Fotografiando la Raspberry Pi Zero W y su ingeniosa antena

No sé si lo he comentado alguna vez por aquí, pero siento auténtica devoción por las Raspberry Pi hasta el punto que considero que es lo mejor que le ha ocurrido a la informática y a la electrónica a nivel de usuario en los últimos años.

Raspberry Pi Zero W

Dispongo desde hace tiempo de una Raspberry Pi 3, así como de un par de Raspberry Pi Zero (una de ellas la uso como reproductor multimedia) y en mis manos tengo ya una de las primeras Raspberry Pi Zero W que se han distribuido, pues la pedí el mismo día de su presentación y me llegó desde UK poco después.

Lo que ocurre es que aunque esa misma noche ya estuve instalando Raspbian y trasteando con ella un buen rato, no ha sido hasta hoy cuando he cogido la cámara y el objetivo macro con la idea de hacer unas fotografías que pudieran transmitir la belleza que yo siempre le encuentro a este tipo de cosas.

Raspberry Pi Zero W

Aunque esta nueva integrante de la familia Raspberry Pi es muy similar a la Zero “a secas” tanto físicamente como en potencia, la W de su apellido viene de que integra tecnología Wireless como ya hizo anteriormente su hermana mayor (la Raspberry Pi 3).

El reto principal era el integrar la conectividad inalámbrica en una placa electrónica de tan reducidas dimensiones y a la vez ya superpoblada de diminutos componentes electrónicos.

Raspberry Pi Zero W

Descartada la idea de colocar una antena WiFi al uso (la de la Raspberry Pi 3 es pequeña pero demasiado voluminosa para una placa tan minúscula) la gente de la Raspberry Pi Foundation se estrujó los sesos y decidió emplear una tecnología licenciada por la empresa Proant que es tan genial como simple: la antena es un triángulo cuidadosamente esculpido en la propia placa en cuyo interior resuenan las ondas de radio que son captadas por dos microscópicos condensadores situados en su vértice.

Raspberry Pi Zero W

Como amante que soy de las soluciones sencillas y los tamaños reducidos, contemplar ese destello de genialidad que es la antena de la Raspberry Pi Zero W me hace pensar en todas las cosas maravillosas que en el mundo de la tecnología nos van a asombrar durante los próximos años.

Por cierto, espero que hayáis disfrutado de las fotografías. Hacía tiempo que no agarraba la cámara y la verdad es que he disfrutado bastante buscando la mejor perspectiva para apreciar los detalles que tanto abundan en estas miniaturas tecnológicas.

Raspberry Pi Zero W

¡Nos lemos!

Time-lapse: Ida y vuelta por el Gurugú

Llevaba tiempo sin escribir. Concretamente desde la última tarde de 2016, lo que representa casi dos meses y medio en el que es, seguramente, el periodo de sequía creativa más larga hasta el momento.

En las últimas semanas multitud de ideas han acudido a mi mente, pero por uno u otro motivo no he sabido sacar tiempo para sentarme ante el teclado para plasmarlas en algo tangible. Alguna fotografía sí que he realizado, pero reconozco que tengo la cámara dejada un poco de lado en espera de épocas en las que disponga de algo más de tiempo libre, que es algo que siempre ayuda a que florezca la inspiración.

Pero bueno, lo que hoy quería mostraros es un sencillo time-lapse de apenas dos minutos en el que condenso un trayecto de ida y vuelta entre el barrio de Nueva Alcalá y un conocido supermercado situado en Los Hueros, para lo cual hay que recorrer el trazado de la carretera que asciende por el monte Gurugú.

Hay otra variante para subir mucho más “ratonera”, pero dado que mi intención no es la de ir de rallye sino simplemente mostraros a cámara rápida movimientos que solemos percibir de manera mucho más lenta, creí que sería mejor conducir por esta carretera de curvas amplias y aspecto despejado.

No sé si os habréis dado cuenta, pero esto de los time-lapses es algo que me resulta muy atractivo y que ya he introducido en alguna que otra entrada como aquella en la que os narraba un viaje a Cantabria.

Por cierto, tengo en mente un artículo de tipo científico-tecnológico de esos que tanto me gustan y que espero no me lleve demasiado tiempo sacar a la luz. La idea está plantada, así que ahora sólo tengo que ir regándola y esperar a que crezca lo suficiente.

¡Nos leemos!

Las últimas luces del 2016

No sé si os habrá ocurrido como a mí, pero si me siento un segundo a recordar el 2016 los últimos doce meses se me han pasado a la velocidad de la luz.

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En cuanto al blog, cierto es que llevo una temporada ya bastante larga en la que no escribo con la asiduidad que me gustaría, pero no siempre que se me ocurre algo tengo la oportunidad de sentarme al teclado para plasmarlo en algo tangible y la inspiración es tan puñetera que sólo viene a verte un ratito de vez en cuando para luego dejarte con la hoja en blanco y cara de circunstancias.

En cualquier caso me gustaría reseñar aquí los artículos que más he disfrutado escribiendo en este año que hoy termina:

  • Algunos consejos sobre fotografía macro: llevaba tiempo sin escribir sobre fotografía a nivel técnico y éste fue uno de esos artículos que tanto me gusta redactar e ilustrar con fotografías.
  • Usando una GoPro como cámara de fotos (2ª parte): creo que es uno de esos artículos que pueden servir de inspiración a alguien que le quiere dar un uso alternativo a su cámara GoPro. Yo, desde luego, me lo pasé muy bien preparándolo.
  • Rincones: Cantabria: fotos, comentarios y un timelapse de nuestras vacaciones de verano por tierras cántabras. Me pongo a releerlo ahora y me dan ganas de volver mañana mismo.
  • Usando un Gramin Etrex 10 con mapas personalizados: un artículo útil para aquellos que no quieran gastar demasiado en un GPS de mano pero al que con un poco de ingenio se le puede sacar mucho provecho.
  • Navidad en Alcalá de Henares: pese a ser muy reciente (y sencillo) se trata de uno de los artículos con más repercusión de este año. Me gustó crearlo por los paseos que me di por Alcalá cámara en mano para realizar las fotos que lo ilustran.

No sé qué nos traerá el 2017. Ojalá que todo sean cosas buenas; pero venga como venga, espero que sigamos leyéndonos por aquí.

¡Feliz cambio de año!

Navidad en Alcalá de Henares

Muy acorde con el día en el que estamos, me gustaría compartir con vosotros unas imágenes que capté hace unos días en la conocida plaza de Cervantes de Alcalá de Henares.

Alcalá en Navidades (I)

Alcalá en Navidades (II)

Estampas cotidianas de una ciudad que, como todos los años por estas fechas, se adorna para la Navidad.

Alcalá en Navidades (III)

En cualquier caso, no todo son luces, gente y abrigos, pues como veréis, estamos teniendo un clima de lo más soleado con temperaturas agradables a medio día (y de momento sin grandes heladas por las noches) que dan lugar a paisajes muy pintorescos a nada que nos alejemos del casco urbano.

De Henares

Por cierto, comentaros que estas fotografías están hechas con una Nikon D3000 que me he comprado recientemente con idea de usarla exclusivamente con el AF-S DX Nikkor 35mm f/1.8 G, dando lugar a un conjunto de pequeño tamaño, ligero y manejable. De hecho, ya en el pasado hice algo parecido con la D40 (cámara que le regalé a mi chica hace ya tiempo) y la experiencia fue muy positiva.

¡Nos leemos!

Doña Manolita contra la ley de la probabilidad

Puede que mi visión ingenieril de la vida tenga algo que ver, pero cada vez que veo las kilométricas colas que se forman cada año por estas fechas en la madrileña administración de lotería de Doña Manolita me hierve la sangre.

Y ya no sólo porque, en general, todo lo que sea hacer cola me hace sentir como si se me estuviera yendo la vida por momentos; sino porque algunas de estas personas que aguardan en la fila durante horas avanzando varios órdenes de magnitud más lentamente que un paso de Semana Santa lo hacen porque creen que así tienen más posibilidades de que les toque “el gordo” de Navidad.

Vamos a poner números a todo este sinsentido para verlo con más claridad:

En el sorteo de lotería de Navidad entran en el bombo 100000 números todos ellos diferentes (desde el 0 hasta el 99999) de modo que la posibilidad de que jugando a un sólo número te toque el primer premio es de 1/100000; es decir 0,001%.

Cierto es que administraciones como La Bruixa D’or o Doña Manolita suelen aparecer con cierta frecuencia el día 22 de diciembre descorchando botellas ante los medios de comunicación; de modo que a ciertas personas les da la impresión de que estas administraciones están bendecidas por una especie de halo de buena suerte que hace que sus números tengan más probabilidades de salir que los comprados en una sencilla administración de barrio.

Nada más lejos de la realidad: lo que sucede es que en las administraciones que os decía antes hay disponible tal cantidad de números que el hecho de comprar un décimo allí es, en realidad, una lotería dentro de la propia lotería. Me explico:

Primero vamos a imaginar el caso sencillo de una administración tan pequeña que sólo tienen un número a la venta para el sorteo de Navidad: puesto que es un número entre los 100000 que participan, eso representa una posibilidad del 0,001% de que el gordo caiga en esa administración, pero en tal caso, si lo hemos comprado ahí tendremos la total certeza de que seremos uno de los agraciados con dicho premio.

Supongamos ahora que de los 100000 números que participan en el sorteo, en una determinada administración venden 10000 diferentes. Esto significa que hay un 10% de posibilidades de que el gordo se venda en dicha administración; pero claro, aunque compremos ahí nuestro décimo, puesto que tenemos que elegir un sólo número entre los 10000 que tienen disponibles eso representa que aunque el gordo caiga en un número a la venta en esa administración la posibilidad de que hayamos elegido correctamente es nada más que del 0,01%. Si recordáis algo de probabilidad básica, la intersección entre ambos sucesos (10% y 0,01%) nos va a dar una probabilidad del 0,001%, que es la misma que la de comprar un décimo suelto en cualquier administración de mala muerte.

Vamos ahora a un caso intermedio en el que una administración de tamaño medio tiene 100 números diferentes a la venta, lo que representa una probabilidad del 0,1% de que el gordo de Navidad caiga en dicha administración. La posibilidad de que el premio toque ahí es más pequeña que en caso anterior, pero también es verdad que si hemos comprado el número ahí nuestra probabilidad de que hayamos elegido el número correcto es del 1%, de tal modo que la intersección de ambos sucesos será del 0,001%, que a estas alturas del artículo deberíais tener ya asociada con la de acertar un número extraído al azar entre 100000.

¿Qué quiere decir esto? Pues que da exactamente lo mismo que compréis vuestro décimo en una mega-administración famosa en el mundo entero o en esa de vuestro pueblo en la que apenas entran cinco o seis personas al día. Cada número jugado tiene una posibilidad entre cien mil de resultar agraciado con el primer premio, lo compréis donde lo compréis.

La quiosqueraAunque es complicado, puede que alguno de los que estáis leyendo esto seáis millonario pasado mañana y os vea en el telediario de las tres; pero lo que os aseguro es que vais a ganar horas de vida si evitáis pasaros medio día de pie en una cola sin fin y sin sentido.

¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (XXIV)

Vivir durante el invierno en una pequeña localidad costera suele ser sinónimo de paz y sosiego. Y lo sé bien por los dos años que pasé en Oropesa del Mar; un lugar en el que puedes pasear a media tarde durante los meses invernales y no cruzarte prácticamente con nadie sintiendo una soledad que a mí particularmente me resultaba de lo más agradable.

La Oropesa solitaria

Sea como sea, reconozco que llevaba tiempo sin acordarme de Oropesa pero hoy, que no hago más que leer noticias sobre el mal tiempo por las tierras de Levante, han venido a mi memoria unas fotografías que hice una tarde de mayo de 2011 en las que el Mediterráneo se mostraba mucho más amenazador de lo habitual.

A storm is approaching (IV)

Recuerdo que aquella tarde el cielo tenía un aspecto inquietante: una extraña banda oscura lo surcaba de lado a lado y un fuerte viento soplaba desde el mar con inusitada fuerza. Dado que vivía muy cerca de la playa, cogí mi cámara de fotos (al fin y al cabo elegí una Nikon D300 para que si un día me sorprende una tormenta pueda seguir haciendo fotos sin preocuparme de la lluvia) y mi estimado 80-200 f/2.8 para retratar aquel temporal que se acercaba por momentos a la costa.

A storm is approaching (II)

Por supuesto, si la cosa se complicaba no iba a hacerme el héroe y saldría zumbando para casa en cuestión de segundos; pero el aspecto apocalíptico del Mediterráneo con las olas que parecían salirse del mar era algo magnético para un amante de la fotografía como yo. Recuerdo con claridad la intensa sensación de que tenía que captar ese momento porque vendría a mi memoria tiempo después (la entrada de hoy es la prueba de ello) y las fotografías me ayudarían a volver a revivirlo.

A storm is approaching (V)

Capté unas cuantas imágenes y enseguida comenzaron a caer unas gotas enormes; mucho más grandes de lo que acostumbraba a ver por aquellas tierras en las que ya de por si suele llover con fuerza. Sin embargo, estaba claro que la tormenta que se nos echaba encima a pasos agigantados tampoco era muy normal que digamos.

A storm is approaching (I)

Tal y como me prometí, antes de exponerme a correr algún riesgo recogí el equipo y me dirigí para casa donde, parapetado tras los cristales, pude contemplar la fuerza de una tormenta que, gracias a estas fotos, no olvidaré.

A storm is approaching (III)

¡Nos leemos!

El pimiento ruso

Este fin de semana me acordé de una frikada a la que solíamos jugar hace muchos años mis hermanos y yo: el pimiento ruso. Juego que no sé si inventamos nosotros o bien ya lo jugaban nuestros ancestros en alguna aldea gallega; pero el caso es que un día se nos ocurrió y estoy seguro que de haberlo grabado y colgado en Youtube (que por aquella época ni siquiera existía) la cosa hubiera tenido su éxito porque era algo digno de verse.

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No sé si sabréis en qué consiste el “juego” de la ruleta rusa. Por si acaso aquí os dejo un enlace a la definición en Wikipedia; si bien en nuestro caso no había balas, pistolas ni dinero de por medio, sino tan sólo una bolsa de pimientos de Padrón que, por si no los habéis probado nunca, están riquísimos.

Este tipo de pimientos tienen la peculiaridad de que unos saben a pimiento sin más y otros pican de una manera muy bestia sin poder distinguir a simple vista si son de un tipo o de otro. Es decir, que si en una bolsa vienen 50 pimientos, a lo mejor 10 de ellos son picantes (MUY picantes) y el resto son totalmente inofensivos.

La gracia del asunto consistía en que nos sentábamos a la mesa y de la sartén de pimientos recién hechos cogíamos por el rabito uno cada comensal y a la de tres nos lo metíamos entero en la boca masticándolo con fuerza. Durante los primeros instantes ninguno sentía el más mínimo picor, pero a aquel (o aquellos) que le había tocado uno de los picantes, de repente empezaba a notar un fuego intenso que se iniciaba en la lengua e inexorablemente iba avanzando y creciendo en su interior ante las risas del resto del grupo.

Cremá Oropesa 2011

En mi caso particular, recuerdo uno que me tocó una vez que, además del consabido picor intenso en la boca, consiguió que empezaran a caerme unos lagrimones considerables por las mejillas, a hincharse los labios e incluso a zumbarme los oídos mientras daba vueltas por la cocina soltando todo tipo de improperios y agitando los brazos como un gorrión aprendiendo a volar.

No recordaba haber probado nada más picante en mi vida y pese a que después me bebí casi un litro de agua y un par de vasos de leche y que engullí media docena de quesitos, un buen trozo de pan, un tomate y un yogur, no conseguía sacarme el picor de encima. Era como si me hubiera tragado una bola de napalm y se hubiera incendiado en mi estómago dejando además mi lengua con la textura de un neumático usado.

Como os decía hace unos párrafos, la gracia del juego es que a priori no sabías si el pimiento que estabas a punto de degustar iba a ser algo delicioso o un bomba que estaba a punto de arrasar totalmente tu sentido del gusto durante unas cuantas horas; pero lejos de apostarnos dinero o cualquier otra cosa, esa incertidumbre visible en nuestras caras cuando teníamos el pimiento en la mano era lo que hacía de este juego toda una experiencia.