La rubia de la mesa del fondo

Dejé la cámara en la mesa, apuré el último sorbo de mi té rojo y me puse en pie. En aquel local abarrotado nadie pareció extrañarse por aquello a excepción de mi hermana y su novio.

¿Te apetece un té?

-¿Cómo que no me atrevo? Pues fijaos bien, porque igual os lleváis una sorpresa.

Saqué de mi cartera un pequeño rectángulo de cartulina y me lo guardé en el bolsillo de la camisa mientras salía con cierta torpeza del estrecho hueco que había entre el asiento y la mesa. Frente a mí, mis dos acompañantes me miraban con una mueca muy particular mezcla de sorpresa e incredulidad.

A la vista de cualquiera no aparentaba estar nervioso, pero confieso que por dentro me estaba empezando a arrepentir de haber tomado aquella precipitada decisión. Suelo pensar mis actos al menos una vez (a veces incluso más de dos) pero en esta ocasión actué movido por un impulso que no sabía muy bien dónde me llevaría y ya era demasiado tarde para echarse atrás.

Abotoné los puños de mi camisa que hasta ese momento había estado remangada y comencé a recorrer los escasos metros que me separaban de la mesa que ocupaba aquella chica rubia de ojos muy pintados y sus amigas. Al tercer paso se percató de mi presencia y posó su mirada suavemente sobre mí como quien observa casi sin moverse a un gato callejero para que no salga corriendo; algo que me hizo plantearme por un instante dar la vuelta y abortar aquella tontería. Sin embargo seguí adelante y una vez plantado junto a su silla comencé a improvisar un monólogo del que no tenía muy claro que fuera a obtener algo positivo.

-Hola -dije tratando de parecer seguro de mí mismo-. Verás, es que me he dado cuenta de que hemos cruzado la mirada un par de veces y cuando se lo he comentado a mi hermana y a su novio me han retado a que me acercara y te dijera algo. En un primer momento había pensado en preguntarte cualquier cosa intrascendente y volver a mi asiento sin más, pero ya que me he lanzado a la piscina quería darte esta tarjeta porque una vez metido en este fregado sé que puede salir algo interesante de la experiencia y me gustaría que lo leyeras.

Tarjeta de presentación blog

-Ah, claro -continué-. Primero te tendría que haber dicho que me gusta escribir relatos cortos de vez en cuando, pero como siempre he sido un poco negado a la hora de enfrentarme al reto de la hoja en blanco se me ha ocurrido aprovechar esta extraña situación para redactar algo cuando llegue a casa y me siente delante del teclado. Y oye, supongo que estarás pensando que soy el típico pesado que debería de haberse quedado sentadito en su sitio, pero bueno, como me conozco sé que no podía quedarme de brazos cruzados sin más porque en el fondo más vale arrepentirse de algo que has hecho que arrep…

Una ligera sonrisa empezó a esbozarse en sus labios y cuando me di cuenta detuve en seco mis palabras. Tanto ella como sus compañeras de mesa me miraban con expresión divertida, pero eso es algo con lo que ya contaba desde el momento en que se me pasó por la cabeza llevar a cabo aquella pequeña locura. Sin embargo, lejos de molestarse aquella chica comenzó a hablar y dijo algo que me sorprendió muchísimo:

-Bueno, hay que admitir un poco pirado sí que estás; pero te estaba mirando porque te he reconocido en cuanto te he visto con la cámara. Eres Luis y sigo tu blog desde hace unos meses. Lo encontré buscando fotos de la estatua de Cervantes para ilustrar un trabajo de la universidad y a partir de ahí empecé a leer todo lo que escribes. Además, sé que vienes mucho al VIPS y como nosotras cenamos aquí a menudo ya había pensado que antes o después acabaríamos encontrándonos.

Admito que aquello era lo último que podía esperar y me quedé bastante desconcertado: aquella chica era una de esas personas que se pasan de vez en cuando por mi blog y leen mis pequeñas aventuras de cada día. Por las estadísticas que publico cada mes veo que hay bastante gente que lo hace, pero en contadas ocasiones puedes ponerle voz y rostro a esas visitas casi siempre anónimas. Sin embargo, pese a lo sorprendido que me encontraba logré recomponerme con relativa rapidez y sacar de la chistera una respuesta más o menos ingeniosa para aquella extraña situación:

-Vaya, pues sí que está cogiendo fama el dichoso blog. Al final voy a tener que venir a tomar un té con gafas de sol para pasar desapercibido -dije mientras me rascaba la barbilla con mi dedo índice y ponía cara de circunstancias.

Aquello pareció hacerle gracia porque se rió abiertamente y a continuación me invitó a que me sentara a su lado, de modo que acepté su ofrecimiento y estuvimos charlando unos minutos sobre Alcalá y algunos artículos del blog, sorprendiéndome muy gratamente por la cantidad de detalles de diversas entradas que recordaba; sobre todo de aquellas que ilustran con fotografías diferentes rincones de la ciudad. Así, me enteré de que se llamaba Sandra, que había estado hace cinco o seis años pasando un par de semanas en Oropesa del Mar, que tenía una Canon 450D y que me había visto hace unos días haciendo fotos a los rosales de la plaza de Cervantes.

-Bueno, en cualquier caso guárdate la tarjetita. Aunque ya conozcas el blog es un recuerdo simpático de este encuentro.

-Muchas gracias -me dijo al tiempo que la miraba con curiosidad por ambas caras-. Seguro que mañana escribes un relato o algo así de esto, ¿verdad?

-Sí, eso seguro. Ya veo que me conoces bien -dije entre risas-. No sé si será mañana o dentro de unos días porque últimamente no tengo tanto tiempo para escribir; pero como te decía antes, estas cosas son siempre las que me dan la chispa para desarrollar mis relatos y mis historias. Si te pasas dentro de una semana por el blog seguro que te encuentras una entrada que te resulta familiar.

-Vale, estaré atenta. Y gracias por la tarjeta, es muy original.

Nos dimos dos besos a modo de despedida y solté un alegre “hasta luego” a las tres acompañantes de Sandra antes de levantarme y dirigirme de regreso hacia mi mesa. Mientras me acercaba las caras alucinadas de Estela y Joe pedían información sobre lo que había sucedido con la rubia de la mesa del fondo.

-No os lo vais a creer… -dije nada más sentarme.

Quilmes

15 pensamientos en “La rubia de la mesa del fondo

  1. Cualquier relato de Eduardo Mendoza (o similar) podría haber empezado exactamente así … Como lo lean, te plagian, seguro.
    Saludos, ah! de momento yo no estoy ni en Alcalá ni en Oropesa, sigues siendo un anónimo total, si es que nos encontramos en una cafetería. jeje

    • Hola Cata!

      Me alegro de que te haya gustado el relato. Me hubiera gustado que fuera algo más breve, pero cuando me pongo manos al teclado me cuesta mucho parar.

      ¡Un besito y que sepas que me ha gustado tanto tu blog que lo he añadido a mi RSS! 🙂

  2. Hola Luis!!!
    He vuelto…
    Esta entrada me ha traido muuuuchos recuerdos. Yo hice algo parecido hace más de año y medio y hasta hoy. Aún recordamos como nos conocimos y nos sorprendemos, son curiosas las primeras impresiones.
    Un beso.

    • ¡Hola Laura!

      Me alegro mucho de leer un comentario tuyo. Y bueno, cuando me contaste cómo fue lo tuyo reconozco que sentí cierta envidia porque a mí me encantaría que me pasara algo de ese tipo.

      ¡Un beso! 🙂

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