Aquellos viajes por carretera

Hoy he estado viendo fotografías de hace ya algún tiempo que me han traído muchos recuerdos. Pero no recuerdos de un lugar concreto; sino de los viajes hacia y desde aquel lugar.

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Hace ya dos años que terminó esa época de mi vida en la que estuve trabajando y viviendo en Oropesa del Mar y, si bien no echo de menos aquello porque para mí Madrid siempre será Madrid, sí que tengo que reconocer que a veces me entra añoranza de aquellos trayectos en coche entre Madrid y Castellón que hacía muchos fines de semana.

Y es que para mí el disfrute de un viaje comienza en cuanto cierro la puerta de casa. Si me voy a de vacaciones, de fin de semana, de puente o de lo que sea, el propio viaje que me separa de mi destino es, en sí, algo que disfruto enormemente.

Through the night

Al haber estado allí tanto tiempo, he tenido ocasión de contemplar los paisajes que iba atravesando en mis viajes durante todas las épocas del año. He viajado con frío, con calor, con niebla, con lluvia… Y hasta recuerdo un par de ocasiones en las que por la provincia de Cuenca ha llegado a granizarme y nevarme. De hecho recuerdo que ese día del granizo salí de Oropesa con sol y llegué a Madrid ya de noche pero con un cielo completamente despejado; pero el caso es que por el camino la cosa cambió radicalmente durante los kilómetros que me tocó conducir bajo bolas de hielo.

También me acuerdo de un día en el que un cielo que parecía estar en llamas me sorprendió ya casi llegando a Castellón, de modo que me detuve en la primera gasolinera que encontré y desde allí hice una foto que también me evoca a aquellos viajes de ida y vuelta por autopista.

The sky is in flames!

Cuando los viernes que venía a Madrid, después de más de 400 kilómetros de carretera, veía las famosas cuatro torres en la lejanía sentía que ya estaba llegando a la que nunca ha dejado de ser mi casa. Y recuerdo muy bien aquella sensación que me embargaba al saber que en apenas media hora me esperaba un paréntesis de dos días en la soledad del corredor de fondo de aquellos tiempos.

Campo y ciudad

Mis recuerdos de aquellas tardes viajeras son las de un aventurero que disfrutaba del sol, de las nubes, de las canciones de Bob Dylan, del rumor de las ruedas acariciando la carretera… Además de todo eso, cuando viajas sólo y fuera hace frío, un café en medio del camino puede ser la sensación más agradable del mundo.

Mi lugar de parada era siempre el mismo: el Autogrill de Castillejo de Iniesta (A-3, km 225) tanto por ser el punto medio exacto de mis viajes como por servir un café capaz de despertar a un oso pardo en plena hibernación. Como os decía, cuando atravesaba la puerta de aquel lugar y me envolvía un suave aroma a café, por unos minutos me sentía casi como en casa; o al menos me hacía pensar en que ya me quedaba poco para llegar a mi destino.

Café

En lo meramente carreteril, durante dos años sólo tuve un susto más o menos importante: en la parte de la A-7 que rodea Valencia una vez un tipo que conducía un Mini color azul que circulaba por el carril central lanzó por la ventanilla un bote vacío de Red Bull que comenzó a dar saltos de un lado a otro haciendo que todos los que íbamos detrás de él comenzáramos a dar frenazos y volantazos para evitar que en uno de sus alocados saltos el envase de aluminio acabara estampado contra algún parabrisas.

Realmente pasé unos segundos de miedo en el caos que se organizó allí en un momento. Se escuchaban bocinazos, ruedas chirriando y luces de freno por todos lados mientras todos nos acordábamos de la familia de aquel idiota que a punto estuvo de liar una bien gorda en medio de la autopista por un comportamiento que no tiene justificación alguna.

Columbretes

Os juro que deseaba que alguno de los vehículos que iban atemorizados a mi lado fuera un coche patrulla camuflado y saliera disparado detrás de aquel Mini, pero no fue así y su insensato conductor prosiguió su marcha como si nada mientras los de detrás sudábamos tinta para no golpearnos los unos contra los otros en una especie de baile sobre el asfalto a 120 Km/h.

Como os decía antes, he conducido en todo tipo de condiciones meteorológicas tanto de día como de noche (en invierno poco después de partir el sol ya empezaba a ocultarse en el horizonte) pero nunca me ha supuesto ningún problema porque he sabido adaptarme a las condiciones de la vía. Sin embargo, uno nunca se imagina que le va a tocar esquivar un bote saltarín entre los carriles de la autopista.

Cierto es que fueron muchos viajes y muchos kilómetros; pero lo bueno para la mecánica de mi coche es que al ser todo por autopista despejada y a velocidad constante se dan las circunstancias ideales para un turbodiesel, cuya finalidad es hacer muchos kilómetros cómodamente y gastando muy poco. Como ya os dije en la entrada que trataba del tema, un moderno turbodiesel no está hecho para la ciudad y sus constantes semáforos, atascos, acelerones y demás…

Audi A1

Pocos vendedores os contarán eso si entráis por la puerta del concesionario diciendo que queréis un coche de gasóleo porque “anda mucho y gasta poco” (que es la idea con la que se queda la mayoría de la gente) pero si hacéis casi todo el kilometraje por ciudad, yo optaría por una mecánica de gasolina que al no generar carbonilla os dará muy pocos problemas mecánicos. Sin embargo si, como yo, el 90% de los kilómetros los hacéis por carretera despejada, un turbodiesel os dará muchas alegrías y veréis que la aguja del combustible baja a un ritmo casi imperceptible.

Ha habido viajes en los que no me separado de mi ruta ni un milímetro, pero también en otros ha salido mi vertiente exploradora y he aprovechado para visitar algún pueblo que me había llamado la atención en la lejanía aunque eso supusiera llegar más tarde a mi destino. Como os decía, en aquellos viajes en soledad sin más compañía que la radio me sentía como un pequeño punto en medio de la inmensidad del paisaje y a veces me gustaba sentirme parte de él por si llegaba (como al final llegó) el día en el que ya no tuviera que volver a mi tierra porque sencillamente volvía a vivir en ella.

Un vistazo al mar

¡Nos leemos!

2 pensamientos en “Aquellos viajes por carretera

  1. Estimado Luipermon, hubo un tiempo en que recibía los excelentes escritos de tu página con mucha frecuencia, los leía y los disfrutaba. Poco a poco se fue alargando la entrega de tu blog, hasta que ahora los recibo muy, pero muy de vez en cuando. Y en realidad aquello para mi es una pena. Me agrada la manera como planteas tus temas, y mucho más cuando aquellos tenían y tienen que ver con temas fotográficos, que es por lo que me adherí a tu blog. Era, y es simpático leer, como contabas y cuentas lo que fue tu vida en una ciudad diferente a tu Madrid querido; tus viajes, como los disfrutabas, y aplicabas aquellas experiencias con asuntos fotográficos, que nos transmitías y los transmites a nosotros tus lectores. Tus enseñanzas y recomendaciones me sirvieron de mucho cuando empecé a tomar la fotografía en serio, y dejó de ser solamente un hobby.

    Tu escrito de hoy me pareció interesante de manera particular, es por ello que me animé a escribirte para contarte que a mi también me gusta viajar mucho aunque por razones diferentes. Tu viajabas cientos de kilómetros por motivos de trabajo; en mi caso, me fascina viajar en automóvil, y mientras más largo el viaje, mejor, pero lo hago por otros motivos. Al viajar aprovecho para sacarle el máximo partido posible a mis cámaras de fotos, y aplico los conocimientos adquiridos tanto de ti, como de otros blogs ligados al mundo fotográfico que también leo.

    Un asunto adicional que me llama la atención es el hecho de que los dos viajamos en vehículos turbo diesel, y en mi caso, la satisfacción que me da siempre éste tipo de motorización es extraordinario. Como tu lo indicas, el consumo de combustible es muy reducido, y sin embargo siempre tenemos bajo nuestro pie derecho mucha potencia y torque, que no es que yo la utilice para andar “corriendo” como loco, no, a mi edad, las cosas las tomo con calma, sino mas bien para poder conducir con soltura en especial en las situaciones extremas que presenta nuestra orografía sudamericana, con carreteras de montaña que llegan en algunos casos hasta los cinco mil metros de altura, y en éste tipo de vehículos, “ni se siente”.

    Por último, felicitarte por tu manera de escribir; la forma como planteas los temas, los hace muy interesantes. Gracias por tu enorme esfuerzo. No dejes de darnos tus acertadas recomendaciones que estén ligadas al tema fotográfico, y así mismo, continúa contándonos tus opiniones sobre los vehículos a diesel. Espero poder leerte más seguido. Un abrazo.

  2. Buenos días, hace poco que caí por tu blog, a veces busco información otras simplemente mirando fotografías, hoy leyendo tu artículo, yo soy de Barcelona y aunque sólo he viajado esporádicamente por trabajo si coincido que es hermoso el volver a casa cuando sales de vacaciones o simplemente de fin de semana, cuando dejas el coche en el garaje siempre da la sensación de seguridad, esa tranquilidad que sólo nos da nuestra propia casa.
    Estoy muy de acuerdo contigo los viajes de ocio empiezan desde el minuto uno cuando uno arranca el coche, sino dejas de disfrutar de gran parte de tu tiempo libre y sólo consigues viajar con cierto desasosiego por llegar, tengo un simil, las personas que vivimos en un edificio nuestra vivienda empieza en la puerta del bloque no en la puerta de nuestra casa y eso tan simple hay mucha gente que no lo entiende.
    Bueno veremos lo que nos depara el día, esperemos que sea grato para todos, un saludo.

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