NOTA IMPORTANTE: Lo que vas a leer es uno de los capítulos de una obra titulada “Amores caducos”. Tras haber publicado por separado los diez episodios que la componen decidí revisarlos y crear con ellos un texto más completo y mejor estructurado que puedes encontrar en el siguiente enlace donde también hay disponible una versión descargable en formato PDF:
http://luipermom.wordpress.com/amorescaducos

Desde el mismo instante en que planifiqué esta serie de relatos autobiográficos quise que la búsqueda en mi memoria fuese también una especie de “viaje interior” del que pudiera aprender algo. Cuando una relación fracasa es culpa de las dos partes por mucho que uno siempre quiera quedar libre de culpa; y tras haber repasado estos ocho capítulos de mi vida sentimental he comprendido que hay cosas que debería haber cambiado en su momento. También pienso que estas experiencias podrían venir bien a alguna persona para así evitar parte de los golpes que me he ido llevando durante todos estos años; aunque vaya por delante que en la vida (y sobre todo en el amor) se aprende a base de caerse y levantase una y otra vez, ya que cuando el corazón toma la palabra no hay consejo capaz de hacerle entrar en razón.
Una de esas cosas que he aprendido es tener muy claro que hay que ser siempre uno mismo se esté con quien se esté. No hay que plegarse sin rechistar a la pareja con tal de acceder a todos sus deseos y caprichos, pues en una relación las cosas no funcionan por miedo a los enfados o por el sólo deseo de satisfacer la necesidad de la otra persona. Toda acción ha de buscar la felicidad de ambas partes, y bajo ningún concepto ha de primar el interés propio o ajeno.
Del mismo modo he aprendido que no se puede amar a alguien dejando de lado a quienes que han estado junto a nosotros desde siempre. Es muy peligroso hipotecar toda tu vida a una persona, porque todos tenemos nuestras circunstancias y por mucho apego que nos tenga nuestra pareja, en cualquier momento nos podemos encontrar muy solos en la vida. Yo he tenido la suerte de que cuando una relación demasiado absorbente ha terminado, mis amigos han estado ahí sin echarme nada en cara y han sabido comprender por qué he estado tan ausente; pero soy consciente de que esa situación podría haber sido muy diferente. No hay que olvidar que, por lo general, cuando empezamos una relación, esa persona es la última que ha entrado en nuestra vida mientras que otra gente lleva ya mucho tiempo acompañándonos para lo bueno y para lo malo.
Pero, sin duda, lo más importante que he aprendido después de todo esto es que el amor único y verdadero no existe. Cuando una relación termina uno piensa que jamás volverá a querer a nadie, que el amor se ha marchado para siempre y muchas otras afirmaciones desesperanzadas. Pero por muy romántico que puedan parecer esos pensamientos, el amor vuelve; y vuelve cuando menos te lo esperas. No es posible vivir sin amor, y por muy mal que se hayan dado las cosas uno se vuelve a enamorar y a lanzarse de nuevo a la piscina sin comprobar previamente si hay cristales rotos en el fondo. No es bueno perder oportunidades en la vida, porque al final puede que las cosas hayan salido bien o mal, pero es mucho peor quedarse en casa pensando que tal vez podría haber sido la mejor historia de tu vida y no te atreviste a dar el primer paso.
El amor está en todas partes, y lo mismo se manifiesta en la cola de la panadería, en una biblioteca o en un concierto de música clásica. El amor nunca avisa de su llegada, pero sí que da sutiles pistas de que está próximo a aparecer: nos enamoramos cuando estamos a gusto con nosotros mismos, cuando estamos orgullosos de lo que hacemos, cuando tenemos un equilibrio interior que parece manifestarse en todas nuestras acciones, cuando disfrutamos de lo que nos rodea, cuando no tenemos miedo a expresar exactamente lo que pensamos… cuando sintamos todas esas cosas hemos de estar muy atentos a nuestro alrededor porque seguramente el amor esté más cerca de lo que pensamos.
Estos “amores caducos” han sido ocho puntos de vista, ocho experiencias de una misma persona publicadas en orden cronológico. Las vivencias de alguien que ha ido creciendo y evolucionando con el tiempo, que ha pasado de los amores más puros e inocentes hasta los más terrenales. Alguien que comprendió que el sexo es algo tan natural en una pareja como los besos, que pasó en pocos días de sentirse la persona más afortunada del mundo a sumirse en las más hondas profundidades del dolor y la pena. Alguien que aprendió a no dejar pasar más oportunidades delante de sus narices, alguien que, en definitiva, y aun sin éxito en el amor, jamás se dejó vencer por el desánimo.
El amor ha llegado y se ha ido de mi vida muchas veces, pero eso ya no me supone ningún problema. Lo asumo como parte de la vida; al igual que ocurre con las personas que trabajan en varias cosas hasta dar con el puesto en el que se sienten verdaderamente realizados o el músico que experimenta con diversos géneros hasta hallar aquel con el que es capaz de expresarse mejor. Atrás, muy atrás, quedaron los tiempos en los que me angustiaba no encontrar una chica con la que compartir el resto de mi vida, porque llegados a este punto es algo que, más tarde o más temprano, se presupone que algún día llegará sin más.
En el tintero han quedado otras historias: unas por su brevedad y otras porque sencillamente prefiero no recordarlas; el caso es que esas prefiero guardármelas para mí y dejar que se pierdan para siempre en el baúl del olvido. Hay una de la que aprendí muchas cosas, pero prefiero no excavar mucho en ella porque la cosa todavía está reciente y aún me encuentro en el delicado proceso de separar lo bueno de lo malo. Por tanto, en este momento considero que la obra está terminada porque ya he llegado al punto crítico al que me refería en la introducción de estos relatos. Lo que queda por contar no saldrá a la luz porque sencillamente no merece la pena pasar un mal rato recordando pasajes de mi vida que sólo me han hecho sufrir y no me han enseñado absolutamente nada.
Ya sólo me queda, como es costumbre en mí, dar las gracias: gracias a vosotros por vuestra paciencia al leer las historias de un tipo al que tampoco es que le pase nada que no le ocurra al más común de los mortales. Experiencias como las que habéis podido leer en estos relatos seguramente os hayan pasado a vosotros mismos o a algún conocido; pero siguiendo con mi costumbre de escribir sobre las cosas del día a día pensé que sería interesante sacar algo en claro de tantos años de desencuentros amorosos.
Gracias también a aquellos que habéis dejado vuestros comentarios en el blog, pues supone un esfuerzo añadido al de simplemente leer el texto sin más. Vuestras impresiones y el seguimiento que habéis hecho de cada uno de estos relatos me han animado a invertir un montón de horas en la redacción y corrección de los mismos.
Por supuesto, también me gustaría dar las gracias a todas esas personas que aparecen en las historias. A los amigos comprensivos, a los compañeros de clase, a los camareros de los bares… y sobre todo a las protagonistas de estos relatos: Montse, Begoña, Cristina, Alba, Esther, Virginia, Beatriz, Eva, Paula y Blanca
A ellas quisiera decirles que, si bien nuestra historia fracaso, nunca olvido los buenos momentos vividos en común. Es verdad que recuerdo algunas relaciones con más alegría que otras, pero si me pongo a pensar en cualquiera de ellas, son los buenos recuerdos los que perviven en mi mente, ya que durante un tiempo (mucho o poco) nos quisimos y pensamos que estaríamos toda la vida juntos. Al final no fue así, pero hay que reconocer que fue bonito intentarlo.
Tengo claro que sin ellas a mi lado me hubiera perdido muchas cosas en esta vida, sería una persona muy diferente a la que soy actualmente y, en última instancia, jamás hubiera podido escribir estos relatos; así que vaya desde aquí mi sincero agradecimiento por haber compartido un pedazo de vida conmigo.
Buena suerte y hasta siempre, amores.
♥
“Amores caducos“. Una obra original de Luis Pérez Mompeán (luipermom). Textos e imágenes bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España.













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