Amor condensado

Los dos lados del cristal estaban mojados: la lluvia que caía en el exterior formaba caprichosos caminos por los que las gotas serpenteaban hasta desaparecer en la parte inferior de la ventanilla. Entre tanto, la respiración agitada de aquella pareja había logrado formar una gruesa capa de vaho sobre el vidrio que les ocultaba de cualquier posible mirada en aquella explanada perdida entre olmos.

Mientras Miguel se ataba los zapatos, Esther se puso a dibujar en el cristal un sol que parecía desafiar al mal tiempo. Vestida sólo con unas braguitas azules y una camiseta de manga larga, su mirada perdida en la negrura de la noche le daba un aire casi angelical.

No obstante, Miguel no lo veía de la misma manera.

-¡Oye, no pintes nada en el cristal, que luego se queda marcado y no hay quien lo quite! -protestó casi a gritos.

Ella, acostumbrada al agrio caracter de Miguel, se limitó a torcer el gesto sin decir una palabra y borrar su obra pictórica con la manga, resignada a que su novio jamás apreciaría esas pequeñas cosas que a ella tanto le gustaban.

Miguel y Esther eran muy diferentes: él era estudiante de medicina en su último año de carrera y ella acababa de terminar primero de historia. Esther fumaba; Miguel no. Esther siempre tenía una sonrisa en los labios; Miguel sólo en contadas ocasiones. Esther solía ver la tele; Miguel prefería la radio. Esther soñaba despierta; Miguel decía que era mejor tener los pies en la tierra… Eran tan opuestos en todo que no es de extrañar que la gente se preguntara cómo era posible que llevaran tanto tiempo saliendo.

A decir verdad, ni siquiera ellos dos se habían planteado muy bien por qué estaban juntos. Tal vez su relación se había convertido en algo casi exclusivamente carnal, o puede que símplemente se dejaran llevar por la inercia del día a día y que precisamente por llevar tantos años juntos ni siquiera se les pasaba por la cabeza la idea de que aquello pudiera tener fin algún día… El caso es que la relación parecía estar estancada prácticamente desde que comenzó y ninguno de los dos había hecho nunca nada para que la situación cambiara.

Dándole vueltas a todos aquellos pensamientos que se amontonaban en su cabeza, mientras Miguel conducía el coche en medio de la tormenta para dejar a su chica en casa Esther lanzó al aire una pregunta:

-Miguel, ¿por qué estamos juntos?

Durante unos segundos se hizo en aquel pequeño espacio un silencio tan incómodo que hasta la lluvia golpeando sobre el techo del coche parecía un regimiento de caballería al galope, de modo que viendo la gélida acogida que tuvo su consulta Esther prefirió no indagar más: la mirada de Miguel concentrado en la carretera como si no hubiera escuchado nada le hizo comprender que no tenía la más mínima intención de hablar sobre aquello.

Esa madrugada el beso de despedida en el portal fue más frío que de costumbre, y durante todo el día siguiente los móviles de ambos permanecieron mudos. Aquella pregunta sonó en medio de la noche como el mazazo de un juez que condenaba al amor a veinte años y un día de prisión sin fianza, así que las consecuencias no se hicieron esperar: una semana después Esther y Miguel decidieron dejar de verse.

Se acababa una época para los dos y, sin saber muy bien por qué, la misma tarde en la que pusieron punto y final a su relación Miguel se puso a limpiar con esmero los cristales de su coche mientras Esther daba un solitario paseo por aquella arboleda que fue testigo de tantas noches juntos.

Incluso en aquellas circunstancias seguían siendo tan distintos como siempre…

7 pensamientos en “Amor condensado

  1. Que bonito Luis!Me encanta que sean las fotos las que te inspiren y que luego te salgan esos relatos tan bonitos para expresarte…quizas su historia fuera asi realmente…
    un beso!

    • ¡Hola Irati!

      Siempre es una alegría encontrarme un comentario tuyo por aquí. En cuanto al relato, la foto es del mes de Octubre, y nada más ver el árbol ya se me ocurió la historia a grandes rasgos, así que decidí “retratarlo”. Lo que pasa es que lo dejé a medio escribir; pero la semana pasada me acordé de él y me animé a terminarlo.

      Pequeños detalles cuentan grandes historias.

      ¡Un besito y a cuidarse mucho! 🙂

  2. Bonito y triste… cuantos Miguel y Esther hay por ahí?
    Cuando algo que debería sorprenderte cada dia se vuelve rutina, es que ha terminado.
    Genial que todo parta de una fotografía Luis! Ya sabes, las pequeñas cosas también cuentan su historia ;P
    Bss.

    • ¡Hola Laura! 🙂

      Ya sabes que escribir algo completamente desde cero me es casi imposible; pero a veces me encuentro con un simple tronco de árbol escrito y me da un punto de partida. Luego todo es mezclar un poco de experiencias personales, echarle otro poco de imaginación y ponerse manos al teclado.

      Eso sí, a ver si un día soy capaz de escribir una de estas historias pero con final feliz… 😛

      ¡Besos!

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