Las bombillas incandescentes: futuros recuerdos del presente

Cuando uno se informa un poco de cómo funcionan las cosas se da cuenta de que empleamos elementos todos los días que son absolutamente ineficientes y que no han evolucionado apenas nada en las últimas décadas.

Aunque hay decenas de ejemplos de ello (comenzando por la gasolina en los vehículos) tal vez uno de los más evidentes es el de la bombilla incandescente: un elemento presente por todos lados cuyo principio de funcionamiento consiste en hacer pasar una corriente eléctrica a través de un hilo de cierto material (tungsteno) que opone una resistencia al paso de la electricidad. Esa resistencia eléctrica hace que el filamento se caliente hasta el punto de ponerse al rojo y de ahí proviene la luz emitida por la bombilla.

Filamento de bombilla

La teoría es muy sencilla sobre el papel, pero la efectividad de una bombilla de 60 ó 100 W (las habituales que tenemos por casa) ronda el 2% (sí, habéis leído bien: dos por ciento) siendo el 98% restante de la energía eléctrica proporcionada a la bombilla disipada en forma de calor y radiación no visible. Ya sabéis que la física nos dice que “la energía ni se crea ni se destruye; sólo se transforma”, y viendo que al encender una lámpara de este tipo estamos desperdiciando un 98% de la energía consumida casi dan ganas de ponerse a llorar.

Cuando se inventó la bombilla incandescente allá por 1880 supuso toda una revolución en comparación con las lámparas de combustión que había hasta entonces (tenían un mísero rendimiento del 0.04%) pero hay que reconocer que desde entonces el principio sigue siendo el mismo y han transcurrido ni más ni menos que 128 años desde entonces…

En las linternas ya se ha dado un paso adelante, y es que hoy en día prácticamente todas emplean diodos LED para la iluminación; siendo bastante más eficaces y dando una luz mucho más blanca que las tradicionales bombillas de filamento. En los faros de los coches también se están empezando a utilizar estos pequeños y luminosos dispositivos para las luces de posición y freno, así como se pueden ver cada vez más a menudo en semáforos y señalización de carreteras.

Por suerte en nuestros hogares estamos empezando a emplear bombillas de bajo consumo (aunque los tubos fluorescentes son una buena opción por su bajo consumo energético) y también comienzan a estar diponibles focos formados por un array de diodos LED, que gastan bastante menos que las famosas bombillas incandescentes y ofrecen como mínimo la misma intensidad lumínica.

Estoy más que convencido de que dentro de unos años recordaremos las bombillas como un vago recuerdo del pasado (al igual que los quioscos de prensa) y nos daremos cuenta cómo hay cosas que llevan toda la vida entre nosotros hasta que un buen día nos damos cuenta de que erán lo más arcaico e ineficiente del mundo.

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