Aquellos maravillosos años de la infancia: 1982

La fotografía que ilustra esta entrada la hizo mi madre en El Puerto de Santa María (al igual que las dos de la correspondiente a 1981) cuando tenía dos años recién cumplidos.

En ella podéis ver que mi pelo había dejado de ser rubio para tomar un tono más castaño y que los ojos habían mutado para ir más o menos a juego con la cabellera. A lo largo de los meses siguientes el pelo se oscurecería algo más y los ojos tomarían un tono verdoso; pero ya en Enero del 82 poco quedaba de mis pintas de niño sueco con cara de no haber roto un plato.

Enero de 1982

De hecho, al ver esta imagen me doy cuenta de varias cosas: por un lado la forma de mi peinado ya se parecía ligeramente a la actual; con esa especie de remolino en el centro del flequillo que se rebela contra mí en cuanto sopla un poco de viento. Por otra parte, me llaman la atención esos dedos “porretos” que tenía por aquella época (ahora son más bien finos) así como los pedazo de mofletes que gastaba. De cualquier modo, al ver las fotografías de esta época mi madre siempre comenta que cuando estábamos en León era un auténtico glotón y que me solía zampar yo solito una fuente entera de pescado rebozado.

Por lo demás, no soy capaz de reconocer casi ninguno de los elementos que aparecen en la fotografía; pero es que con apenas dos años uno no tiene demasiada memoria, la verdad. Sin embargo sí que me acuerdo de ese triciclo en el que estoy subido y del cual sólo se ve el manillar; pero eso es porque todavía duraría unos cuantos años, hasta el punto de que incluso mi hermano disfrutó de él cuando era pequeño.

¡Hasta la próxima foto!  😉

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4 pensamientos en “Aquellos maravillosos años de la infancia: 1982

  1. Es curioso observar el paso del tiempo en edificios, etc..pero aun lo es mas en nosotros mismos, yo tengo la sensacion de no haber cambiado demasiado, sobre todo en los ultimos 10 años, piensas, bueno si…me han salido algunas canas pero..no me noto envejecer…sin embargo ves fotos, y te das cuenta de que efectivamente el tiempo pasa por nosotros, aunque no seamos conscientes…
    A veces, ver fotos de cuando era pequeño, me transporta a un mundo relajado en el que recuerdo como era la vida sin problemas de curro, responsabilidades, o hipotecas…pero bueno, la vida hay que vivirla queramos o no…asi que, que sea de la mejor manera.
    un saludete.

    • Efectivamente, si ves una foto mía de los últimos 10 años te das cuenta de que estoy exactamente igual, pero en las correspondientes a los primeros años de mi vida los cambios eran evidentes casi mes a mes.

      ¡Un saludo!

  2. Luis, en lo de tus fotos en tu infancia, con la vida que vas haciendo, para mi fabrica muchos pensamientos referentes a como te fueron formando tu padre y tu madre. En las fotos de tu ninnez es evidente el amor y dedicacion que han hecho ellos para formarte como artista que eres.
    El poema de Peter Handke esta en tu carita en la foto.

    Peter Handke
    Las alas del deseo (fragmento)

    ” Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando, quería que el arroyo fuera un río, que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño, para él todo estaba animado, y todas las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre, se sentaba en cuclillas, tenía un remolino en el cabello y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
    (…)
    Cuando el niño era niño no podía pasar las espinacas, los porotos, el arroz con leche y la coliflor salteada. Ahora se lo come todo, y no porque lo obliguen. Cuando el niño era niño despertó una vez en una cama extraña, y ahora una y otra vez. Muchas personas le parecían bellas, y ahora sólo con suerte. Imaginaba claramente un paraíso, y ahora apenas puede intuirlo. Nada podía pensar de la nada, y hoy esta idea lo estremece. Cuando el niño era niño jugaba con entusiasmo, y ahora se sumerje en sus cosas como antes, sólo cuando esas cosas son su trabajo.
    (…)
    Cuando el niño era niño, las manzanas y el pan le bastaban de alimento, y todavía es así. Cuando el niño era niño, las bayas le caían en la mano sólo como caen las bayas, y ahora todavía lo hacen. Las nueces frescas le ponían áspera la lengua, y todavía es así. Encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta, y en cada ciudad el anhelo de una ciudad más grande, y siempre es así todavía. En la copa del árbol tiraba de las cerezas con igual deleite como hoy todavía lo sigue haciendo. Se asustaba de los extraños, y todavía se asusta; esperaba las primeras nieves, y todavía las espera. Cuando el niño era niño, lanzó un palo como una lanza contra un árbol, y aún hoy vibra todavía. “

    • Pues sí, aunque mis padres tienen sus defectos (como todo el mundo) tengo que reconocer que me han inculcado un montón de cosas buenas desde pequeño como el amor por la música, el respeto por los demás o la importancia de tratar de expresarse correctamente. Ese tipo de cosas te las pueden enseñar en el colegio, pero no hay nada que hacer si en tu propia casa no hay alguien que refuerce estos conceptos.

      ¡Un saludo!

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