más alta de lo que me había imaginado. Siempre leí que por ser un objetivo de tipo AF, no era capaz de seguir a elementos que se movieran con rapidez, pero cuando estaba empleando el modo de seguimiento continuo me di cuenta de que el foco no se perdía pese a que los jugadores no paraban de moverse de lado a lado del campo.

Día de partido

Sacando el máximo partido al objetivo

A nivel óptico os puedo decir que en caso de tener luz de sobra es mejor disparar cerrando ligeramente el diafragma antes que hacerlo a plena apertura. Aunque las imágenes a f/2.8 son perfectamente utilizables, a dicha apertura los bordes de las zonas más brillantes presentan un cierto halo brillante que, si bien podemos eliminar en postproceso, hará que disminuya un poco el contraste general de la imagen.

Día de partido

Día de partido

Del mismo modo, con la apertura más amplia la profundidad de campo es tan pequeña que a nada que el sujeto varíe su distancia hasta nosotros se notará un ligero desenfoque. Por ese motivo es por lo que os comento que es recomendable cerrar ligeramente el diafragma si necesitamos asegurar el disparo y obtener la máxima nitidez.

Pero que nadie piense que las imágenes a f/2.8 son inutilizables, pues apenas distinguiremos defectos en las mismas a no ser que las veamos a escala 1:1. Podemos recurrir a la máxima apertura siempre que lo necesitemos ya sea por falta de luz o por capacidad de desenfoque; pero si queremos sacar lo mejor de esta óptica debemos de emplear diafragmas ligeramente más cerrados (f/3.5 representa un paso menos con respecto a f/2.8) que nos proporcionarán una nitidez increíble.

Día de partido

Día de partido

Día de partido

Ya sabéis lo importante que es conocer bien nuestro equipo fotográfico para sacarle el máximo partido; y yo todavía estoy en ese proceso con mi D300 y este 80-200 f/2.8 con el que he capturado las imágenes que ilustran esta entrada. Supongo que con el paso del tiempo iré sacándole más partido; pero de momento estoy muy contento con los desenfoques que permite y la nitidez general de las escenas fotografiadas a través de él.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Excursión fotográfica a Villar del Olmo

Hoy salí de casa a las ocho de la mañana rumbo a Villar del Olmo (enlace a Google Maps) con mi cámara en el maletero y la idea de pasar unas horas haciendo fotos por allí.

Es algo que tenía planeado desde hace ya unos días, porque cuando atravesé el pueblo camino de la cercana localidad de Ambite enseguida me propuse hacer una excursión en la que pudiera retratar con calma algunos rincones de este lugar así como los campos que hay por sus alrededores.

Un rincón de Villar del Olmo

La paliza ha sido grande porque al final he vuelto a casa prácticamente a la hora de comer; y aunque ahora estoy cansado, con alguna que otra picadura de mosquito y los pies algo doloridos de caminar entre pedregales, reconozco que la experiencia de visitar un pueblo en el que se respira tranquilidad por todos sus rincones bien merece la pena.

Villar del Olmo

Mi idea era dividir la mañana en dos partes: visitar las calles del pueblo a primera hora para aprovechar la luz tan buena que hay a esas horas y ya un poco más tarde dirigirme a los montes que hay en los alrededores para poder hacer algunas fotografías de paisaje desde las alturas.

Así lo hice, de modo que las calles de Villar del Olmo fueron las primeras en verme. Unas calles en las que ni había nadie ni se escuchaba un sólo ruido a las nueve de la mañana y que me sorprendieron por la cantidad de toques de color (flores, remates en las fachadas, toldos…) que hay repartidos por todo el pueblo. También me pareció especialmente bonita la plaza del ayuntamiento, donde todo está limpio y cuidado.

Entre los detalles que llamaron mi atención, tal vez el más curioso sea el modo en que han pintado los marcos de la puerta y una de las ventanas en cierta vivienda, ya que nada más verla imaginé que ahí deben de vivir dos personas muy futboleras: una del Atlético de Madrid y la otra del F.C. Barcelona. No sé si tendré razón, pero os aseguro es una casa que llamará la atención de todo el que pase por delante.

Pero bueno, como siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras y ya os he aburrido bastante os dejo a continuación con las fotografías que tomé en las calles de Villar del Olmo para hablar después de la segunda parte de la excursión:

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Los alrededores del pueblo

Una vez recorridos muchos rincones del pueblo, a eso de las once me dirigí hacia los campos que lo rodean con idea de retratar desde alguna zona más o menos alta los paisajes del valle en el que está situado Villar del Olmo. Ahí es donde pasé calor de verdad, porque si bien en las calles se estaba bastante fresco, una vez que me metí entre viñedos, campos de patatas y senderos pedregosos empecé a sentir el peso del sol dándome de lleno en la espalda (y el de mi equipo fotográfico cuando el camino se empinaba).

Aun así disfruté mucho la subida al monte, trayendo de regreso a mi mente sensaciones e incluso olores (tengo una memoria olfativa prodigiosa) de las excursiones que hacía en Oropesa del Mar hace años al monte Bobalar y sus alrededores para poder disfrutar de las vistas de mi localidad de vacaciones. Parece mentira que con sólo dar un simple paseo por el campo uno pueda sentir tantas cosas agradables, pero por desgracia esto es algo que cuando se está acostumbrado al modo de vida en la ciudad se puede llegar a olvidar.

Al igual que antes, os dejo con unas imágenes que os contarán mejor que yo lo que vi por aquellos lugares:

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

Un rincón de Villar del Olmo

De regreso a Alcalá

Y así terminó la mañana en Villar del Olmo. La hora de comer se acercaba y mi coche me estaba esperando junto a la carretera. Ya sólo me quedaba llegar hasta él, acomodarme detrás del volante y conducir hasta Alcalá después poco más de media hora de carreteras sinuosas.

Un rincón de Villar del Olmo

Como os decía al principio, llegué a casa bastante cansado pero contento por haber visitado un rincón de nuestra geografía que me llamaba bastante la atención desde hace tiempo. Ah, y no será la última excursión de este tipo; eso seguro… 😉

Volando una Cessna RC cerca de Camarma

Hace unos días Joe y yo compramos un nuevo avión después de las buenas sensaciones obtenidas con el Falcon RC del que os hablé hace un tiempo. En esta ocasión se trata de la replica de una avioneta Cessna que vuela mediante un motor eléctrico colocado en su parte frontal y un sistema de servomotores que modifican la inclinación del timón de cola tanto en vertical como en horizontal y le permiten moverse en el aire con bastante soltura.

Volando aviones cerca de Camarma

El K-10 de la compañía "Joe & Bob Airlines"

Para estrenarlo nos acercamos a una zona de campo situada entre Alcalá de Henares y Camarma de Esteruelas en la que no había rastro de civilización en kilómetros a la redonda, de tal modo que podíamos hacer el indio todo lo que quisiéramos poniendo en peligro tan sólo nuestra propia integridad física (sobre todo después de ver como la última vez que volamos un avión mi cabeza corrió bastante peligro). Por cierto, en esta ocasión se unió mi hermano para hacer de “apoyo logístico” y comprobar en primera persona de qué va esto del aeromodelismo.

Volando aviones cerca de Camarma

Las cuatro torres de Madrid se ven casi desde cualquier sitio

Volando aviones cerca de Camarma

En aquella meseta del fondo se encuentra Santos de la Humosa

Por desgracia la experiencia de los primeros vuelos duró bastante poco porque en uno de los primeros aterrizajes se dañó la reductora del motor, lo que provocó que la hélice se quedara sin potencia. Se trata de un engranaje que cuesta poco más de un euro, pero como no tuvimos la precaución de comprar un par de ellos de recambio junto con el avión (y ese día era domingo) a las primeras de cambio nos vimos en medio de un inmenso trigal con la avioneta “fuera de servicio”. Ah, os comento a modo de curiosidad que durante los intentos de reparación del avión fue cuando hice la fotografía de las espigas que salió en El Tiempo de TVE.

Volando aviones cerca de Camarma

El K-10 en plena revisión mecánica

Volando aviones cerca de Camarma

¡Luis a los mandos y a punto de despegar!

De todos modos, aun con nuestra poca previsión con el tema de recambios, el nuevo avión promete bastante ya que gracias al timón de cola se mueve con una agilidad pasmosa en el aire. De todos modos, también es cierto que es bastante más complicado de controlar que el anterior, así que nos tocará practicar todo lo posible en los pocos ratos que podamos sacar durante las próximas semanas para “ir a volar”. A ver si la próxima vez os puedo ofrecer algún vídeo; porque de momento os tendréis que conformar con las fotografías que ilustran este artículo…

Volando aviones cerca de Camarma

Los colores del campo a media tarde

Volando aviones cerca de Camarma

Primer vuelo del K-10

Volando aviones cerca de Camarma

Mi hermano entre los trigales

Volando aviones cerca de Camarma

Derrotados y cabizbajos emprendemos el largo camino de regreso a casa...

¡Espero que hayáis disfrutado del viaje! 😉

¡Ha salido una foto mía en El Tiempo de TVE!

Si veis habitualmente El Tiempo de TVE después del Telediario, ya sabréis que en los últimos instantes de dicho espacio se suelen emitir algunas imágenes tomadas por los espectadores. Pues bien, ayer me animé a mandarles una fotografía realizada el domingo por la tarde en las inmediaciones de Alcalá de Henares y hoy me he llevado una gran sorpresa cuando Joe me llamó por teléfono diciéndome que había visto una foto mía por televisión.

Volando aviones cerca de Camarma

Poco después miré el correo y vi que un par de personas me habían comentado también el tema por email así como en un comentario de la propia imagen en Flickr (muchas gracias por el detalle a todos/as), pero como desgraciadamente no pude ver la aparición de la imagen “en directo” porque a esas horas estaba trabajando, he hecho un par de capturas del vídeo disponible en la web de RTVE para mostraros aquí lo que se pudo ver en pantalla a eso de las cuatro de la tarde.

La fotografía fue la última de las tres que aparecieron en los instantes finales del programa, de modo que (como podéis ver en la segunda captura) la presentadora despidió el espacio empleando como fondo esas mismas espigas. Algo que me resultó curioso y emotivo al mismo tiempo.

Bueno, a ver si poco a poco me voy animando y les mando alguna que otra foto porque esta primera experiencia ha sido todo un éxito. Por cierto, ¿les habrá sonado de algo mi nombre a los encargados de seleccionar la imagen en Televisión Española? 😀

Volando aviones con Joe

Hacía tiempo (bastante, además) que no me lo pasaba tan bien cómo esta tarde. Ahora mismo me duelen los pies de correr entre pedregales, tengo un corte en un dedo de la mano derecha que me escuece bastante y he pasado más calor que si hubiera estado una semana en el Sahara; pero he de reconocer que lo que ahora os voy a contar ha merecido la pena y ha sido toda una experiencia.

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

Todo comenzó ayer, cuando Joe me llamó por teléfono a primera hora de la tarde para proponerme comprar un avión de aeromodelismo a medias y así comprobar qué tal se nos daba el tema. El caso es que me pareció una idea bastante buena, de modo que nos acercamos a una tienda especializada en estas cosas y salimos de allí con un modelo muy sencillo impulsado por un par de motores eléctricos y, se supone, bastante sencillo de manejar. Por cierto, hemos decido bautizarlo con el nombre de Diploya.

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

De vuelta a casa de Joe lo montamos en poco menos de una hora y dejamos las baterías cargando, lo que nos obligó a postergar al día de hoy el estreno del avión. Y claro, con lo deseosos que estábamos los dos de probar qué tal iba “nuestro nuevo juguete” nada más terminar de comer pusimos rumbo al Cerro del Viso con el avión en el maletero y un montón de dudas e hipótesis sobre su manejo.

En teoría teníamos muy claro lo que había que hacer para que el avión despegara, volara y aterrizara; pero pronto comprobaríamos que sobre el terreno las cosas no iban a ser tan sencillas.

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

El caso es que tras unos vuelos de prueba sin motores para ver si las alas y demás elementos aerodinámicos estaban más o menos equilibrados, comenzamos a degustar ese extraño sabor de controlar un aparato en el aire. Los vuelos iniciales fueron básicamente dando tumbos de un lado a otro, pero poco a poco parece que le fuimos cogiendo el truco de tal forma que al final logramos trazadas cada vez más elaboradas y acrobacias dignas de la patrulla águila (bueno, puede que esté exagerando un poco  xD ).

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

A las puertas de la primavera

Después de un invierno en el que no ha parado de llover, la naturaleza empieza a mostrar ahora su cara más hermosa. Y no sólo porque el sol haga acto de presencia cada vez durante más horas bañándolo todo de luz y calor; sino porque los tonos que han adquirido en apenas unos días los paisajes que rodean Alcalá hacen presagiar que la primavera está a punto de aparecer y que lo hará con una fuerza inusitada.

Ponerle puertas al campo

Indicios de primavera II

Henares

Indicios de primavera I

Indicios de primavera III

Campos cerca de Nueva Alcalá

Hay algo de Alcalá de Henares que fascina a los que vivimos allí, y es que si estás en pleno centro de la ciudad y te pones a caminar, no tardarás en llegar a algún punto en el que estarás rodeado de naturaleza.

Sin ir más lejos, bordeando los barrios de Tabla Pintora y Nueva Alcalá discurre un paseo de cemento rojo paralelo al río que desemboca en unos campos por los que a cualquier del día uno se puede dar una vuelta sin escuchar el ruido del tráfico ni el bullicio de la ciudad.

Alcalá es una ciudad de doscientos mil habitantes en la que el asfalto y la naturaleza conviven armoniosamente. Y para dar buena cuenta de ello os ofrezco la siguiente serie de fotografías tomadas hace un par de meses en los campos que hay junto a la ribera del Henares a su paso por Nueva Alcalá.

Nueva alcalá desde el río Henares

Campos por los que no ha pasado el tiempo

Campo, cielo y nubes (I)

Campo, cielo y nubes (II)

Campo, cielo y nubes (III)

El balancín de la libélula

Caminando el otro día por el campo un insecto captó mi atención: era una minúscula libélula que parecía estar dibujada en el aire porque el rápido batir de sus alas escapaba a mi percepción. Iba probando el olor de todas las flores sin aparente orden ni sentido, pero no parecía contenta con ninguna hasta que se aferró con fuerza a una espiga mecida por el viento.

Allí, con un suave vaivén, la libélula se sintió feliz por unos instantes. Feliz como un niño subido en uno de esos columpios que apenas son un neumático y un par de cadenas atadas a un tronco. Feliz como un ejecutivo que explota una hoja de burbujas de plástico. Feliz como un perro que juega con un calcetín viejo… A veces, alcanzar la felicidad por un rato es más simple de lo que parece; y si no, que se lo digan a aquella libélula en su improvisado balancín.

El balancín de la libélula

* Enlace directo a la versión de la foto a su máxima resolución.

Reemplazado el vídeo sobre los estabilizadores ópticos

¿Recordáis aquella entrada en la que os puse un vídeo que mostraba la diferencia entre emplear o no el estabilizador óptico en una videocámara?

Pues bien, el otro día me acerqué a una gran extensión de campo que hay a las afueras de Alcalá y volví a grabar dicho vídeo en un entorno bastante más natural que el asfalto de la ciudad. Lo peor es que soplaba bastante viento y debido a ello el sonido no se escucha muy bien en los primeros compases del vídeo; pero la verdad es que a mí en general me gusta más que el otro que grabé.

¡Os dejo con el nuevo vídeo!

La casa del loco

Todos los alcalaínos que ahora tenemos entre veinte y treinta años y hemos pasado nuestra infancia en el barrio de Nueva Alcalá tenemos claro cuál es el lugar más tenebroso de la ciudad: la casa del loco. Un lugar ahora en ruinas y lleno de graffitis cuyo interior albergaba secretos que sólo los más valientes se atrevieron a descubrir en los joviales tiempos del colegio, pues la mayoría de nosotros habíamos escuchado historias tan terroríficas sobre ese lugar que jamás nos atrevimos a poner un pie ni siquiera en sus inmediaciones.

La casa del loco (II)

Lo que se conoce en Alcalá de Henares como “la casa del loco” no es más que un viejo caserón en las inmediaciones de Nueva Alcalá (concretamente frente al túnel que da entrada al parque de La Chopera) que desde hace muchos años está completamente abandonado y semiderruido tal y como muestra Google Maps. Si os fijáis en las fotos que ilustran esta entrada, las paredes están llenas de grandes agujeros y plagadas de graffitis; tampoco hay tejado bajo el que guarecerse en ese lugar que, por lo tanto, es poco más que un montón de piedras dejadas de la mano de Dios en medio de un campo de cultivo sin utilidad alguna hoy en día, pues la hierba crece a sus anchas sin nadie que cuide de esos terrenos junto al río.

El lugar, visto fríamente no es capaz de infundir ningún temor a nadie; y menos aún viendo la alegre y multicolor capa de pintura que cubre con enormes letras los muros del lugar. Sin embargo, todavía no he olvidado las historias que se contaban en el colegio sobre ese sitio: que si en ella vivía un psicópata, que si estaba lleno de drogadictos, que si había perros rabiosos, que si habían desaparecido no se cuántos niños en su interior… Y aunque todo aquello no era más que el producto de la calenturienta mente de los niños de la EGB, la primera de esas leyendas era la que daba su denominación al lugar, y aunque hay que reconocer que estaba muy exagerada, sí que era la única que poseía una cierta veracidad.

La casa del loco (I)

Muchos años después de haber dejado atrás la época del colegio me enteré de que en aquel oscuro lugar malvivía un hombre al que siempre veía rebuscar por los cubos de basura del barrio. Aquel tipo no hablaba; sólo extendía la mano para pedir unas monedas y emitía aullidos cada vez que alguien le decía cualquier cosa, sacando a continuación del carro que siempre le acompañaba una barra de metal que agitaba en el aire a modo de contundente amenaza.

Esa persona era Cipriano; más conocido como “El Cipri” por los chavales del barrio. Él era el que daba su nombre a aquel lugar misterioso; él era “el loco”. Pero la historia de Cipriano no tiene que ver con crímenes, rituales demoníacos ni nada que se le parezca. Cipriano sólo buscaba cobijo en aquella casa y quería que le dejaran vivir en paz; que no se metieran con él. De hecho, lo que no mucha gente sabe es que “El Cipri” tenía un montón de dinero en el banco y que era una persona como otra cualquiera hasta que  una enfermedad mental le hizo lanzarse a la calle para llevar una vida vagabunda llena de miseria y suciedad.

La casa del loco (III)

Sé del pasado de Cipriano de buena tinta porque da la casualidad de que el padre de un buen amigo mío lleva toda la vida viviendo aquí y le conocía cuando era una vecino como otro cualquiera. De hecho, hay una anécdota muy buena sobre esto en la que un conocido de esta persona que os digo hace muchos años vio a Cipriano y sintiendo pena por él le dio 100 pesetas al ver su mano extendida. Cuando unos segundos después el padre de mi amigo le dijo que ese tío seguramente tenía más dinero que él en el banco, éste se indignó y se pensó un par de veces volver calle arriba para pedirle sus veinte duros a Cipri; y aunque finalmente lo dejó correr, tardó un buen rato en cambiar el gesto de sorpresa que se le quedó en la cara ante aquella sorprendente revelación.

En la casa del loco no se cocinaban niños, no era una puerta al infierno y tampoco salían zombies a medianoche por debajo del puente que da acceso al lugar. En aquel edificio en ruinas sólo había un pobre hombre que sobrevivía a costa de lo que encontraba en los cubos de basura y que un buen día desapareció sin dejar rastro. No sé qué habrá sido de Cipriano, pero sin él la casa del loco ya no merece seguir llevando ese nombre, pues él se lo dio y él se lo llevó junto a todas las cosas que siempre guardaba en aquel carro chirriante.

She's coming home

Actualización 29/03/2009: Añado algunas fotografías nuevas del lugar (estas un poco más “tétricas” por estar el día bastante nublado).

La casa del loco (V)

La casa del loco (IV)

La casa del loco (VII)

La casa del loco (VI)

Recorrido fotográfico: Castillo de Aldovea – Torres de la Alameda – Alcalá

Ya sabía yo que la excursión que os anunciaba anteayer comenzaría en la puerta de mi casa pero sin un destino prefijado. Al final, para aprovechar la mañana, salí de Alcalá a las 9 de la mañana y, por sorpresa, se incorporó mi hermano al “viaje”. Vamos a repasar el itinerario con las fotos de cada sitio:

Castillo de Aldovea

Nuestro primer destino fue el Castillo de Aldovea; pero lejos de disfrutar de la contemplación de un edificio singular, nos encontramos un recinto cerrado y amurallado en el que se celebran banquetes de bodas y comuniones y al que no se podía acceder de ninguna manera. Viendo que desde fuera lo único que se divisaban eran unas tapias y la parte superior de un torreón optamos por asomarnos a un mirador a pocos metros del lugar y hacer desde allí alguna fotografía del paisaje.

Vistas junto al castillo de Aldovea

Vistas campestres junto al castillo de Aldovea. Por allí delante discurre el río henares

Torres de la Alameda

Puesto que apenas estuvimos unos minutos en las inmediaciones del castillo de Aldovea, decidimos aprovechar la excursión para acercarnos a Torres de la Alameda, así que tras quince kilómetros de carretera nos plantamos en este pueblo conocido en la región por el pan que aquí se fabrica. En pocas palabras, me gustó mucho la iglesia y la plaza del sol, pero el resto de las calles antiguas carecían del encanto de otros lugares.

Torres de la Alameda

Vista general de Torres de la Alameda con su iglesia en el centro del pueblo

La plaza del Sol (plaza del ayuntamiento) en Torres de la Alameda

La Plaza del Sol (bien bautizada; había una luminosidad brutal)

Sombras en la iglesia de Torres de la Alameda

Sombras en el pórtico de la iglesia

Un instante de descanso

Mi hermano descansando un rato al sol

Alcalá de Henares (facultad de filosofía e historia)

Todavía era pronto cuando regresamos a Alcalá así que, aunque mi hermano subió a casa, yo me veía todavía con ganas de hacer más fotos, y para ello me encaminé hacia la facultad de filosofía e historia (uno de mis edificios favoritos de la universidad de Alcalá) aprovechando que estaría prácticamente desierta porque sus alumnos decidieron “hacer puente”.

Jardín

El bonito jardín de la facultad

Planta baja

Un soleado pasillo de la planta baja

Cristalera del patio interior

La cristalera que muestra uno de los patios interiores de la facultad

Simetría

Las escaleras que dan acceso a la planta superior

El plan de Bolonia

Manifestaciones contra el plan de Bolonia

Pasillo planta superior

Un solitario pasillo de la planta superior

Sol y sombra

Oculto entre las sombras

Geometría

Lámparas en formación

En fin, esto es lo que dio de si la mañana. La verdad es que aunque lo del castillo supuso una decepción, en general tanto mi hermano como yo mismo nos lo pasamos muy bien. De hecho ya estamos pensando cuándo sacar un par de horas para acercarnos a Santos de la Humosa y disfrutar de sus magníficas vistas. Ya os contaré  😉