Aquellos maravillosos años de la infancia: 1989

Tenía pendiente la publicación de esta entrada desde hace tiempo (muuuucho tiempo) ya que es la que finaliza una miniserie que, a razón de una entrada por año, ha ido retratando mi infancia. En este caso nos remontamos a 1989, año en el que me regalaron mi primera cámara con la que precisamente fueron hechas estas fotografías en las que ya se vislumbran algunos rasgos que incluso pese al tiempo que ha pasado siguen siendo reconocibles.

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De hecho, a lo largo de los años he tenido ocasión de encontrarme con profesores que me dieron clase en aquella época y siempre me han reconocido sin ningún género de dudas. Nada más acercarme a ellos enseguida me he encontrado con un sonoro “¡Hombre, Luis, cuánto tiempo!” o “Yo te di clase a ti…” señal de que en el fondo mi aspecto no ha cambiado demasiado en las tres últimas décadas.

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Las dos fotografías que ilustran este artículo están hechas el mismo día en las inmediaciones del barrio de Venecia y el caso es que todavía recuerdo perfectamente a mi madre haciéndolas. La primera es en uno de los árboles de los márgenes del paseo del río a la altura del colegio Iplacea; árbol que sigue allí sólo que ahora bastante más grande. La segunda es en el parque que existe todavía hoy en el extremo sur del mencionado barrio pero en el que ya no están esos rústicos troncos de madera en los que cada vez que pasaba trataba de mostrar al mundo mis innatas cualidades para el funambulismo.

A partir de aquí empecé a ser yo el que casi siempre estaba detrás de la cámara, por lo que mis apariciones fueron mucho más esporádicas e incluso hay años en los que no aparezco ni en una miserable imagen. Por tanto, a partir de este año la mini-serie perdería su sentido y de ahí que haya decidido poner el punto final justo en el último año de la década de los ochenta.

Han sido ocho entradas en las que os he mostrado cómo fui creciendo y cambiando durante la primera década de mi existencia y con las que espero haberos hecho partícipes de lo que fui para así tener una perspectiva desde la que entender todo lo que vino después.

Alcalá desde el aire (VI): la universidad laboral en 1989

Si habéis estudiado algún tipo de enseñanza técnica en Alcalá de Henares a finales de los años 60 o principios de los 70 es bastante posible que lo hayáis hecho en el edificio que ilustra la entrada de hoy. Se trata de la antigua universidad laboral (ULA) donde a partir de 1966 se impartieron estudios de bachillerato así como algunas carreras universitarias entre ellas la propia titulación de Ingeniería Técnica Industrial en la especialidad de Electrónica Industrial (que es la que yo cursé muchos años después, pero en la escuela politécnica de la UAH).

 

Antigua Universidad Laboral (ULA)

Universidad Laboral en 1989. Fotografía extraída del libro "15 años de ayuntamientos democráticos". (Click sobre la imagen para ver notas y localización geográfica).

 

A partir de 1978 se dejaron de impartir en la ULA enseñanzas universitarias; pasando estas a ser competencia de la universidad politécnica de Madrid y posteriormente de la universidad de Alcalá. Desde entonces, se dieron aquí cursos de formación profesional de primer y segundo grado así como BUP y COU. Hoy en día las clases que se dan allí son las de un instituto cualquiera junto a algunos de los conocidos ciclos formativos (a los que la gente suele llamar módulos) que no son más que la evolución de la antigua formación profesional de modo que en esencia la actividad docente es la misma que hace veinte años sólo que adaptada a los nuevos planes de estudio. Por cierto, sobre todos estos temas tenéis más información en este enlace.

En cuanto al edificio como tal, os diré a modo de curiosidad que si pasáis actualmente por allí veréis que el conjunto posee unas cuantas plantas menos de las doce que tenía desde su inauguración. Allá por 1991, hubo una reforma radical en las instalaciones y se demolieron de un plumazo las cinco plantas superiores, dando al conjunto una apariencia más discreta; ya que antes de este cambio el edificio de la ULA se veía en buena parte de la ciudad debido a que además de su propia altura se encuentra situado en la parte más elevada del Campo del Ángel.

Actualmente la antigua ULA es el instituto Antonio Machado y ostenta el récord de ser el centro de enseñanzas medias con más alumnos de toda la comunidad de Madrid (de hecho hace unos meses apareció un reportaje en el diario El País sobre esto) y ocupa un terreno de una extensión amplísima como podéis apreciar en la imagen que tenéis sobre estos párrafos, ya que además del edificio como tal, cuenta con amplios jardines e instalaciones deportivas.

Por cierto, no quiero dejar pasar por alto que en esos campos que se ven a la espalda del edificio se levanta hoy en día el barrio de El Ensanche que apareció en la tercera entrega de esta serie de artículos que muestran Alcalá de Henares a vista de pájaro.

¡Hasta el próximo vuelo!

Aquellas fotografías de papel (1989-1990)

Tumbando arboles

Ese chico de jersey rojo, pantalones de muy dudoso gusto, mocasines marrones combinados con calcetines blancos, reloj Casio en la muñeca y que se agarra malamente con una mano al tronco del árbol para no pegarse un costalazo soy yo en la época en la que me regalaron mi primera cámara fotográfica hace ya veinte largos años. Una cámara que hace pocos días me encontré en un cajón de la habitación de mi hermana, siendo toda una sorpresa para mí porque pensaba que había acabado en la basura.

El hallazgo de la cámara fue el detonante para que me pusiera a repasar con frenesí los álbumes de fotos que andaban perdidos por una estantería de mi habitación. Dos gruesos tomos de color verde que pesan un quintal cada uno y una infinidad de aquellos pequeños libritos de páginas transparentes que te regalaban al revelar el carrete de turno (siempre te daban a elegir álbum o ampliación; y yo siempre escogía lo primero).

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"Río Henares a su paso por Tabla Pintora". Mayo de 1989. Mi primera fotografía de paisaje realizada precisamente el día que estrené la cámara. La verdad es que para ser la primera y estar hecha cuando sólo tenía nueve años no está demasiado mal, ¿verdad?

El caso es que me puse a ver las fotografías y pude apreciar perfectamente que ya desde mis primeros disparos siempre opté por los paisajes antes que por las personas. Es raro ver en mis fotografías de aquella época a personas en general, pero sí que os encontraréis paisajes de todo tipo: desde las playas o las montañas de Oropesa hasta los campos que hay detrás de Nueva Alcalá o el paseo que discurre junto al río Henares.

Precisamente por eso me puse a escanear algunas de esas imágenes y así poder compartirlas con vosotros en esta entrada. Ya os adelanto que dentro de unos días publicaré una o dos entradas más de temática similar con fotografías correspondientes a años posteriores, pero hoy me quería centrar en mis comienzos fotográficos entre la primavera de 1989 y el verano de 1990 (puede que algunos de vosotros ni hubierais nacido entonces) con tres imágenes que he seleccionado entre todas las que estuve viendo.

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"Puesta de sol en Oropesa del Mar". Julio de 1989. Esta fotografía fue bastante reveladora para mí porque recuerdo que me asomé a la parte trasera de mi urbanización y al ver los rayos del sol entre las nubes pensé: "Si yo los veo saldrán en la foto, ¿no?". Y el caso es que tenía razón. Desde entonces, no me resisto a intentar retratar una puesta de sol allí donde me encuentre.

Desde entones nunca he dejado de hacer fotografías: tras seis o siete años disparando carretes “normales” tuve una época bastante larga en la que hacía exclusivamente diapositivas (hay un armario que está repleto de ellas, pues superan el millar). Por último, hace unos seis años, me pasé a la fotografía digital pasando por varias cámaras, siendo éste el formato en el que me muevo actualmente.

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"Construcción del puerto deportivo de Oropesa del Mar". Julio de 1990. Imagen tomada desde las ruinas del asentamiento romano de Oropesa del Mar en la que se ve el puerto deportivo de esta localidad en pleno proceso de construcción. Como podéis apreciar el espigón principal estaba terminado, pero no así los muelles donde atracan los barcos.

Como veis, el estilo de las fotografías que suelo hacer no ha cambiado tantísimo en estas dos décadas; siendo un signo más de que cada persona percibe lo que le rodea de un modo personal e intransferible y así lo trata de plasmar con su cámara. En cualquier caso, dentro de unos días seguiremos explorando mi archivo fotográfico.

¡Un saludo y gracias por dedicarme vuestro tiempo!

¡He encontrado mi Werlisa de 1989 guardada en un cajón!

Hace aproximadamente una semana estaba buscando unos documentos antiguos por un mueble de mi casa y de repente me encontré con algo que creía perdido para siempre y que me hizo abrir los ojos como platos al divisarlo entre unas cajas con material escolar de épocas pasadas. No era más que una funda de nylon en color negro con unas bandas amarillas, la palabra WERLISA escrita en el mismo color y una correa medio deshilachada colgando de un lateral, pero lo verdaderamente importante llevaba esperándome en el interior desde hacía muuuuchos años.

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Se trataba ni más ni menos que de… ¡mi primera cámara de fotos!. Una Werlisa Club 35 que me regalaron mis padres exactamente el 10 de Mayo de 1989 con motivo de mi primera comunión. Y es curioso que me la encuentre precisamente ahora, pues hice referencia a esta cámara en la entrevista que me realizaron hace unos meses para Diario de Alcalá. Es una sensación muy especial la que le invade a uno cuando piensa que veinte años después de disparar mis primeras fotografías la cámara está de nuevo en mis manos como si no hubiera transcurrido el tiempo.

Werlisa club 35

Werlisa club 35

Werlisa club 35

La verdad es que se me hace un poco raro agarrar de nuevo este modelo: mi mano izquierda apenas entra por la correa que a los nueve años me quedaba incluso holgada y estoy ya tan acostumbrado al peso de mi Nikon D40 que esta parece estar fabricada en cartón piedra. De todos modos, me fascina comprobar que la cámara está intacta (siempre he sido muy cuidadoso con todas mis cosas) y que funciona perfectamente, por lo que mi mente ya se ha puesto a entretejer un plan que va a poner en contacto dos décadas de imágenes y que iré desgranando poco a poco por aquí.

Werlisa club 35

Werlisa club 35

De la cámara os puedo comentar así a nivel medio técnico que se trata de un modelo analógico (como es lógico) para carrete de 35mm fabricado en España por la firma Certex y que está equipada con una óptica fija de 38mm de la que no conozco su apertura, aunque supongo que rondará f/4.5 o así como suele ser habitual en las cámaras de gama baja para mantener enfocado todo lo que esté situado a una distancia superior al metro y medio. El objetivo tiene dos posiciones en función de la luminosidad ambiente y una tercera por si tenemos una unidad de flash conectada a la zapata superior como podéis apreciar en dos de las fotografías que ilustran la entrada.

En la parte trasera disponemos de un visor sin ningún tipo de indicador así como de una rueda de arrastre. Obviamente, la cámara no lleva ningún tipo de pila o batería porque el movimiento del carrete se realiza de forma completamente manual, así que podíamos irnos con ella durante una semana al monte sin más preocupación de no quedarnos sin carretes con los que fotografiar todo lo que se nos pusiera por delante.

Como os digo, este hallazgo ha sido una gran sorpresa que me ha llevado a coger mis álbumes antiguos para poner ponerme a recordar aquellas primeras fotos de papel; algo que, si me lo permitís, me gustaría hacer junto a todos vosotros a lo largo de los próximos días.

😉