Campo y ciudad: tan cerca y tan lejos a la vez

Es cierto que en Madrid no puedo ver salir el sol por el mar y que para visitar rincones especiales me toca hacer unos cuantos kilómetros; pero con un mínimo de sensibilidad también se le puede encontrar el encanto a todo aquello que nos rodea allá donde nos encontremos.

Espigas

Además de que los campos están ahora preciosos por la llegada de la primavera y su delicada luz, me encanta el contraste existente entre los prados de tonos ocres que abundan por la zona y la ciudad de Madrid: tan cerca y tan lejos a la vez.

Campo y ciudad

Por cierto, comentar que estas dos imágenes están captadas a primera hora de la mañana con la Olympus E-PL1 y el 40-150mm que me compré hace unos meses; y viendo el resultado ya estoy deseando pasar por allí al atardecer con mi D300 y el 80-200 f/2.8 que reservo para las ocasiones especiales.

El irresistible encanto de Pankun

El gato de mi hermana (Pankun se llama el susodicho) es, en general, un animal de lo más tranquilo. No es la primera vez que se asoma por este blog, pero es que ayer me acerqué a hacerle unas fotos y no podía resistirme a compartir con vosotros algunas de ellas.

Pankun el conquistador (I)

Es curioso, pero cuando saco la cámara e intento hacerle las primeras fotografías no hay manera de que se esté quieto. Se acerca a la cámara, desconfía, olisquea el objetivo, trata de agarrar la correa…

Pankun el conquistador (IV)

Sin embargo, una vez que se ha acostumbrado a tener cerca ese extraño artilugio que hace “¡click-clack!” de vez en cuando, el felino adopta una pose tranquila y da la sensación incluso de estar posando para el fotógrafo.

Pankun el conquistador (III)

Pankun el conquistador (II)

Para los amantes de los animales, os diré que se trata de un gato de raza Maine Coon que ronda el año y medio de edad y que ahora mismo pesa unos 8 Kg. Para los aficionados a la fotografía comentar que las fotos están hechas con una Nikon D300 y un objetivo AF-S DX 35mm f/1.8 G de la misma marca.

Rincones: Gaztelugatxe (Vizcaya)

El fin de semana pasado me acerqué a Bilbao a una celebración familiar; pero como nunca antes había estado por aquellas tierras, enseguida mi chica sugirió acercarnos a Gaztelugatxe: un escarpado islote con una ermita en su parte superior y que está unido con la costa a través de un estrecho puente dando lugar a un conjunto que parece sacado de un libro de aventuras.

Gaztelugatxe

Como podréis ver en las imágenes que ilustran esta entrada, para llegar a la ermita de San Juan hay que subir una escalera de 160 peldaños que en ciertos tramos llega a ser bastante empinada, por lo que hay que andarse con ojo no vaya a ser que peguemos un inoportuno traspiés y rodemos unos cuantos metros hacia abajo.

Gaztelugatxe

Una vez arriba (y también durante el trayecto) podremos disfrutar de unas espectaculares vistas que nos harán sentir el esfuerzo de la ascensión ha merecido la pena, pues tanto la visión de las escaleras desde la parte superior como los acantilados de la zona nos harán sentirnos muy pequeños en comparación con el entorno.

Gaztelugatxe

Gaztelugatxe

Mención aparte merece el mar Cantábrico; mucho más rocoso, frío y movido que el tranquilo Mediterráneo que hasta hace poco estaba acostumbrado a contemplar a diario. Precisamente una de las cosas que más me gustan de España es que pese a no ser un país demasiado extenso (sobre todo en comparación con otros) hay una gran diversidad de climas, relieves y paisajes que confieren a cada zona una identidad única.

Gaztelugatxe

Y con esto me despido; pero no sin antes aseguraros que antes o después volveremos a asomarnos a las tierras del norte, porque igual que hace poco hicimos un tour por Sevilla, Granada y demás, también Oviedo, Ferrol o Bilbao tienen el mismo derecho a ser disfrutadas y admiradas.

Gaztelugatxe

Dos años y medio de fotografías en Oropesa del mar

Sé que llevo tiempo sin dar señales de vida y que alguno habrá pensado que me he olvidado para siempre de este blog. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que llevo días queriendo escribir esta entrada pero hasta hoy no he tenido forma material de sacar tiempo para ello.

El caso es que me apetecía mucho hacer una recopilación de las que para mi gusto han sido las mejores imágenes que he captado en Oropesa del mar durante los últimos dos años y medio, que es el tiempo que he pasado en aquella localidad castellonense para así recordar los instantes capturados y compartirlos con vosotros.

Soledad

Y sí, puede que os haya llamado la atención que esté hablando de Oropesa del mar en pasado; pero es que en las últimas semanas mi vida ha vuelto a dar una cambio de rumbo y he vuelto para vivir y trabajar de nuevo en Madrid, de modo que de ahora en adelante no veréis el Mediterráneo en las fotografías que vaya publicando por aquí.

Reconozco que la experiencia de Oropesa ha sido 100% positiva y considero que he crecido mucho a todos los niveles allí; pero llegué a un punto en el que cada vez echaba más cosas de menos y además me apetecía enormemente dar un nuevo salto en mi carrera profesional.

Por eso, cuando se presentó la oportunidad de regresar a Madrid no lo dudé ni un momento y gracias a ello ahora vuelvo a estar cerca de mi familia, de mi novia y de todas las cosas que me han visto crecer prácticamente desde que nací.

Sin embargo, también quedan en Oropesa del mar un montón de recuerdos, anécdotas, rincones, experiencias y vivencias que en muchas ocasiones he tratado de plasmar a través del visor de mi cámara y que han dado lugar a infinidad de fotografías como las que aquí os muestro.

Cantos rodados

Tour de force

Marcos torcidos

El túnel

Patio de vecinos

The sky is in flames!

Curious

Paraisos cercanos (Benicassim)

Torre la sal

Navidad en Oropesa

El nuevo sol

Salida

Desfile de moda en Oropesa del Mar

Reverencia

El sótano

Sosiego

Siluetas mediterráneas

Pasa la vida

Blue hour

A partir de ahora serán Madrid y sus alrededores los protagonistas de mis fotografías, de modo que espero darle un empujón al blog gracias a este nuevo cambio de aires que ha llegado a mi vida.

Un saludo a todos y gracias por vuestra paciencia.

Rincones: Granada

Granada era el punto final de nuestro viaje por el sur. Allí íbamos a pasar dos noches y a continuación volveríamos a Oropesa para descansar un poco del frenético ritmo de visitas a los diversos lugares por los que habíamos pasado desde que nos encontramos en Cuenca.

Granada

Como de costumbre, nos alojamos en un apartamento situado en pleno centro de la ciudad; a escasos metros de la catedral y a apenas un cuarto de hora caminando de La alhambra. Gracias a ello pudimos dejar el coche en un parking y despreocuparnos por completo del transporte, pues podíamos llegar a cualquier lugar a pie perfectamente.

Granada

Nada más llegar nos fuimos a pasear, pero ese día no llevaba la cámara encima (mi espalda se empezaba a resentir de estar todos los días cargando con la correspondiente mochila) y no hay imágenes. Fuimos por la zona del ayuntamiento y como se nos hizo un poco tarde cumplimos con la rigurosa tradición de ir “de tapas”; de modo que pidiendo cada uno un refresco y una caña acabamos con el buche bien lleno.

Al día siguiente nos esperaba la excursión por excelencia en Granada: La alhambra y sus jardines. Un conjunto arquitectónico de origen musulmán situado en lo alto de una colina y desde el que se divisa una panorámica espectacular de la ciudad y sus alrededores.

Granada

Granada

Granada

Granada

Granada

Granada

Contemplar con mis propios ojos arcos y ventanas que había visto representados una y mil veces en los libros de historia del instituto y, sobre todo, estar en el patio de los leones; con estos recién restaurados después de haber estado unos cuantos años escondidos al público fue algo muy especial y que a los dos nos gustó especialmente. Y es que, de hecho, La alhambra es un lugar que tanto mi novia como yo teníamos muchas ganas de visitar, por lo que las expectativas eran bastante altas.

Granada

Granada

Granada

Granada

Granada

Granada

Granada

Lo único “malo” es que por la época del año en la que nos encontramos, si bien los jardines tenían colorido y están muy cuidados, se echaban en falta algo más de vegetación (flores principalmente). Eso sí, estoy seguro de que cuando en primavera florezcan todas las especies que hay allí, la explosión de color será impresionante; de modo que tenemos claro que en un futuro tenemos que volver por allí durante meses más soleados e incluso animarnos a hacer una visita nocturna, pues el conjunto iluminado por focos tiene que ser todo un espectáculo.

Granada

Granada

Granada

Aparte de lo que es La alhambra, reconozco que me hizo también especial ilusión caminar con mi chica por el paseo de los tristes, el barrio del Albaicín y tantos otros lugares conocidos de la ciudad y que en más de una ocasión han aparecido en canciones de grupos musicales a los que sigo desde hace tiempo.

Después de aquello ya sólo nos quedaba hacer una vez más las maletas y poner rumbo hacia Oropesa del mar. Un trayecto de 620 Km que no se me hizo especialmente largo gracias a que paramos unas cuantas veces por el camino para comer algo y estirar las piernas.

Por supuesto, una vez en casa no pararon de aflorar los recuerdos de unas vacaciones que empezaron con la idea de visitar Cuenca un fin de semana y que al final nos llevó a hacer un inolvidable tour por la mitad sur del país. Y, por supuesto, ya hemos acordado que en el futuro tenemos que hacer algo similar pero por la mitad norte; que también los dos tenemos ganas de perdernos por sus bosques y sus ciudades.

Espero que os hayan gustado las imágenes del viaje; aunque los mejores recuerdos los llevo grabados dentro de mi cabeza y esos no hay manera de subirlos a Flickr.

Itinerario completo: Oropesa del mar – Cuenca – Mérida – Sevilla – Granada – Oropesa del mar

05

Rincones: Sevilla

Ir a Sevilla no fue parte del plan inicial, pero nos quedaba de camino hacia nuestro siguiente destino y decidimos hacer noche allí para conocer una ciudad que a los dos nos encantó.

Sevilla

Nada más dejar las maletas en una casa preciosa en pleno barrio de Santa Cruz (mi novia se ha destapado como una experta en buscar alojamientos) nos encaminamos hacia la plaza de la catedral para ver las luces y el ambiente de una ciudad que por las callejuelas de esa zona destila olor a jazmín y no paran de escucharse a los pájaros piar.

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Reconozco que Sevilla me gustó muchísimo. Pese a ser un día entre semana del mes de febrero había gente en las terrazas, tranvías circulando, gente haciendo fotos… Vida en definitiva; de modo que decidimos acercarnos hasta el famoso puente de Triana para ver su reflejo iluminado en el tranquilo Guadalquivir. Un paseo que mereció mucho la pena.

Sevilla

Al día siguiente, ya con las luces del día, nos fuimos caminando hasta la imponente plaza de España, pero pasando también por la universidad y dando una vuelta por el parque de Maria Luisa, donde también se encuentra la plaza de América y su museo de tradiciones populares.

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Sevilla

Lamentablemente no podíamos irnos demasiado tarde porque todavía teníamos casi tres horas de carretera hasta llegar a nuestro último destino; pero los dos guardamos muy buenos recuerdos de las horas que pasamos en Sevilla.

Itinerario hasta el momento: Oropesa del mar – Cuenca – Mérida – Sevilla

03

Rincones: Mérida (Badajoz)

Tanto mi chica como yo mismo llegamos a la misma conclusión después de visitar Mérida: debería de publicitarse más. Casi todo el mundo conoce el famoso teatro romano donde en verano se realizan representaciones a la luz de las estrellas, pero es que además de eso hay muchas más sorpresas esperándonos entre las estrechas calles de su casco histórico.

Mérida

Nada más llegar ya tuvimos una agradable sorpresa: el apartamento que habíamos alquilado para pasar esa noche era sencillamente precioso. Diseño moderno, colores muy vivos y un montón de detalles en un edificio situado a escasos dos minutos del centro de la ciudad.

Mérida

Hay algo que me fascinó de Mérida: la mezcla de construcciones modernas con templos y ruinas romanas. Es realmente increíble pasear por una calle residencial y nada más doblar una esquina encontrarse con el templo de Diana que, a mí particularmente, me dejó anonadado.

Mérida

Otro lugar muy recomendable para visitar es la alcazaba, desde donde tenemos una inmejorable vista del extenso puente romano que pasa sobre el Guadiana.

Mérida

Centrándonos en lo más conocido de la ciudad, no podéis perderos el conjunto formado por el teatro y el anfiteatro romanos, pues se encuentran en un buen estado de conservación y dando un paseo entre sus muros podréis retroceder unos cuantos siglos en el tiempo.

Mérida

Mérida

Mérida

Mérida

Alejándonos un poco del centro urbano podemos visitar el circo romano, típico lugar de las películas de la época en el que se celebraban carreras de cuádrigas y eventos similares. En sus inmediaciones encontraréis un acueducto del que todavía se encuentra en pie buena parte del mismo.

Mérida

Mérida

En otro extremo de la ciudad podéis visitar un conjunto muy particular en el que se encuentran tanto restos de enterramientos romanos como las ruinas de un templo de la época, por lo que es muy recomendable para haceros una idea de cómo vivían en aquellos tiempos. Lástima que a estas alturas de la visita empezó a diluviar y tuvimos que apretar un poco el paso para volver a casa antes de acabar completamente empapados.

Mérida

Como os decía, Mérida resultó ser todo un descubrimiento porque aunque ya veníamos con la idea de encontrarnos con el anfiteatro y el teatro romanos, no esperábamos ir dándonos de bruces con tantos monumentos y ruinas. Si tenéis ocasión de pasar por allí un par de días es un destino más que recomendable.

Nosotros por nuestra parte nos encaminamos hacia nuestro siguiente destino que será el protagonista de la siguiente entrada.

Itinerario hasta el momento: Oropesa del mar – Cuenca – Mérida

02

Rincones: Cuenca

Mi novia y yo necesitábamos unas vacaciones: ella había estado de exámenes y yo había tenido una época de trabajo tan intensa que me encontraba mentalmente agotado, de modo que a finales de febrero me cogí unos días libres y empezamos a planear algo.

Siempre habíamos hablado de pasar un fin de semana en Cuenca: está a mitad de camino entre Castellón y Madrid y tiene sitios muy curiosos para ver, de modo que aunque ese fue nuestro primer destino, no sería el único, pues poco a poco el viaje se fue haciendo cada vez más extenso; si bien eso lo iremos desarrollando en las entradas posteriores.

Cuenca

Cuenca

Cuenca me sorprendió por su tamaño, pues pensé que por su número de habitantes (aprox. 55000) sería más pequeña de lo que en realidad es. Es una ciudad tranquila, rodeada de bonitos paisajes y con una serie de tesoros en su interior que la hacen ideal para perderse en ella sin prisas y curiosear por sus rincones.

Cuenca

Lo primero que visitamos fueron las casas colgadas, ya que además de que es el lugar típico de Cuenca por excelencia, quería experimentar por mí mismo la sensación de vértigo al cruzar el desproporcionadamente estrecho puente que da acceso a esa zona de la ciudad.

Cuenca

Efectivamente, una vez cruzado, uno se da cuenta de que con la altura que tiene el puente da una sensación de fragilidad que si viera a un grupo de excursionistas cruzándolo esperaría a que llegaran al otro extremo antes de atreverme a pasar por él. Sin embargo, la pregunta que vino a mi cabeza una vez que estuve a los pies de las famosas casas colgantes fue: “¿a quién se le habrá ocurrido construirse ahí su casa?”. Por supuesto, no os quiero ni contar lo que debe de ser asomarse a esos balcones y observar cómo sólo unas maderas separan tus pies del más profundo de los abismos.

Cuenca

De Cuenca nos gustó también mucho la colorida plaza donde está situada la catedral, los curiosos relieves del paisaje o el pequeño río que recorre gran parte de su casco urbano y que da un aire especial al paseo que discurre junto a su orilla.

Cuenca

Cuenca

Cuenca

Cuenca

Cuenca

No quisiera dejar de mencionar un detalle que a mí se me escapó pero que a mi novia llamó la atención nada más verlo: en una montaña al otro lado del río alguien ha dibujado unos enormes ojos verdes que parecen vigilar a la ciudad como si de un ninja se tratara. Ignoro si es algo artístico, una frikada o cualquier otra cosa; pero la sensación que transmiten es, cuanto menos, extraña.

Cuenca

La ciudad encantada

Ignorante de mí, pensaba que la ciudad encantada de Cuenca estaba pegada al núcleo urbano, pero no es así y para llegar allí hay que recorrer unos 30 Km en coche a través de unas carreteras que yo particularmente disfruté mucho.

De hecho, a mitad del camino tenemos lo que se conoce como “el ventano del diablo” que consiste en una especie de balcón natural sobre la garganta por la que discurre el río Júcar. Al igual que el puente de las casas colgantes no es muy apto para gente con vértigo, pero si te asomas a él divisarás un paisaje espectacular.

Cuenca

Una vez en la ciudad encantada llama la atención el frío que hace (había incluso algunas zonas nevadas) y lo curioso del paisaje, pues se trata de rocas muy desgastadas que, echándole un poco de imaginación, tienen diversas formas asociadas con cosas de lo más cotidiano (una tortuga, un rostro humano, una foca…).

La ciudad encantada se ve dando un paseo de aproximadamente una hora y es recomendable llevar calzado de montaña porque algunas zonas pueden resultar bastante resbaladizas si el terreno está húmedo.

Cuenca

Y con esto terminó nuestra estancia en Cuenca, encaminándonos al día siguiente hasta nuestro próximo destino.

Itinerario hasta el momento: Oropesa del mar – Cuenca

01

Review: Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R

Aunque la D300 sigue siendo mi cámara fotográfica “oficial”, poco a poco la Olympus E-PL1 se ha ido ganando mi confianza a medida que me ha ido acompañando en más y más situaciones en las que quería viajar “ligero de equipaje”, así que es normal que quiera ir ampliando el equipo y una cosa que echaba de menos era un teleobjetivo.

Olympus E-PL1 + 40-150 f/4-5.6

Siguiendo con la filosofía que empleo con esta cámara no quería un objetivo grande y pesado; sino un tele ligero y que incluso estando montado me permitiera guardar la cámara en el bolsillo de un abrigo. Para cargar peso ya está la D300 con el Nikon 80-200 f/2.8 que da una calidad de imagen tremenda; pero como os decía antes, la filosofía de la E-PL1 es la de poder llevar un aparato encima que de una buena calidad de imagen sin dejarme la espalda en ello.

Esto es debido a que el 90% de las veces que salgo de casa no voy expresamente a hacer fotos; pero sí que es verdad que en esas ocasiones más de una vez he visto una situación que merecía la pena ser fotografiada y he echado de menos llevar una cámara decente encima.

Bici

Y aquí es donde entra en juego este Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R del que hoy os voy a hablar, puesto que cumple con las premisas anteriormente citadas y complementa a los dos objetivos que ya tenía para este formato.

Aspecto externo

Al ser un teleobjetivo no demasiado luminoso y diseñado para formato m4/3 el tamaño del mismo es bastante contenido. De hecho, en relación al cuerpo de la cámara, su tamaño no es mucho más grande que un Nikon 55-200 VR montado en una D300 (y además obtendremos en ambos casos focales equivalentes muy parecidas).

En la fotografía que tenéis a continuación podéis ver el equipo m4/3 del que dispongo actualmente, que consiste en la Olympus E-PL1, el 14-42 que trae la cámara “de serie”, el anteriormente analizado 14mm f/2.5 de Panasonic y el recién llegado del que hoy estamos hablando.

Mi equipo m4/3

Tanto el cuerpo del objetivo como su montura son de plástico; algo lógico en esta gama de objetivos. Sin embargo, el cuerpo tiene un tacto sólido tanto al agarrarlo como al emplear el anillo de zoom, por lo que parece mejor de lo que en realidad es. El anillo de enfoque va mucho más suave; pero es que internamente no mueve ningún engranaje, sino que se limita a dar órdenes a la cámara a través de señales eléctricas para que esta varíe el plano de enfoque en consecuencia en lo que se denomina “by wire focus”.

La montura plástica no me daba tanto miedo en el 14-42 como en este 40-150 debido a que el cuerpo es más largo y, por tanto, más propenso a golpes. Además, cuando empleamos la máxima distancia focal disponible el objetivo prácticamente duplica su longitud y por la ley de la palanca, un golpe aplicado en el extremo causará bastante tensión en la unión con el cuerpo de la cámara. Habrá que ir con cuidado no vayamos a tener un disgusto.

Encuadre

Por cierto, comentar que la que tengo es una nueva versión de este objetivo cuya única diferencia es que cuenta con un elemento asférico además de la ‘R’ que cuelga al final de su nombre completo. Este tipo de lentes se supone que dan más calidad de imagen, pero como no he probado la versión anterior no sé si la diferencia será muy grande o no.

Características técnicas

Para los amantes de los números, os dejo a continuación las características técnicas de esta óptica; si bien para mi gusto lo más importante es saber sacarle partido a lo que tenemos y, sobre todo, disfrutar de esta afición tan sana.

  • Formato: m4/3
  • Distancia focal: 40 mm – 150 mm (80 mm – 300 mm en equivalente a 35 mm)
  • Construcción: 13 elementos en 10 grupos. 1 elemento asférico y 1 elemento de alta densidad
  • Ángulo de visión: 30 – 8.2 grados
  • Tipo de enfoque: automático con motor ultrasónico y compatible con vídeo
  • Distancia mínima de enfoque: 90 cm
  • Ratio máximo de ampliación: 0.16x (0.32x en equivalente 35 mm)
  • Diafragma: 7 palas redondeadas
  • Aperturas máximas: f/4.0 (40 mm) – f/5.6 (150 mm)
  • Apertura mínima: f/22
  • Diámetro de filtro: 58 mm (no gira cambiando la focal ni el enfoque)
  • Dimensiones a 40 mm: 63.5mm (diámetro) x 83mm (largo)
  • Peso: 190 gramos

Es un teleobjetivo

Puede parecer una perogrullada, pero no debemos de olvidar que este 40-150 es un teleobjetivo, de modo que haciendo uso de él tendremos todas las ventajas y desventajas de este tipo de ópticas. Como ya os he dicho alguna vez, un teleobjetivo no sirve para acercarse más a las cosas (para eso ya tenemos nuestros pies) sino para jugar con los conceptos de cerca-lejos así como para desenfocar los fondos aislando el motivo principal que queramos retratar.

Distancia

Si sabemos encuadrar el sujeto correctamente y usamos una distancia focal elevada, los fondos aparecerán borrosos dando lugar a bonitas composiciones. Esto es algo que ya vimos en un artículo de hace tiempo; y aunque en esta ocasión al no tener una distancia focal tan elevada (no olvidemos que como máximo tenemos disponibles 150 mm) ni una gran apertura (a esa focal nos tendremos que conformar con f/5.6) el desenfoque no será tan acusado, al usuario del habitual 14-42 que viene de serie con la cámara le parecerá un salto de gigante cuando vea que en ciertas composiciones el fondo prácticamente desaparece.

Ofrenda

En general, los teleobjetivos son más sencillo de usar que los angulares, ya que nos centraremos en una sola zona de la imagen pudiendo casi ignorar el resto. Con una distancia focal muy corta tendremos que tener cuidado con todo lo que ocurra alrededor del motivo principal porque el ángulo de visión es muy amplio y casi todo aparecerá nítido en la fotografía.

Barca

Calidad de imagen

Sería una tontería analizar la calidad de imagen de un objetivo diseñado para m4/3 sin tener en cuenta que las cámaras compatibles con este formato corrigen automáticamente la mayor parte de las aberraciones y distorsiones ópticas. Por lo que he podido comprobar, si disparamos en RAW (no se aplicarán correcciones en tal caso) hay alguna deformación apreciable a simple vista si colocamos el horizonte en un extremo del encuadre, pero como la cámara corrige este tipo de cosas automáticamente al disparar en JPG es algo que no debe de preocuparnos.

Motos

En cualquier caso, si optáis por disparar en formato RAW, esas correcciones las podéis realizar tranquilamente en el ordenador empleando Adobe Lightroom o algún programa similar.

Remarcar también que este teleobjetivo no lleva ningún tipo de estabilizador óptico. Esto es debido a que las cámaras m4/3 de Olympus llevan la estabilización en el propio sensor, de modo que no es necesario estabilizar la óptica. Sin embargo, esto es algo que debemos de tener en cuenta si tenemos una cámara Panasonic, pues aunque el objetivo es plenamente compatible, este fabricante no estabiliza sus cámaras para implementar el sistema directamente en los objetivos (que es lo que siempre han hecho Nikon o Canon por ejemplo).

Naturaleza

La ventaja de las cámaras Olympus, por tanto, es que estabilizarán cualquier cosa que montemos en su bayoneta (hasta una botella de cerveza si encontramos el adaptador adecuado) mientras que en las cámaras de Panasonic no contaremos con estabilización óptica a no ser que utilicemos un objetivo que cuente con algún sistema integrado compatible (y no, creo que todavía no han sacado botellines estabilizados).

Cierto es que la luminosidad de esta óptica no es demasiado elevada (recordad: f/4.0 – 5.6) y que el escaso peso del conjunto cámara + objetivo no lo hacen la mejor opción para situaciones con poca luz a no ser que dispongamos de un trípode. Sin embargo, en cuando la claridad del día se hace patente podemos conseguir imágenes muy buenas sin apenas esfuerzo, aunque no está de más recordar que hay que saber agarrar la cámara para ganar en nitidez, que el estabilizador óptico tampoco es que haga milagros.

Pastel

Siendo conscientes de lo que tenemos entre manos lograremos fotografías muy resultonas; pero si creemos que con él vamos a poder fotografiar todo lo que queramos nos llevaremos más de una decepción.

Tarde

Conclusiones

Este 40-150 de Olympus no es un teleobjetivo diseñado para fotografiar cosas en rápido movimiento o situaciones extremas. No es demasiado luminoso, no es resistente a la lluvia o al polvo, su enfoque no es tan rápido como un objetivo para cámara réflex… Se trata de una óptica pensada para un uso tranquilo y para poder disponer de focales largas en un equipo que ni pesa ni abulta demasiado.

Bocabajo

Paisajes, retratos, puestas de sol, patos nadando en un estanque… Ese tipo de cosas son para las que está pensado este objetivo, y todo lo que sea sacarlo de ahí es jugársela porque estaremos sobrepasando las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Si nuestras necesidades son más elevadas entonces mejor recurrir a una réflex clásica con alguna óptica luminosa y “a prueba de bombas”.

Niebla

Lo que más me gusta del Olympus 40-150 es su escaso peso y tamaño así como el buen tacto que tiene al hacer uso de él; aunque por otra parte, el hecho de que su montura sea de plástico me hace ser especialmente cuidadoso a la hora de llevar la cámara colgando, ya que un mal golpe podría dejaros con el objetivo partido en dos trozos.

Por los cerca de 300 euros que cuesta creo que es una buena inversión que va a ampliar mucho mis posibilidades creativas con esta pequeña cámara. De todos modos, si todavía no habéis entrado en el mundillo del m4/3 os recomiendo que os hagáis con un kit que incluya tanto el habitual angular como un teleobjetivo porque si echáis cuenta veréis que el tele os sale casi regalado y no tendréis que comprarlo aparte meses después como he hecho yo.

Soledad

En definitiva, una óptica compacta y ligera que vendrá a satisfacer nuestras necesidades fotográficas cuando empecemos a sentirnos un poco encasillados con el angular que la cámara trae de serie.

Imágenes de ejemplo

Como es habitual, para finalizar el análisis me gustaría compartir con vosotros algunas imágenes más de ejemplo captadas con este objetivo (además de todas las que hay intercaladas entre los párrafos anteriores) para que os hagáis una idea por vosotros mismos de lo que podéis esperar de él.

Amanecer

Faro

Pueblo

Arena

Descanso

Zig-zag

Otras reviews (en inglés)

Hay otros sitios en internet donde han analizado este objetivo y os lo enlazo porque creo que es interesante si queréis ampliar información sobre él. Aun así, quería comentaros que las dos primeras son de la versión “no R” que, como os dije al principio del artículo, no cuenta con el elemento asférico que el modelo que yo tengo incluye mientras que la tercera sí que analiza “la versión R”.

  1. Photography blog
  2. Bob Atkins
  3. Blogbeebe

* Todos los artículos de este tipo en http://luipermom.wordpress.com/fotografia

Rincones: L’Alcora (Castellón)

Conduciendo hace unos meses por la autopista que une Valencia y Castellón observé una pequeña ermita en lo alto de un monte a cuyos pies se extendía una población. Me quedé con la referencia del kilómetro en el que me encontraba y luego en casa con ayuda de Google Maps trate de localizar ese pueblo con la intención de ir a visitarlo alguna vez en mi empeño por descubrir rincones poco conocidos de la geografía de esta provincia.

L'Alcora desde las alturas (I)

El pueblo en cuestión era L’Alcora y al parecer esa ermita que yo vi es un lugar bastante conocido desde el que se pueden disfrutar de unas buenas vistas. Me quedé con el nombre en la cabeza y el asunto quedó archivado en la categoría de “cosas pendientes”.

Pues bien, cuando el pasado fin de semana me dediqué a hacer fotos, en un momento indeterminado entre el amanecer y el atardecer saqué tiempo también de acercarme a L’Alcora y recorrer sus calles con intención de subir a aquella montaña y observar las vistas por mí mismo.

Fruto de esta pequeña excursión son las fotografías que ilustran esta entrada; y aunque soy consciente de que me dejé mil y un rincones de la localidad por ver (y fotografiar) he de decir que disfruté mucho tanto de la subida a su montaña como del paisaje que se divisaba desde allí arriba.

Ventana

L'Alcora desde las alturas (V)

Sombras

Pointer

L'Alcora desde las alturas (II)

Visillo

Espero que en breve pueda hacer más excursiones de este tipo porque son una buena manera de romper con la rutina y siempre dan lugar a fotografías muy pintorescas.

Luces y sombras de un atardecer extraordinario

Si en el amanecer del pasado sábado tuve la ocasión de fotografiar las islas Columbretes, aprovechando que el día parecía propicio para sacar la cámara intenté captar una imagen que llevaba varios días metida en mi cabeza.

La idea en concreto surgió una tarde en la que yendo hacia Castellón por la N-340 divisé desde ella un bonito contraste entre luces y sombras justo después de la puesta de sol. Obviamente, el arcén de la carretera no es el mejor lugar para ponerse a hacer fotos, de modo que en ese momento me encomendé la tarea de buscar un lugar desde donde pudiera divisar una vista similar pero donde no circularan personas ni coches.

Mi búsqueda dio resultado y por fin encontré un lugar donde tenía una buena vista y además podía plantar allí mi trípode sin molestar a nadie. Ya sólo me quedaba esperar a que el sol se escondiera; pero antes de que esto sucediera me entretuve disparando alguna que otra fotografía como la que tenéis a continuación.

Al final del día

Poco a poco el cielo se fue quedando sin luz, y cuando la hora azul se hizo patente, encontré el momento justo para hacer la fotografía que tenía en mi cabeza. Hubo pruebas antes y después, con unos y otros encuadres; pero al final esta es la que he decidido seleccionar para compartirla con todos vosotros.

Blue hour

Como veis, por una parte tenemos un cielo en el que todavía se aprecia algo de luminosidad (eso es, en esencia, la blue hour) pero también el suelo está lo suficientemente oscuro como para apreciar cada punto de luz de Benicassim y Castellón. Si hacemos la fotografía un rato antes el cielo estará demasiado claro (es un poco lo que ocurre en la primera fotografía) y si dejamos que se haga completamente de noche el cielo quedará demasiado soso y no se apreciarán las nubes.

En general, lo más complicado a la hora de hacer una buena fotografía es imaginarla; una vez que tienes claro lo que quieres hacer sólo falta encontrar el momento y el lugar adecuados para pulsar el disparador.

Un amanecer muy especial

No tenía pensado pasar por el mirador del balcó ayer al amanecer, pero la fuerza de la costumbre hizo que me despertara a las siete de la mañana y como soy incapaz de estar más de cinco minutos vagueando en la cama enseguida pensé en agarrar la cámara y salir a ver los primeros rayos de sol bañando esta localidad costera.

Ya subiendo por las curvas de la carretera que asciende por las faldas del Bobalar notaba que había una luz especial en el ambiente; y es que aquellos árboles cuyas copas rozaba la luz del sol habían adquirido una tonalidad rojiza nada habitual, de modo que imaginé que ese amanecer iba a tener algo especial (y no me equivocaba).

Islas Columbretes (I)

Nada más aparcar el coche observe que el horizonte parecía estar a punto de estallar en una gama de tonos anaranjados y rojizos, de modo que monté el angular y capté la imagen que tenéis sobre estas líneas tratando de enmarcarla entre dos árboles que hay allí.

Fijándome con detenimiento pude ver que había algún tipo de relieve justo en la línea del horizonte y pensé que serían algunos barcos como tantos otros que se mueven por las cercanías del puerto de Castellón. Sin embargo, entre la bruma teñida de color vino vislumbré el perfil de las islas Columbretes y enseguida monté el teleobjetivo para confirmar mis sospechas.

Islas Columbretes (II)

Efectivamente, se trataba de las Columbretes. Unas islas que se encuentran a 50 Km de distancia de Oropesa (más información en Wikipedia) y que teóricamente se pueden observar en días muy claros pero que yo no había visto todavía pese a haber subido a aquel paraje muchas veces en mi vida. Supongo que el hecho de que en estas fechas el sol salga justo por detrás de ellas ayuda a que se puedan distinguir “a contraluz” pero sea como sea tuve la impresión de estar ante un acontecimiento muy especial.

Desde que era pequeño había escuchado la historia de que las Columbretes se pueden divisar a simple vista si se dan las circunstancias adecuadas, de modo que todas y cada una de las veces que he subido a algún lugar elevado he mirado en esa dirección con la esperanza de dar con ellas aunque, como os decía, hasta ahora jamás lo había conseguido. Por eso, al verlas ayer con esa claridad hasta el punto incluso de distinguir el faro que hay en un extremo de la isla principal experimenté una sensación muy especial.

Islas Columbretes (III)

Lamenté no haberme llevado el 80-200 f/2.8 en lugar del 55-200 VR, porque pese a sus años, disparando a 200mm es mucho más nítido en f/4 que el 55-200 a f/8. No es que las fotos se vean mal; pero hubieran salido todavía mejor de haber contado con “mi pequeño trabuco” y además hubiera obtenido tiempos de exposición mucho más cortos, lo cual viene muy bien cuando se dispara a pulso.

Eso sí, ya os adelanto que estas no son las únicas imágenes que capté; de modo que en breve tendréis otra historia con trasfondo fotográfico por aquí.

Por la ribera del Henares

Reconozco que desde que vivo en Oropesa, cuando vuelvo alguna vez a Alcalá miro a la ciudad con otros ojos. Lugares que antes apenas me llamaban la atención ahora me parecen muy pintorescos y empiezo a entender por qué la gente que llega por primera vez suele quedarse prendada de sus contrastes.

Uno de estos lugares a los que me refiero es la ribera del río Henares a su paso por el barrio de Venecia, que es dónde hice las siguientes fotografías durante las pasadas Navidades.

La ribera del Henares (III)

La ribera del Henares (IV)

La ribera del Henares (II)

La ribera del Henares (V)

La ribera del Henares (I)

La ribera del Henares (VI)

Comentar a nivel técnico, que todas las fotografías están hechas con la Olympus E-PL1 directamente en JPG, ya que en esta ocasión para ir ligero de equipaje opté por dejar en Oropesa la D300.

El pasado de Oropesa en postales (VIII)

Con la de hoy, y coincidiendo precisamente con el final de año, quería poner un punto y seguido a estas entradas que nos muestran el aspecto de Oropesa del mar tiempo atrás con ayuda de postales que he encontrado por mi casa. Y digo punto y seguido porque aunque la idea ha sido un éxito tanto para vosotros como lectores como para mí mismo a la hora de escribirlas, por el momento me he quedado sin más material gráfico que mostraros, de modo que ahora comienza una búsqueda por mi parte en la que espero recopilar más postales para poder compartirlas en un futuro por aquí.

Como no podía ser de otro modo, vamos a echar un vistazo a dos imágenes de la zona de la playa de La concha, pues ya sabéis que este ha sido durante toda mi vida el lugar donde he pasado mis vacaciones de verano.

Avenida de Columbretes. 1995

Avenida de Columbretes. 1995

En la primera de las postales podemos ver la avenida de Columbretes desde un punto de vista elevado. En ella aparece en primer plano el hotel Neptuno a la derecha y la plaza de París a la izquierda (ya con su actual configuración). Podemos ver que en la acera ya desde entonces (y mucho antes) aparcaban los autocares que traían a los turistas a esta zona de Oropesa y que en aquellos años lo de la “zona azul” todavía ni se les pasaba por la cabeza a los concejales del ayuntamiento. La tienda pintada de color blanco en los bajos del edificio de de fachada marrón claro era una de aquellas novedosas tiendas de veinte duros y actualmente un negocio de alquiler de bicicletas que ha surgido a raíz de la popularidad de la vía verde.

La urbanización Oromar aparece completamente terminada y detrás de ella se ve con claridad el supermercado del camping Torepaquita donde mis padres hacían la compra todas las tardes por aquella época. Hoy en día ese supermercado ha desaparecido y en su lugar hay una urbanización de doce pisos con piscina en la azotea.

Comentar también que discurriendo en paralelo a la propia avenida podéis ver un canal de aguas pluviales que hoy en día está tapado con una rejilla metálica. Actualmente no se concibe que una estructura de este tipo esté expuesta a que pueda caer en su interior cualquier persona que camine despistada por la calle (aunque recuerdo que estaba delimitado por una pequeña barandilla metálica) pero en aquellos años la seguridad no era un concepto tan tenido en cuenta como lo es ahora en cualquier infraestructura pública o privada.

Sea como sea os diré que ese canal de aguas pluviales se construyó para evitar las inundaciones de la avenida de columbretes en época de lluvias torrenciales (la famosa “gota fría” del mes de septiembre) porque cada vez que ocurría se inundaban locales comerciales, trasteros y garajes. El canal no evitó esto por completo porque cuando llueve mucho y el agua se pone a nivel no hay canal que la encauce; pero al menos hizo que el desastre no ocurriera con la frecuencia de antaño porque para que se salga de ahí tiene que caer mucha agua en muy poco tiempo.

En cualquier caso, yo, que trabajo en el mundo de las aguas, se muy bien que cuando el agua busca su camino no hay canal ni dique que la pare porque de un modo u otro acaba fluyendo por su cauce natural; y precisamente la avenida de Columbretes es la continuación de una rambla que baja desde la montaña y que actualmente podéis ver entre el pueblo y los campos de los que os hablaba en la entrada anterior. Del mismo modo, el río Chinchilla es un río aparentemente seco que recoge el agua que cae por las montañas que hay detrás de Oropesa y cuando allí hay tormentas fuertes su cauce puede crecer espectacularmente en cuestión de minutos.

Vamos a ver ahora la segunda imagen, que corresponde también a la playa de La concha y en la que podemos ver una vista muy parecida a la que se puede observar hoy desde lo alto del hotel Neptuno (que es desde donde parece estar hecha esta postal).

Plaza de París y playa de la concha. 1995

Plaza de París y playa de la concha. 1995

Como podéis ver, pese a estar en 1995 el paseo todavía tenía las piedras blancas y las losas rojizas de los años 80. No tardarían mucho en levantarlo por completo durante un invierno y sustituir esas piedras por un muro completo de color marrón así como cambiar el suelo por las baldosas blancas y azules que podemos ver hoy en día; pero básicamente su apariencia era la misma que tenía a finales de los 70.

En zonas más alejadas podemos ver que el puerto deportivo también estaba ya terminado y por la montaña empezaban a surgir ya multitud de chalets; si bien todavía se edificarían muchos más durante los diez años siguientes.

A modo de curiosidad, encima de la montaña que hay sobre el puerto deportivo, en la misma zona que fue afectada hace unos años por un voraz incendio forestal, existe hoy en día un radar de movimientos migratorios de aves y que podéis ver si os detenéis en el conocido mirador de El balcó.

Por lo demás, podemos apreciar que en la playa ya están presentes los famosos patines de colores, que las papeleras seguían siendo todas azules, que las sombrillas de alquiler estaban todas dispuestas a acoger a multitud de turistas y que las palmeras del paseo ya iban tomando altura.

Un litoral el que se ve en esta última imagen más parecido ya a lo que nos encontraremos hoy en día si pasáis por Oropesa del mar; y es que gracias a las postales que tenía por mi casa vosotros habéis podido ver cómo era esta localidad hace unos cuantos años y yo he disfrutado recordando lugares y anécdotas de cuando no era más que un niño.

Como os decía al principio de este artículo, a partir de ahora trataré de buscar más material gráfico con el que seguir con esta serie de entradas que tanto he disfrutado; de modo que espero sorprenderos dentro de algún tiempo con más vistas de la Oropesa que conocí siendo apenas un niño o que incluso ni siquiera llegué a conocer.

¡Un saludo y gracias por leerme!

El pasado de Oropesa en postales (VII)

Las de hoy son dos postales que, como todas las demás, muestran a Oropesa del mar; pero en esta ocasión no lo hacen desde sus costas sino desde lugares algo más elevados.

Torre de la iglesia parroquial. Aprox 1990

Torre de la iglesia parroquial. Aprox 1990

La primera de ellas está hecha en la explanada del castillo del pueblo y en ella se puede ver en primer término la torre de la iglesia parroquial. Por los edificios que aparecen en la imagen (o más bien por la abundante vegetación que todavía se aprecia) podemos fechar la fotografía hacia 1990.

Como os digo, en esta imagen podéis apreciar que todavía faltaban muchos edificios por construir hasta configurar el actual paisaje urbano de Oropesa y es que, como ya os dije en una entrada anterior, antes del boom de Oropesa como lugar turístico de vacaciones existía una clara separación entre lo que es el pueblo y la zona de la costa. Esta delimitación consiste en toda esa franja de campos y arboledas que rodea a las pequeñas casas del núcleo urbano de la que actualmente poca cosa queda.

Si os fijáis bien podréis distinguir la montañeta de San José prácticamente despejada de chalets así como la ausencia casi total de edificaciones en la avenida de Columbretes. Por otra parte, comentar también que esa espesa arboleda que se ve en la parte derecha de la postal hoy en día son hileras de chalets; los cuales están inacabados en algunos casos porque el estallido de la burbuja inmobiliaria les pilló mientras colocaban los ladrillos. En cualquier caso, vamos a observar un poco mejor esa zona con ayuda de la siguiente imagen.

Vista aérea del pueblo de Oropesa. 1996

Vista aérea del pueblo de Oropesa. 1996

En la segunda postal vemos una panorámica de Oropesa que no sé bien si está captada desde un avión o directamente desde las montañas que hay hacia el interior y que separan Oropesa y Cabanes.

Fijándonos en la parte derecha de la imagen podéis ver que en 1996 seguía habiendo una gran cantidad de tierras de cultivo en las inmediaciones de Oropesa, aunque a día de hoy toda esa extensión de terreno ha visto florecer los chalets adosados a los que me refería antes y entre los cuales todavía se puede encontrar algún pequeño campo de almendros que resiste estoicamente al invasor.

Tengo muy buenos recuerdos de aquellos campos, pues discurrían entre ellos multitud de caminos de tierra que recorría tarde tras tarde con mi bicicleta de montaña. Cada día trataba de buscar un nuevo rincón, una senda que me llevara un poco más lejos, un poco más alto… y así, poco a poco, acabé por conocer esa zona de Oropesa como la palma de mi mano.

Hoy en día todo aquello está irreconocible si los recuerdos de uno viven todavía en aquella época; pero por suerte aun quedan rincones que no han cambiado en estos últimos 20 años y a veces, cuando tengo ocasión, me acerco a ellos para recordar aquellos largos paseos en bici bajo el sol.