Hasta siempre, Corsita

Estrené mi Opel Corsa D 1.3 Ecoflex poco después de llegar a la depuradora de Oropesa. Por el cargo que allí desempeñaba me asignaron un vehículo para mis desplazamientos que enseguida me gustó por ser cómodo, amplio y ligero. A diario iba a la EDAR, a las estaciones de bombeo, a Castellón a realizar gestiones; pero también a hacer la compra, a Madrid los fines de semana, a hacer fotos por el interior de la provincia…

Durante los dos años que estuve conduciéndolo le hice unos 90000 Km, y estaba tan contento con él que al finalizar el renting (que coincidió más o menos con mi regreso a Madrid) le propuse a la financiera quedarme con él, así que me hicieron una oferta que no pude rechazar y a partir de ese momento el Corsa ya era mío en propiedad.

Así pues, empecé a usarlo a diario para ir a trabajar desde Alcalá de Henares a San Sebastián de los Reyes; pero también para todos los viajes vacacionales que hemos hecho juntos mi novia y yo: Mérida, Asturias, Barcelona, Sevilla, Guadalajara, Sierra de Gredos, Valencia, Cantabria, Granada, País Vasco…

Estoy de acuerdo en que el coche tampoco es que fuera gran cosa porque era una versión muy básica, tenía 75 CV, un maletero algo canijo y pocos extras; pero era mi coche y yo estaba encantado con él. Las únicas averías serias que ha tenido durante este tiempo han sido una EGR que falló en su parte electrónica hace poco más de dos años, un par de calentadores fastidiados y un alternador que hubo que cambiar hace unos meses. Jamás me dejó tirado, nunca me hizo ningún extraño en la carretera, nunca tuve el más mínimo accidente con él, gastaba muy poco combustible, no consumía nada de aceite ni perdía refrigerante… A todo el mundo que me preguntaba le decía que yo estaba encantado con mi coche.

Sin embargo, el pasado día 10 a media tarde, en el Km 13 de la A1 dirección Madrid, circulando casi sin tráfico y a velocidad constante de repente y sin previo aviso sentí un extraño tirón y las revoluciones del motor se fueron a cero a la par que se encendía en el tablero la luz de alarma general. Al momento puse las luces de emergencia, pisé el embragué y traté de arrancarlo de nuevo por si era un fallo electrónico pero no había manera, así que inexorablemente mi velocidad se fue reduciendo y allí, pegado al arcén, me quedé parado mientras los coches pasaban a dos palmos de mí.

Hice un par de intentos más y pese a que el motor de arranque giraba veía que el motor de combustión no hacía ni el intento de revivir, de modo que salí del coche por la puerta del copiloto con mi chaleco y, tras poner los triángulos, llamé a la grúa y esperé detrás del guardarail sin creerme muy bien lo que había pasado.Entiendo que las cosas se averían, pero quedarse tirado en la autopista no es una cosa agradable.

Ya desde el primer momento sentí que no iba a ser ninguna tontería; y desde luego que estaba en lo cierto porque al final resultó ser una rotura de la cadena de distribución que puso fin a 283000 Km de asfalto, lo que equivale más o menos a dar 7 veces la vuelta al mundo por el ecuador. Y aunque es verdad que me da pena porque es un coche al que cogí mucho cariño, tenía claro que antes o después, y más sabiendo que la cadena de distribución es uno de los pocos puntos débiles de ese motor en concreto, me podría tocar la china.

Me hubiera gustado cambiar de coche un poco más adelante, por gusto y mirándolo sin prisas. Más que nada porque a día de hoy con el Opel Corsa nos apañábamos de maravilla y no nos hacía falta nada más; pero las cosas han venido así y ahora andamos mirando varios modelos de gasolina del segmento C. Ya sabéis: Renault Megane, Peugeot 308, Ford Focus… Lo ideal para estas cosas es tomarte unas cuantas semanas mirando, configurando y yendo de un concesionario a otro con ofertas en la mano; pero en mi caso tendré que buscar algo que, además de gustarme, me puedan entregar en poco tiempo. Siempre le he hecho ojitos al Focus, pero tampoco descarto repetir con Opel (al fin y al cabo el Corsa ha salido más que bueno) o meterme en un C4; así que estos días creo que voy a estar entretenido.

Sirva este breve artículo como homenaje a mi querido Corsita. Con él todo han sido alegrías; pero el único disgusto que me ha dado ha sido el definitivo. Lo recordaré con cariño porque siempre se portó estupendamente conmigo y porque disfruté de cada kilómetro que recorrimos juntos. Seguro que ya se ha encontrado con Feliciano y con aquel Escort del 87 y los tres están rodando por el cielo de los coches.

Hasta siempre, Corsita.

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Mi Canon A75 ya está reparada y de nuevo en casa (¡gracias!)

Hace apenas unos días me puse en contacto con Canon para hablar sobre el extraño fallo de mi Canon A75, quedando con ellos en que al día siguiente un mensajero se pasaría por mi casa a recoger la cámara. Pues bien, hoy me gustaría aprovechar (hay que ver lo cómodo que es escribir metido en la cama con el Asus EeePC 701) para dar las gracias a los que me indicasteis que esa avería es un fallo reconocido por el fabricante y, por tanto, cubierto por garantía.

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Lo digo porque hace escasos minutos ha venido un mensajero a casa a traerme la cámara ya reparada y sin cobrarme ni un céntimo; algo que no hubiera siquiera imaginado de no haber sido por vuestros apuntes. Es una cámara a la que tengo mucho cariño (con ella aprendí los conceptos básicos de fotografía) y me alegro mucho de que mis padres puedan volver a usarla cada vez que salen de viaje, pues siempre me dicen que están muy contentos con ella y se notó que se llevaron un buen disgusto cuando se estropeó.

Esto también me hace pensar en que si no me hubiera dado por comentar el tema de la avería en el blog, posiblemente nunca me hubiera enterado de que era un fallo “oficial”; por lo que me reafirmo en mi filosofía de contar las cosas del día a día por aquí y os vuelvo a repetir una vez más que vosotros tenéis un papel fundamental en la existencia de este rincón de Internet.

¡Un saludo y mil gracias nuevamente!

Genial: He reventado un amortiguador del coche

Menuda mañanita: salgo de casa con el coche para ir a trabajar, a los pocos minutos tomo un bache a poca velocidad y me encuentro con el volante vibrando como un loco y la extraña sensación de que la rueda delantera izquierda se ha salido de su sitio.

Me paro, me bajo y veo que todo está corecto. La rueda está firmemente anclada en su lugar y aparentemente no ha sucedido nada. Sin embargo, algo no va bien: cojo el coche todos los días y si la inclinación del respaldo del asiento está cambiada apenas dos grados lo noto, por lo que estaba firmemente convencido de que algo iba mal.

Cuando presioné el capó del coche para comprobar el estado del amortiguador correspondiente a esa rueda me di cuenta del problema. Se supone que al hacer eso el coche no ha de rebotar, sino absorber la oscilación; y así lo hizo en las otras tres ruedas. Sin embargo, el amortiguador correspondiente a la rueda sobre la que voy sentado al conducir rebotó varias veces hasta estabilizarse por completo.

Al agacharme para ver el posible desastre es cuando me di cuenta de lo que había ocurrido: el amortiguador había roto el retén por su parte inferior y había perdido todo el aceite, lo que explicaba aquellas extrañas sensaciones provocadas por los rápidos rebotes de la rueda sobre el asfalto.

Un amortiguador de coche no es otra cosa (a grandes rasgos) que un muelle que absorbe las irregularidades de la carretera en un baño de aceite que evita que dicho muelle rebote. Si eliminamos el aceite nos quedamos sólo con el muelle, con el consiguiente comportamiento ante los baches que ya os estáis imaginando.

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Bueno, viendo cómo pintaba la cosa decidí que no me podía meter por la carretera para ir a trabajar, pues tendría que conducir muy despacio y tratando de no coger ningún bache para que el coche fuera estable. Cualquier intento de ir deprisa y/o el hecho de pasar sobre un bache más o menos grande podría hacer que el coche se descontrolara; y a veinte por hora me haría con él, pero a ciento veinte no.

Así que nada; volví a arrancar (la situación no era tan grave como para dejar el coche inmovilizado y llamar al seguro para que viniera la grua) y me metí por una zona de chalets por la que callejeando muy despacio finalmente llegué a mi taller habitual para cambiar los dos amortiguadores frontales. El cambio de los amortiguadores me sale por 214 euros (la verdad es que ya tenían un tiempo y había que reemplazarlos antes o después) pero al menos todo ha quedado nada más que en un susto y una mañana de trabajo que tendré que recuperar.

Mi Canon A75 ha pasado a mejor vida

Ayer fui a sacar de su funda la Canon Powershot A75 con la que hice más de 10000 fotografías en mis primeras andaduras un poco en serio con la fotografía digital y me encontré con que había dejado de funcionar. Hacía ya unos meses que le había dado esa cámara a mis padres porque desde que compré aquella Konica Minolta Dimage Z2 no utilizaba la A75 habitualmente (y ahora con el tándem Nikon D40 + Sony DSC P200 menos todavía) y sé que la han llevado en multitud de ocasiones sin ningún problema y haciendo unas fotos de mucha mejor calidad que la cutre-cámara que tenían antes.

Sin embargo, de buenas a primeras y sin previo aviso, la cámara ha dejado de funcionar y no consigo devolverle la salud de ninguna de las maneras, pues la avería tiene pinta de fallo interno del sensor o algún componente asociado, porque si intentas hacer cualquier fotografía sólo se ve un patrón de rayas moradas y la cámara no es capaz de calcular la exposición ni la distancia de enfoque. Como prueba aquí tenéis el resultado de intentar fotografiar una ventana de la terraza a pleno sol:

La última foto

La verdad es que me da pena que se haya estropeado, pues con esa cámara aprendí un montón de conceptos sobre fotografía que me han venido muy bien e hice algunas fotos muy chulas en aquellos años. Con la A75 aprendí a emplear el modo manual, la influencia de la apertura sobre la profundidad de campo, comprobé lo útil que es emplear el flash de relleno para retratos a plena luz del día, comencé a hacer fotografías nocturnas… con ella pasé un montón de ratos divertidos sólo o en compañía de mi amigo Joe, así que la guardaré con cariño en algún sitio de mi habitación.

De cualquier modo, como “homenaje” a ella me gustaría compartir con vosotros la que tal vez es la imagen que más satisfacción me produjo cuando la vi en el monitor al regresar a casa después de un viaje a Galicia. Me gustó su colorido y la soledad del lugar que intenta transmitir. Seguro que el sensor de la cámara agradeció tener la oportunidad de “ver” este bonito paisaje.

Soledad

¡Hasta siempre, mi pequeña Canon!