Comparativa: Rovyvon Aurora A1 vs. A1x

En el reciente análisis de la Rovyvon Aurora A1x ya os comenté que estaba pensando en redactar una entrada comparando este modelo con su antecesora; y de hecho si os fijáis apenas hay referencias cruzadas entre ellas porque aunque comencé a escribir el artículo poniéndolas en contraste, borré casi todo lo que había escrito y volví a empezar escribiéndolo como un análisis independiente pero ya con la idea de estos párrafos que hoy comparto con vosotros.

Aunque para un comparativo como éste lo suyo sería resumir los datos en un tabla, he decido que mejor os voy a ir narrando punto por punto las semejanzas y diferencias entre los dos modelos a comparar, y así me puedo explayar un poco más (ya sabéis lo mucho que me cuesta ser breve cuando hablo de las cosas que me apasionan).

Externamente las dos linternas son muy similares, hasta el punto de que por separado podríamos pensar que tienen las mismas dimensiones. Sin embargo, puesta una al lado de la otra vamos a ver que la A1x ha crecido un poco con respecto a su hermana.

Concretamente, en la dimensión mayor la A1x es 5,5 mm más larga, mientras que en lo que a diámetro se refiere la A1x también es más grande por apenas 1,6 mm. En cuanto al peso, la A1x hace subir la báscula 4,8 gramos más que la A1; algo lógico porque su batería es 200 mAh mayor (330 contra 130) y por tanto el tiempo de carga también es ligeramente superior (90 minutos frente a 45).

El LED que equipan es el mismo (Cree XP-G3) aunque ambas poseen versiones con emisores Nichia de menor potencia pero mayor afinidad cromática; cosa que para la aplicación que yo le doy a este tipo de linternas se me queda en un un segundo plano. Valoro más la posibilidad de pegar un fogonazo rápido de bastantes lumens antes de percibir el RAL 5005 tal y como lo vería a la luz del día.

Hablando de potencia lumínica, la A1x vuelve a ganarle la partida a la A1 con sus 650 lumens frente a los 550 de la otra. Y no sólo eso, sino que también en la autonomía la A1x gana la partida por mucho, pues en el modo bajo de 20 lumens es capaz de mantenerse encendida durante 8 horas, mientras que la A1 a las 2,5 horas se apagará.

Hasta este punto la A1x gana por prestaciones, pero pierde por tamaño. Sé que la diferencia es escasa, pero cuando llevas la linterna junto a las llaves de casa en el bolsillo del pantalón sí que se nota ese leve incremento de tamaño. A ver, que a los dos días ya ni te acuerdas de que esta linterna es un poco más grande que la A1, pero aun así es un hecho.

Sin embargo, hay un aspecto radicalmente diferente entre las dos, que es la gestión de modos: en la A1 el proceso explicado rápidamente consistía en doble click para encender siempre en modo bajo y luego a base de clicks pasábamos a medio, alto y estroboscópico. Con un triple click activábamos directamente el modo ultrabajo (el 90% de veces que uso la linterna lo hago en ese modo) y manteniendo el botón presionado activábamos el modo alto.

En la A1x la cosa se complica, y es que no hay un modo de inicio por defecto: con un doble click activamos el modo que esté memorizado (lo que se logra usando un modo durante más de 3 minutos seguidos) y a base de clicks vamos haciendo ciclo entre ultrabajo, bajo, medio y alto. Con un triple click activamos directamente el modo estroboscópico y manteniendo pulsado activamos el modo alto directamente.

Pues bien, para el uso que yo hago de estas linternas el más cómodo para mí era el sistema de la A1, ya que sabía que con un triple click accedía directamente al modo Moonlight sabiendo que no iba a molestar a nadie ni me iba a cegar yo. Ahora mismo la A1x la tengo configurada para que se active el modo más bajo cuando la enciendo, pero si por lo que sea para alguna tarea necesito más luz durante un rato y al apagarla me olvido de reprogramar el modo ultrabajo, al volver a encenderla soltará una ráfaga de luz que no me esperaba (y además me caerá la bronca de mi novia por despertarla).

Un aspecto en el que la A1x ha mejorado enormemente es la implementación del PWM en los modos más bajos: en el modo moonlight de la A1 el PWM era de una frecuencia tan baja que se apreciaba a simple vista incluso con la linterna posada sobre la mesa; sólo había que mover un poco la mano delante de ella para comprobar que el parpadeo era evidente. Los modos bajo y medio también emplean PWM, pero al ser de una frecuencia mayor ya no era tan visible.

Pues bien, en la A1x han eliminado el PWM casi por completo; y es que aunque se usa en el modo moonlight el caso es que es inapreciable a simple vista incluso agitando la linterna con rapidez delante de los ojos, de modo que en ese aspecto los diseñadores de Rovyvon sí que han dado un paso adelante.

Por cierto, comentar que los botones de cada linterna son bastante diferentes, tanto en su forma como en su tacto. En el caso de la A1 es un botón ovalado de goma blanda que no tiene un click muy definido pero que aun así es preciso y fácil de activar. Por contra, en la A1x en botón es circular, de menor tamaño, recubierto de una goma algo más dura y con un tacto más definido a la hora de presionarlo. Yo, desde luego, prefería el de la A1 porque me resultaba más fácil dar con él a tientas y controlar el número y la cadencia de las pulsaciones que en el nuevo modelo

Hablemos ahora de lo que viene en la caja de la linterna: la A1x trae como extras un clip, una anilla de llavero, un cable de carga y el manual de instrucciones; mientras que la A1 añadía también una cadena por si nos la queríamos colgar del cuello. Supongo que en la marca se habrán dado cuenta de que era una flipada y han decidido prescindir de ella viendo que a nadie le dio por llevar sus linternas colgadas del cuello como si de un accesorio de moda se tratara.

Conclusiones

A modo de resumen diría que aunque la A1x ha supuesto un paso adelante en autonomía y también por la ausencia de PWM, ese ligero incremento en longitud y diámetro de la linterna la penalizan un poco a la hora de llevarla siempre junto a nuestras llaves. No es radicalmente más grande y está claro que algo había que sacrificar para implementar una batería de mayor capacidad, pero tras varias semanas con la A1x en el bolsillo he de reconocer que en ocasiones he echado de menos a su antecesora.

Por otra parte la nueva implementación de los modos de uso, desde mi punto de vista es un paso atrás por la variabilidad que supone la memorización de modo por defecto de aquel que utilicemos durante más de tres minutos seguidos. A mi modo de ver tal y como estaba implementado esto en la A1 era lo ideal, ya que siempre arrancábamos en el modo más bajo de los tres más habituales y luego teníamos acceso directo tanto al moonlight como al alto. En cuanto a la capacidad de iluminar, aunque en la práctica no hay grandes diferencias entre ambas, me quedaría con la A1x por esa ligeramente mayor concentración del haz de luz en la parte central.

En definitiva, si pudiera hacer una fusión de ambas linternas crearía un modelo con la autonomía y la ausencia de PWM de la A1x pero con las medidas, la implementación de los modos y el botón de la A1. Pero como todo no se puede tener, podría permitir que esa linterna personalizada tuviera las dimensiones de la A1x si gracias a ese sacrificio puedo mantener su batería de 330 mAh.

¡Nos leemos!

Review: Olympus M. Zuiko Digital ED 30 mm f/3.5 Macro MSC

Siempre me ha gustado mucho la fotografía macro y de hecho en los últimos tiempos, gracias a mis reviews de linternas, he usado intensivamente el Tamron 90 mm montado en mi Nikon D300. Gracias a ello he podido mostraros detalles micúsculos que de otro modo no podría haber fotografiado con la calidad que quería.

Y el caso es que aunque estoy más que contento con el conjunto que os acabo de describir, a medida que voy cumpliendo años cada vez me da más pereza salir con un equipo grande y pesado para fotografiar el mundo que me rodea, prefiriendo algo más manejable aunque a priori pueda perder algo de calidad de imagen.

Es en ese punto donde se me ocurre hacerme con un objetivo macro para mi ya veterana Olympus E-PL1, pues dispongo para ella de zooms entre 14 y 42 mm (el objetivo que trae de serie) y entre 40 y 150 mm además de un 14 mm fijo f/2.5 que me gusta mucho para fotografía urbana. Sin embargo, no podía hacer macro con esta cámara… hasta ahora.

Aspecto externo

Una vez más, lo primero que sorprende de los objetivos para el formato micro 4/3 es su tamaño y su peso: acostumbrado a los objetivos Nikon, estando diseñado alguno de los que tengo para formato Full Frame, el pequeño 30 mm macro de Olympus es un peso pluma que cabe en la palma de la mano. No llega a los extremos de portabilidad del 14 mm de Panasonic pero hay que reconocer que es una pequeña maravilla.

Más allá de sensaciones, para describirlo os diré que tenemos un barril de plástico con un amplio anillo de enfoque, una parte engrosada con un relieve que facilita su agarre que es la que queda pegada al cuerpo de la cámara cuando lo montamos y un fontal en el que destaca una pupila de entrada de poco diámetro en comparación con el diámetro del barril.

La montura por su parte es metálica, lo que ayuda a que el objetivo quede firmemente fijado a la cámara, y esto en comparación con los objetivos de montura plástica se nota en el tacto a la hora de cambiar de óptica. Una vez que escuchamos el click que anuncia que el objetivo está colocado en su sitio no se mueve ni un milímetro aunque lo forcemos en uno u otro sentido.

El objetivo no tiene ningún tipo de control incorporado (enfoque manual/automático, limitación de rango de enfoque, etc) más allá del anillo de enfoque, por lo que una vez montado en la cámara todo se maneja a través de los controles de la cámara.

Características técnicas

Como suelo hacer en este tipo de artículos, os enumero a continuación los datos técnicos del objetivo para que os hagáis una idea de lo que puede ofrecer:

  • Formato: m4/3
  • Distancia focal: 30 mm (60 mm en equivalente a 35 mm)
  • Construcción: 7 elementos en 6 grupos. 2 elementos asféricos, un elemento de baja dispersión
  • Ángulo de visión: 40 grados
  • Tipo de enfoque: automático con motor ultrasónico y compatible con vídeo
  • Distancia mínima de enfoque: 9,5 cm
  • Ratio máximo de ampliación: 1.25x (2.5x en equivalente 35 mm)
  • Diafragma: 7 palas redondeadas
  • Apertura máxima: f/3.5
  • Apertura mínima: f/22
  • Diámetro de filtro: 46 mm (no gira cambiando el enfoque)
  • Dimensiones: 57 mm (diámetro) x 60 mm (largo)
  • Peso: 128 gramos

Uno de sus aspectos más destacables es que el ratio de ampliación es de 1.25x cuando lo habitual en este tipo de objetivos es que sea de 1x; lo que implica que a la distancia mínima de enfoque sobre el sensor de la cámara el objeto a fotografiar se va a proyectar a un tamaño un 25% mayor que el que tiene realmente y eso nos va a ayudar a distinguir mejor aquellos detalles que queremos mostrar.

Calidad de imagen

Si bien la calidad de las fotografías que obtenemos con este objetivo en la E-PL1 no es mala en absoluto, si lo comparamos con lo que logramos con el conjunto de Tamron 90 + Nikon D300 vemos que se queda un poco atrás. Cierto es que como ya os dije hace tiempo, con la Olympus disparo siempre en JPG y con la D300 lo hago en RAW, por lo que en ese caso en postproducción puedo sacar más información y más calidad de la imagen original. Aun así, como os decía al inicio de este párrafo, creo que la calidad que ofrece este objetivo es más que decente, sobre todo teniendo en cuenta su ligereza, su tamaño y la inmediatez de resultados que obtengo al prescindir del procesado posterior.

Lo que observo es que las zonas desenfocadas quedan algo emborronadas y sin la sensación de fundirse como queso que tiene el Tamron en la cámara con montura F. Aun así, los mejores resultados los conseguimos (como en cualquier rama de la fotografía) con una adecuada iluminación. Si tiráis de ISOs altos veréis que las imágenes no quedan nítidas del todo porque el ruido no es muy evidente pero se nota que está ahí disminuyendo la nitidez global de la imagen.

Es mucho mejor que trabajemos con una iluminación potente al ISO nativo de la cámara y disparando a aperturas intermedias para maximizar así la capacidad del objetivo de captar el detalle de las cosas.

De hecho, las primeras pruebas las hice en interiores sin iluminación auxiliar y la verdad es que me hicieron torcer un poco el gesto, pero al día siguiente bajé a la calle después de comer a fotografiar aquellos detalles que me llamaran la atención y ahí sí que empecé a ver que había hecho una buena compra porque luego en el ordenador es cuando me di cuenta de que la calidad de esas imágenes en exterior era bastante mejor.

Una cosa que debemos tener en cuenta es que al tener una distancia mínima de enfoque de tan sólo 9,5 cm con respecto al sensor de la cámara, para conseguir el ratio de magnificación de 1,25x tendremos que situar la lente frontal del objetivo a apenas un par de centímetros del objeto a fotografiar, de modo que es más que posible que nosotros mismos provoquemos sombras precisamente por la proximidad a la que nos situamos.

En tal caso, una buena iluminación lateral (ya sea con la posición del sol respecto al motivo o con alguna fuente de luz auxiliar) ayudará a que no se generen esas antiestéticas sombras que os digo.

En cuanto a la profundidad de campo, como en todo objetivo macro éste es un tema muy crítico a la hora de mostrar algo, pues es fácil que quede ligeramente borroso si no clavamos el plano de enfoque; aunque entre que el objetivo es de 30 mm y que el sensor de la cámara es algo más pequeño que un APS-C como los de las reflex de Nikon, Sony y Canon aquí tenemos algo más de margen.

En términos generales, y al igual que hago con mi D300, mi consejo es que paséis del autofocus y en fotografías macro empléis el enfoque manual; algo a lo que ayuda en las cámaras Olympus la ampliación digital en pantalla de hasta 10x de la zona de la fotografía que queráis. Además, el anillo de enfoque de este objetivo es muy progresivo, de modo que no os costará clavarlo en el punto que queráis.

Es un macro, pero no se queda sólo en eso

Aunque estamos hablando de un objetivo de tipo macro, no quiere decir que sólo podamos enfocar a cosas que estén a apenas unos centímetros delante de la cámara, sino que al fin y al cabo es un 30 mm en formato m4/3 con todo lo que esto implica. De hecho, una ventaja de los objetivos macro es que suelen ser muy nítidos, carentes de deformaciones y con pocas aberraciones cromáticas, y este Olympus no es una excepción.

Además del uso principal para el que está concebido lo he empleado también para hacer algún retrato, fotogafía de paisaje urbano… Lo único malo es que su apertura máxima es de f/3.5 que no es mucho para una focal fija; pero aun así es suficiente para desenfocar los fondos si nos acercamos lo suficiente al sujeto principal (en este caso la distancia mínima de enfoque nunca va a ser un problema).

Un 30 mm es una focal muy natural en una cámara m4/3 y la perspectiva que da se parece bastante a la del ojo humano. De hecho, si os fijáis en las fotos que he hecho por las calles con esta óptica veréis que se parece mucho a lo que observamos cuando estamos dando una vuelta por ahí.

Conclusiones

Como os he comentado a lo largo del artículo, la virtud de ese objetivo es que nos permite disponer de un 30 mm muy nítido y un objetivo macro muy capaz a un coste contenido (su precio oficial es de 269 €, pero a poco que busquemos podemos encontrarlo por debajo de los 200 €) y sin penalizar ni en peso ni en tamaño. Lo considero, por tanto, una buena óptica para llevar en la cámara a la hora de dar un paseo con buena luz y poder captar tanto el paisaje que nos rodea como aquellos pequeños detalles que nos vamos encontrando.

Imágenes de ejemplo

Os dejo por aquí algunas fotografías más captadas con el objetivo que hoy analizamos montado en la Olympus E-PL1. Como ya os he comentado antes, aunque dispone de la opción de formato RAW, con esta cámara disparo exclusivamente en JPG de modo que las imágenes que ilustran este artículo no tienen ningún tipo de postprocesado.

Otras reviews (en inglés)

Os dejo con algunos artículos que han aparecido en otros rincones de internet por si queréis ampliar información de este objetivo que, como os digo, guarda un buen compromiso entre calidad, precio y ligereza.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Review: Rovyvon Aurora A1x

La Aurora A1 de Rovyvon se ha convertido por derecho propio en mi compañera de llaves desde hace ya unos meses. Además de una construcción robusta y una portabilidad increíble, me gusta mucho el tacto de sus materiales y, sobre todo, los diversos modos que posee.

Tanto me ha gustado que ahora he decidido hacerme con el modelo que la sustituye que no es otro que la A1x, la cual sobre el papel ofrece mayor autonomía, interfaz de usuario mejorada y 100 lumens más de potencia lumínica; así que vamos a ir comentando punto por punto sus características principales.

El cuerpo

El cuerpo de la A1x está fabricado mayoritariamente de polimida, con una longitud total de 60,5 mm y un diámetro de 15,6 mm, contrando con un peso total de 16,8 gramos. Su forma es cilíndrica pero en la parte de poliamida posee diversos relieves para mejorar el agarre y la parte delantera (la cabeza) está fabricada en acero inoxidable totalmente pulido para ayudar a disipar el calor que emite el LED y dar más estabilidad a la hora de sostenerla en la mano.

Es curioso comprobar cómo la Rovyvon A1x no incluye esa ‘x’ en el nombre grabado en su cuerpo, y es que bastantes modelos tiene ya esta marca en el mercado como para encima ir añadiendo sufijos a cada evolución que saca. Como os digo, en “los papeles” se conoce como A1x pero en realidad sigue siendo la A1 porque lo que ha hecho ha sido sustituir al modelo original y así lo han querido reflejar los diseñadores en su cuerpo.

Hablando de nombres, denominaciones y serigrafías varias, observo que en la parte trasera (que es plana y permite hacer un tailstanding medianamente estable) han escrito “EDC Flashlight” a dos líneas, lo que me parece un poco hortera e innecesario, pues ya se ve que es una linterna que por su tamaño podemos llevar siempre encima.

Po cierto, la pequeña anilla que veis en las fotos se la he añadido yo, ya que así puedo llevar la linterna en mi llavero unida con un pequeño mosquetón que me permite liberarla rápidamente y así no tener que andar con las llaves colgando. En la caja de la linterna viene un anillo bastante más grande que éste, un clip metálico reversible, un cable de carga y el manual de usuario en papel.

El puerto microUSB de carga de la batería interna está situado en un lateral y es algo que en nada afecta a la ergonomía o funcionalidad de la A1x, ya que cuando la tapa está cerrada queda perfectamente enrasada con la superficie de la linterna. En cuanto a la batería, esta es de 330 mAh, tarda 90 minutos en cargarse por completo y nos proporcionará las siguientes autonomías:

  • Modo alto (650 lumens) 1,5 minutos –> (100 lumens) 75 minutos
  • Modo medio (230 lumens) 1,5 minutos –> (100 lumens) 90 minutos
  • Modo bajo (20 lumens) 8 horas
  • Modo ultrabajo (2 lumens) 30 horas

Como podéis ver, en los dos modos más altos tenemos una limitación que hace que al cabo de 90 segundos pasemos a una salida de “sólo” 100 lumens para evitar calentones en la electrónica y/o batería. Aún así, nada nos impide transcurrido ese tiempo apagarla y volver a unos de esos modos para utilizar todos los lumens que necesitemos. Eso sí, en el modo de 650 lumens la cabeza (de la linterna; no la nuestra) se pone a bastante temperatura al cabo de aproximadamente un minuto, así que ojo con cebarse porque ya sabéis que el calor no le sienta muy bien a las baterías de litio.

La luz

La A1x cuenta con un LED Cree XP-G3 capaz de emitir un máximo de 650 lumens (también existe una versión con un Nichia 219C de CRI >90 y 450 lumens) y observo que la zona central del haz de luz es sensiblemente más brillante que el perímetro exterior; por lo que gracias a ello ahora la luz que lanza llega algo más lejos. Es decir, que a la hora de usarla a su máxima potencia la zona a la que estamos apuntando resultará algo más brillante que los alrededores, lo cual creo que es una buena cosa en linternas de cierta potencia porque nos permitirá ver “más allá”.

Cuando uso la A1x a plena potencia me gusta comprobar cómo la luz es muy blanca y capaz de inundar una estancia de tamaño medio hasta el punto de molestar a los ojos si estábamos en oscuridad. Como anécdota os contaré que un día en el trabajo un compañero estaba tratando de localizar una pieza en el fondo de un tubo de metal de un par de metros de largo y para ello estaba alumbrándose malamente con el móvil. Pues bien, cuando saqué la A1x y le pegué un fogonazo de luz al interior del tubo haciendo que todo refulgiera como el sol él pegó un salto y tildó a la minúscula linterna como “matahombres”; término que me hizo mogollón de gracia.

Algo que agradezco mucho en la A1x es que no presenta PWM a simple vista. Juraría que algo tiene, sobre todo en el modo más bajo, pero de haberlo es prácticamente indetectable, a diferencia de la A1 “a secas” donde el modo moonlight presenta un parpadeo de baja frecuencia que se percibe incluso con la linterna posada encima de la mesa.

Las sensaciones

La linterna en la mano se siente ligera, robusta y bien ajustada. Nada se mueve ni cruje; ni siquiera al sacudirla. Tiene aspecto de que nada le ocurrirá si se nos cae al suelo pero tengo una queja: el botón de de control lo encuentro demasiado pequeño. En este caso es redondo, del tamaño de una lenteja pardina y recubierto de un círculo de goma transparente, pero es que el click es tan leve y poco definido que a veces me cuesta distinguir si lo he pulsado o no. Ah, también sirve como testigo de carga, ya que parpadea en azul mientras estamos cargando la linterna y se queda fijo al terminar.

En esta linterna la implementación de los modos no es siempre la misma. Me explico: cuando encendemos la linterna con un doble click en su botón se activa el modo que estuviera memorizado; y eso se hace estando en alguno de los modos durante más de tres minutos. Es decir, que si estamos en el modo Alto durante más de tres minutos y apagamos la linterna, al encenderla volveremos a dicho modo y en él empezará el ciclo (cambiaremos entre escalones con pulsaciones breves en el botón de la linterna) que en este caso será “Alto – Ultrabajo – Bajo – Medio – Alto – Ultrabajo…”.

Si estando por ejemplo en el modo Alto le damos un toque al botón pasaremos al modo Ultrabajo, y con otro toque más pasamos al Bajo. Si dicho modo está activado durante más de tres minutos ese pasará a ser ahora el modo de inicio y en él empezará el ciclo de modos a partir de entonces siguiendo el órden “Bajo – Medio – Alto – Ultrabajo – Bajo – Medio…”.

Por tanto, si como me pasa a mí y os gusta que al encender la linterna esta lo haga en el modo menos luminoso de todos, tendréis que hacer que memorice el modo Ultrabajo y así al encenderla no os deslumbraréis ni a vosotros mismos ni al resto de la humanidad. Lo único que si cambiais de modo al usarla y lo mantenéis durante un rato, es posible que ese se guarde como modo incial y os sorprenda la próxima vez que encendáis la linterna.

Por otra parte, si con la linterna apagada mantenemos pulsado el botón activaremos directamente el modo alto que se mantendrá encendido mientras estemos pulsando el mencionado botón y luego está el modo el estroboscópico, que por suerte está fuera del ciclo de modos normales y se activa estando la linterna apagada y haciendo una triple pulsación en el pequeño botón. En cualquier caso, estando la linterna encendida para apagarla hay que mantener pulsado el botón de control durante algo más de un segundo.

A mí ese tipo de linternas me parecen la mejor opción en cuanto a la relación portabilidad/prestaciones. Ya hemos analizado alguna de un tamaño minúsculo (como la Walter Pro NL10, la Trustfire Mini-07 o la Olight i1R 2 EOS) y aunque es verdad que de esas literalmente nos olvidamos de que las llevamos encima, no es menos cierto que la potencia lumínica y, sobre todo, la autonomía se resienten un poco. Sin embargo, con este tipo de linternas que descubrí con la Nitecore Tiki tenemos un balance muy adecuado entre tamaño reducido, potencia luminosa más que suficiente y autonomía como para no tener que ir cargando todos los días la batería.

Del modelo que hoy estamos viendo me gusta que hayan eliminado el PWM porque cuando es muy acusado molesta bastante cuando estamos iluminando algo en movimiento y tenemos la sensación de estar viendo un vídeo que corre a pocos frames por segundo. En este modelo esto se ha eliminado casi por completo y eso es algo que quiero recalcar.

En cuanto a los materiales, habrá gente a la que no le guste, pero creo que la elección de la poliamida para el cuerpo es buena: es un material medianamente resistente al uso diario aunque no tanto a los arañazos profundos como el que he provocado al colocar la anilla posterior y que podéis ver en una de las fotos que ilustran esta entrada. En el día a día no vais a tener arañazos visibles con el roce con las llaves y/o las monedas que podáis llevar en el bolsillo, y lo que va a ocurrir más bien es que la textura microgranulosa de la linterna se va a ir suavizando y alisando en las zonas de mayor roce, haciendo que vuestra A1x vaya envejeciendo con vosotros.

Conclusión

Reconozco que he desarrollado una rápida afinidad por Rovyvon: hacen linternas con un diseño que me gusta mucho, prácticas, funcionales y, aunque esto es algo que veremos con el tiempo, fiables y resistentes.

El modelo que hoy hemos visto es ahora mismo el más sencillo de la marca, pero eso no quiere decir que ande corto de prestaciones: poner 650 lumens en la punta de tus dedos en un momento dado es una pasada; y aunque es verdad que gracias al aumento de capacidad de la batería tenemos una autonomía bastante decente, también he de decir que empieza a estar en el límite del concepto de linterna llavero de tal modo que si la engrosan o alargan un poco más ya tendría que ir suelta en un bolsillo, mochila o bolso.

De hecho tengo en mente preparar un artículo comparando la A1 y la A1x porque creo que puede ser interesante para comprobar si la introducción de las mejoras en el nuevo modelo ha sido un paso adelante o no. A ver si un día de estos me pongo con ello porque creo que puede ser interesante.

Más información

Hogar. Cap 1. “Buscando un techo”

Hay momentos en la vida en los que te tienes que plantear tomar grandes decisiones. Puedes retrasarlo desviando la vista hacia otro lado interesándote por el vuelo de un pajarillo o haciendo que tropiezas y te tuerces un tobillo, pero ten por seguro que al final no vas a poder esquivarlo. Una de esas decisiones trascendentales y que marcará un punto de no retorno en tu existencia es la compra de una vivienda.

Mi primer consejo (sobre todo si la idea es adquirir la vivienda a medias con otra persona) es que primero paséis una temporada de alquiler. No tienen por qué ser varios años; realmente con unos meses ya vale, y es que al final convivir es aprender a soportar las manías del otro; y eso es algo que en poco tiempo ya se ve si va a ser tarea fácil o un tormento chino. Que de visita o saliendo a cenar todos somos muy majos, pero cuando día tras día te encuentras el tubo de pasta de dientes espachurrado, tu cojín favorito manchado de keptchup o la luz del baño encendida “por deporte” puede salir a la luz ese pequeño dictador nazi que todos llevamos dentro.

Aparte de eso, el estar en un piso de alquiler donde, por lo general, no te dejan modificar nada va a servir para ver realmente qué nos hace falta para el día a día y de qué podemos prescindir; algo que te evitará muchos errores a la hora de elegir y diseñar la que será tu vivienda definitiva. En mi caso particular (y el de mi chica) nos ha servido para, además de ver que nos llevamos estupendamente, comprobar empíricamente que:

  • Las plantas crecen más y mejor en una terraza
  • Un barrio donde haya pequeños comercios evita visitas intempestivas al siempre abarrotado centro comercial
  • Con dos baños llegaríamos a tiempo a todos nuestros compromisos
  • El suelo de gres es gélido en invierno (mala idea para salón y dormitorios)
  • Al igual que los discos duros, el almacenamiento en la cocina (y en los armarios) siempre se acaba llenando, así que cuanto más mejor
  • Las ventanas oscilobatientes de PVC y doble cristal son el mejor invento del mundo a nivel térmico y acústico
  • La orientación y altura de la vivienda influye radicalmente en la cantidad de luz natural que nos llega y su temperatura interior

Pero bueno, aunque tengamos muy claras nuestras prioridades, nadie es experto en esas cosas: todos al principio somos muy optimistas y nos convencemos de que si buscamos un poco y aplicamos grandes dosis de paciencia algún día aparecerá alguien que venda por azares de la vida un chalet en La moraleja a precio de bajo en Villaverde; pero siento deciros que en el mercado inmobiliario no hay un Aliexpress de los pisos o un eBay donde con un poco de suerte te llevas algo con una única puja.

El que vende una casa se ha informado y sabe lo que tiene entre manos. Te la puede rebajar un poco si le caes bien y le das mucha pena; pero es algo irrisorio en comparación con la cantidad de pasta que vas a tener que soltar por tener un techo propio bajo el que caer muerto algún día. En serio, cuando piensas en la cantidad de años que vas a tener que trabajar para poder pagar eso te entra un vértigo que ni en lo alto de la torre Eiffel.

Para hacerlo de una forma ligeramente ingenieril (ya sabéis que me encanta) vamos a definir la fórmula de la compra de nuestra casa como X + Y = Z; donde X son los metros cuadrados, Y las calidades de la vivienda y Z los ahorros que vamos a invertir en ella. Lo malo es que da igual lo que tengáis en mente porque a medida que vayáis viendo casas os daréis cuenta de que tendréis que elegir entre bajar X e Y o bien buscar la manera de poder aumentar Z.

Si disminuis X está claro: casa más pequeña, cosa que de inicio no es un gran problema hasta que paséis a la siguiente gran decisión vital, que no es otra que formar una familia. Niños apretujados en el baño a la hora de ir al cole, cenas de bandeja en el sofá o tele de 21 pulgadas en el salón no apta para miopes.

Si optáis por que sea la Y la que disminuya podéis hacerlo de varias formas: casa que se cae a cachos, barrio chungo, ventanas de papel, suelos que crujen, quinto sin ascensor… Lo del barrio no tiene remedio; pero el resto con tiempo y pasta se podría corregir, así que no es descabellado y, desde mi punto de vista, si no hay que bajar muchísimo el listón creo que es mejor que la opción de bajar la X, ya que esos metros cuadrados de más nos darán mucho juego en el futuro.

Por último, claro está, tenemos la opción de que Z se incremente; cosa que podemos hacer con paciencia ahorrando mes a mes todo lo posible, de un modo mucho más rápido mediante formas ilegales poco recomendables (robo, extorsión, comercio ilícito…) o bien pidiendo una hipoteca al banco haciéndonos ricos por un instante pero pobres para el resto de nuestra vida.

Sea como sea, pasa el tiempo y al final damos con algo que nos encaja; y ahí cada persona (o cada pareja) es un mundo. Hay gente que es de adosados, otros de pisos altos, otros de áticos, otros de cabaña en medio de las montañas… Seas del tipo que seas, lo que te acabas de comprar es más pequeño, más cutre y más caro que aquello que tenías en mente el primer día; eso es así. Pero no te deprimas, ya que lo divertido empieza ahora; sobre todo si, como nosotros, has pensado que lo mejor era comprar un piso antiguo y reformarlo.

Consejos para conducir un coche eléctrico (Renault Zoe 2018)

Por mi profesión me tengo que desplazar a diario a diferentes centros trabajo y para ello mi empresa me asignó un coche; sólo que por políticas de medio ambiente se decidió que fuera un vehículo eléctrico, concretamente un Renault Zoe de finales de 2018.

Como comprenderéis, entre lo amante de la tecnología en general que soy y mi fascinación por este tipo de vehículos (os dejo enlaces a la review del patinete eléctrico de Xiaomi y el repaso que le hice al cumplir mil 1000 Km) el primer día que me puse al volante del Zoe aluciné en colores porque esto ya jugaba en otra categoría de vehículos a pilas.

La idea de este artículo es la de plasmar mis experiencias en el día a día con este coche además teniendo en cuenta que en casa no tengo cargador y, por tanto, he de recargar la batería en el trabajo. Esto último no me supone un problema, pero esto es algo que matizaré más adelante porque considero que es uno de los aspectos más importante a la hora de utilizar este tipo de vehículos.

Para que os hagáis una idea, durante el último año he hecho con el Zoe algo más de 20000 Km, lo que creo que me da cierta perspectiva para hablar de él con propiedad. Lo he llevado en todo tipo de climas y he recorrido tanto carreteras como ciudades, así que vamos a ir punto por punto:

Si has conducido un coche automático ya sabes conducir un eléctrico

Los coches eléctricos sólo tienen dos pedales: acelerador y freno. Si nunca habéis llevado antes un automático (como fue mi caso) el consejo que os daré es que hasta que te acostumbres lo mejor es que el pie izquierdo lo escondas tras el derecho mientras conduces y de ese modo que te cueste sacarlo de ahí. Lo digo porque es un clásico que vas a detenerte en un semáforo, te crees que vas en un coche manual y al ir a buscar el embrague para que no se cale pisas el pedal de freno con todas tus fuerzas y el problema no es la reverencia que haces; sino que si llevas otro coche detrás lo mismo te reduce unos cuantos litros de maletero de golpe y porrazo.

La cosa es usar el pie derecho tanto para acelerar como para frenar, ya que en teoría no hace falta hacer ambas cosas a la vez (el punta-tacón no tiene sentido en un eléctrico). No cometáis el error de usar un pie para cada pedal porque el izquierdo lo tenéis acostumbrado al embrague y vais a clavar frenos todo el tiempo.

Par prácticamente constante

A diferencia de los motores de combustión, donde a cada régimen de revoluciones del motor corresponde un valor de par, en los coches eléctricos este es prácticamente constante desde parado hasta una velocidad determinada que en el Zoe se sitúa en torno a los 100 Km/h, bajando a partir de ahí el par y, por tanto, el empuje y el rendimiento.

Pero es precisamente en ese primer tramo del motor donde reside gran parte de la “gracia” de los eléctricos en ciudad; y es que mientras que los coches de combustión tienen que alcanzar ciertas RPM para empezar a acelerar con fuerza, un eléctrico lo hace según iniciamos la marcha, por lo que si hundimos el pedal del acelerador salimos disparados hacia delante de manera instantánea y constante (y además al no tener que cambiar de marchas ahí también ganamos ventaja, pues en los de combustión durante el cambio de marcha la aceleración es cero).

Vamos, que al salir de los semáforos siempre tendremos ventaja sobre el resto de vehículos en los primeros metros a no ser que el coche que tengamos al lado sea un Porsche 911 con cambio PDK o algún espécimen similar.

La influencia del clima en la autonomía

La autonomía de los coches eléctricos disminuye a medida que las temperaturas se hacen más extremas; hablando tanto de frío como de calor. Por tanto, de cara a maximizar la autonomía, las mejores épocas son la primavera y el otoño. Aun así, ya os adelanto que por mi experiencia el verano no es tanto problema como el invierno como ahora desarrollaré.

Esta disminución de la autonomía se debe fundamentalmente a dos factores: por un lado la batería ha de mantenerse siempre dentro de un rango de temperaturas fuera del cual corre el riesgo de deteriorarse con cierta rapidez, de modo que en caso de que la temperatura sea extremadamente baja se pone en marcha un sistema de calentamiento interno de la misma que la mantiene templada. En el caso de un calor extremo en la calle, la batería dispone de un circuito de refrigeración que la mantiene fresca para evitar problemas que podrían llevar a su degradación.

Por otra parte, como seres humanos que somos tenemos frío en invierno y calor en verano, y ambas cosas las combatimos mientras conducimos gastando energía ya sea en calefacción o en aire acondicionado. En el caso de coches de combustión interna la diferencia de consumo es escasa usando la calefacción o no porque lo que se hace es aprovechar el exceso de calor emitido por el motor para calentar el habitáculo, pero un eléctrico tira mucho de batería cuando queremos calentar el aire del interior (y ni os cuento cuando en invierno te encuentras el coche cubierto de hielo y tienes que esperar con la calefacción puesta a tope a que se derrita para poder ver).

Para empezar a poner cifras a todo esto, la autonomía oficial del Zoe que uso es de 300 Km con su batería de 41 KW. Pues bien, en tiempo primaveral u otoñal con una carga completa puedo hacer unos 270 Km reales, lo cual no está nada mal dado que de casa al trabajo tengo 33 kilómetros casi completamente de autopista y luego entre centros suelo desplazarme por carreteras nacionales de 90 o 100 Km/h. Lo habitual es que al día haga unos 120 Km de promedio, por lo que si apuro mucho podría cargar la batería en días alternos.

En verano la autonomía no se resiente demasiado, ya que aunque uso el climatizador a 22 grados en todos los trayectos menos en el primero de la mañana porque todavía hace fresco, la autonomía no baja demasiado y puedo hacer perfectamente unos 240 ó 250 Km. Todavía podría cargar cada dos días, pero el segundo día llegaría al trabajo al borde del infarto. Por lo que sea, el climatizador tira algo de batería, pero no demasiado.

Sin embargo, en invierno las cosas pintan peor: cuando el termómetro no sube de cero grados en todo el día a la batería le puedo sacar como mucho unos 200 Km si pongo la calefacción para ir a gusto (supongo que el sistema de calentamiento interno de la batería que os decía antes entra en acción). ¿El truco para maximizar la autonomía? Abrigarse más y usar la calefacción al mínimo para que no se empañen los cristales a diferencia de esa gente que en enero conduce en marga corta y con temperatura interior de sauna finlandesa. Si uso la calefacción lo mínimo imprescindible la autonomía sube a 220 Km aproximadamente. No parece mucho más, pero esos 20 Km pueden ser la diferencia entre llegar al cargador o llamar a la grúa.

Potencia de carga

Para cargar los coches eléctricos hay varios modos y cargadores. El más simple consiste en un cargador de emergencia con enchufe Schuko, pero el coche tardará un montón de horas en cargar la batería al completo porque en esos casos se limita a unos 3 KW/h como mucho. Lo ideal es usar cargadores tipo Wallbox que meten bastante más potencia de carga y en el caso de los más rápidos podemos cargar la batería al completo en apenas tres horas.

 

En números gordos y para que sea fácilmente comprensible, si la batería del coche es de 40 KW (es de 41, pero vamos a redondear), metiéndole 4 KW/h nos sale un tiempo de carga de 10 horas. Si el cargador es capaz de dar una potencia de 13 KW/h en aproximadamente tres horas tendremos la batería rellena suponiendo que hemos llegado al cargador “secos”.

Si el cargador pudiera dar 80 KW/h tendríamos la batería cargada en apenas media hora; pero para aceptar potencias de carga tan altas el coche también tiene que estar preparado y no suele ser habitual en coches pequeños como el Zoe (esto es más de los Tesla, Porsche Taycan y similares). De serie, la carga más potente que admite el modelo de Zoe del que hoy os hablo es de 22 KW/h (el nuevo, aparecido hace apenas unos meses, puede llegar hasta los 50 KW/h).

En mi caso, puesto que dependiendo del día puede que me tenga que mover más o menos, siempre trato de ir con autonomía de sobra: si me quedan 100 Km de batería y sé que todavía voy a tener que hacer unos 70 Km no pienso en que todavía me sobrarían 30 Km, sino que cargo (aunque sea un rato) en cuanto puedo; y si puede ser en un cargador rápido mejor. Pensad que apenas un cuarto de hora en un cargador de 15 KW/h representan unos 25 Km más de autonomía, que ya es margen de sobra para ir tranquilo incluso si al final la cosa se complica y me toca dar un rodeo y hacer más kilómetros de la cuenta.

En la mayoría de los centros por los que suelo pasar hay cargadores, pero los hay más rápidos y más lentos. Os cuento: en mi base hay uno de 22 KW/h donde además pueden cargar dos vehículos simultáneamente; por lo que si llego seco en apenas dos horas tengo en coche cargado a tope. Sin embargo, en uno de los que están más alejados de mi base el cargador es de tan sólo 5 KW/h, de modo que si llego casi sin batería a ese lugar me va a tocar estar dos horas allí para ganar apenas 66 Km de autonomía y poder regresar.

Cálculo rápido de autonomía

Si hacéis un uso normal de un Renault Zoe el consumo promedio os va a salir de unos 15 KW/100 Km, lo que nos facilita mucho las cosas para realizar cálculos mentales rápidos de autonomía. Al final las matemáticas son las matemáticas y todo cuadra. Veréis:

La batería completa tiene 41 KW de capacidad, lo que quiere decir que la autonomía máxima que nos va a dar será (41/15)*100 = 273 Km. Visto de otro modo, para recorrer 100 Km necesitamos consumir 15 KW de la batería, y esto es con lo que os tenéis que quedar.

Conectados a un cargador de 15 KW/h, si estamos cargando durante media hora podremos recorrer unos 50 Km más. Si estamos dos horas enchufados a ese mismo cargador la autonomía se verá incrementada en 200 Km aproximadamente.

En el caso de que el cargador sea de tan sólo 3 KW/h (el Schuko que os decía hace un rato) para aumentar esos 200 Km de autonomía que decíamos hace un momento necesitamos meter 30 KW a la batería, cosa que nos llevará unas 10 horas, lo que quiere decir que si estamos conectados durante una hora tan sólo aumentaremos 20 Km la autonomía disponible.

Si tenemos la suerte de contar con un el cargador más rápido disponible para el Zoe (22 KW) esos 200 Km de autonomía los conseguiremos en aproximadamente una hora y veinte minutos, que sería el tiempo que tardaría en meter a la batería los 30 KW de los que hablábamos en el párrafo anterior.

Carretera: Velocidad vs. consumo

Cuando sales con un eléctrico a carretera la velocidad es un factor a tener muy en cuenta a la hora de estimar la autonomía. Aunque no lo parezca el aire que respiramos es denso y cuando circulamos en coche tenemos que abrirnos paso a través de él. A velocidades bajas esto es prácticamente despreciable, pero en cuanto cogemos velocidad el porcentaje de potencia que debemos invertir en esta labor ya tiene su importancia.

De hecho, la potencia necesaria para vencer a la aerodinámica tiene una relación cúbica con respecto a la velocidad. Es decir, que al doble de velocidad gastaremos ocho veces más potencia para vencer la resistencia aerodinámica. Imaginad que a 100 Km/h necesitamos emplear 3 KW/h en atravesar el aire; pues bien, a unos hipotéticos 200 Km/h tendremos que emplear 27 KW/h en esto mismo.

Por tanto, si hacéis mucha autopista con un Zoe tened paciencia y conducid tranquilamente a velocidades de entre 100 y 110 Km/h si no tenéis muy claro cuándo podréis recargar la batería.

Ciudad: cambia el chip

A diferencia de los coches de motor térmico en los que la ciudad es, con diferencia el entorno donde más gastan, en el caso de los eléctricos es todo lo contrario: si sólo usamos el coche en ciudad y somos finos dosificando la potencia podemos llegar a obtener autonomías incluso superiores a la oficial.

Por un lado circulamos a baja velocidad, de modo que la resistencia con el aire es menor y también está el factor de que las frenadas recargan la batería. Por eso los coches eléctricos hoy en día tienen en su mayoría un enfoque urbano y así es como la publicidad nos los quiere vender.

En el caso de los motores de combustión, cuando pisamos el freno y deceleramos el vehículo lo que estamos haciendo es convertir en calor por efecto de la fricción entre pastillas y discos la energía cinética que, en el fondo, ha salido del combustible del depósito. Por tanto, lo que estamos haciendo es gastar combustible en calentar unos discos de metal.

Hay un vídeo de Guille Alfonsín (Powerart) en el que en plenas Navidades se lía la manta a la cabeza y se le ocurre ir de viaje con toda la familia en un eléctrico para cenar en casa de sus suegros. Sobre el papel la autonomía era suficiente haciendo una paradita para recargar a mitad del trayecto, pero a los 30 Km de salir ya empezaron a darse cuenta de que cuando el coche va con peso y circulas a velocidad de autopista la batería baja que da miedo. Si estáis pensando en comprar un eléctrico porque pensáis que en viajes largos os puede hacer apaño, mejor mirad el vídeo y pensad si os merece la pena tanto sufrimiento al volante y que la cosa acabe en un proceso de divorcio.

Como siempre digo, para viajes desde luego que no, pero para la ciudad este tipo de coches eléctricos de pequeño tamaño no tienen rival por agilidad, ecología y silencio de marcha.

Las cuestas

Lo de las cuestas tipo puerto de montaña son una cosa que me fascina, ya que con los eléctricos son capaces de hacernos sentir terror, emoción, frenesí… Me explico: ahora ya no lo noto tanto porque mi casa y mi trabajo están aproximadamente a la misma altura sobre el nivel del mar, pero hasta hace unos meses había una diferencia de casi 200 metros de altitud, y esto me hacía ir echando cuentas mentales muchas veces.

La cosa es que cuando salía de casa y llegaba al trabajo, al ser todo cuesta abajo el consumo de batería era irrisorio. Había exactamente 37 Km de puerta a puerta y si salía de casa con una autonomía restante de, pongamos, 230 Km llegaba a mi destino con el contador marcando 217 Km. ¡Había gastado tan sólo 13 Km! Alguna vez se me ocurrió poner el contador de autonomía a cero justo antes de salir y, claro, al llegar a trabajar me decía que a ese ritmo podía hacer casi 400 Km con la batería restante.

El regreso al hogar me devolvía a la cruda realidad: al realizar ahora los 37 Km todos cuesta arriba, la autonomía se reducía en aproximadamente 60 Km durante el trayecto. De hecho, si hacía lo del reseteo del contador antes de este trayecto llegando a casa me decía que con la batería que me quedaba iba a poder hacer poco más de 150 Km.

Vamos, que si un día por lo que sea llegaba justito de carga a casa, al día siguiente no iba a tener muchos problemas porque la batería necesaria para llegar hasta el trabajo era mínima. Lo malo era cuando por lo que sea durante la jornada había tenido que dar más vueltas que una peonza y a la hora de irme el coche no había tenido apenas tiempo de cargar y la batería estaba renqueante. En ese caso alguna vez me tenía que quedar un buen rato mientras recargaba batería suficiente como para poder llegar a casa con un poco de holgura, ya que subir esos 200 metros requerían bastante más batería que el trayecto inverso y por aquella época el cargador que teníamos era de tan sólo 6 KW/h.

En cualquier caso, si echamos cuentas tenemos que para el trayecto de ida había bajado unos 15 Km, y para el de vuelta aproximadamente 60 Km, lo que suma un total de 75 Km. Si os fijáis los Km reales del trayecto completo de ida y vuelta eran 74, por lo que el cálculo de autonomía, si promediamos los dos recorridos es bastante preciso.

Neumáticos, frenos, suspensiones

Un coche eléctrico pesa un montón. El Renault Zoe, siendo un coche del segmento B (como un Fiesta, un Corsa, un Ibiza… todos ellos rondando los 1200 Kg) se va a entre 1500 y 1600 Kg. Los frenos no son un problema, ya que en el 95% de las ocasiones con el freno regenerativo eléctrico detendremos el vehículo, haciendo uso de discos y pastillas de freno sólo en el caso de que pisemos el pedal de freno con fuerza porque tengamos que detenernos con brusquedad. Y cuando se juntan los dos tipos de frenos os aseguro que el Zoe se clava.

El problema del mayor peso está en el desgaste de sobre todo neumáticos y amortiguadores. Por la distribución de pesos del coche y por la inercia que tiene en las rotondas (y sabéis que en España hay más rotondas que bares, que ya es decir) las ruedas delanteras tienden a comerse por la parte exterior de la banda de rodadura pese a que los lleves perfectos de presión. Me comentaron en la propia Renault que es algo típico de este modelo y me consta por otros compañeros que usan también un Zoe que aunque circulen despacio y lleven siempre bien de presión las ruedas, el dibujo de la parte central se mantiene bien pero por fuera se desgastan con una rapidez pasmosa.

Los amortiguadores siguen estando en buen estado tras más de un año circulando, pero supongo que al tener que sostener el mayor peso del coche también durarán menos que, por ejemplo, en un Clio.

El modo ECO

Todos los eléctricos tienen, al menos, dos modos de funcionamiento siendo uno de ellos ECO que busca maximizar autonomía a costa de recortar prestaciones y comodidades. Os explico lo que hace en el caso del Zoe:

Lo más evidente es la rebaja de la curva de aceleración. Con el modo ECO activado veremos que la aceleración del coche es mucho menor y que si queremos salir rápido tendremos que pisar el acelerador a fondo para que el modo se desactive momentáneamente y acelere con toda la energía que pueda. Por tanto, lo que consigue el modo ECO es que las aceleraciones sean más suaves y progresivas.

De la misma forma, la velocidad máxima en este modo está situada en 95 Km/h; mientras que en modo normal puede llegar a 140 Km/h (esto último no lo he comprobado, no tengo ganas de multas). ¿Os acordáis de lo que os decía que a partir de cierta velocidad baja el par y por tanto el rendimiento? Pues ya sabemos dónde está el punto de inflexión. Además, el evitarnos ir a más velocidad hará que baje la potencia consumida por la resistencia aerodinámica (recordad que la relación es cúbica con respecto a la velocidad) aumentado también por ello la autonomía.

Por último, en el modo ECO tanto la calefacción como el aire acondicionado funcionan a la mínima potencia posible pongamos la temperatura de consigna que pongamos, de modo que de ahí también se ahorran unos cuantos kilovatios. En invierno si vas abrigado se puede ir más o menos a gusto con el hilillo de aire caliente que sale, pero en verano a pleno sol es casi como no llevar AACC.

Sea como sea, tampoco es que el modo ECO consiga doblar la autonomía. Sí que es verdad que conduciendo en ECO todo el tiempo podemos sacar prácticamente los 300 Km de la batería porque podemos llegar a conseguir consumos de poco más de 13 KW/100 Km si circulamos sobre todo por ciudad, pero ir por la autopista a poco más de noventa por hora hará que nos adelanten hasta los camiones más grandes, de modo que mi consejo es que uséis el pie derecho con cabeza y dejéis el modo ECO sólo para situaciones chungas en las que la autonomía esté tan justa que te empiecen a entrar dudas sobre si llegarás a la estación de carga o no. Por suerte, no he llegado a experimentar esto último, pero que sepáis que tiene un nombre y se llama “la ansiedad del coche eléctrico”.

Pequeños detalles

En este apartado os voy a contar algunas curiosidades que me han llamado la atención de una u otra manera sobre el Renault Zoe. Lo voy a hacer casi en plan telegrama:

El cuadro de instrumentos es completamente digital. Ahora ya me he acostumbrado, pero cuando me subí por primera vez me pareció una cosa prácticamente “de nave espacial”. Precisamente hay un botón un poco escondido en la parte derecha del cuadro que nos permite cambiar entre seis pantallas diferentes para la instrumentación. En realidad son tres diseños en los que se muestra la información de diversas maneras y en cada una de ellas la posibilidad de mostrar o no un color de fondo que nos indicará si estamos siendo ecológicos al conducir (verde) o unos gastosos de cuidado (morado oscuro). Lo más cachondo es que el sonido de los intermitentes cambia según el diseño de la pantalla, siendo uno de ellos parecido al de dos trozos de madera golpeándose entre sí.

El coche puede trazar gráficas en tiempo real de potencia consumida y potencia regenerada en la pantalla central. Es muy interesante verlo en zonas de orografía irregular porque el perfil de las barras prácticamente calca el terreno por el que circulamos: se disparan al subir y se invierten al descender. Eso sí, aunque visualmente parece que recuperamos un montón de energía, si os fijáis en las escalas os daréis cuenta de que no es para tanto.

Una particularidad que me parece genial es que con el mando a distancia del coche podemos activar la climatización a la temperatura que tengamos seleccionada. Quiero decir que si tengo el coche a pleno sol y veo que me queda poco para irme, no tengo más que sacar la mano por la ventana y pulsar un botón del mando para que cuando suba al coche esté fresquito (o cálido en invierno).

De lejos el coche parece una pelotilla, pero esto es porque es más alto de lo normal ya que en el piso está la batería y eso hace que los asientos vayan más elevados y por tanto el techo tenga que ir más alto de lo normal. Sin embargo, si lo medís de largo tiene cuatro metros: igual que un Opel Corsa, Seat Ibiza, Ford fiesta… Por tanto, en realidad es una impresión visual.

Además de las formas redondeadas del coche (especialmente en la parte delantera) me llama la atención que la totalidad de los bajos del coche están cubiertos por planchas lisas de plástico para mejorar la aerodinámica; ya que de no ser así los elementos como las barras de dirección, amortiguadores, etc presentan cierta resistencia al viento incrementando así la energía necesaria para atravesar el aire como os comentaba hace unos párrafos.

Se hace muy extraño después de un trayecto largo, incluso en verano, tocar el capó y ver que está totalmente frío pese a que el motor eléctrico está en el mismo lugar que un típico coche de combustión. A diferencia de estos, se nota que éste no irradia calor y por tanto no se acumula en el vano motor.

Bajo el cuadro (en la parte izquierda bajo el volante, junto al botón de apertura de la tapa de carga y el ajuste de las luces) hay un botón que nos permite cambiar el sonido tipo OVNI que hace el coche por debajo de 30 Km/h para alertar a los peatones. Uno es discreto, otro tiene un punto intermedio (es el que yo uso) y el tercero hará que al entrar en el garaje todos los vecinos se giren extrañados. La elección es vuestra.

Lo que no me gusta tanto es que en un coche rodeado de un halo de modernidad como es el Zoe las luces sigan siendo halógenas en lugar de LED; y es que si os fijáis, tras las futuristas tulipas azuladas de los faros podréis ver las típicas bombillas de los coches de los años 80.

El nombre del coche viene de ZerO Emission; y es que aunque es verdad que la electricidad necesaria para recargarlo se ha de producir en algún lugar que de un modo u otro emitirá contaminantes a la atmósfera (la eólica y la solar son energía limpias, pero fabricar los generadores necesarios así como el propio vehículo también contamina) el coche circulando no emite CO2, partículas de hollín ni óxidos de nitrógeno, contribuyendo así a disminuir la contaminación en las ciudades.

La sensación de salir con el coche cargado

Esto es algo no cuantificable, pero no quería pasarlo por alto porque me parece una de las cosas más satisfactorias en un vehículo eléctrico: la sensación de ponerlo a cargar y saber que cuando lo vuelvas a coger tendrás toda la autonomía disponible; sobre todo si disponéis de un cargador más o menos rápido.

Lo digo porque a veces llego a la oficina con la batería al 30% y sé que a nada que me siente en mi mesa y me ponga a enviar unos correos o revisar hojas de Excel, si tengo que volver a salir para ir a algún sitio la batería ya estará casi cargada de nuevo y, por tanto, puedo volver a hacer más de 200 Km sin tener que preocuparme de hacer cola en gasolineras ni nada parecido. En serio, esa sensación es lo mejor de este tipo de vehículos más allá de prestaciones o cuadros de instrumentos futuristas.

Review: Thrunite Ti3

De entre las linternas que funcionan con una pila AAA, la Thrunite Ti3 que hoy nos ocupa es la segunda en mi lista de favoritas; ya que en ella se junta una calidad de construcción excelente con unos modos de funcionamiento perfectamente estudiados. Para mi gusto, por encima de ella sólo se encuentra su hermana fabricada en titanio, pero al margen del material empleado en su construcción vais a ver que tienen un montón de puntos en común.

El cuerpo

La Ti3 es una de esas linternas cilíndricas fabricadas en aluminio en cuyo interior se aloja una pila AAA y que posee una cabeza giratoria que le sirve tanto para encender y apagar como para cambiar entre los diferentes modos de funcionamiento disponibles.

Como muchas otras de su estilo, el cuerpo cuenta con un marcado knurling para mejorar el agarre y su superficie está íntegramente anodizada en color negro tanto por estética como para servir de protección contra el desgaste que provoca el uso diario.

En cuanto a dimensiones, la linterna tiene una longitud de 70 mm y un diámetro de 14 mm. El peso sin pila se queda en 12 gramos, que está más o menos en la media del sector. Junto a la linterna viene un clip de acero inoxidable que podemos quitar (como he hecho yo) y una anilla para llavero que se puede colocar en un taladro practicado a tal efecto en la parte posterior del cuerpo. Por cierto, este modelo puede hacer tailstanding, útil si queréis iluminar una estancia con ella rebotando la luz en el techo

En cuanto a la resistencia a los elementos, la Ti3 tiene certificación IPx8, de tal modo que es sumergible hasta 2 metros de profundidad y además soporta caídas desde una altura máxima de 1 metro.

La luz

La Ti3 está disponible en dos modelos de idénticas características pero en los que varía la tonalidad de su luz. Esta que hoy os muestro es la “cool white”, que significa que el emisor LED irradia una luz muy blanca mientras que el modelo “neutral white” tiene un tinte ligeramente amarillento que en teoría da una iluminación más natural. El LED que incorpora es un Cree XP-G2 R5, muy habitual en este tipo de modelos.

En mi caso particular, si me dan a elegir, en este tipo de linternas de pequeño tamaño opto por una luz lo más blanca posible. A lo mejor es una consecuencia de aquello que os contaba hace ya tiempo acerca de mis recuerdos de las linternas incandescentes y su luz anaranjada; pero sea como sea aunque digan que la luz tan blanca da lugar a tonos un poco irreales, yo la prefiero por su capacidad de alumbrar con mayor intensidad que los tonos cálidos.

En cuanto a los modos de funcionamiento y las autonomías declaradas por el fabricante tenemos lo siguiente:

  • Modo Firefly: 0,04 lumens durante 115 horas
  • Modo Bajo: 12 lumens durante 6 horas
  • Modo Alto: 120 lumens durante 0,5 horas
  • Modo Estroboscópico: 120 lumens durante 1 hora

Siempre que encendamos la linterna vamos a estar en modo Firefly. Un rápido apagado-encendido activará el modo Bajo y repitiendo la misma operación iremos al modo Alto. Para activar el modo estroboscópico debemos de recorrer los tres modos una segunda vez, siendo la secuencia desde apagado la siguiente: Firefly – Bajo – Alto – Firefly – Bajo – Alto – Estroboscópico.

Por cierto, no detecto PWM en ninguno de los modos de funcionamiento, lo cual es de agradecer porque es algo que se nota (y mucho) cuando movemos la linterna delante de nuestros ojos. Sin ir más lejos, esto es algo claramente visible en el modo más bajo de la recién analizada RovyVon Aurora A1.

El reflector que incorpora la Thrunite Ti3 tiene una suave textura de piel de naranja que, si bien estéticamente es muy bello, no puede igualar el rendimiento de un reflector TIR como el que incorporan buena parte de las linternas actuales.

Si activamos los modos Bajo o Alto y apuntamos a una pared blanca vamos a ver un pequeño círculo central muy brillante que además presenta un cierto tono amarillento, luego una zona intermedia bien definida, de color blanco y de brillo algo menor pero homogéneo y por último una corona exterior de brillo tenue también de un blanco sin ningún tinte y que pasa a sombra de forma bastante drástica.

Las sensaciones

Para mí, una linterna EDC (EveryDay Carry) ha de tener las siguientes características: modo Firefly de como mucho 1 lumen (que además ha de ser el primero en activarse al encender la linterna) un modo Alto con más de 100 lúmens y un diseño sencillo a la vez que cómodo de usar.

En el caso de la Ti3 se dan todas estas características: su modo Firefly es de tan sólo 0,04 lumens y siempre “arranca” en él, el modo Alto tiene 120 lumens y además su diseño es cómodo de usar y hace que sea fácil de sostener entre los dedos.

Esta linterna ha ido en mi llavero durante algún tiempo y he de decir que ha aguantado sorprendentemente bien el trote, ya que otros modelos similares en parecidas circunstancias parecen haber recibido una paliza considerable.

También es destacable la calidad de acabados de este modelo de Thrunite al fijarnos en detalles como el perfecto tallado del knurling, el tacto de la rosca de la cabeza firme y suave al mismo tiempo o el ínfimo grosor de aluminio que deja el taladro posterior para la anilla de llavero.

Este tipo de detalles son los que diferencian las marcas que cuidan los detalles de aquellas que sólo quieren crear diseños que entren por los ojos.

Como os decía, es uno de mis modelos favoritos dentro de este tipo de linterna; teniendo mucha culpa de esto el modo Firefly de tan sólo 0,04 lumens, que la hace idónea para movernos por casa de noche sin molestar a nadie cuando nuestros ojos están acostumbrados a la oscuridad total.

Más información

Review: Bittboy PocketGO

Siempre he sido un devoto de las videoconsolas portátiles. He tenido máquinas de todo tipo y condición desde mi infancia, pero sin duda las que más he disfrutado han sido los modelos “para llevar” de Nintendo (Gameboy – DS – 3DS), Sega (GameGear) y Sony (PSP – PSVita) porque si hay algo que me gusta de ellas es la independencia que te dan a la hora de jugar a algo sin monopolizar la tele del salón.

Y precisamente ahora que las portátiles están de capa caída (PSVita se descatalogó hace unos años y 3DS está dando sus últimos coletazos) aparecen en el mercado unas pequeñas máquinas de bajo coste que estoy seguro de que me van a dar muchas alegrías; sido un ejemplo de ellas esta de la que hoy vengo a hablaros: la Bittboy PocketGO.

Esto que tenéis sobre estas líneas no es otra cosa que una retroconsola portátil made in China, de bajo coste, tamaño irrisorio y cuya particularidad es que está diseñada para ejecutar en ella principalmente emuladores de diversas máquinas del pasado tanto de 8 como de 16 bits; si bien luego veremos que tiene algún que otro añadido interesante.

La máquina, comprada en Amazon España, tiene un coste de unos 40 euros que puede ser menor si la adquirís a través de Aliexpress y similares. Sea como sea, la pequeña de las Bittboy incluye una tarjeta microSD de 8 GB con el firmware, un lector de tarjetas USB, una hoja de instrucciones, un cable de carga microUSB y un juego de botones adicional con los colores de la SNES.

De primeras, lo que os recomiendo una vez probada la máquina es haceros con otra tarjeta de algo más de capacidad e instalar en ella la última versión del firmware; algo que es sencillo de hacer y que nos ayudará a pulir algunos defectos. Por ejemplo, en la primera versión del software de la PocketGO había juegos que sufrían de un visible efecto de tearing, cosa que en versiones posteriores quedó solucionado. Además de esto, poco a poco se han ido incorporando nuevos emuladores, soporte de ROMs más amplio, mayor personalización del aspecto de los menús… de modo que siempre es bueno tener la última versión estable. Os dejo el enlace a una web donde tenéis tanto el último firmware disponible como las instrucciones para instalarlo en una microSD.

Primera impresión

La primera sensación al sacar la consola de su caja (cajita, más bien) es la de tener entre manos algo realmente diminuto. De hecho la consola no es mucho más grande que una GameBoy Micro, que en su tiempo era mi máquina favorita con diferencia; sólo que su potencia y versatilidad están a años luz de la que fue última reencarnación de la portátil original de Nintendo. En lo que a números se refiere, tiene un tamaño de 12,3 x 5,6 x 1,4 cm y un peso de tan sólo 89 gramos. Si la echáis a un bolsillo os olvidaréis de que está ahí y ese es, para mí, uno de sus puntos fuertes.

La PocketGO cuenta con una pantalla IPS de 2,4″ con resolución de 320 x 240 pixels, cruceta digital, cuatro botones de disparo, dos gatillos, select, start y menú (aunque este último botón está rotulado como “reset”). Del mismo modo, contamos con un interruptor de encendido, un potenciómetro analógico de control de volumen, una salida jack para auriculares, otra para conectarla a una TV a través de vídeo compuesto, un altavoz que se escucha sorprendentemente alto para su tamaño y un puerto microUSB para cargar la batería interna en principio no reemplazable de 1000 mAh que nos dará unas cinco horas de juego continuo; aunque esto depende del sistema que estemos emulando, el brillo de pantalla, el volumen del audio… Por último, tenemos una ranura microSD para la necesaria tarjeta (de hasta 128 GB) que contendrá tanto el firmware como los juegos que queramos ejecutar.

A nivel interno, el corazón de la máquina es un SOC Allwinner F1C100S que corre a 702 MHz (aunque puede ser configurado hasta a 900 MHz), posee aceleración 2D y cuenta con 32 MB de memoria RAM. Puede parecer poca, pero daos cuenta de que las máquinas que emula tenían mucha menos memoria: 96 KB la GBA, 128 KB la SNES, 2 MB la PS1, 64 KB la Megadrive, 128 bytes la Atari 2600… Cierto es que el sistema operativo que gobierna la consola también tiene necesidades de RAM, pero viendo las irrisorias cantidades que empleaban las consolas originales, 32 MB son suficientes como para no tener problemas en ese aspecto.

Como os decía antes, al sostener la consola en la mano nos daremos cuenta de lo pequeña que es. Con una forma que, aunque más cuadrada, recuerda a la GameBoy Advance por la disposición de botones y por el tacto de su carcasa no resulta incómoda de utilizar (a no ser que tengamos manos de jugador de baloncesto) y los pulgares son capaces de asentar bien sobre la cruceta de control y los botones principales. Caso aparte son los gatillos, ya que en este caso en lugar de pulsarlos con la yema de los índices estos caen aproximadamente a la altura de la segunda falange, de modo que a la hora usarlos sí que nos podemos sentir algo más torpes.

Por la disposición y cantidad de botones no echaremos nada en falta para controlar los juegos que pueden ejecutar los emuladores incluidos con esta retroconsola. La única excepción serían los botones L2 y R2 del mando original de Playstation porque, sí, la PocketGO técnicamente es capaz de ejecutar juegos de PSX pero ya os adelanto que serán pocos los que puedan correr a una velocidad y fluidez suficientes como para ser jugados.

Evidentemente decir que la consola puede emular PS1 es un argumento de ventas, pero os puedo asegurar que es una característica prácticamente anecdótica que probaréis una vez y ya nunca más porque igual que otros sistemas están emulados a la perfección, en este caso la mayoría de títulos se arrastran por la pantalla.

Por cierto, antes no dije nada; pero la batería de la consola se carga en poco más de un hora y aunque no es tan sencillo como en un móvil de los de antes, podemos cambiarla nosotros mismos desatornillando la tapa trasera, desconectándola de la placa base y buscando una con las mismas características físicas y eléctricas. El cambio de batería no es una operación “oficial” de esta consola, pero no es complicado de realizar por el común de los mortales.

Y ya que estamos, que el indicador de la batería (un rayo en la parte inferior derecha de la pantalla) no os engañe: al principio baja bastante rápido, pero el último tramo se estira hasta el punto de que parece que ya no va a hace falta cargarla nunca más. A mí me gustan los indicadores más lineales pero al final te acabas acostumbrando y no entras en pánico cuando ves bajar el indicador con rapidez en la primera hora de uso tras la carga porque sabes que todavía te queda autonomía para rato.

Máquinas emuladas

Ya que estamos voy hacer un listado de las máquinas que la Bittboy PocketGO es capaz de emular con su último firmware (a día de hoy la versión 1.3.2) y un breve comentario sobre el rendimiento general en cada caso, pues he tratado de ejecutar diversos juegos de todos los sistemas soportados y tengo una idea bastante aproximada de las limitaciones de la máquina. Todos estos emuladores se encuentran en una pestaña del menú y cuentan con iconos y configuraciones diferenciadas para cada uno de ellos:

  • GameBoy / GameBoy Color: emulación perfecta tanto en audio como en vídeo de todos los títulos probados
  • Gameboy Advance: se trata de un sistema perfectamente emulado en todos los títulos que he probado
  • NES: todos los juegos probados se emulan a la perfección
  • SNES: ciertos juegos (los que hacen uso del Modo7) van muy lentos y no son apenas jugables. El resto funcionan a la velocidad original y sin defectos gráficos ni sonoros
  • Master System: emulación perfecta al 100%
  • GameGear: emulación perfecta al 100%
  • Colecovision: no he conseguido que se ejecute ninguna de las ROMs que he probado
  • Megadrive: emulación perfecta al 100%. Del mismo modo que algunos títulos de SNES no iban muy finos, la emulación de MD está muy bien implementada
  • Atari 2600: emulación perfecta al 100%, algo lógico al ser una máquina tan sencilla
  • Atari Lynx: emulación perfecta al 100% en todos los títulos probados
  • PC Engine: emulación perfecta al 100% en todos los títulos probados
  • Arcade (MAME): en general funcionan bastante bien, aunque algunas ROMs de última generación pegan algunos tirones y otras dan error y vuelven a la pantalla de sección. Aun así, dada la gran variedad de ROMs existentes el ratio de fallos es bastante bajo
  • NeoGeo: al igual que en MAME, la mayor parte de los juegos se emulan correctamente si bien hay títulos que nos devuelven al menú y otros en los que el framerate y/o el sonido petardean un poco
  • Pokemon Mini: por la simpleza de esta máquina, todos los títulos probados se emulan perfectamente
  • WonderSwan: como en el caso de la GBA todos los títulos se emulan correctamente
  • PS1: podemos jugar a algunos juegos muy simples en 2D. Los títulos en 3D tienen fallos gráficos y van a tirones haciendo que la experiencia sea poco gratificante
  • Vectrex: no he conseguido que se ejecute ninguna de las ROMs probadas, devolviéndome al menú antes siquiera de mostrar nada en pantalla

Aparte de estas videoconsolas, hay tres sistemas informáticos que también están soportados: Amiga, MSX y DOS. En el caso de los dos primeros no he conseguido ejecutar ningún título porque los emuladores me devuelven errores; pero en el tercero sí gracias a que la interfaz es el conocido DOS-Box. Con este software podréis ejecutar juegos de hasta la época del Pentium más o menos aunque como es lógico no tenemos la posibilidad de conectar mandos externos, emulando por tanto teclado y ratón con la cruceta de control y un teclado virtual en pantalla.

Una cosa muy positiva de esta máquina es que la práctica totalidad de los emuladores cuentan con grabación y carga de savestates; lo que quiere decir que podremos guardar la partida en cualquier momento para reanudarla cuando queramos, sin necesidad de tener que esperar a llegar a un punto de grabación estipulado por el propio juego. Esto también es muy útil en títulos muy complejos para poder salvar antes de un momento en el que sabemos que tenemos muchas posibilidades de ver un GAME OVER y así, si fracasamos, poder intentarlo una y otra vez.

También dicho menú (que aparece con la pulsación del botón reset) nos permite variar la configuración de los diferentes emuladores durante su ejecución, ya sea en sus aspectos gráficos como sonoros. Esto viene muy bien para ir probando configuraciones “en tiempo real” para así dar con aquella con la que nos sintamos más cómodos jugando (suavizado y escalado de pantalla, frecuencia de sampleo de la música…)

Otros añadidos interesantes

En otra de las pestañas del sistema tenemos unos cuantos juegos freeware y shareware de lo más diversos, siendo los más llamativos (al menos para los que eramos jugones de PC a principios de siglo) Quake y Quake II. Hay otros shooters en primera persona como Doom, Wolfenstein 3D, Rise of the triad o Hexen y adaptaciones de Pang, Digger, King of Fighters… Como os digo se trata de títulos muy conocidos que sorprende ver en una portátil tan diminuta, y aunque casi se me sale una lágrima de emoción al ver correr Quake II en un dispositivo que cabe en la palma de mi mano, he de admitir que los controles de la PocketGO no son los adecuados para mover este tipo de juegos.

En otro submenú tenemos una serie de utilidades de las que yo destacaría dos de ellas: el explorador de archivos y el terminal, dejando de lado el resto. No olvidemos que lo que corre bajo el firmware de la máquina es una versión de linux y, por tanto, con el terminal podremos acceder a la mayoría de comandos soportados. El teclado, eso sí, es virtual manejado por la cruceta y el botón A, de modo que la introducción de cualquier comando más o menos largo nos llevará un rato. Tened en cuenta que el sistema, al no tener conexión a internet de ningún tipo, no es actualizable con un sudo apt-get update –> sudo apt-get upgrade como se hace en todos los sistemas de este tipo. En cuanto al explorador, es útil si vemos que una ROM nos está dando follón y queremos quitárnosla de en medio sin tener que andar trasteando con la microSD en un ordenador.

Por cierto, es importante no apagar la consola de cualquier manera, ya que esto nos llevará a una corrupción del sistema de archivos que la PocketGO no siempre es capaz de reparar en el arranque. La cosa es acceder a la opción de apagar el sistema, confirmar con el botón A y esperar unos 10 segundos antes de deslizar el interruptor de apagado. Si no lo hacemos así corremos el riesgo de corromper la tarjeta y tener que formatear y volver a grabar la imagen original perdiendo todas las configuraciones y savestates.

En resumen

La PocketGO salió al mercado hace algo más de un año y, aunque actualmente se sigue vendiendo, hace apenas cuatro meses apareció su sucesora con más potencia, más memoria, un stick analógico, un slot adicional para una segunda tarjeta microSD, una pantalla de 3,5″, una forma algo más cuadrada y un precio de aproximadamente el doble. Sin embargo, creo que la primera PocketGO sigue siendo una opción muy válida si los sistemas que queremos emular están soportados por ella y la portabilidad es nuestra máxima prioridad.

Yo la empleo principalmente para emular dos plataformas: GBA y MAME. La primera por la fidelidad de ejecución de los juegos y porque por sus formas la máquina parece diseñada para ello; y la segunda porque poder jugar a recreativas míticas de mi infancia como Mikie, Green Beret, The Simpsons, Outrun, Mario Bros, TMNT o Street Fighter II dónde y cuándo queramos me parece una auténtica pasada; y es que aunque la Bittboy PocketGO tenga una potencia limitada, el rango de títulos que puede ejecutar es sorprendente.

Review: LED Lenser K2

Para analizar la LED Lenser K2 podría remitiros a la review de la K1 y deciros que es algo más grande, más luminosa y con más autonomía, pero que sigue conservando el principal defecto que es la alimentación mediante pilas de botón. Aun así, vamos a echarle un vistazo a este modelo, ver unas fotos y repasar sus características en una review algo más resumida de lo que estáis acostumbrados a leer por aquí.

El cuerpo

Cuerpo de aluminio en tres partes, con cabeza desenroscable y tapa trasera custodiando las pilas. En este caso las dimensiones se quedan en 52 mm de largo por 14 de diámetro y un peso de 20 gramos. Resistencia a salpicaduras según IPx4 y aunque no se menciona nada sobre caídas, se presupone que hasta un metro aguantará sin romperse.

La diferencia con la K1 es que el modelo que hoy estamos viendo emplea cuatro pilas LR44 que al ser más grandes y tener la linterna una potencia lumínica similar dan bastante más autonomía, la cual se estira hasta las 4 horas; de tal modo que ya no necesitamos ir con un bote de pilas para ir cambiándolas cada dos por tres.

La luz

Volvemos a tener un LED estándar de 5 mm en la cabeza de la linterna sin ningún tipo de lente TIR o reflector y en este caso vamos a obtener 20 lumens, lo que representa un ligero avance sobre los 15 lumens de la K1. Por lo demás, la forma del haz de luz es muy similar y también tiene una serie de irregularidades en su proyección y algunas zonas de color amarillento.

El verdadero avance de la K2 sobre la K1 es el incremento de 16 veces en la autonomía; no el rendimiento lumínico. Por tanto, la premisa de este modelo es la de sacrificar algo de portabilidad por una autonomía que nos permita despreocuparnos en parte de quedarnos tirados a las primeras de cambio.

Las sensaciones

Con una construcción idéntica a la de su hermana menor, al ser de un tamaño algo más grande la K2 es algo más manejable y no se escapa entre los dedos como arena de playa. La cabeza tiene un tacto algo más preciso gracias al mayor diámetro de las roscas y la tapa trasera va tan dura que veo casi imposible perderla por accidente.

De cualquier modo, sigue siendo una linterna para llevar junto a las llaves e iluminar puntualmente en la zona más inmediata a nosotros, ya que sus 20 lumens no dan para mucho más (algo que se nos cae justo debajo del coche, una cerradura en la que no atinamos con la llave porque estamos en completa oscuridad…).

Al disponer de sólo un modo de funcionamiento no es la linterna ideal para usar por casa a oscuras sin molestar, ya que 20 lumens en esas circunstancias parecen mucho más y nos ganaremos una bronca de nuestra pareja de cama si pretendemos leer o levantarnos discretamente.

Conclusión

Aun siendo algo más recomendable que la K1 por si mayor autonomía, tampoco os recomiendo la K2 por el hecho de ir alimentada por pilas de botón, que son caras de comprar (para la potencia que albergan) y su duración no es demasiado larga que digamos. Sigo diciendo que es más interesante cualquiera de las actuales linternas llavero que incluyen en su interior una batería recargable aunque sepamos que a largo plazo esa ventaja será su muerte.

Más información

Página oficial de la LED Lenser K2

Review: Hugsby XP-1

El modelo que hoy os presento se sale un poco de los cánones estéticos y funcionales de las linternas que se alimentan mediante una pila AAA y que ya han pasado por aquí en multitud de ocasiones. Comercializada desde hace años, la Hugsby XP-1 que protagoniza este artículo tiene cierta fama en los círculos linterneros por su calidad, así que vamos a ver qué hay de cierto en ello.

El cuerpo

El cuerpo del modelo que hoy nos ocupa está fabricado en aluminio anodizado con una longitud de 95 mm, un grosor de 14 mm y un peso de 22 gramos sin pila. Ya os habréis dado cuenta de que el largo es un par de centímetros mayor que en las linternas de esta categoría; pero es que la XP-1 se diferencia de la mayoría por tener pulsador trasero para su encendido y apagado, lo que requiere algo más de espacio que el sistema de cabeza giratoria de la mayoría de modelos de esta gama.

Disponemos de dos zonas de knurling: una en la cabeza y otra en la zona de la tapa-pulsador trasera que están ahí para mejorar el agarre de la linterna y también para facilitar el montaje y desmontaje de ambas piezas. Su calidad de ejecución es justita, ya que además de que el relieve es un poco irregular, el anodizado en esa zona parece algo más delicado y al poco tiempo empezará a irse como se puede ver en alguna de las fotos que ilustran este artículo.

Como os decía antes, el punto diferencial de esta linterna es su pulsador trasero, por lo que la Hugsby XP-1 tiene tres partes que roscan entre si: la cabeza que incluye el LED y la electrónica de control, el cuerpo y la tapa trasera que lleva el botón de encendido-apagado. Que hayan hecho la cabeza desenroscable no tiene otra finalidad más que la practicidad a la hora de fabricar la linterna, ya que el cambio de pila se realiza por la parte trasera.

En la parte central hay un rebaje para fijar un clip metálico bastante más largo de lo habitual en este tipo de linternas y que nos permite fijarla con bastante solidez al bolsillo del pantalón, un cinturón o la correa de una mochila. El clip incluye también un resalte central pensado para pasar una correa o un cordel.

La luz

La iluminación que proporciona la Hugsby es relativamente potente en general, ya que dispone de un único modo de 100 lumens de potencia que nos dará una autonomía de unos 40 minutos; que viene siendo lo habitual en este tipo de modelos.

Como veréis en la foto que tenéis a continuación, la linterna dispone de un reflector metálico con textura de piel de naranja que da lugar a un haz de luz que concentra la mayor parte de su brillo en la parte central la cual está rodeada de un anillo exterior bastante uniforme. Dentro de los reflectores presentes en las linternas de pequeño tamaño he de admitir es uno de los que mejor se comporta a la hora de distribuir la luz.

Por cierto, el LED es uno de esos Cree XPE2 R4 tan habitual en estos modelos de pequeño tamaño y en su favor he de decir que la luz que emite no presenta zonas amarillas como sucede en otras linternas. Por tanto, en cuanto a calidad de luz, esta Hugsby no lo hace nada mal.

Las sensaciones

Inicialmente me compré esta linterna para acoplarla al manillar de mi patinete Oxelo para tener así iluminación si en una de mis excursiones se me hacía de noche. Y aunque el invento funcionaba e iluminaba lo suficiente, lo que ocurre es que al final me decanté por hacerme con una luz de bicicleta para dejarla siempre fija en el manillar y no andar quitándola y poniéndola cada dos por tres.

De ahí que la zona del knurling delantero esté algo desgastada, ya que llevaba la linterna en una pequeña bolsa con algunas herramientas básicas que con el traqueteo de la marcha los elementos fueran rozando unos con otros.

Sea como sea, al final la linterna pasó a mi colección y he de admitir que me gusta usarla de vez en cuando. No tiene funcionalidad alguna dentro de casa por las noches por sus 100 lumens, pero al ser más larga de lo habitual suelo recurrir a ella cuando se me cae alguna cosa debajo del sofá o tengo que mirar algo dentro del aire acondicionado o a través de las rejillas del ordenador de sobremesa. Es cómoda de sostener y la luz que da, al ser tan blanca y relativamente potente, ayuda a ver las cosas con claridad.

No es de mis favoritas porque el diseño me parece un poco feo y además de un tiempo a esta parte me ha dado por las linternas recargables a través de USB, pero al menos es un modelo que se sale un poco de lo habitual si lo comparamos con lo que suele darse en el amplio grupo de las AAA.

¡Hasta la próxima review!

Review: Walter Pro NL10

Si necesitáis una linterna minúscula aún a costa de sacrificar muchas otras cosas, la de hoy es la más pequeña de mi colección y seguramente una de las más reducidas del mercado, por lo que a lo mejor es lo que estás buscando. Hoy le vamos a echar un vistazo a la Walter Pro NL10.

El cuerpo

La NL10 tiene un tamaño y un peso absolutamente ridículos: 36 mm de largo por 11 mm de diámetro, dando en la báscula unos ridículos 5 gramos sin pilas. Como os digo, es la más pequeña de todas las que tengo, pero eso implica también que no va a ser la linterna más práctica del mundo como luego veremos.

El cuerpo es de aluminio y la única parte que se desmonta es la cabeza; a diferencia de la LED Lenser K1 que además tiene una tapa trasera donde se alojan las pilas. La cabeza, que va roscada y sirve también como interruptor de encedido/apagado, tiene una banda azul traslúcida que le permite que seamos vistos de lado (o al menos el fabricante considera eso una ventaja) y también nos da la ocasión de colocar la linterna boca abajo si queremos dar una ligera iluminación ambiental a una estancia que esté completamente a oscuras.

En la parte posterior del cuerpo posee una extraña anilla basculante que le permite engancharse a un llavero, que es el destino natural de este tipo de linternas tan reducidas porque de otro modo acabarían perdiéndose en el fondo de una mochila o se caería al suelo al sacar algo del bolsillo.

La cabeza no tiene ningún tipo de relieve pero el cuerpo sí que posee un fino knurling transversal de acabado impecable pero prácticamente inútil para mejorar el agarre de la linterna por ser demasiado liso. Por otra parte, en un par de rebajes del cuerpo están grabados la marca y el modelo de la linterna y en el extremo anterior del mismo aparece el número de serie asignado a cada unidad.

De resistencia a elementos atmosféricos y caídas el fabricante no dice nada, pero por lo que llevamos visto os diría que no la sometáis a nada que vaya más allá de un ligero chaparrón ni la tiréis desde más de un metro de altura por lo que pueda pasar.

La luz

El LED encargado de alumbrar es un Nichia “Power Led” de 5 mm que proporciona 15 lumens en un único modo disponible durante unos exiguos 20 minutos, que no sería un problema tan grande si no fuera porque, al igual que la mencionada K1, funciona mediante 4 pilas LR41 (está claro que la densidad energética de este tipo de pilas está muy próxima a 0 W/Kg).

Por tanto, volvemos a las autonomías más que breves y que encima dependen de pilas no recargables que además de suponernos un gasto suelen ser bastante contaminantes; por lo que si le dais caña os van a ver a menudo tanto por la tienda de electrónica como por el contenedor de este tipo de resíduos.

El emisor está colocado directamente al fondo de la cabeza, sin ningún tipo de reflector o lente que permita dirigir su luz, de modo que el haz resultante es irregular y con cierta predominancia del amarillo en su zona central. Al igual que en la K1, el polvo tiende a acumularse en el interior de la cabeza siendo muy difícil sacarlo de ahí.

Las sensaciones

Lo mejor del modelo que hoy nos ocupa es su minúsculo tamaño; fue esa y no otra la razón que me impulsó a comprarlo hace ya unos años; pero el caso es que lo he usado realmente poco por lo ya comentado de la autonomía y el coste de las pilas de botón. El precio también es un factor a favor, ya que cuesta unos seis euros dependiendo de dónde la compréis, pero esto se va al traste en cuanto os tengáis que gastar medio sueldo en pilas.

La baza de esta Walter es que en la mano podéis esconderla entre dos dedos y en el llavero ni siquiera notaréis que está ahí y que sus 15 lumens están más que bien para todas esas pequeñas tareas que se hacen mejor con algo más de iluminación.

Sin embargo, lo peor son esos 20 minutos de autonomía que se pasan en un abrir y cerrar de ojos, tras los cuales nos tocará sacar cuatro minúsculas pilas de sus blisters, abrir la cabeza, sacar las gastadas y meter las nuevas cruzando los dedos para que todas ellas caigan con la orientación correcta; ya que tienen la mala costumbre de girarse a medida que bajan por el interior del cuerpo de la linterna, obligándonos a reiniciar así el proceso una y otra vez.

Una cosa que tampoco me gusta es que la cabeza va excesivamente suelta y, como podéis ver en las fotos, apenas tiene un par de vueltas de rosca; lo que quiere decir que hay muchas posibilidades de que se desprenda del cuerpo. De hecho ya me ocurrió un par de veces, quedando el cuerpo anclado a la anilla de llavero pero tanto la cabeza como las cuatro pilas dando vueltas por mi bolsillo.

Conclusión

En esta ocasión la diferencia de tamaño entre esta linterna y las otras que suelo llevar en mi llavero (RovyVon Aurora A1 y Nitecore TIKI) empieza a ser apreciable; pero creo que poco o nada tiene que hacer la Walter frente a las otras dos tanto en calidad de luz como en polivalencia.

Sólo deberíamos tener en cuenta a la NL10 si nuestra máxima es el tamaño reducido por encima de cualquier otra cosa; aunque en ese caso debemos de sumar el tamaño y el peso de una buena colección de pilas LR41, no lo olvidéis.

Review: Tank007 E09

La de hoy es una linterna de hace ya unos años cuyo aspecto y calidad de construcción siempre la ha situado entre mis favoritas pese a no pertenecer a una marca de renombre. Hoy vamos a echar un vistazo a la Tank007 E09.

El cuerpo

En esencia lo que tenemos es una linterna cilíndrica fabricada en aluminio anodizado, alimentada con una pila AAA (aunque acepta baterías de iones de litio recargables tipo 10440) con cabeza giratoria y tres modos de funcionamiento. Aunque está disponible en algún otro color, me gustó su tono marrón por original y elegante al mismo tiempo.

Os decía que este modelo no es del todo cilíndrico porque en su primer tramo (todavía perteneciente a la cabeza) tiene una “tuerca” hexagonal que le da mayor grosor por donde la agarraremos normalmente y también evita que ruede si la posamos sobre una superficie inclinada. Además, también cuenta con un knurling bastante marcado en el extremo anterior que nos permitirá girarla con comodidad.

En otro orden de cosas, en la parte posterior contamos con un par de agujeros y un rebaje central en los que enganchar una correa, una anilla de llavero… En ese sentido da mucha flexibilidad para amarrarla a lo que queramos, cosa que es de agradecer y además, gracias al rebaje, sigue permitiendo hacer tailstanding en caso de que lo consideremos necesario.

Las dimensiones son las habituales en este tipo de linternas: 70 mm de longitud, 14 mm de diámetro y un peso de 12 gramos. En la media del sector, vaya. Posee certificación IPx8 lo que la hace completamente sumergible a un metro de profundidad y además el fabricante afirma que soporta caídas desde una altura máxima de 1,5 metros.

Un detalle chulo es que en la parte posterior de la placa electrónica de control está serigrafiado el nombre de la marca; detalle muy inhabitual y simplemente estético, pero que no he visto en ninguna otra de las linternas que poseo a día de hoy.

Destacar que a diferencia de muchos otros modelos, en este caso la cabeza es larga en proporción con el cuerpo debido a que la parte roscada es de mayor longitud y, por tanto, la unión entre ambas partes de la linterna es más sólida y se mueve con un tacto prácticamente perfecto.

La luz

La E09, aparecida a finales de 2011, es uno de esos modelos que cuentan con un reflector metálico de textura de piel de naranja y una fina lente frontal, dejando de lado las más eficientes lentes TIR que tanto se utilizan en los modelos actuales.

El LED encargado de darnos luz es un Cree XP-E R3 que podemos ver perfectamente si observamos la linterna de frente como en la siguiente imagen. Fijaos ya de paso en la bonita textura del reflector (ya sabéis lo mucho que me gustan).

En cuanto a los modos de funcionamiento, como os comentaba antes, disponemos de tres que van cambiando a medida que apagamos y encendemos la linterna mediante un rápido giro de su cabeza; si bien para mí no han elegido el mejor orden para implementarlos, pues comenzamos por el Medio, luego pasamos al Bajo y por último tenemos el Alto. Creo que ya os he dicho alguna vez que para el uso que yo le doy a las linternas mi preferencia es siempre empezar por el modo más bajo posible y luego ir incrementando luminosidad a medida que vamos “escalando” modos para evitar deslumbrarnos y/o molestar a los demás.

El modo Alto son 120 lumens y tiene una autonomía de unos 30 minutos. En cuanto al modo Medio, son unos 30 lumens durante aproximadamente 75 minutos y, por último, el Bajo ofrece aproximadamente 3 lumens durante algo más de 8 horas. Son tiempos algo escasos para una linterna AAA con ese número de lúmens, pero he estado investigando y buena parte de la culpa la tiene la electrónica de control, que consume bastante energía a costa de mantener la luz bastante estable en todos los modos.

Además, he de decir que la linterna en sus modos Medio y Bajo posee un fuerte PWM de entre 200 y 300 Hz que percibiremos en cuanto movamos la linterna delante de nuestros ojos. No llega al extremo de la Rovyvon Aurora A1 y sus 100 Hz de PWM en el modo bajo pero tampoco creáis que va muy a la zaga.

Las sensaciones

Una de las mejores sensaciones que ofrece este modelo es la de enroscar y desenroscar su cabeza, ya que como es más larga de lo habitual las roscas también son de mayor longitud y esto hace que el tacto sea delicioso. Fijaos en la siguiente fotografía y mirad otras similares de otras linternas que han aparecido por aquí y veréis como en la E09 hay unos cuantos hilos más.

Es cierto que la autonomía no es la mejor del mundo y que la calidad de luz que da tampoco es para tirar cohetes; pero hay que reconocer que la solidez general es el punto fuerte de este modelo de Tank007 que además tiene un precio de unos 12 euros, por lo que el desembolso necesario para hacerse con ella tampoco es muy elevado.

Por cierto, me hace mucha gracia la “tuerca” del final de la cabeza porque siempre pienso que si se atascara por algún motivo, con una llave plana podría desenroscarla; aunque por el tacto de las roscas ya os digo que problemas en ese sentido no vais a tener nunca.

Además, como habréis visto en las fotos, es una de esas linternas que lleva grabado el número de serie, lo que siempre me parece un detalle elegante y de agradecer en cualquier modelo. Puede parecer trivial, pero al ser un número único en cada elemento, en la fábrica tiene que haber un grabador que se vaya incrementando en cada unidad procesada que grabará dicha referencia una sola vez en su vida.

Lo que sí que he echado en falta es un modo firefly como llevan muchas otras linternas de pequeño tamaño: un modo que, por definición, no ha de llegar al lumen y que es muy útil cuando en plena oscuridad necesitamos iluminar algo sin molestar. Tres lumens parecen pocos, pero os aseguro que de madrugada con todas las persianas bajadas es un montón de luz; mucha más de la que necesitamos.

Conclusión

La Tank007 E09 es una de esas linternas “agradecidas”: tiene una construcción sólida, posee varios modos de funcionamiento, se alimenta con una simple pila AAA, podemos llevarla en el llavero sin demasiadas molestias… Por esto mismo tengo varias linternas de estas características en mi colección y algunas incluso han pasado ya por aquí; así que ya que estamos os las muestro a continuación en una imagen de familia y os dejo los enlaces después de la misma:

El principal problema de la E09 es la poca autonomía que tiene. Es verdad que en modo Bajo no está nada mal, pero en el modo Alto tenemos una media hora y en el Medio poco más del doble. En otras linternas de características parecidas los tiempos de funcionamiento que obtenemos son más largos y para mí esto es un factor importante; sobre todo porque veo que en estos modos la cabeza se calienta bastante, lo que indica que estamos disipando mucha energía en forma de calor a través de su circuitería de control.

Más información

Página oficial de la Tank007 E09

Review: LED Lenser K1

LED Lenser es una de esas marcas clásicas de linternas que salieron al mercado en un buen momento y gracias a eso se ha hecho con un nombre que le permite, de alguna manera, vivir de las rentas. El de hoy es el modelo más pequeño de su catálogo aunque desde mi punto de vista no tiene mucho que hacer contra otras linternas que ya han pasado por aquí pese a batirlas en peso y en tamaño.

El cuerpo

El cuerpo de la K1 está fabricado en tres piezas de aluminio cuyos extremos van roscados: la cabeza, el cuerpo y una tapa trasera tras la que se alojan las pilas. Con unas dimensiones de 43 mm de largo por 10 mm de diámetro y un peso de apenas 10 gramos es una de las más diminutas de mi colección; si bien esto se consigue al usar como fuente de energía 4 pilas de botón tipo LR41 que le dan una autonomía de tan sólo 15 minutos emitiendo 13 lumens. Sí, a nada que la uséis os vais a pasar el día comprando pilas de este tipo; y ese es el mayor problema de este modelo.

El cuerpo posee una textura rugosa para mejorar el agarre; algo esencial en un modelo minúsculo como este, ya que si no se nos escurriría entre los dedos a la mínima de cambio. De hecho, la cabeza no dispone de este knurling y si llevamos guantes de tela a veces no seremos capaces de encenderla a no ser que nos quitemos uno.

En la parte posterior, que es plana y permite hacer tailstanding, disponemos de un enganche para una anilla de llavero (no se me ocurre otro sitio donde llevar la K1) y en el frontal podemos ver el LED que se encarga de alumbrar nuestra zona de actuación y el cual va rodeado de un plástico blanco que intenta hacer las veces de reflector sin conseguir gran cosa.

La linterna tiene certificación IPx4, que implica que sólo soporta salpicaduras y aunque de caídas no dicen nada, por el material y el peso no creo que le suponga gran problema precipitarse desde un metro de altura.

La luz

La luz es escasa, lo cual no me molestaría si no fuera porque tras 15 minutos de uso ya tenemos que empezar a buscar pilas de recambio. La ya analizada Fenix E01 da una cantidad de luz semejante y es suficiente para la mayoría de tareas encomendadas a este tipo de modelos, pero su autonomía con una simple pila AAA es de casi un día funcionando ininterrumpidamente y eso es un punto a su favor.

En cuanto a cómo ilumina, al no haber lente TIR ni reflector metálico vamos a ver que el haz de la K1 concentra la mayor parte del brillo en una mancha central y luego presenta un halo irregular alrededor con un cierto tinte amarillento. Además, al no haber una lente frontal, enseguida veremos que el hueco entre el LED y el plástico blanco se llena de polvo sin poder hacer gran cosa para sacarlo de ahí más que soplar y soplar.

El funcionamiento, como ya os podréis imaginar, consiste en que si giramos la cabeza apretándola se encenderá y en el sentido contrario se apagará. La linterna sólo tiene un modo de funcionamiento y, como es lógico, no se emplea PWM para nada.

De hecho es que esta linterna no tiene ni driver porque en la cabeza no hay ningún tipo de circuitería y sólo hay un LED estándar de 5 mm. Las pilas van en serie y alimentan directamente a 6 Vcc a las patillas del LED que se ilumina porque cuando apretamos la cabeza se cierra el circuito por el polo negativo. Más simple que el mecanismo de un chupete.

Las sensaciones

Desde luego que el modelo más pequeño de LED Lenser no tiene rival en lo que a portabilidad se refiere, pero esta buena impresión se diluye en cuanto nos paramos a pensar en su escasísima autonomía y la imposibilidad de emplear algún tipo de pila recargable. En ese sentido los modelos de pequeño con batería interna que hemos analizado por aquí últimamente (principalmente la RovyVon Aurora A1 y la Nitecore TIKI) le dan mil vueltas en todos los aspectos, salvo en el tamaño pero por apenas unos milímetros.

Estamos ante un modelo cómodo de manejar en la mano pero al que no le vamos a poder sacar demasiada utilidad práctica, de modo que aunque en su momento traté de que fuera mi compañera de batallas (y eso es algo de lo que da fe el desgaste del reborde frontal si os fijáis en algunas de las fotos) al final la K1 ha acabado en el fondo del cajón de las linternas que no me dicen nada.

Conclusión

No os recomiendo la K1 por el sencillo motivo de usar pilas de botón (cuatro nada menos) y tener una autonomía de tan sólo un cuarto de hora. Haceos a la idea de que si queréis usar esta linterna durante una hora tendréis que comprar 16 pilas, ¡dieciséis!

Durante un tiempo (no mucho) fue junto a mis llaves en el bolsillo y recuerdo que tras el primer cambio de pilas empecé a usarla “con miedo” porque cada vez que la encendía, las pilas estaban un poco más cerca de volver a agonizar y no tenía ganas de estar cada dos por tres buscando unas de repuesto.

Resulta curiosa por su minúsculo tamaño, pero poco más.

Más información

Página oficial de la LED Lenser K1

Review: Darkvim SK-C30

Del modelo del que hoy vamos a hablar no tenía ninguna referencia ni había visto ningún tipo de review cuando se me puso a tiro; pero me gustaron sus acabados y puesto que el precio era de apenas unos 12 euros decidí darle una oportunidad aunque corriera el riesgo de que al final acabara siendo una pieza más haciendo bulto en mi colección de linternas AAA.

El cuerpo

La SK-C30 es una linterna realizada en aluminio 6061-T, con un único modo de funcionamiento, que se alimenta mediante una pila AAA y con encendido y apagado mediante cabeza giratoria. Tiene unas dimensiones de 70 mm de largo por 14 mm de diámetro y un peso sin pila de 12 gramos; más o menos las características que presentan todos los modelos de este tipo.

Algo a destacar (y que es diferencial con respecto a su competencia) es que este modelo de la desconocida Darkvim puede funcionar con un rango de voltaje de entre 1,2 y 4,2 voltios, lo que quiere decir que además de pilas alcalinas acepta baterías recargables de iones de litio, en este caso del tipo 10440 que le darán un plus de potencia.

Otro rasgo curioso de este modelo es que la cabeza tiene rosca macho en lugar de hembra a diferencia de la mayoría de las linternas de este tipo que suelen tener la rosca hembra en la cabeza y podemos ver los hilos de esta en el cuerpo cuando separamos las dos partes que la conforman. Si no recuerdo mal, de todos los modelos que han pasado por aquí sólo la Fenix E01 tenía una configuración similar.

Como ya habréis podido apreciar en la fotografía que encabeza este artículo, la SK-C30 tiene una forma peculiar: aunque la linterna internamente ha de ser de forma cilíndrica por la pila AAA que alberga en su interior, al cuerpo y a la cabeza se le han aplicado por la parte exterior una serie de rebajes a 90 grados que logran que su perfil sea cuadrado en la mayor parte de su longitud. Esto consigue que la linterna no se ponga a rodar si la dejamos en una superficie inclinada.

Este perfil cuadrado debería de mejorar el agarre de la linterna, pero debido a que no se ha practicado en su superficie ningún tipo de knurling en realidad siempre tenemos la desagradable sensación de que se nos va a ir al suelo en cuanto nos descuidemos. Todavía no me ha ocurrido, pero temo que tarde o temprano tendré una marca producto de algún porrazo contra una superficie dura.

En su parte trasera cuenta con un agujero torneado en una orejeta del aluminio que sirve para colocar una anilla de llavero y que le impide hacer cualquier tipo de tailstanding. Tampoco tenemos posibilidad de colocar ningún tipo de clip o similar, por lo que sus posibilidades de sujeción se reducen a tenerla entre nuestros dedos mientras la usamos o a apoyarla en alguna superficie cercana.

Curiosa es también la serigrafía de la placa controladora, ya que la parte donde hace contacto el polo positivo de la pila tiene perfil hexagonal en lugar de ser una zona conductora redonda como en la mayor parte de los modelos. Está claro que Darkvim se tomó muchas libertades a la hora de diseñar esta linterna y esto se nota en ese tipo de detalles. Detalles que son los que me llevaron a decantarme por este modelo en particular aunque en el momento de su compra fuera una total desconocida para mí.

El fabricante no da datos sobre certificación IP y se limita a decir que el cuerpo está sellado (lleva una junta tórica en la rosca) de modo que se puede usar bajo la lluvia. Este tipo de linternas suelen ser incluso sumergibles a un metro de profundidad, pero si el fabricante no lo declara no seré yo quien haga la prueba. En cuanto a resistencia a caídas, no dicen absolutamente nada, pero por materiales y peso debería de soportar al menos un metro sin sufrir daños graves.

La luz

El LED encargado de proporcionar la luz es un Cree R2 albergado al fondo de un reflector completamente liso que hace que el haz de luz emitido presente una zona central muy brillante junto a unos anillos exteriores producto de los reflejos internos del propio reflector. Entre ambas zonas existe una corona en la que la luz es muy homogénea y, en general, el tinte de todo el haz no presenta tonos amarillentos por ninguna parte.

Al tener sólo un modo disponible no presenta PWM alguno ya que el driver se limita a entregar la corriente disponible al propio LED de forma continua; aunque hemos de tener en cuenta algo importante: con una pila recargable o alcalina esta linterna emitirá 80 lumens durante unos 45 minutos; pero si empleamos una batería 10440 pasaremos a 200 lumens, que no está mal para un modelo de este tamaño. Eso sí, en este último caso preparaos porque el cuerpo se calienta bastante y con mucha rapidez, lo que me hace temer a largo plazo por la integridad de su electrónica de control.

Las sensaciones

La de hoy es una linterna con una personalidad muy especial. No sé por qué es una total desconocida, ya que creo que es un modelo interesante que aporta cosas distintas a un tipo de linternas en las que parecía que se había inventado todo ya.

Aparte del perfil redondo-cuadrado de su cuerpo, llama la atención la precisión de su rosca, que está milimétricamente ajustada y nos permite deleitarnos con su tacto cuando giramos su cabeza. También me parece un punto a favor la posibilidad de emplear baterías de iones de litio, ya que la mayor parte de las linternas de esta gama sólo funcionan con pilas de como mucho 1,5 voltios.

Sujetar esta linterna entre los dedos es como cuando escribíamos con el típico lápiz Alpino en el colegio: sus cantos definidos nos permiten agarrarla bien y el tacto suave que tiene me recuerda a la laca que le daban a aquellos lapiceros (hasta que los mordisqueábamos y quedaban asquerosos, claro está).

También me gusta que no hay aristas en ninguna parte de su cuerpo o su cabeza, estando ambas piezas perfectamente torneadas y pulidas. En general las linternas actuales no suelen presentar defectos muy evidentes en sus acabados, pero sí que es verdad que algunas de ellas de bajo coste (como es el caso de la que hoy nos ocupa) a veces presentan rebabas en zonas recónditas; cosa que con esta no ocurre.

Conclusión

Es una pena que la SK-C30 no tenga una longitud algo menor, ya que apunta maneras de ser una fiable compañera de viaje por su sencillez. En concepto y prestaciones es como una Olight i3E EOS o una Trustfire Mini-06 con el añadido de poder usar baterías de litio, pero como os digo es algo más larga que estos modelos que os digo y eso le hace perder puntos de cara a ir siempre en un bolsillo.

Aun así es un modelo elegante y bien construido que puede venir bien si nuestras necesidades lumínicas son muy simples.

Review: RovyVon Aurora A1

Tenía muchas ganas de hacerme con una linterna de RovyVon. No porque me vaya a ofrecer algo que no conozca ya; sino por probar otro modelo que siguiera la filosofía de mi admirada Nitecore TIKI. Dentro de la gama del fabricante chino he elegido la Aurora A1 porque es su modelo más sencillo, actualmente está de liquidación a 20 euros y creo que puede ir bien en el llavero del coche.

Lo bueno de la A1 es su combinación de resistencia, rapidez de recarga y potencia lumínica. Lo malo, tal vez, es que los acabados no están tan refinados como en otros modelos de la competencia como iremos viendo a lo largo de esta review.

El cuerpo

El cuerpo de la A1 está fabricado con un material poco habitual. La mayoría de las linternas son metálicas ya sea en aluminio, acero inoxidable o titanio. Luego hay modelos como la Nitecore TIKI cuyo cuerpo está hecho de policarbonato y el caso que hoy nos ocupa en el que la marca ha optado por la poliamida; dando lugar a un modelo ligero y en teoría muy resistente a golpes y arañazos, algo que el tiempo se encargará de confirmar o desmentir.

La cabeza está hecha de acero inoxidable para poder refrigerar la electrónica cuando hacemos uso del modo Alto, ya que éste hace a la electrónica generar altas temperaturas y de ser de material plástico el calor se acumularía en el interior, sentando fatal a los componentes y especialmente a la batería integrada. Me hubiera gustado ver una versión de la A1 íntegramente fabricada en poliamida porque sería el récord de la ligereza, pero para ello tendríamos que prescindir de los modos más potentes por lo que os decía hace un momento y seguro que la marca no está dispuesta a ello.

Por cierto, a modo de curiosidad, comentar que la poliamida de todo el cuerpo tiene un tacto rugoso a excepción de la cara superior donde pone “Aurora A1” que está completamente pulida. Menos mal que en RovyVon no les ha dado por pulir todo el cuerpo, porque me parece mucho más agradable (y resistente a los arañazos) el tacto de las zonas ásperas.

Las dimensiones de la linterna son de tan sólo 54 mm de largo por 14 mm de diámetro. El peso es de unos exiguos 12 gramos, que si no llega a ser por la cabeza de acero se quedaría en cifras de récord. Por descontado, el cuerpo no tiene partes desmontables a excepción de la tapa de goma que cubre el puerto microUSB de carga y de la cual RovyVon incluye una segunda unidad a modo de recambio. Todo un detalle.

Hablando de incluir cosas, además de la tapa de repuesto que os comentaba, en la caja viene una correa de muñeca, una cadena por si la queremos llevar al cuello, un cable de carga microUSB de unos 15 cm de longitud, un clip metálico, las instrucciones y una minúscula tarjeta de garantía. Echo en falta la inclusión de una anilla de llavero, pero no es problema porque en casa tengo decenas de ellas y, de hecho, en alguna foto veréis que le he añadido una.

Los acabados no son tan perfectos como en otras linternas. Es la primera RovyVon que tengo y por tanto no puedo saber si es una constante en toda la gama, sólo en este modelo por ser el más básico de todos o bien algo de esta unidad en concreto por pura mala suerte que haya podido tener. Sea como sea, lo que veo es que en la unión de las dos piezas de poliamida que conforman en cuerpo así como con la cabeza se aprecian ligeras rebabas que con el roce del día a día se suavizarán pero que nada más sacar la linterna de la caja enseguida saltan a la vista.

El único botón de la linterna es de goma traslúcida porque bajo su superficie se encuentran dos pequeños LEDs que se encargan de mostrar el estado de carga cuando tenemos la linterna conectada por microUSB: se ilumina en color rojo cuando está cargando y pasa a azul cuando el proceso ha finalizado. Con el cable conectado podremos utilizar la linterna, por lo que si empleáis uno de esos semirígidos junto a un powerbank podréis montaros una especie de lámpara portátil.

Por cierto, dicho botón tiene un tacto estupendo que hace que activemos y cambiemos entre los modos de funcionamiento con total precisión y sin fallar ni una sola vez, siendo esta una de las cosas que más me gustan de este modelo.

La batería interna y no reemplazable por el usuario de ninguna manera (al menos sin hacer un destrozo) es de polímeros de litio y cuenta con una capacidad de 130 mAh. Su tiempo de carga es de unos 45 minutos y lo que menos me gusta es que si agitamos la linterna en la mano notaremos cómo algo se mueve ligeramente en el interior siendo, con casi total seguridad, la batería. No es una cosa grave (como todos los defectos que presenta este modelo) pero ese leve movimiento puede hacer que al final se aflojen conexiones, se suelten cables… y un buen día la linterna dejará de funcionar sin explicación aparente.

En cuanto a resistencia a los elementos, RovyVon asegura que la linterna resiste caídas desde una altura máxima de 1,5 metros y que posee certificación IP65 lo que la haría resistente al polvo en cualquier caso y a chorros de agua potentes. Ahora bien, como siempre digo en este tipo de linternas, ojo con dejaros abierta la tapa del puerto del carga porque con una gota de agua que entre ahí ya la hemos liado.

La luz

El LED encargado de proporcionar la luz que arroja la Aurora A1 es un Cree XP-G3 S5 con una temperatura de color de 6500 ºK capaz de generar unos alucinantes 550 lumens. Hay una versión con LED Nichia 219C de mayor fidelidad cromática (neutral white lo llaman, con una temperatura de 4500 ºK) cuya potencia lumínica máxima es de “sólo” 350 lumens, pero el modelo que hoy nos ocupa es el más potente de los dos y realmente es flipante ver cómo una linterna de este tamaño puede generar tanta luz.

Sobre el LED tenemos una lente TIR muy habitual en este tipo de linternas pero me llama la atención que en su interior han quedado unas minúsculas burbujas en el material que conforma dicha lente producto de algún tipo de defecto de agitación durante el proceso de fabricación. Como ya os he comentado antes, son pequeños fallos que diferencian esta linterna de otras de la competencia aunque he de reconocer que no afectan a la calidad de la luz. Podéis apreciar estas pequeñas burbujas en la siguiente fotografía.

Sea como sea, es la primera vez que me encuentro con un defecto de este tipo en una lente TIR; y eso que tengo varias que las llevan costando la mitad que este modelo (la Olight i3E EOS o la Trustfire Mini2 por ejemplo).

Los modos de funcionamiento son cuatro más uno oculto (e inexplicablemente no documentado). Vamos a explicarlos uno por uno:

Si tenemos la linterna apagada y hacemos una doble pulsación esta se enciende en el modo Bajo, que dispone de 22 lumens y una autonomía de 150 minutos. Una breve pulsación nos llevará al Medio con sus 230 lumens y 55 minutos de autonomía. Si volvemos a pulsar iremos al modo Alto con sus sensacionales 550 lumens pero sólo durante un total de 38 minutos; y digo total porque no podemos estar indefinidamente en el modo alto, ya que a los dos minutos la linterna pasará automáticamente a emitir 65 lumens para evitar calentamientos internos.

Desde el modo Alto con una pulsación breve activaremos el modo Estroboscópico que, como de costumbre, no tengo pensado usar ni soy capaz de probar durante más de unos segundos sin que todo empiece a darme vueltas. Si pulsamos brevemente de nuevo volveremos al modo Bajo para, a base de pulsaciones cortas, seguir con la secuencia Medio-Alto-Estroboscópico-Bajo-Medio-Alto-Estroboscópico… Y así hasta que con una pulsación larga apaguemos la linterna o dejemos durante más de un minuto un modo fijo, en cuyo caso con la pulsación corta lo que haremos es apagar la linterna.

Existe también un modo Ultrabajo (no documentado) que se activa haciendo una triple pulsación con la linterna apagada y que se apagará con la siguiente pulsación sea del tipo que sea devolviendo la linterna al modo de reposo. Poniéndolo al lado de otros modelos de linternas calculo que debe rondar entre 2 y 3 lumens, por lo que aunque ilumina muy poco no se puede considerar un modo moonlight como tal porque para ello no deberíamos superar el lumen.

En cuanto al PWM el modo Alto, como es lógico, no muestra parpadeo alguno. Mientras que los modos Medio y Bajo presentan una frecuencia de PWM de unos 2500 Hz que consigue que apenas lo notemos en condiciones normales. Lo malo viene al activar el modo Ultrabajo, ya que su PWM es marcadísimo y haciendo comprobaciones veo que lo hace a una frecuencia de tan sólo 100 Hz, siendo claramente perceptible por el ojo al más mínimo movimiento de la linterna.

El haz de luz tiene una zona central más intensa que además presenta unos rebordes algo amarillentos. Fuera de esta zona del haz todavía tenemos luz, pero ya con una menor intensidad y fundiéndose a negro poco a poco, dando lugar a un haz general con dos zonas bastante diferenciadas; no como otros modelos similares que ofrecen una distribución más gradual.

Las sensaciones

Lo primero que sientes al sacar la A1 de su caja es el tacto rugoso de la poliamida y lo robusto que es su cuerpo. Tiene un aire un poco militar (a lo que contribuye que la versión que me he comprado es la de color gris) que a mí particularmente me gusta mucho y que me hace despreocuparme por su integridad física si la llevo en mi llavero junto al resto de elementos presentes en un bolsillo cualquiera.

Nadie puede negar que los parecidos entre los modelos de RovyVon (especialmente los Aurora A5 y A8) y la Nitecore TIKI son más que evidentes. No creo que esto sea una casualidad, y suena a un caso claro de espionaje industrial, porque no es normal que en un lapso de tiempo más o menos breve aparezcan en el mercado dos modelos que son prácticamente idénticos entre si. Fijaos en la foto que os dejo a continuación y no me digáis que no son casi gemelas. Bueno, y si veis los dos modelos que os decía hace un momento alucinaríais. Sólo os digo que esos tienen el cuerpo transparente y cuentan con LEDs auxiliares sobre el botón de control, así que os podéis imaginar el parecido.

El único botón es prácticamente igual y está situado en el mismo sitio, las cabezas de acero inoxidable son casi calcadas, la zona trasera para enganchar una anilla es muy parecida… Lo único radicalmente diferente es que la A1 permite colocarle un clip y en la TIKI no hay forma de hacerlo, pero por lo demás las similitudes son múltiples y evidentes.

¿Casualidad? No lo creo: Nitecore no hace declaraciones al respecto y RovyVon sólo dice que sus modelos no se basan en ningún tipo de colaboración con Nitecore; así que tiene pinta de que la cosa podría acabar en los tribunales porque a mis ojos es un plagio total y absoluto. De cualquier modo, investigando un poco resulta que el modelo de Nitecore apareció en el mercado nada menos que año y medio antes de que Nitecore presentara en sociedad a la TIKI. Ahí queda eso.

Dejo al margen ya la famosa polémica con la TIKI porque al final estos artículos van de analizar linternas y sólo quiero añadir que aunque me enteré del parecido razonable entre las dos marcas después de tener en mis manos el modelo de Nitecore, esto no le quita ni un ápice de la adoración que siento por este modelo que desde entonces ha venido conmigo a todas partes y que uso multitud de veces al día hasta el punto de que por las noches lo tengo a mano en la mesilla de noche y lo he empleado incluso como luz ambiental en esas circunstancias.

En otro orden de cosas, el clip que se incluye con la Aurora A1 es fuerte y nos permite llevar la linterna en el borde del bolsillo, en el cinturón o incluso colgada de la visera de una gorra si necesitamos alumbrar algo con las manos libres. De cualquier modo yo he optado por no usarlo porque, además de que creo que el lugar de una linterna de este tamaño está en un llavero, los clips que no van atornillados me dan siempre la sensación de que ante una tracción accidental se van a separar y acabaremos perdiendo la linterna.

Del resto de accesorios, la correa y el collar se han quedado en la caja desde el minuto uno porque entiendo que en una linterna tan pequeña no hace falta llevarla amarrada a la muñeca y porque usarla de colgante me parece un poco de flipados. Sí que me hubiera gustado que hubieran incluido una pequeña anilla para colgarla del llavero (como ya dije hace unos párrafos) porque creo que es el uso más lógico de una linterna de este formato.

Sea como sea, pese a sus pequeños fallos en los acabados estoy muy contento con la Aurora A1 porque me parece un modelo muy robusto y que por su sencillez creo que no me fallará en mucho tiempo. Falta ver qué pasa con esa holgura que detecto en su batería, pero al menos por sensaciones en la mano creo que estamos ante una linterna muy resistente. El tiempo me dirá si soy un buen pitoniso o no.

Más información

Review: Trustfire Mini-08

Si en la introducción de la review de la Trustfire Mini-07 hablábamos de parentescos, al modelo de hoy sí que la podemos considerar la hermana mayor de aquella ya que por material, tamaño, peso, funcionamiento, lumens y nomenclatura parece claro que hoy estamos ante una versión a escala ampliada: vamos a echar un vistazo a la Trustfire Mini-08.

Como iremos desgranando en este artículo, estamos ante una linterna que aunque con algunas diferencias estéticas, es como si simplemente hubieran inflado a la Mini-07 para crear un modelo con una batería más grande y una capacidad lumínica mayor. De hecho me llegaron las dos en el mismo paquete y me hizo mucha gracia pensar que podría meter una dentro de la otra como si de Matrioshkas se tratara.

Y aunque parezca que con esto ya estaría todo listo, sería muy triste dejar la review así; de modo que vamos a ir repasando los apartados habituales.

El cuerpo

La Mini-08 está fabricada en acero inoxidable 304 y tiene unas dimensiones de 74 mm de largo por 20 de diámetro. El peso se queda en 60 gramos, lo que hace que si la echamos al bolsillo notemos su peso. Lo bueno es que la solidez de esta linterna no deja lugar a dudas y tiene toda la pinta de que podemos usarla para cascar nueces en Navidad.

En cuanto a la estructura constructiva, al igual que su hermana pequeña, podemos separarla en cuatro piezas: cabeza, cuerpo, batería 16340 recargable de 880 mAh (que se incluye con la linterna) y tapa trasera; todo ello en acero inoxidable y con unas roscas estupendamente torneadas.

La recarga de la batería se realiza a través de un puerto microUSB y os puedo decir que durante la carga de la misma el cuerpo de la linterna se calienta hasta niveles casi alarmantes durante la hora y media que dura el proceso. Lo curioso del tema es que si en ese momento desenroscas la tapa trasera y sacas la pila, esta no está tan caliente como el propio cuerpo de la linterna, por lo que aunque sea una cosa muy llamativa no parece algo peligroso. Por cierto, el LED que indica el estado de la carga pasa de rojo a verde cuando ha terminado de cargar.

El relieve de la linterna consiste en ranuras longitudinales regulares en la parte central y la tapa trasera y una serie de rebajes en la cabeza junto a un anillado transversal en la zona delantera. El agarre es bueno gracias a la propia naturaleza del acero inoxidable, aunque el ranurado tambien ayuda a que no se nos resbale de las manos.

La resistencia a los elementos viene dada por una certificación IPx4 que la hace apta para poco más que una lluvia torrencial y en cuanto a caídas si se nos cae desde una altura máxima de 1,5 metros en teoría no debería de pasarle nada.

La luz

El LED que incorpora la Mini-08 es un Creed XP-G2 y en esta ocasión contamos con un reflector liso en lugar de la cada vez más habitual lente TIR de casi todos los modelos de pequeño tamaño. Y aunque siempre digo que los reflectores me parecen elementos mucho más estéticos, he de decir que me estoy acostumbrando a las TIR y veo que la proyección del halo de luz de este modelo no es nada regular, teniendo una serie de anillos concéntricos que no puedo dejar de ver si la luz da en una superficie lisa.

En cuanto a los modos de luz, tenemos tres que vamos a ir recorriendo en bucle: arrancamos en un modo Alto de 300 lumens con una autonomía de unos 45 minutos. Si soltamos y apretamos la cabeza pasaremos a un modo Medio de 150 lumens y 90 minutos de duración a base de un PWM de unos 200 Hz. Un nuevo giro nos llevará al modo Estroboscópico que no sé cuánto durará ni tengo ganas de comprobarlo para no sufrir un ataque epiléptico.

Las sensaciones

Lo mejor de la Mini-08 es enroscar y desenroscar tanto su cabeza como la tapa trasera por el delicioso tacto de sus roscas. Sé que es un punto de vista un poco friki, pero es que para mí es así. La luz que emite este modelo no es muy suave por el diseño del reflector, los dos modos que tiene son demasiado potentes para lo que yo suelo emplear y encima para mi gusto tiene exceso de peso; pero al menos podemos usarla para jugar con ella como si fuera una especie de totem o de fidget-toy.

Si le busco un rival sólo se me ocurre la Olight S1 Baton tanto por dimensiones como por intensidad lumínica y la batería que emplea, pero en la que hoy nos ocupa echo en falta el modo moonlight que tanto aprecio en cualquier linterna.

Aun así, creo que la Olight juega en un escalón superior por acabados, funcionalidad y elegancia, ya que aunque soy muy fan del acero inoxidable he de reconocer que empleado en las linternas creo que el acabado es demasiado basto, y que puestos a elegir un aspecto plateado prefiero el del titanio.

Igual que en la Mini-07 las líneas transversales para mejorar el agarre tenían un buen grosor, en esta curiosamente son muy finas y para mi gusto estéticamente no quedan muy bien; sobre todo en la tapa trasera donde la apariencia es que las han hecho con una microradial.

Aun así la Mini-08 tiene detalles chulos como los anillos en el extremo de su cabeza o los rebajes que tiene a continuación, los cuales de alguna manera le dan un acabado que me recuerda un poco a los sables laser de Star Wars. La veo un poco recargada, pero es que hacer un simple cilindro metálico tampoco tendría mucha gracia, ¿no?

Sea como sea, al igual que en el caso de la Mini-07 la veo orientada a un entorno profesional donde podamos necesitar un modelo robusto y que nos de bastante luz; y es ahí donde este modelo que estamos analizando hoy puede que encaje mejor.

Conclusión

Me compré la Mini-08 junto a su hermana pequeña porque me pareció interesante hacerme con dos linternas que parecen hechas una a semejanza de la otra pero en diferentes tamaños, fabricadas en acero inoxidable y además a un precio bastante económico. Es curioso, pero pese a ser de mayor tamaño la Mini-08 es algo más económica que la Mini-07, costando entre 10 y 12 euros según dónde la compremos. Por cierto, os dejo con una imagen en la que aparecen las dos linternas de Trustfire y en el centro mi adorada Thrunite Ti Hi.

¡Nos leemos en la siguiente review!