La típica foto de Oropesa

Playa de la concha

Sé que por aquí han aparecido varias imágenes muy parecidas a la que ilustra esta entrada; pero es que cada vez que vengo por aquí soy incapaz de resistirme al embrujo del monte Bovalar y las espectaculares vistas que hay desde su mirador (conocido por aquí como el balcó).

Puesta de sol desde “el balcó”

Hacía al menos dos años que no subía al balcó; un mirador en pleno monte Bovalar desde el que se ve Oropesa del Mar y muchos kilómetros más allá en un día despejado). Como os digo, hacía tiempo que no paraba por allí y tenía ganas de ver qué tal se veía todo esto desde ese privilegiado lugar.

Vista desde el balcó

Lo que más me llamó la atención es que desde allí arriba nada cambia: los mismos edificios, las mismas calles, el mismo mar… Visto desde tan lejos uno no es capaz de distinguir qué época del año es; aunque ya habéis visto que cuando uno se acerca al suelo es cuando se da cuenta de la soledad reinante durante estos meses de frío.

Sea como sea, os aseguro que contemplar el atardecer desde allí arriba sin más compañía que el canto de los pájaros es toda una experiencia que recomiendo a cualquiera y de la que pueden salir algunas fotografías muy resultonas.

Ocaso

¡Gracias por leerme!  😉

Los recuerdos del incendio

Después de la tristeza que me produjo subir al monte Bovalar poco tiempo después del incendio que se produjo durante la primavera de 2006 en Oropesa del Mar, este verano me propuse volver allí a ver si ahora las cosas pintaban algo mejor. Era el único modo de borrar aquel intenso olor a ceniza que se había quedado grabado a fuego en mi memoria (nunca mejor dicho), así que le comenté a mi hermano la posible excursión y enseguida se apuntó poniendo como condición llevar la bicicleta de montaña.

Recuerdos de aquel incendio (I)

Dicho y hecho: él llevó mi mountain bike hasta lo alto del monte (bicicleta que he cogido en alguna que otra ocasión este verano después de tres largos años sin dar una sola pedalada) y yo fui haciendo el mismo camino pero a pie y llevando la cámara de fotos. En cualquier caso, no me pude resistir a darle la cámara a mi hermano y “conducir” la bicicleta en algunos tramos tanto de subida como de bajada.

Haciendo el indio con la bici (I)

Haciendo el indio con la bici (IV)

El caso es que a medida que subía por las faldas del monte me daba cuenta de que recordaba cada curva del camino, las zonas de piedras, las pinadas… la cara Norte no había sido casi afectada por el fuego, pero al llegar arriba y observar la cara Sur recordé que las secuelas de un incendio tardan décadas en desaparecer por completo.

Un momento para la reflexión

Con el paso de los años esos troncos quemados se convertirán en abono para los nuevos brotes, un manto de hierba recubrirá la tierra desnuda y el verdor de la montaña se irá imponiendo a la negrura del carbón. Pasará tiempo hasta que eso ocurra, pero al menos, el panorama allí arriba ya no es apocalíptico como lo era hace un par de años e incluso fui capaz de realizar alguna fotografía de paisaje; cosa que no fui capaz de hacer entonces.

Oropesa del Mar

Bruma y montañas

Reconozco que iba con un poco de “miedo” porque cuando fui allí después del incendio me invadió una sensación bastante desagradable que tardó un tiempo en desaparecer; pero esta vez bajé del Bovalar con una sonrisa en la cara y un montón de imágenes en la cámara.

Campo de fútbol entre chalets

Recuerdos de aquel incendio (III)

Mi hermano de relax en lo alto del monte Bovalar

Recuerdos de aquel incendio (II)

Pensando en barcos...

El paraiso del ladrillo

Haciendo el indio con la bici (III)

Playa de La Concha a los pies del monte Bovalar

Haciendo el indio con la bici (II)