Controlando la exposición en el modo manual de una cámara réflex

Cuando uno le pone la mano encima a una cámara digital por primera vez tiende a emplear el modo automático de la misma (ese icono verde que representa a una cámara) para “no complicarse la vida”. Sin embargo, haciendo esto estamos dejando que sea la electrónica la que tome todas las decisiones por nosotros, mermando en buena medida nuestra creatividad y, sobre todo, nuestra capacidad de aprendizaje, que es algo muy gratificante en fotografía.

En el caso de una compacta puede estar justificado en una situación en la que queramos sacar fotografías de grupo y que todas queden más o menos aceptables (aunque no me explico porque en lugares oscuros tiende a saltar el flash aunque el motivo principal esté enfocado a 200 metros de distancia), pero en el caso de hacernos con una réflex es una verdadera pena que no exprimamos todas sus posibilidades (y no me imagino una réflex en medio de una discoteca o tirada en la toalla de la playa; que queréis que os diga).

De todos modos, no os asustéis: no me voy a meter hoy en muchos tecnicismos; sólo pretendo demostraros lo sencillo que es controlar la exposición de una fotografía empleando el modo manual de una cámara réflex. Sí, ese modo del que mucha gente huye porque cree que es algo sólo apto para fotógrafos profesionales; pero al que en realidad se coge el truco en 5 minutos y ofrece unos resultados fantásticos así como la sensación de que somos nosotros los que controlamos la cámara y no al revés.

El exposímetro

El exposímetro (dispositivo medidor de la luz de la escena que vamos a fotografiar) es una “aguja” integrada en el visor de la cámara que se mueve de un lado a otro según la cantidad de luz que está entrando al objetivo y los parámetros de apertura, ISO y velocidad que tengamos seleccionados.

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Os comento antes de continuar que todo esto está basado en el manejo de mi Nikon D40 y con el método de medición de luz matricial pero lo que os voy a comentar hoy es aplicable a cualquier cámara digital. De hecho, en mis compactas no aparecía esa “aguja” como tal, pero sí unos dígitos que tomaban valores positivos o negativos en función de la luz y que, al fin y al cabo, realizaban la misma función.

Los modos de medición

Aprovecho para contaros algo acerca de los modos de medición. Esto no influye para nada en lo que os quiero explicar hoy, pero me apetecía comentároslo como “culturilla general”; y es que en general las cámaras tienen tres modos de medir la luz de la escena:

Por un lado está la matricial, que es la que más se suele emplear porque hace bien su trabajo en la mayoría de las ocasiones. En este caso se mide la intensidad luminosa de toda la escena y se calcula la exposición en base a esto. Como os digo, esto va a funcionar muy bien a no ser que estemos ante una situación compleja de fotografiar (un contraluz muy acusado, por ejemplo). En estos casos, puede que la exposición quede algo descompensada y tengamos que ajustarla mediante la compensación de la exposición (un tema que veremos más adelante).

El modo de medición ponderada al centro da prioridad a la zona central de la imagen (aproximadamente un 20% o un 25% del total del área del sensor). Por lo tanto, en el caso de tener zonas oscuras y claras en una misma imagen dependiendo dónde apuntemos la cámara en el momento de medir esa será la zona que aparezca correctamente expuesta en la imagen final (sobreexponiendo o subexponiendo las de diferente iluminación).

Por último tenemos la medición puntual, que es igual que la ponderada al centro, pero en este caso tomando como referencia una minúscula zona en el centro de la imagen (sobre el 2 ó 3% del total). Será útil para casos en los que tengamos que afinar la exposición al máximo en entornos con cambios de iluminación muy bruscos en zonas muy pequeñas. La verdad es que lo he debido emplear apenas en un par de ocasiones, ya que para la gran mayoría de mis imágenes la medición matricial hace su labor estupendamente.

Los tres modos de controlar la exposición

Pues bien, para conseguir una imagen con una iluminación equilibrada hemos de tratar de mantener esa aguja en el centro. En el caso de que haya un exceso de luz (y por lo tanto la fotografía vaya a quedar demasiado brillante) la aguja se irá hacia la izquierda, donde hay un signo ‘+’. En el caso de que la iluminación sea escasa la aguja se desplazará hacia la derecha, donde podemos ver un signo ‘-‘. En la imagen que tenéis a continuación podéis ver lo que aparecería en la pantalla de la cámara (y por tanto también en el visor) en el caso de que una escena estuviera poco iluminada.

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Pues bien, vamos a realizar una fotografía de paisaje y nos encontramos con que hay demasiada luz (la aguja está desplazada hacia la izquierda) así que podemos hacer tres cosas para equilibrar el exposímetro y que la toma quede perfecta:

· Aumentar la velocidad de disparo de tal modo que la luz llegue durante menos tiempo al sensor. Eso se realiza girando la rueda de control hacia la derecha (en sentido contrario al desplazamiento de la aguja del exposímetro; de lo que se trata es de oponerse a su desviación).

· Cerrar más el diafragma para que entre menos luz por el objetivo. Eso se consigue pulsando el botón correspondiente junto al disparador y girando la rueda de control también hacia la derecha. A medida que vamos avanzando posiciones veremos cómo el exposímetro se va centrando hasta que se posiciona en su punto central.

· Bajar la sensibilidad ISO. Esto disminuye la sensibilidad de la cámara, pero no siempre va a ser posible llevar esto a cabo, pues a veces estaremos en la ISO más baja posible (algo que para mí gusto es lo más recomendable en condiciones de mucha luz) y sólo nos será posible “jugar” con la velocidad y la apertura.

Resumiendo

Lo más recomendable para ajustar la exposición de una fotografía es jugar con la velocidad de disparo (cuanto más rápida más oscura será la fotografía) y con la apertura del diafragma (cuanto más cerrado menos luz entrará por el objetivo) teniendo en cuenta los efectos que esto tendrá en la imagen final en cuando a profundidad de campo y movimiento de los objetos.

En ambos casos, el control de estos dos parámetros fundamentales se realiza en una cámara réflex girando la rueda de control de la cámara; ya sea hacia la derecha para oscurecer la imagen o hacia la izquierda para aclararla. En las cámaras compactas, la rueda de control suele ser sustituida por un par de botones, pero el principio de funcionamiento es más o menos el mismo. Así de sencillo.

A partir de estos conocimientos básicos ya todo es cuestión de practicar y practicar; pero eso es algo que ya depende sólo de vosotros. Yo lo único que pretendía es quitaros el “miedo” a emplear el modo manual de la cámara, pues no es tan fiero el león como lo pintan.

Bueno, y ahora que ya conocéis la teoría, os dejo con un vídeo que grabé hace unos días en el que os comento todo esto. Veréis que hay un corte un poco extraño hacia la mitad, pero es que se me olvidó comentar un detalle importante y por no repetir todo el proceso de grabación lo introduje posteriormente. Espero que sea un buen complemento a la explicación de esta entrada y que con su apoyo os quede claro todo este tema.

¡Un saludo!

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Mi Canon A75 ha pasado a mejor vida

Ayer fui a sacar de su funda la Canon Powershot A75 con la que hice más de 10000 fotografías en mis primeras andaduras un poco en serio con la fotografía digital y me encontré con que había dejado de funcionar. Hacía ya unos meses que le había dado esa cámara a mis padres porque desde que compré aquella Konica Minolta Dimage Z2 no utilizaba la A75 habitualmente (y ahora con el tándem Nikon D40 + Sony DSC P200 menos todavía) y sé que la han llevado en multitud de ocasiones sin ningún problema y haciendo unas fotos de mucha mejor calidad que la cutre-cámara que tenían antes.

Sin embargo, de buenas a primeras y sin previo aviso, la cámara ha dejado de funcionar y no consigo devolverle la salud de ninguna de las maneras, pues la avería tiene pinta de fallo interno del sensor o algún componente asociado, porque si intentas hacer cualquier fotografía sólo se ve un patrón de rayas moradas y la cámara no es capaz de calcular la exposición ni la distancia de enfoque. Como prueba aquí tenéis el resultado de intentar fotografiar una ventana de la terraza a pleno sol:

La última foto

La verdad es que me da pena que se haya estropeado, pues con esa cámara aprendí un montón de conceptos sobre fotografía que me han venido muy bien e hice algunas fotos muy chulas en aquellos años. Con la A75 aprendí a emplear el modo manual, la influencia de la apertura sobre la profundidad de campo, comprobé lo útil que es emplear el flash de relleno para retratos a plena luz del día, comencé a hacer fotografías nocturnas… con ella pasé un montón de ratos divertidos sólo o en compañía de mi amigo Joe, así que la guardaré con cariño en algún sitio de mi habitación.

De cualquier modo, como “homenaje” a ella me gustaría compartir con vosotros la que tal vez es la imagen que más satisfacción me produjo cuando la vi en el monitor al regresar a casa después de un viaje a Galicia. Me gustó su colorido y la soledad del lugar que intenta transmitir. Seguro que el sensor de la cámara agradeció tener la oportunidad de “ver” este bonito paisaje.

Soledad

¡Hasta siempre, mi pequeña Canon!

Pilas nuevas, vida nueva (al menos para mi cámara)

No sé si recordaréis lo que os contaba sobre los problemas de autonomía de mi cámara de fotos y el hallazgo sobre la causa de esos males; pero el caso es que desde que le he comprado unas pilas nuevas a la cámara, va como un tiro, la autonomia es eterna y ahora mismo estoy contentísimo con mi querida Konica Minolta Dimage Z2.

Tal y como os contaba en su momento, lo que hice fue acercarme a mi tienda habitual de electrónica a comprar unas pilas nuevas de buena calidad (Ansmann de 2850 mAh), ponerlas en el cargador inteligente que tengo en casa para asegurarme de que se cargaban completamente y a continuación colocarlas en la cámara para comenzar a hacer fotografías y comprobar si se notaba alguna diferencia.

Pues bien, esta vez no os aburriré con datos técnicos sobre voltajes y demás, pero sí que os indicaré que tras doce días y más de 200 fotografías realizadas, las pilas todavía no han dado síntoma de fatiga alguno y su voltaje en todo este tiempo sólo ha caído una décima de voltio (de 1400mV recién cargadas a 1300mV que acabo de medir hace un rato).

Lo que más me alegra de haber solucionado este tema es que hace unos días ya le estaba echando el ojo a algunas cámaras reflex digitales ante la imposibilidad de sacar a la Konica Minolta una autonomía medianamente decente. Era un gasto extra que todavía no quería afrontar porque aunque tengo claro que acabaré comprándome una DSLR creo que todavía puedo sacar mucho “jugo” a mis cámaras actuales: el mercado de las reflex digitales va a crecer exponencialmente en los próximos meses y cuando me decida a dar ese salto que os digo me gustaría hacerlo con una cámara que no se me vaya a quedar corta a las primeras de cambio, así que prefiero esperar a ver hacia dónde van los tiros y qué es lo que realmente más aprovecharía de una cámara de ese tipo.

En definitiva, problema solucionado por 20,50€ y una gran alegría por mi parte al haber rescatado del cajón una cámara a la que tengo gran aprecio  🙂

Problemas raros con unas pilas recargables de Ni-MH

Ya podía yo volverme loco con el tema de la autonomía de mi cámara Konica Minolta Dimage Z2. Resulta que con pilas alcalinas la cámara es capaz de hacer un montón de fotografías pero empleando pilas recargables la autonomía se veía reducida en función del tiempo transcurrido desde la carga de las mismas. Si no fuera porque un pack de cuatro pilas Duracell cuesta unos tres euros no sería un gran problema, pero para una persona que se pasa el día haciendo fotografías a todo lo que se mueve (y a lo que no también 😀 ) representa un coste adicional que debería ser evitado con el uso de pilas recargables.

Konica Minolta Dimage Z2

Como sé que he empezado esta entrada un poco “acelerado” os voy a comentar el problema paso por paso, pero os adelanto que después de unos cuantos días de pruebas me he encontrado una sorpresa que puede que explique el por qué de ese errático comportamiento (que es un rollazo, pues obliga siempre a tener que cargar las pilas justo antes de salir de casa con la cámara).

Os decía hace ya unos meses, al hablaros por primera vez de esa cámara, que el mayor problema de este modelo es la alimentación mediante pilas recargables. Aunque hay gente que se engaña y piensa que puedes llevar 40 pares de pilas en una mochila y así tener una autonomía infinita, en realidad la comodidad de una buena batería de Li-ion no tiene precio (cosa que he podido constatar en el uso diario de mi iPod nano y mi otra cámara digital).

Bien, el caso es que desde que estrené la cámara (junto con un buen cargador inteligente y un juego de cuatro pilas nuevas Vivanco de 2500 mAh de capacidad) he venido observando que si saco las pilas del cargador, las pongo en la cámara y me voy a hacer fotos puedo hacer una auténtica burrada de ellas sin problemas. De hecho me sorprendió que en la presentación de Ninja Gaiden con Oscar del Moral hice más de un centenar (casi todas ellas con flash) y las pilas aguantaron el tipo perfectamente.

Sin embargo, si cargamos las pilas y las dejamos un día o dos en la cámara al ir a usarla nos llevaremos la sorpresa de que a veces incluso se niega a arrancar por no tener suficiente energía para hacerlo. Ante esa situación lo primero que pensé es que tal vez la cámara tenía algún defecto que hacía descargarse a las baterías, pero era raro que con las Duracell no pasara eso, ya que podían estar una semana en la cámara sin ningún problema.

Cansado de jugar a la ruleta rusa con la cámara (cosa que lograba que muchas veces dejara la Konica Minolta en casa para llevarme la Sony) se me ocurrió hacer durante un par de días un completo seguimiento del voltaje de las pilas con unos resultados sorprendentes:

Lo primero fue identificar cada pila con un dígito del uno al cuatro de forma que pudiera ver la evolución de cada una sin ninguna duda. Así lo hice y a continuación creé una tabla en Excel en la que iba apuntando los tiempos de medida y los valores de cada pila.

Pues bien, os copio a continuación la tabla de valores:

· La primera línea numérica representa la tensión en milivoltios nada más sacar las pilas del cargador. Los valores son los habituales para este tipo de tecnología (dan unos 1.4 V en esa situación) a excepción de la pila número 3 que presenta un valor algo más bajo.

· La segunda línea es el valor de tensión de cada pila después de dejarlas encima de una mesa durante tres horas así como la siguiente representa la misma situación pero pasadas siete horas desde el final de la carga. Con esto queda claro que la tasa de autodescarga no es demasiado alta, pues apenas se pierden unas centésimas de voltio en cada pila, si bien la pila número 3 sigue presentando valores más bajos que el resto.

· A continuación se meten las cuatro pilas en la cámara durante cuatro horas sin encenderla para volver a medir valores de tensión. Pasadas cuatro horas más se vuelve a repetir la operación con objeto de ver si es la cámara la que provoca la descarga de las pilas. Como se puede apreciar los valores de descarga son más o menos los mismos que cuando las pilas estaban al aire libre, de modo que podemos deducir que la cámara tampoco es la que descarga las pilas.

· Como paso siguiente se encendió la cámara para realizar fotografías con flash (alto consumo) hasta que esta se autoapagara por falta de energía. Nada más apagarse se procedería a medir la tensión de cada una observando que todas rondaban los 1330 mV a excepción de la pila número 3 que estaba una décima de voltio más baja que las demás (de promedio).

La conclusión en este momento fue que la cámara tenía muy poco margen de voltaje y en el momento que una de las pilas bajaba de 1.3 voltios esta se apagaba. Sin embargo había algo que no cuadraba, pues el margen habitual de los dispositivos electrónicos suele estar en 1.1 voltios, y un error de 200 mV era demasiado grande.

· Por último se sacaron las pilas de la cámara y se dejaron a temperatura ambiente sobre un escritorio de madera de tal modo que es imposible que se descarguen por cortocircuito externo, y cuando 24 horas después procedí a volver a medir tensiones me sorprendió el dato de que todas las pilas estaban más o menos en los valores del día anterior (una incluso había subido ligeramente, seguramente por recuperación del esfuerzo ante las exigencias de corriente del flash) excepto la número 3 que estaba completamente descargada, pues el polímetro marcaba unos exíguos 6 mV (dato que comprobé en tres medidas consecutivas). Os pongo los mismos datos de la tabla anterior pero esta vez en forma de gráfica para que veáis con claridad que el comportamiento de la pila número 3 (en amarillo) se aleja completamente del seguido por el resto:

De todo esto se deduce que la pila número 3 está defectuosa (de hecho se aprecia que en todo momento está por debajo de la tensión esperada) y por algún motivo que de momento se me escapa debe tener algún tipo de cortocircuito interno que la deja KO tras cierto número de horas. El Lunes me acercaré a comprar un juego nuevo de pilas (esta vez Sanyo, que al parecer son de las que mayor calidad dan) y espero que con eso los problemas de autonomía de la Z2 queden solventados, porque de verdad que en ocasiones es algo desesperante.

Teniendo en cuenta que la cámara necesita 6 voltios para funcionar se deduce que las pilas van colocadas en serie, de modo que si alguna de ellas tiene un problema las otras tres ya pueden ser las mejores pilas del mundo que no van a poder hacer su trabajo correctamente porque la corriente ha de circular a través de todas ellas y la tensión total va a ser la suma de las de las cuatro pilas. Un problema de la pila número 3 a la hora de entregar corriente o tensión dará al traste con toda la alimentación de la cámara.

En fin, ya os contaré si con las pilas nuevas se resuelven los problemas, pero… ¿a que os ha gustado mi “experimento” de hoy? 😛