Pesadilla gatuna

Hace unos días tuve un extraño sueño: en él aparecían unos gatos de color gris absolutamente mansos en el jardín de mi casa a los que me acercaba con un plato de pescado en la mano dispuestos a darles de comer al tiempo que acariciaba su lomo. Hasta ahí todo bien, sin nada que se saliera de lo normal.

Un gato posando

El problema (el GRAN problema) vino cuando la madre de estos lindos gatitos hizo acto de presencia pensando que iba a atacar a sus crías. Su tamaño, más propio de un tigre de bengala que de un minino, y las enormes garras de las que hacía gala me hicieron comprender que tal vez no era una buena idea acercarme tanto a aquellos gatitos que ahora comían despreocupados una de las sardinas que había llevado instantes antes.

Me levanté de golpe y la gata se envalentonó; debió sentir mi miedo porque empezó a bufar, a arquear su lomo y a amenazarme con una de sus zarpas. En ese momento me di la vuelta y comencé a correr camino a casa al tiempo que escuchaba un rápido galopar (porque aquello retumbaba sobre la acera como las pezuñas de un caballo) que se acercaba cada vez más a mí.

No quería mirar hacia atrás, pues temía tropezar y que aquella tigresa me devorara en pocos bocados; pero las caras de pánico de las gentes con las que me cruzaba en mi alocada carrera me hacían ver que estaba en serio peligro. Llegué a alcanzar el portal, pero estaba cerrado y las llaves quedaron atascadas en mi bolsillo. Con los nervios y las prisas no lograba sacarlas de ahí, y en ese momento me sentí como un pelele a punto de ser arrollado por un tren de largo recorrido.

Sin embargo, tuve la suerte de evitar ver mi propio descuartizamiento, pues en el momento que aquella gata inmensa estaba a punto de abalanzarse sobre mí, abrí los ojos y me encontré tumbado en mi cama, con las sábanas revueltas y empapado en sudor. Todavía faltaba media hora para levantarme e ir a trabajar, pero no conseguí dormirme de nuevo debido a mi estado de agitación debido a aquel sueño, así que me levanté y me puse a escribir para, al menos, aprovechar ese rato de insomnio mañanero.

3 pensamientos en “Pesadilla gatuna

  1. Pues el sueño de hoy ha sido mil veces más extraño que este. Ya os lo contaré un día de esta semana, que lo tengo medio redactado en el ordenador (en estos casos, lo esbozo rápidamente en el ordenador nada mas despertar, que luego no me acuerdo ni de la cuarta parte).

    ¡Un saludo!

  2. jajajajaja! A mí también han estado a punto de comerme unas cuantas veces, no te preocupes (siempre despiertas, que cosas… ).
    El problema es que cuando despierto luego me acuerdo de cómo estaremos comidos por gusanos cuando muramos… en fin, muy gore.

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