Cada cosa que vemos nos cuenta una historia

Hace unos días estaba dando una vuelta y en un lapso de pocos minutos me encontré dos cosas que me llamaron la atención. Son pequeños despistes, elementos cotidianos que al verlos consiguen explicar toda una historia.

Me gustan estas pequeñas cosas porque activan la imaginación y siempre me dan ideas para escribir sobre algo:

Un fumador menos

Como el fumador al que su mujer plantea un ultimátum entre el tabaco y ella, y que en un arrebato de lucidez decide abandonar radicalmente el vicio dejando el paquete de Ducados y su mechero a juego en el alfeizar de una ventana. Viendo aquello pude imaginar a la feliz pareja perdiéndose calle arriba comiéndose a besos.

Desparejado

O como la niña de pocos meses a la que se le cae un zapato al suelo sentada en su sillita sin que su madre se de cuenta. Apenas un trocito de tela, plástico y velcro que un transeunte encontró y lo dejó en un lugar visible con la esperanza de evitar a alguien la compra de un nuevo par. No quise tocarlo, tan sólo retratarlo con mi cámara, porque estaba seguro de que la madre de aquella niña juguetona volvería antes o después sobre sus pasos y se llevaría una buena alegría al encontrar allí puesto el coqueto zapato de su hija.

Hay días en los que siento que mi mente se ha puesto en huelga; pero otras veces lo compensa creando historias a partir de pequeños detalles.

Y ahora, si me disculpáis, la ciudad me espera para susurrarme al oído nuevas historias que contaros por aquí  😉

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5 pensamientos en “Cada cosa que vemos nos cuenta una historia

  1. Bueno bueno, hoy estoy comunicativa… 2 comentarios en un dia!!!
    Yo me fijo más en las ‘historias’ de las miradas, nunca te ha pasado que vas por ejemplo en un metro y captas un cruce de miradas (intencionadas claro ;P) entre dos personas que no se conocen de nada? yo ahí invento auténticas novelas de destinos y casualidades… creo q debería de dejar de escuchar música en el metro y ponerme a leer, jeje.

    • ¡Desde luego! Lo que comentas de las miradas es algo en lo que me fijo muchísimo; y es más, hay un lugar donde se pueden ver esas cosas prácticamente a diario: en las escaleras mecánicas del intercambiador de Avenida de América. Me juego un filtro UV a que alguna vez se te ha ocurrido alguna de esas historias ahí.

      ¡Un besito, Laura! 😉

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