¿Qué es la regulación mediante PWM?

Hay un concepto que estudié en la carrera y que siempre me ha llamado poderosamente la atención: la modulación por anchura pulso, más conocida por sus siglas en inglés PWM (de Pulse Width Modulation).

Aunque es algo que se aplica a muchos ámbitos, me gustaría explicaros este concepto usando para ello unos dispositivos a los que estoy muy acostumbrado: las linternas LED. De este modo creo que os puedo narrar en qué consiste este tipo de regulación y poneros unos ejemplos muy visuales de ello. Vamos allá.

Olight i3E EOS (V)

Dos modos de regular una magnitud de naturaleza analógica

Os decía que emplearía linternas para explicaros la regulación PWM porque es una aplicación muy típica de este concepto y creo que es un ejemplo que todos podéis imaginaros por ser extremadamente simple.

Imaginad una linterna LED que cuente con un regulador de la intensidad lumínica. Es decir, que podemos seleccionar varios escalones entre una luz muy tenue y toda la que pueda dar el diodo LED que transforma la energía de las baterías en fotones.

La potencia lumínica de una linterna viene dada en términos generales por el producto de la tensión por la corriente que recibe el LED. Para simplificar nuestros cálculos vamos a suponer que el driver mantiene la tensión constante de tal modo que la regulación de la potencia se realiza variando nada más que la corriente entregada. Esta suposición tampoco es que se aleje mucho de la realidad, ya que lo habitual en las linternas LED es que posean un regulador de tensión que hace que al LED le llegue el mismo voltaje independientemente de la carga de la batería.

Olight i3E EOS (I)

Circuitería de control (driver) en la cabeza de una Olight i3E EOS

El modo “caro” de modificar el grado de iluminación que da la linterna es empleando un regulador que permita variar la intensidad de la corriente entregada al LED. De este modo la linterna emitirá cierta cantidad de luz de forma continuada. Si el LED requiere 80 mA para lucir al 100% de su capacidad, el regulador entregará 40 mA para que luzca a la mitad (50%), 20 mA para que luzca a una cuarta parte de su capacidad (25%), 72 mA para que luzca al 90%… Creo que el concepto queda claro, ¿no?

Lo que ocurre, como os decía antes, es que la circuitería necesaria para regular esta corriente suele ser más compleja (y por tanto de mayor coste) que la electrónica necesaria para regular por PWM, que es lo que vamos a ver ahora.

El ciclo de trabajo

La regulación por anchura de pulso es un modo digital de conseguir regular una magnitud de manera que parezca analógica. En esencia se trata de conmutar muy rápidamente entre los estados de encendido (con el LED al 100% de su potencia) y apagado jugando con el ciclo de trabajo de tal modo que la intensidad lumínica obtenida es la de dicho ciclo de trabajo.

Para entenderlo de un modo sencillo vamos a poner como ejemplo una linterna cuya frecuencia de conmutación sea de 100 Hz, lo que significa que cada segundo hacemos 100 ciclos ON-OFF; lo que equivale a decir que un ciclo ON-OFF dura una centésima de segundo. También supondremos que el LED a plena potencia consume los 80 mA que puse antes como ejemplo.

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Algunas linternas de mi colección

Pues bien, si durante esa centésima de segundo (que equivale a 10 milésimas de segundo) hacemos que nuestra circuitería electrónica mantenga el LED encendido durante las primeras 5 milésimas y lo apague las 5 siguientes tendremos un ciclo de trabajo del 50% y esa será la intensidad lumínica de la linterna con respecto a la que daría el LED continuamente a plena potencia.

Si la electrónica mantiene el LED encendido las primeras 2 milésimas y apagado las 8 siguientes tendremos un ciclo de trabajo del 20% y, por tanto, una intensidad lumínica inferior al caso anterior. Otro ejemplo sería tener el LED encendido las primeras 7 milésimas de cada ciclo y apagado los 3 restantes, lo que daría un ciclo de trabajo del 70% y una intensidad lumínica de ese mismo valor.

Si nos vamos a los casos extremos (algo que a los ingenieros nos encanta) vamos a ver que si tenemos el LED encendido durante las 10 milésimas tenemos un ciclo de trabajo del 100% que indica que la linterna está encendida a plena potencia. Del mismo modo, si el tiempo de encendido es de 0 milésimas y las restantes 10 milésimas está apagado, el ciclo de trabajo es del 0% y por tanto la linterna no emite luz alguna.

Un modo gráfico de ver todo esto

El ladrillo que os he escrito en los párrafos superiores es sencillo de entender si hacemos una gráfica de cada caso, que es lo que os voy a plantar a continuación:

En ella, tenéis en cada caso en el eje horizontal la evolución en el tiempo y el eje vertical los dos estados posibles del LED (ON y OFF) donde el estado ON implica un consumo de corriente de 80 mA y el estado OFF de 0 mA. Asumimos también que el cambio entre los dos estados se realiza de forma instantánea.

Pues bien, si consideramos la intensidad lumínica en cada uno de los casos como el área rayada que se genera en cada ciclo ON-OFF, haciendo una cuenta sencilla observamos que la modulación PWM equivaldría en términos lumínicos a una corriente constante del valor proporcional al ciclo de trabajo.

Por tanto, si queremos obtener una luminosidad del 20% de la nominal del LED podemos introducir un regulador analógico de corriente que de 16 mA o bien diseñar un regulador PWM funcionando con un ciclo de trabajo del 20%; siendo esta última solución, por lo general, más sencilla y económica.

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LED de una Olight i3S EOS en modo firefly (el más tenue de todos)

Desventajas de usar PWM

No todo van a ser bondades; y es que a la hora de diseñar un sistema regulado por PWM (en nuestro caso una linterna) es muy importante tener en cuenta la frecuencia de conmutación del dispositivo, ya que de no ser lo suficientemente rápida el ojo va a percibir un parpadeo que puede llegar a ser bastante molesto. En el caso de una bombilla incandescente no es un punto crítico porque su tiempo de encendido y apagado es de algunos milisegundos, de modo que los escalones del cambio de estado están muy amortiguados; pero en un LED que se enciende y se apaga en un tiempo prácticamente nulo, si no elegimos una frecuencia de conmutación lo suficientemente rápida enseguida vamos a notar ese irritante parpadeo.

Esto que os comento puedo mostrarlo con la ayuda de una cámara de fotos, así que os voy a dejar en primer lugar con una fotografía de una linterna regulada sin PWM (Olight i3S EOS) moviéndose rápidamente delante del objetivo:

Olight i3S EOS moviéndose delante de la cámara a su mínima potencia. No hay rastro de PWM

Como veis, el trazo dejado por la luz es una línea continua porque el LED está luciendo uniformemente en todo momento. Sin embargo, cuando hago esto mismo empleado una linterna regulada por PWM (una Nitecore Tube en este caso) vais a ver que el resultado es bien distinto:

Nitecore Tube moviéndose delante de la cámara a su nivel de potencia más bajo y mostrando un marcado PWM

¿Veis los encendidos y apagados del LED? Son debidos a que aunque a simple vista parece que la linterna luce de forma constante en realidad el PWM la está haciendo encenderse y apagarse a toda velocidad tal y como os comenté en el apartado anterior.

Pues bien, ya que estamos vamos a ver la frecuencia de conmutación del LED en este caso concreto, pues si miramos los datos EXIF de la imagen que hemos capturado vemos que el tiempo de exposición es de 1/50 seg. Si contamos el número de parpadeos que ha hecho el LED durante ese breve lapso de tiempo (se ve claramente que han sido 11 veces) podemos calcular que la frecuencia de conmutación es de aproximadamente 550 Hz.

Este modelo de linterna tiene una frecuencia de conmutación bastante baja en el modo más tenue, pero algo mayor en los modos intermedios y no emplea PWM en el modo más brillante (lógico, ya que el LED recibe toda la corriente que puede admitir). Ya que estamos vamos a ver esos dos casos más que os comento.

La Nitecore Tube posee una frecuencia de PWM más alta en los modos intermedios

En la imagen que tenéis aquí encima la linterna está funcionando a potencia intermedia y su frecuencia de conmutación es mayor que en el caso anterior. Para hacer la fotografía he empleado un tiempo de exposición de 1/400 seg y cuento 9 parpadeos del LED. Esto nos da una frecuencia de conmutación de aproximadamente 3200 Hz. En este caso el parpadeo es apenas perceptible por el ojo humano, lo que hace que su uso sea más relajado para la vista.

Me gustaría aclarar que la frecuencia de conmutación en estos modos intermedios de la Nitecore Tube es la misma para todos ellos, pero lo que va a variar entre unos y otros es el ciclo de trabajo tal y como hemos visto en el diagrama de tiempo que os dibujé anteriormente.

La Nitecore Tube no muestra ningún tipo de PWM en su potencia máxima

Si ponemos la linterna a plena potencia no se hace uso de PWM para regular, ya que en realidad no hay nada que regular debido a que el LED está recibiendo continuamente la corriente de encendido, de modo que el rastro que deja es perfectamente continuo.

Comparativa visual entre la Nitecore Tube (arriba) y la Olight i3S EOS (abajo) funcionando en sus modos de potencia más bajos

Por último, no quería dejar pasar la oportunidad de mover a la vez ambas linternas delante de la cámara funcionando a su mínima potencia para que podáis apreciar la diferencia entre la que va regulada por PWM y la que está regulada a corriente constante. Como podéis ver, mientras que una ha parpadeado 15 veces en los 1/40 seg que ha durado la exposición de la imagen (esto me da una frecuencia de PWM de unos 600 Hz) la otra ha dejado un rastro perfectamente continuo.

La importancia de la frecuencia de conmutación

Ya os habréis dado cuenta de que el ejemplo que os puse en papel era muy teórico porque en él os hablaba de una frecuencia de conmutación para el PWM de 100 Hz; pero lo hice para poder usar unos tiempos muy definidos y fácilmente entendibles. En caso de fabricar una linterna LED que implemente esa frecuencia de conmutación sería prácticamente una luz estroboscópica y acabaríamos mareados si hiciéramos uso de ella.

Daos cuenta de que en su modo más bajo la Nitecore Tube tiene una frecuencia de conmutación de entre 500 y 600 Hz y os aseguro que a simple vista se nota bastante. Sin embargo, a esos aproximadamente 3 KHz a los que conmuta en los modos intermedios el ojo ya no aprecia parpadeo; pero es que se trata de una frecuencia 30 veces superior a la del ejemplo que os puse, por lo que os podéis hacer una idea de la velocidad a la que es capaz de encenderse y apagarse un LED. Para que os hagáis una idea, conmutar a 3000 Hz significa que el ciclo de encendido y apagado del LED dura aproximadamente 0,3 milésimas de segundo.

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Bueno, y hasta aquí este artículo cuya intención no era otra que compartir con vosotros un tema que a mí me parece muy interesante y que además tiene muchas aplicaciones tanto en el mundo industrial como en la vida diaria, ya que esta misma teoría que rige el funcionamiento del PWM en las linternas es aplicable a control de motores, caudales, temperaturas… Ahora que lo conocéis seguro que os dais cuenta de que estáis rodeados de aparatos controlados por PWM.

Como curiosidad, me gustaría sacar a relucir esta fotografía tomada en una isleta de la calle de Alcalá, donde a mi derecha pasaban coches que mostraban sus luces rojas de posición y/o freno y a mi izquierda los coches que venían de frente y, por tanto, haciendo brillar sus luces blancas de cruce.

Entre el tráfico de Madrid

¿Veis algún rastro de PWM? Pues no, porque la fotografía la hice hace ya doce años (todavía me acuerdo perfectamente del momento de captar esta imagen) y los coches todavía ni siquiera soñaban con llevar luces exteriores LED. Si hiciéramos esta misma foto hoy en día o aseguro que muchas de esas líneas difuminadas pero continuas serían una larga sucesión de puntos porque en los últimos tiempos los LEDs están copando el mundillo de la iluminación.

¡Nos leemos!

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Aquellos maravillosos años de la infancia: 1986

En casa nunca hemos tenido mucha costumbre de celebrar el Carnaval, pero en el del año 1986 a mis padres les pareció divertido vestirme de karateka y hacerme posar de esa guisa delante de la cámara de fotos. Fruto de aquello salieron unas cuantas diapositivas de las que he seleccionado la siguiente por ser aquella en la que menos ridículo aparezco.

Febrero de 1986

Al margen de mis escasas cualidades para las artes marciales, en la escasa porción de habitación que aparece en la fotografía podéis distinguir un colorido elemento que destaca sobre los demás: la casa de los Pitufos. Se trata de uno de los juguetes que recuerdo con más cariño porque aunque hace ya años que acabó en la basura, fueron innumerables las horas pasadas jugando con mis Playmobil como habitantes de la misma.

Y ya que estamos con estos temas, me gustaría contaros que yo era un niño extremadamente cuidadoso con mis juguetes, pero la llegada de mi hermano (que en esta época tenía dos años recién cumplidos) hizo que todas esas cosas que trataba con esmero acabaran destrozadas gracias a su costumbre de patear todo lo que tenía a mano y lanzar cosas por la terraza en cuanto veía la puerta abierta. De hecho, una de las pérdidas que más me dolió (junto con unos cuantos juegos de Spectrum que acabaron estampados sobre la calle) fue precisamente una nave espacial de Playmobil sobre la que un día mi hermano decidió ponerse de pie destrozándola en mil pedazos.

Y es que aunque si hoy en día le conocéis y veis que casi ni se atreve a toser sobre su iPhone o que no os deja sentaros sobre su cama “porque se arruga”, os aseguro que tiene un pasado de “destrozón” que en su día me provocó mil y una lágrimas.

Dentro de unos días escribiré algo sobre una foto de 1987 de la que recuerdo perfectamente cómo y dónde se hizo. Ya os contaré…  ^__^

Primeras fotos con la Nikon EM de 1979

Aprovechando principalmente los fines de semana (de lunes a viernes no dispongo de demasiado tiempo libre para ir a hacer fotos) por fin he completado las 24 primeras exposiciones realizadas con la Nikon EM que me llegó hace algunos días.

Los resultados, en general, han sido mucho mejores que los que obtuve con mi Werlisa de 1989 (como es lógico) así que me he animado a subir algunas de ellas a Flickr y compartirlas con todos vosotros en esta entrada. Me he limitado a escanear las catorce que, desde mi punto de vista, han quedado mejor; pues al ser el primer carrete disparado con la cámara aproveché para hacer algunas “cosas raras” (contraluces, desenfoques…) que en algunos casos no han quedado todo lo bien que hubiera querido. Sin embargo, en situaciones con iluminación más o menos homogénea la exposición ha quedado prácticamente clavada, demostrando que una cámara de hace tres décadas sigue siendo capaz de hacer unas fotografías más que decentes. Ah, y enfocar con la pantalla partida es una auténtica pasada. No será éste el último carrete que dispare con la EM, eso seguro…

Por cierto, entre las imágenes os vais a encontrar con una en la que aparece un acusado borde negro. Esto no es más que la consecuencia de disparar con un ojo de pez diseñado para cámaras con sensor APS-C pero montado en una analógica (ocurriría lo mismo si lo colocáramos en una digital con sensor full frame y no activáramos el modo recorte. Más información aquí).

Bueno, poco más puedo añadir. ¡Mejor dejar que las fotografías hablen por mí!

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

Primer carrete Nikon EM

NOTA: todas las fotografías de esta entrada proceden de un carrete Fuji Superia ASA 200 de 24 exposiciones. El objetivo empleado en todos los casos ha sido el Nikon AF 50mm f/1.8D excepto en la imagen del ojo de pez, que fue tomada con un Falcon 8mm fisheye f/3.5 diseñado para cámaras DX. La apertura más grande usada ha sido f/2.8 en la imagen de la reja oxidada y f/16 en la fotografía en la que aparece la calle Mayor completamente desierta. En todas las demás se han empleado aperturas intermedias que oscilan entre esos dos valores anteriores.

Una mirada fotográfica al pasado: Nikon EM (1979)

Cuando el día de los inocentes os contaba que me había comprado una Nikon analógica de hace treinta años supuse que un buen porcentaje de vosotros lo pondría en duda. Sin embargo, la cosa iba muy en serio porque me apetecía mucho tener las mismas sensaciones que los fotógrafos de finales de los setenta.

Nikon EM in the snow

Pues bien, tal y como os dije la semana pasada la cámara ya está en mis manos y he estado “trasteando” con ella durante unos días para acostumbrarme a su manejo antes de meter un carrete y ponerme a retratar rincones de la ciudad (que es en lo que estoy ahora mismo). Precisamente por eso me he animado a escribir hoy esta entrada compartiendo estas primeras impresiones con vosotros así como la información relacionada con la Nikon EM que he ido recopilando en las últimas fechas.

Nikon EM: Una réflex para todos los públicos

Lo primero que me gustaría comentar es que la EM nació con la misma filosofía que daría lugar a la Nikon D40 casi tres décadas después. Se trata de una cámara réflex de pequeño tamaño y de fácil manejo cuya finalidad era abrir el mercado de las SLR a personas que nunca se habían planteado tener una cámara de este tipo por su complejidad y aparatosidad.

Nikon EM (1979)

En principio Nikon dirigió este modelo al mercado femenino, que por aquellas épocas veía a las cámaras réflex como algo tosco y pesado. La EM era ligera y estilizada, pero puesto que las féminas no cambiaron demasiado sus tendencias pese a la campaña de publicidad lanzada por la marca (las compactas eran las cámaras preferidas de las mujeres de aquellos años) al final los japoneses enfocaron la EM hacia el segmento de población que nunca antes había manejado una réflex; más o menos lo que se ha hecho con las Nikon D40 y D60 en la actualidad.

Comparada con el resto de cámaras réflex de la época, la Nikon EM era sensiblemente más pequeña, aunque esto también se debe a que su electrónica interna es más sencilla, ya que cuenta sólo con tres modos de funcionamiento que ahora veremos más en profundidad.

Sencillez ante todo

La sencillez es la nota dominante de este modelo de Nikon. El modo más habitual de funcionamiento de la cámara es el llamado “AUTO”, que en realidad sería el modo de prioridad a la apertura en las réflex actuales. Consiste en que elegiremos la apertura a emplear por medio del anillo de diafragmas del objetivo y la cámara calculará la velocidad de disparo necesaria para conseguir una correcta exposición teniendo en cuenta la sensibilidad del carrete empleado (que marcaremos en un selector destinado a tal fin).

Este cálculo se realiza basándose sobre todo en el círculo central de la pantalla de enfoque, siendo en realidad el modo que hoy llamamos “medición ponderada al centro”. Y por si el sujeto está a contaluz disponemos de un botón en la parte frontal de la cámara que aclara la imagen dos pasos completos de tal modo que el sujeto quedará correctamente iluminado y el fondo sobreexpuesto del mismo modo que hacemos hoy en día cuando aplicamos una compensación de exposición positiva a nuestra toma.

El tiempo de exposición viene marcado mediante una aguja en la parte izquierda del visor que fluctua entre 1 segundo y una milésima. Dicha aguja, como es lógico, necesita alimentación eléctrica para su funcionamiento, y esta viene dada por dos pilas de botón que se alojan en la parte inferior de la cámara. Alimentación que, de todos modos, no nos impedirá tomar fotografías incluso en el caso de que las pilas se agoten en mitad de una excursión.

Nikon EM (1979)

Esto es gracias al modo M90, que originalmente se emplea para disparar con flash de forma sincronizada pero que dispara mecánicamente el obturador con un tiempo fijo de 1/90 segundos, por lo que la exposición debemos calcularla nosotros mismos “a ojo” mediante la elección de la apertura adecuada para dicha velocidad (aunque sin ningún tipo de ayuda, claro está). Esto, que puede parecer una incomodidad, hace que la cámara sea utilizable incluso a muchos grados bajo cero (las baterías de las cámaras digitales pueden quedar temporalmente inutilizadas a temperaturas extremas) o si nos quedamos sin energía en medio del desierto. De hecho, todavía hay muchos montañeros que emplean cámaras analógicas de tipo mecánico porque son una garantía de que podrán hacer fotografías en la cumbre por muchos grados bajo cero que se encuentren allí.

El tercer modo de disparo es el denominado B (de “Bulb”) que consiste en que mientras tengamos presionado el botón del disparador el obturador va a permanecer abierto. Obviamente se trata de un modo pensado para fotografía nocturna y para obtener unos resultados decentes necesitaremos un trípode así como un disparador remoto, porque si no sólo obtendremos un borrón en el negativo por muy buen pulso que tengamos.

La cámara en las manos

Nada más coger la cámara por primera vez me doy cuenta de que es realmente incómoda de sostener en las manos. No hay un grip ergonómico en la parte derecha con el que sujetar la cámara (eso llegaría años después) de tal modo que se hace muy complicado llevar la cámara a una mano durante largos periodos de tiempo como suelo hacer con mi D40. El cuerpo de pequeño tamaño tampoco contribuye a la comodidad de agarre, pues los laterales del mismo son realmente minúsculos, haciendo que las yemas de los dedos “tropiecen” con el objetivo continuamente.

Nikon EM (1979)

Por lo tanto, lo más lógico sería emplear la correa que viene con la cámara, pero que no es ni mucho menos tan cómoda como las que traen las cámaras actuales: apenas está acolchada en su zona central y además es muy estrecha; así que el uso de la correa tampoco es que sea la panacea en cuanto a comodidad.

La cámara está forrada de una especie de piel sintética en toda su parte central y, pese a que su tacto es de plástico, debajo de la misma hay un sólido armazon metálico que da rigidez al modelo. Desde luego, aunque la cámara no es la más cómoda del mundo a la hora de agarrarla, sí que tiene un buen tacto que a mí personalmente me gusta bastante.

Repartidos por el cuerpo de la cámara podemos encontrar algunos controles adicionales como la leva de arrastre de la película, el tirador para rebobinar, liberar el carrete y abrir la tapa trasera, el selector de sensibilidad, un temporizador para retardar el disparo de la fotografía, el pulsador para soltar el objetivo montado, el botón de comprobación de carga de la batería…

Lo que no tiene la EM (y tampoco la D40) es el pulsador para previsualizar la profundidad de campo, que consiste en que al presionarlo se cierra el diafragma a la apertura deseada para que podamos ver en el propio visor el efecto que esto tendrá sobre la profundidad de campo (excepto durante el disparo, los objetivos en las cámaras Nikon tienen el diafragma abierto a la máxima apertura posible).

Por cierto, me hace mucha gracia comprobar que en las réflex de esta época es muy habitual encontrar un recuadro negro en la carcasa trasera cuya utilidad no conocía hasta hace poco. Resulta que en ese “marco” podemos introducir la lengüeta de la caja de cartón del carrete para así recordar lo que llevamos puesto en la cámara. Si tenemos un sólo cuerpo no suele haber problema; pero los profesionales de la fotografía que iban con varios cuerpos iguales encima y un ayudante que iba cargando y descargando carretes podían llegar a hacerse un verdadero lío y no saber en qué cámara tenían cargado determinado rollo de película (y mejor será no ir abriendo todas las cámaras en busca del carrete perdido, porque como abras una con el carrete a medias adiós fotos).

Nikon EM (1979)

Cosas como esta hoy nos parecen un poco extrañas, pero hay que reconocer que una vez puestas en su contexto tienen todo el sentido del mundo.

Mirando el mundo a través del visor

Una de las razones más poderosas por las que me compré la EM es para mirar el mundo a través del visor de de una réflex analógica. Siempre habia leído que era complicado enfocar a través de una cámara de formato APS-C por el menor tamaño de su visor, y la verdad es que lo primero que noté nada más poner el ojo en la EM es que todo se veía de un tamaño inmenso.

Además, la pantalla de enfoque de la cámara cuenta con un par de ayudas para tal fin consistentes en una círculo de microprismas que forman una red de puntos que desaparecen cuando la imagen aparece nítida y una zona central partida que coincide cuando el motivo está perfectamente enfocado.

Nikon EM (1979)

Os pongo a continuación dos imágenes tomadas directamente a través del visor de la EM con una cámara compacta, de modo que no me es posible obtener una calidad de imagen demasiado elevada (de hecho las fotografías han quedado mucho más oscuras de lo que en realidad se ve a través del visor). Lo que tenéis en la parte izquierda es la aguja que marca el tiempo de exposición que se empleará y en la parte central tenéis el círculo de microprismas así como la zona partida que nos ayudará a enfocar. Por cierto, el objetivo que estaba puesto en la cámara es mi querido Nikon AF 50mm f/1.8 D y los puntos oscuros que se ven son algunas motas de polvo situadas en la cara interna de la pantalla de enfoque, por lo que no se pueden limpiar con facilidad (aunque en las fotografías tomadas con la EM no aparecerán).

Visor desenfocado

Imagen desenfocada. Fijaos en lo poco nítido que aparece todo, en el círculo de microprismas y, sobre todo, en la imagen partida del centro de la pantalla.

Enfocado

Cuando la imagen está correctamente enfocada el visor se ve con claridad, los microprismas desaparecen y la imagen del centro aparece de una pieza

Como os digo, lo de la pantalla de la EM me ha parecido una gran ventaja sobre las réflex digitales actuales. Es verdad que en todas las Nikon de ahora hay un punto verde que se ilumina cuando la imagen está enfocada, pero hay que reconocer que se enfoca mucho mejor con las pantallas clásicas de las réflex analógicas.

Un rápido vistazo al interior

Si abrimos la cubierta trasera de la cámara encontraremos el delicado obturador compuesto por varias laminillas metálicas así como el alojamiento para el carrete en la parte izquierda y el sistema de arrastre del mismo. Todo un mundo desconocido para aquellos que nunca han tocado una cámara analógica. De hecho, el obturador es algo que nunca podremos ver en una réflex digital a no ser que desmontemos la cámara casi al completo, pues a la altura de los rieles plateados que guían el recorrido de la película es donde se situaría el sensor de una cámara réflex actual.

Nikon EM (1979)

La verdad es que llama la atención la sobriedad de los materiales empleados en la construcción de los mecanismos de la EM. Todo es de un negro mate y no existen salientes ni bordes afilados que puedan dañar el carrete durante su arrastre. Una buena muestra de elaboración cuidada y atención a los detalles que siempre está presente en los productos japoneses.

Por cierto, me gustaría señalar que haciendo click sobre las fotografías que ilustran este artículo iréis a su correspondiente página en Flickr donde he señalado mediante notas qué es cada elemento de la cámara que se aparece en ellas.

A la espera de probarla “sobre el terreno”

Poco más os puedo contar por el momento, pues estoy esperando a que mejore un poco el tiempo y así poder irme a la calle a hacer fotos con ella. El concepto simplista de la EM me ha gustado bastante porque con treinta años a sus espaldas la cámara está casi como el día que salió de la tienda, demostrando que las cosas sencillas tienden a fallar menos que las más complejas.

Nikon EM (1979)

Cuando tenga en mi poder las primeras fotografías disparadas con la EM las colgaré por aquí y os contaré mis impresiones, pero de momento os puedo decir que me ha gustado mucho este regreso al pasado fotográfico que he sentido jugando un rato con esta cámara de hace treinta años.

Enlaces de interés (en inglés)

Nikon EM, 1979 (Photography in Malaysia)

Nikon EM (Wikipedia)

Nikon EM (Nikon.com)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Me paso a la fotografía analógica

Me estoy dando cuenta de que mi punto de vista sobre la fotografía está cambiando bastante de un tiempo a esta parte: la mayoría de mis imágenes las estoy captando en mi Nikon D40 con un objetivo de foca fija (ya sea el AF-S 35mm f/1.8 o el AF-D 50mm f/1.8) por su gran luminosidad y la calidad de imagen que dan, dejando un poco de lado las ópticas de focal variable. De hecho, si en Lightroom miro los datos EXIF de los meses de Noviembre y Diciembre, veo que tan sólo he disparado un 20% de las fotografías con mis objetivos zoom (18-55 VR y 55-200).

Del mismo modo, desde que disparé aquel carrete con mi cámara Werlisa de 1987 que un día me encontré por casa me he dado cuenta de que aquello de tener que esperar a revelar las fotos para ver los resultados tiene algo de mágico, ya que ahora apenas una décima de segundo después de apretar el disparador de la cámara sabemos si la imagen resultante va a ir directamente a la papelera o por el contrario la podremos exhibir con orgullo. Las imágenes que obtuve con aquella cámara no tenían demasiada calidad porque era un modelo muy muy básico; pero reconozco que las sensaciones que experimenté con ella me gustaron mucho.

Autoretrato

Para tratar de recuperar un poco ese espíritu clásico de que las fotografías sean algo tangible y no sólo un montón de pixels en el monitor del ordenador estoy imprimiendo en papel algunas de ellas; pero al fin y al cabo sigue siendo algo que conozco de antemano y no existe esa ansiedad al abrir el sobre con las fotos sin saber cómo habrían quedado que caracterizaba a la época analógica.

Por todo esto, y aunque pueda parecer un paso atrás, he decidido hacerme con una cámara Nikon analógica de finales de los años 70 y emplear con ella mi objetivo de 50mm (es una pena que el 35mm y el ojo de pez sean sólo para cámaras DX; aunque tengo entendido que no viñetean excesivamente). En concreto el pasado día de Navidad me hice en eBay con una Nikon EM de 1979 por poco más de 30 euros; un modelo que en su momento popularizó las cámaras réflex entre la gente que hasta el momento no se había atrevido a usar una. De hecho, aquí tenéis el enlace al anuncio de la cámara, que no debería tardar demasiado en llegar a mis manos (aunque ahora con el tema de las fiestas puede que tarde un poco más de la cuenta).

De momento no quiero deshacerme de mi Nikon D40 y los objetivos que no sean compatibles con la EM por si algún día me arrepiento de mi decisión o por si a alguno de mis hermanos les da por la fotografía; pero aunque lo que voy a hacer suponga un coste por foto mucho más alto que con la digital (un carrete de 36 más el revelado sale por unos 10 euros) sé que lo voy a disfrutar enormemente y que voy a cuidar mucho más cada imagen que pretenda capturar.

Sé que algunos lo veréis como un acto más de romanticismo que de practicidad; pero prefiero disparar veinte fotografías al mes mimando cada una de ellas a disparar más de mil a ritmo de metralleta esperando que al menos un puñado de ellas sean lo bastante buenas como para mostrárselas al mundo.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)

Aparte de esto, he de reconocer que me encanta esa sensación de enfocar a mano y prescindir de la mayoría de los automatismos de las cámaras modernas porque, al fin y al cabo, así es como ha funcionado la fotografía hasta hace relativamente poco tiempo y a lo largo de varias décadas se han publicado magníficas imágenes que están en la memoria colectiva de todos nosotros.

Ah, bueno, y en cuanto a la temática fotográfica del blog no temáis, porque aunque los principios de funcionamiento de la fotografía digital y analógica sean los mismos, seguro que con la EM se me ocurren un montón de artículos técnicos que ni se me pasan por la cabeza con la D40. De momento os adelanto que es un modelo que funciona con dos simples pilas de botón, que realiza una medición de la luz ponderada al centro (60/40) y cuya única ayuda para enfocar consiste en la típica pantalla partida con microprismas en su círculo central que podéis ver reflejada en el espejo de la cámara vista de frente:

De todos modos, aunque ya hablaremos más en profundidad de ella cuando comience a usarla, tenéis mucha más información sobre la Nikon EM en este enlace.

Por cierto, he estado viendo precios de scanners y no son demasiado caros. En casa tengo un Canon de hace 10 años, pero no da demasiada calidad de imagen (podéis apreciarlo en las fotos de carrete que escaneé cuando lo de la Werlisa) y he pensado en sustituirlo por uno nuevo en breve para poder digitalizar las fotos que vaya haciendo y así subirlas a Flickr sin problemas.

Y bueno, por el momento poca cosa más. La verdad es que estoy deseando que llegue la “nueva” cámara para empezar a trastear con ella y ver cómo se siente en las manos una réfex de hace treinta años.

¡Ya os contaré qué tal me voy apañando con ella!

NOTA IMPORTANTE: Esta entrada es una inocentada como corresponde al día 28 de Diciembre. En cualquier caso, la compra de la cámara Nikon EM sobre la que versa todo el texto sí que es verídica y espero tenerla pronto en mis manos. Tenéis toda la información sobre esto en una entrada que acabo de publicar.


En la época analógica no había diferencias tan grandes entre las cámaras réflex

Una breve reflexión fotográfica para terminar el fin de semana dándole un poco al coco:

Si uno se para a pensar cómo ha cambiado el mundo de la fotografía con la llegada de las cámaras digitales se da cuenta de que en la época de las réflex de carrete no había tanta diferencia entre unas cámaras y otras: si montábamos el mismo objetivo en una Nikon F5 (modelo tope de gama en los años 90) y una Nikon F50 (el modelo réflex básico de la marca por aquellos años) empleando el mismo tipo de carrete podíamos conseguir unas fotografías prácticamente iguales en una cámara y en la otra.

Esto se debe a que los elementos físicos responsables de la calidad técnica (ojo, no artística) de las fotografías obtenidas eran más o menos los mismos en todos los modelos, ya que lo único que se interponía entre el negativo fotográfico y nuestra escena a retratar eran las lentes que conformaban el objetivo. Obviamente, los modos de medición eran más exactos en las cámaras más caras, el obturador era de mayor calidad y los sensores encargados del enfoque eran más precisos; pero el modo en el que la luz llegaba a tocar el negativo era exactamente el mismo en todas las cámaras.

Además, dado que el formato de negativo de 35mm era el mismo para todas las cámaras, la sensibilidad ante la luz, la calidad y el aspecto de las imágenes obtenidas era similar incluso en cámaras de distintas marcas. Es cierto que el uso de sensores digitales en las cámaras actuales ha supuesto una más que considerable reducción de costes para el usuario, pero no es menos cierto que gracias al sistema de carretes analógicos podíamos obtener un colorido sensacional prácticamente con cualquier cámara medianamente decente (se ve que mi Werlisa Club 35 no lo era).

Actualmente, las diferencias entre unos modelos y otros son enormes: para empezar tenemos baterías de mayor o menor capacidad (antes todo funcionaba por pilas), sensores de diferente calidad, resoluciones de 3, 6, 10, 12 ó 24 Megapíxels, filtros ultravioleta delante del sensor que varían la nitidez de las fotos según el modelo, cada cámara tiene una sensibilidad a los colores diferente por efecto de la electrónica interna, cada modelo responde con más o menos ruido a la misma ISO, el rango dinámico de una cámara de gama alta es mayor que una de gama básica…

No digo que ahora la cámara sea determinante para conseguir una buena imagen, porque de hecho el factor principal siempre es el propio fotógrafo más allá de aditamentos técnicos; pero no deja de ser curioso que la diferencia entre una cámara de gama alta y una de gama baja en la época analógica era mucho menor que en la era digital en la que nos encontramos inmersos.