Rincones: la vía verde entre Benicassim y Oropesa del Mar

Aunque ya hablé sobre la vía verde en una entrada de hace un par de años, para los que no sepáis de qué estoy hablando os diré que se trata de un itinerario de unos seis kilómetros que comunica las localidades castellonenses de Oropesa del Mar y Benicassim y que discurre por el antiguo trazado de la vía del tren que seguía la línea natural de la costa.

Este recorrido goza de gran popularidad entre gentes de todo tipo de uno y otro municipio, así que aprovechando unos de mis habituales paseos en bicicleta por allí, el pasado fin de semana me llevé mi Olympus E-PL1 y me dispuse a mostraros de una forma gráfica los paisajes que podréis ver en diferentes puntos del recorrido.

Indicaros nada más que las imágenes están tomadas secuencialmente comenzando el recorrido en Benicassim y terminando en Oropesa. Si habéis pasado por la vía verde en alguna ocasión os sonarán la mayoría de los paisajes que aquí os muestro; y si no es así al menos espero que disfrutéis de las fotografías.

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

Los paisajes de la vía verde Oropesa - Benicassim

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Caminar con las manos

Qué distinto veríamos el mundo si camináramos con las manos, ¿verdad?

Cabeza abajo

Ya sabéis que a veces no puedo evitar ver las cosas desde otro punto de vista…  😉

Recuperando la forma física perdida

Puesto que en los últimos meses he estado físicamente muy inactivo preparando los últimos exámenes de la universidad y el proyecto de fin de carrera al llegar aquí noté que mi forma física había decaído preocupantemente. No es que hubiera cogido kilos (cosa que no me vendría mal) pero sí que notaba que me agotaba bastante al hacer ciertos esfuerzos que en años anteriores no me suponían ningún problema.

De hecho lo primero que me llamó la atención nada más llegar aquí hace un mes es que al subir la cuesta que lleva a la Torre del Rey me costaba incluso coger aire para recuperar oxígeno. No era normal, porque esta localidad está llena de cuestas y estoy muy acostumbrado a pegarme tremendas palizas sin demasiadas consecuencias físicas. Sin embargo había subido una cuesta de no más de 150 metros y me notaba bastante cansado.

Oropesa, lugar de cuestas

Oropesa del Mar; el pueblo de las mil cuestas.

Del mismo modo, los primeros días que bajé a la playa sentía que me agotaba bastante en el agua al nadar. Salía a la orilla y todavía notaba la respiración agitada, cosa que en el pasado no me ocurría, de modo que decidí ponerme las pilas y aprovechar estos días para hacer más ejercicio y ponerme un poco “en forma”.

Comencé a bajar a caminar con paso rápido por las mañanas después de desayunar, antes de comer y también antes de cenar sin más compañía que mi música. Los primeros días relajadamente, y ya al final a ritmo rápido para exigirme un plus de esfuerzo. El caso es que enseguida comencé a notar los resultados y mi respiración volvió a ir con la cadencia lenta que siempre he tenido a la hora de hacer ejercicio.

Puesto que siempre he sido una persona muy activa mi ritmo cardíaco es relativamente bajo, por lo que las grandes caminatas no me agotaban demasiado; de ahí que me llamara la atención ese cansancio casi inmediato a la hora de caminar por cuestas. Por suerte, gracias a estos días de paseos a casi todas horas vuelvo a tener las sensaciones habituales y me hace ver una vez más que la vida sedentaria es de lo peor que uno se puede regalar. Un poco de ejercicio de vez en cuando es algo de lo más recomendable.

¡Publico esto y me bajo a dar una vuelta! 😛

Recorriendo la orilla con precisión suiza

Si durante estos días pasas por la orilla de la Playa de la Concha en Oropesa del Mar a eso de las doce y media de la mañana seguramente verás a un tío que mira al horizonte con unos auriculares puestos.

Ese tipo soy yo y lo que os cuento vengo haciéndolo desde hace ya muchos años. Además de que ese rato lo considero uno de mis momentos felices del día, es cuando aprovecho para ponerme moreno, relajarme un rato sin pensar en nada, escuchar música y además coger ideas para escribir algo después.

Mientras permanezco estático en la orilla me gusta observar a la gente que pasea despreocupada por allí. Algunas personas lucen grandes gafas de sol, otras muestran el mundo sus tatuajes o algún que otro piercing en los más recónditos lugares de sus cuerpos… Observo también la disparidad de colores de ojos que existen, porque aunque existen ojos azules, marrones, verdes y negros en realidad hay una infinidad de tonos intermedios y mezclas entre ellos.

Hamacas

Lo que más me llama la atención es la absoluta precisión de ciertos “caminantes” que, después de unos pocos días, ya considero como típicos en este reducido entorno: por ejemplo hay una chica con rastas que pasa todos los días a la misma hora en dirección a la pequeña cala que existe después de la playa. También me llama la atención un hombre que cojea ostensiblemente y que también aparece puntual como un reloj; siendo lo que más me llama la atención de él la permanente sonrisa que lleva puesta y lo amable que es con la gente que se cruza.

Hay también un par de chicas que desde cierta hora de la mañana se dedican a pasear por la orilla de extremo a extremo de la playa y que tardan doce minutos exactos en hacer el recorrido al completo. Un día miré el reloj cuando pasaron y dio la casualidad de que en el siguiente cruce volví a consultar la hora, quedándose en mi cabeza el dato de los doce minutos. Cuando al día siguiente las volví a ver pasar, pensé si tardarían lo mismo y me volví a fijar en la hora, comprobando que efectivamente variaban pocos segundos con respecto a su anterior marca.

Como os decía al principio, siempre me ha gustado quedarme quieto y observar el movimiento que me rodea, porque la vida es perspectiva y al caminar rápido muchas veces la perdemos. Benditos sean esos momentos de inspiración…