No tenía intención este verano de redactar la típica entrada resumiendo lo que han dado de si estos días. Sin embargo, me vuelvo a dar cuenta de que soy un animal de costumbres y en cuanto me he despistado un momento ya estaba delante del ordenador redactando unas líneas que verán la luz mientras voy de camino a Alcalá de Henares.

Visto en perspectiva ha sido un verano extraño, raro, diferente… Mi prioridad ha sido avanzar todo lo posible el proyecto de fin de carrera, y si comparo lo que traje y lo que me llevo creo que he cumplido ese objetivo con creces. Aun así, creí que apenas vería la luz del sol enfrascado en mi mundo de automatismos, relés e interruptores magnetotérmicos y al final he podido tener también tiempo para mí mismo (cosa más importante de lo que parece, creedme).
Por cierto, no he tocado un videojuego en todo el verano. Tomé la decisión de no llevarme ni una simple Gameboy a la playa para desconectar completamente de esos temas y así ha sido. Ya os he comentado en más de una ocasión que los videojuegos son algo cada vez más secundario en mi vida, y eso es algo que he podido constatar durante estas semanas en las que no los he echado de menos ni medio minuto. Supongo que tendré que meditar sobre ello de cara a mi labor en ultimONivel, pero este no es el momento de ese tipo de cosas; ya habrá tiempo más adelante. Mi objetivo más inmediato ahora mismo es, como os decía hace un momento, tener todo el proyecto de fin de carrera listo para el siete de Septiembre, que es la fecha acordada con mi tutor para llevarle una versión casi definitiva del mismo.
Y hablando de objetivos, en temas fotográficos el verano también ha dado mucho de si: he captado imágenes todos y cada uno de los días que he estado en Oropesa y siempre que he podido he sacado un ratillo para escaparme a la calle cámara en mano. De un total de casi 2000 fotografías disparadas, he seleccionado 415 como las más representativas, siendo algunas de ellas las que he publicado en Flickr durante estos días (y todavía me queda alguna que otra por subir). He disfrutado mucho de esos momentos y he aprendido bastante, así que en ese sentido para mí el verano ha estado más que bien.

También me he encontrado con algunas personas que hacía tiempo que no veía. El último día ha sido especialmente bueno en ese sentido, pues además de ver a una pareja de amigos que siempre te hacen sentir realmente querido y visitar por la mañana a alguien que empleará algunas de mis fotografías para decorar su cocina, me topé de pura casualidad con una persona a la que no veía desde hace más de quince años; aunque de eso, si os parece, ya hablaremos otro día. Obviamente, no puedo pasar por alto los días que coincidí por aquí con Manu, pues de ellos salieron un montón de conversaciones curiosas y muy buenos recuerdos.
En cuanto al blog, bueno, he escrito un montón de entradas al ritmo que me ha apetecido y sobre lo que me ha parecido conveniente, convirtiéndose en una especie de diario de mis vacaciones. Me llama la atención la gran cantidad de temas técnicos sobre fotografía que se me han ocurrido estos días porque incluso habiendo publicado una docena de ellos, todavía me quedan otros tantos en el tintero que iré sacando poco a poco a lo largo de las próximas semanas. Del mismo modo, aunque esté en Alcalá, a lo largo de los próximos días sacaré a la luz unas cuantas entradas que tienen que ver con Oropesa del Mar; tanto de temas específicos como para mostraros fotografías varias que no quiero dejar sin enseñaros. Advertidos quedáis…
En resumidas cuentas, además de avanzar el TFC, escribir artículos y hacer muchas fotografías, el verano me ha servido para relajarme, hacer ejercicio (que buena falta me hacía), tomar el sol en la playa, escuchar mucha música, dormir ocho horas cada día… En definitiva, para recuperar las energías gastadas en un invierno que, aunque tremendamente positivo, ha sido un poco aciago. La verdad es que me voy de aquí con un poco de pena; más que en años anteriores. Ahora comienza una nueva etapa que no sé a dónde me llevará: la presentación del proyecto será el primer paso, pero todo lo que venga después será un misterio que, a medida que se vaya desvelando, os iré contando por aquí.
Por último, me gustaría pedir perdón: perdón a quien esperaba verme y no me vio, a los camareros de los bares acuciados por la crisis, a las estrellas fugaces, al frescor de la arena en mitad de la noche, al trípode que olvidé en Alcalá, a las chicas que se quedaron sin su relato correspondiente, a Facebook por no hacerle ni caso desde que llegué, a mi iPod y a mi cámara por no dejarles descansar ni un día, a mis deportivas por llenarlas de polvo cada tarde, a los transeuntes que fueron inmortalizados sin permiso, a mi portátil por tenerlo encendido día y noche, a la TV por no mirarla más de tres horas en todo el verano, a vosotros por haber tenido que soportar mis ocurrencias y, sobre todo, a mí mismo por todas las cosas que podía haber hecho y no me ha dado la gana hacer.

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