Bajando las revoluciones

17 10 2009

Unos días después de presentar mi proyecto de fin de carrera me di cuenta de algo importante cuando me encontré con mi amiga Cris en plena calle: seguía con un ritmo de vida tan acelerado como cuando estaba a tiempo completo con dicho proyecto. Supongo que la fuerza de la costumbre había hecho que considerara completamente normal ir a todas partes mirando el reloj y sacando minutos de debajo de las piedras, pero en realidad las cosas habían cambiado y ya no había necesidad alguna de vivir la vida con esas prisas, pues ahora mismo dispongo de todo el día para mí sólo.

Cristina, que además es la cartera de mi barrio, me dijo: “Bueno, no te entretengo más que ya veo que estás ansioso por irte”. Fue entonces cuando me di cuenta de que en realidad no tenía nada que hacer, pero nada más pararme con ella ya estaba mirando el reloj (una descortesía bastante grande por mi parte, dicho sea de paso) con la sensación de ir con la hora justa. El caso es que efectivamente reanudé la marcha, pero ya con el pensamiento de que debía bajar las revoluciones porque en realidad no tenía ningún motivo que me hiciera estar bajo presión: no había plazos de tiempo ni cosas que dejar preparadas al final del día, así que perfectamente podría irme a hacer fotografías por la ciudad durante tres horas sin preocuparme de nada más.

Los carteros también se pierden

Habían sido demasiados meses dando paseos a contrarreloj y desgastando las horas delante del ordenador para tener mi proyecto listo en la fecha de la presentación; y reconozco que hubo días de mucho estrés cuando alguna cosa no salía por muchas vueltas que le daba. Sin embargo, al final todo había salido realmente bien, así que ahora tenía que aprovechar y dedicarme tiempo a mí mismo, pues en breve aparecerá algún empleo (o al menos eso espero) que absorberá una buena parte de la jornada. Al fin y al cabo, si no empleaba esos días de asueto para practicar una vida relajada al final nunca me iba a deshacer de ese ritmo infernal de los últimos tiempos.

El caso es que tras un par de minutos dándole vueltas al tema decidí retroceder sobre mis pasos y buscar a Cris para comentarle el tema y excusarme por mis injustificables prisas de hacía un momento.

Tuve suerte, ella todavía caminaba por la misma calle dónde nos encontramos, así que aparecí a su lado y le dije que la acompañaba un rato; algo a lo que accedió encantada. Durante el paseo aproveché para comentarle lo que os he narrado unos párrafos más arriba: que llevaba varios meses llevando un ritmo de vida demasiado acelerado y que parece ser que ya lo había tomado como algo normal en mí. Prometí que rebajaría ese régimen de mi motor interno de tal modo que me tomara todo con más calma. Y la verdad es que desde ese momento noto que vivo mucho más tranquilo y sin agobios.

A lo mejor si no me hubiera encontrado a Cristina aquella mañana seguiría mirando el reloj, pero mientras dure esta etapa de mi vida pienso tomarme las cosas con calma y tratar de disfrutar de cada cosa que haga me lleve el tiempo que me lleve. De hecho, unos días después me volví a encontrar con ella y me di cuenta (del mismo modo que ella me lo dijo) de que hay una diferencia abismal entre el Luis de aquellos días aciagos y el de ahora.

Es verdad que de todo se aprende; pero lo más importante es pararse de vez en cuando a mirar dentro de uno mismo y darse cuenta de qué cosas estamos haciendo mal para corregirlas. Muchas veces somos capaces de ver hasta los más mínimos errores en los demás, pero incapaces de detectar un fallo muy gordo dentro de nosotros mismos.

Bueno, ya está bien de filosofar: ¡Me voy a dar una vuelta aprovechando que hace sol!

Autoretrato sombrío





La esclavitud del iPhone

2 08 2009

Mi hermano se ha comprado un iPhone 3G hace poco más de una semana y, aunque reconozco que el cacharro me encanta, durante estos días que lleva usándolo se me ha planteado un “dilema moral”: ¿es bueno estar permanentemente conectado a Internet?

Como os digo, el hecho de poder recibir y enviar un e-mail en el lugar donde me encuentre así como la posibilidad de navegar por cualquier página web sentado a la sombra de una encina en medio del campo es algo que me parece fascinante, y enseguida me ha hecho pensar en alguna que otra idea aplicable a este blog.

Sin embargo, a la vez que me parece un auténtico “milagro tecnológico”, también me hace pensar en que esa misma conexión permanente puede hacernos un poco más esclavos de la tecnología al entrometerse en uno de esos pocos remansos de libertad que nos quedaban.

El iPhone 3G de mi hermano

A veces me acuesto a las tantas redactando alguna entrada para el blog, subiendo fotos a Flickr, preparando algún artículo para ultimONivel, respondiendo correos, saltando de artículo en artículo en Wikipedia… pero cuando salgo por la calle me olvido por completo de todo eso y me dedico nada más que a disfrutar de lo que veo y escucho. Durante ese tiempo mi único contacto con las telecomunicaciones es el teléfono móvil; y bastante “daño” nos ha hecho ya de cara a la libertad.

Es muy cierto que un móvil nos permite estar en contacto con nuestra gente estemos donde estemos; pero también ha conseguido que nunca tengamos la sensación de estar en completa soledad, porque en cualquier momento puede sonar la estridente melodía de turno y recordarnos que ya no hay ningún lugar donde escondernos a no ser que apaguemos el teléfono. Lejos quedan ya los tiempos en los que fuera de casa eramos completamente ilocalizables y si queríamos hablar con alguien no nos quedaba otro remedio que buscar una cabina y meter unas monedas. Y ojo, creo que el teléfono móvil es uno de los mejores inventos del siglo XX, pero no es menos cierto que a veces puede llegar a ser un agobio (y seguro que más de uno sabe a lo que me refiero).

Bueno, pues con lo del iPhone (y con las Blackberry y todos los dispositivos que dan acceso a Internet mediante las redes de telefonía móvil) pasa un poco lo mismo: hasta ahora, salir a la calle era un remanso de paz sin errores 404, descargas por FTP, URLs inválidas ni nada que tenga que ver con la transmisión de datos; pero tiene pinta de que a esto también le quedan dos telediarios. Y aunque reconozco que la idea de poder utilizar Internet en cualquier parte del mismo modo que lo hago sentado en la silla de mi ordenador pero utilizando un dispositivo que cabe en el bolsillo del pantalón es algo que me parece increíble, también me hace darme cuenta de que a lo mejor ya ni dando un paseo voy a poder desconectar al 100% de todo.

Está claro que dentro de unos años todos nos conectaremos a Internet a través del teléfono móvil de forma natural, pero mi duda es si merece la pena esperar un tiempo o lanzarse a la piscina como ha hecho mi hermano aprovechando desde ya mismo las ventajas que este método de acceso ofrece. De cualquier modo, viendo las cosas que hace él con su iPhone (cada día me enseña alguna característica que considero útil), sé que dentro de no mucho tiempo aparecerá por aquí alguna entrada comentando mi última adquisición tecnológica.

Tiempo al tiempo; pero hasta que llegue ese día, si no respondo al mail es porque estoy por ahí perdido haciendo fotos…  ;-)

Luiper al sol





El comportamiento de la sociedad ante la muerte de un artista

26 06 2009

A estas alturas no os vais a sorprender si os digo que Michael Jackson ha muerto. Yo al menos llevo toda la mañana escuchando y viendo noticias sobre el tema ya sea en boca de mis compañeros de oficina, de cualquier página web o de la radio del coche. Pero no es de la muerte de Michael de lo que os quiero hablar; sino que pretendo, simplemente, hacer una breve reflexión sobre ciertos patrones de comportamiento que se repiten cada vez que ocurre algo de este tipo.

tickets

Apenas unas horas después de saltar la noticia, Thriller se ha convertido en el álbum más vendido de iTunes en EEUU; estando colocados ahora mismo 8 discos de Michael Jackson entre los 40 más vendidos. Y quien dice EEUU dice casi cualquier parte del mundo, pues con la muerte del artista se han disparado las ventas de todo lo que tenga que ver con él.

Pero vamos a ver: ¿por qué cuando muere un artista a tantísimas personas les da por comprar su material? Comprendo que a la gente le llame la atención la noticia porque se trata de un personaje público (yo mismo leí con atención la sorprendente noticia esta mañana cuando miré como cada día mientras desayuno la web de El País); pero lo de salir corriendo a comprar los discos de Michael Jackson compulsivamente es algo que escapa a mi comprensión.

Y lo peor es que las discográficas y representantes de estos artistas fallecidos se frotan las manos gracias a estas tendencias sociales. Sin ir más lejos, cuatro días después de la muerte de Antonio Vega apareció en el mercado un doble disco de grandes éxitos. ¿Casualidad? No lo creo; y seguro que a estas horas en Sony Music ya hay alguien haciendo planes y echando cuentas.

Es decir, que de aquí a una temporada nos esperan reediciones de los discos de Michael Jackson, repeticiones de todos los documentales que se han emitido a lo largo de su carrera, un porrón de programas especiales en Televisión… y todo porque cuando muere un artista a la gente le da por devorar “de pe a pa” toda su obra.

Yo, por mi parte, llevaba muchos años sin escuchar a Michael Jackson. Tuve una época, hará más o menos una década en la que estaba bastante enganchado a sus discos Bad, HIStory y Dangerous; pero aquella época pasó y no volví a escuchar apenas nada de él. Su carrera en los últimos años poco (o nada) tenía ya que ver con la de sus años más brillantes, y yo, aunque lamento su pérdida por todo lo que ha hecho por la música, no me sentiré triste porque en el futuro no vaya a haber más novedades discográficas por su parte. Al fin y al cabo, Michael Jackson ya demostró todo su valor en el pasado y siempre nos quedarán sus discos para cuando nos apetezca volver escucharlos en el futuro.





Nos estamos haciendo mayores

16 01 2009

Me llama poderosamente la atención que en los últimos meses unos cuantos “jugones de la vieja escuela” nos hemos posicionado de forma bastante parecida frente al mundo del videojuego. Digo esto porque en un breve lapso de tiempo yo he dejado el equipo de ultimONivel (y desde entonces apenas he tocado videoconsola alguna), Manu se plantea una renovación temática en su blog, Rafa reconoce que hay cosas más prioritarias en su vida, mi hermano (jugón desde que dejó el biberón) también ha dejado muy de lado esa forma de ocio para dedicarse a otras cosas…

Jugando con el Spectrum en Enero de 1988 ante la atenta mirada de mi hermano

Jugando con el Spectrum en Enero de 1988 ante la atenta mirada de mi hermano. ¡Han pasado 21 años!

Es curioso comprobar que mientras miles de personas jóvenes y no tan jóvenes descubren cada día una manera divertida de pasar el tiempo con las últimas consolas disponibles en el mercado; muchos de los que comenzamos a saber lo que eran bits, sprites, vectores, scrolls y variables con el mítico Spectrum en la década de los 80 estamos empezando a sentirnos un poco cansados de esto. No sé si es que el mundillo del videojuego se está profesionalizando demasiado (cada vez mueve más dinero y por lo tanto hay muchos intereses en sobre la mesa) o es que estamos saturados de un mercado en el que cada vez hay menos sitio para la sorpresa y la originalidad. El caso es que sea lo que sea, algo está cambiando en la mentalidad de una generación de personas que rondamos la treintena y compartimos aficiones.

Manu y Rafa son dos personas a las que admiro y sigo diariamente desde hace bastante tiempo gracias a sus blogs; y por lo tanto supongo que por esta situación que hoy os comento estarán pasando también muchas otras personas completamente anónimas para mí. Me cuesta mucho creer que seamos sólo cuatro casos aislados de hastío videojuguil, por lo que me temo que algo se ha perdido en el camino de esta evolución que han sufrido los videojuegos en los últimos años y que los está convirtiendo cada vez más en un producto de usar y tirar.

En mi caso particular este desencanto se ha presentado en dos fases muy bien definidas: por un lado hace ya años que empecé a aburrirme de los juegos al uso. Eso de disparar a todo lo que se mueva o conducir más rápido que los demás empezó a cansarme de sobremanera al llevar desde Julio de 1987 haciendo lo mismo. Empecé a valorar los videojuegos que ofrecían una experiencia diferente y original sin preocuparse de gráficos de última generación, sonidos multicanal o cifras de ventas. Así llegaron a mis manos los Wario Ware, Castlevania, Hot Pixel, Electroplankton, Elite Beat Agents, Shenmue, Hotel Dusk, Animal Crossing, Phoenix Wright, Densha De Go, Echochrome, REZ… y tantos otros títulos que he disfrutado como un enano y que siempre he tratado de dar a conocer por todos los medios posibles.

Sin embargo, ya ni siquiera esos títulos tan especiales me hacen disfrutar como antes. Desde el pasado verano me he dado cuenta de que necesitaba hacer otras cosas que me permitieran expresarme de modos diferentes, disfrutar de lo que me rodea y estar más en contacto con el mundo. Siento que en mi tiempo libre el cuerpo me pide viajar, conocer gentes y lugares, fotografiar todo aquello que me llame la atención, descubrir la buena música que todavía no he escuchado y escribir sobre todas esas cosas. Ya no soy capaz de imaginarme sentado delante de la televisión con un mando entre las manos hasta las tantas de la madrugada como hacía años atrás; pero sí que me puedo ver cogiendo el coche y perdiéndome por algún pueblo desconocido en busca de paisajes pintorescos que me regalen por un rato esa indescriptible sensación de libertad que tanto me gusta.

La verdad es que a estas alturas ya no me preocupa lo más mínimo si la próxima consola portátil de Nintendo tendrá detección de movimiento o si apenas aparecen juegos para la PSP en la actualidad; de hecho ignoro por completo la fecha de lanzamiento de la NDSi en Europa pese a que en Wikipedia estará puesta desde hace semanas. No creo que vuelva a comprar un videojuego porque me he dado cuenta de que hay un mundo hay fuera que merece ser descubierto; y es mucho más interesante que cualquier otro que pueda programar nadie. De hecho, desde el mes de Agosto sólo he usado la DS en dos ocasiones: para pasarme el último Phoenix Wright (terminado de mala gana; pero no porque sea malo, sino porque me aburría de estar tantas horas con la consola en la mano) y para mostraros el Trackmanía en ese vídeo que publiqué por aquí hace unos días. El resto de juegos y consolas sencillamente están criando polvo en las estanterías.

Reconozco que he crecido con los los videojuegos y que estos han sido una parte importante en mi vida; pero cada día me doy más cuenta de que nuestro divorcio es total y ya nada volverá a ser como antes. Hace tiempo que no me siento identificado con ellos y veo que hay cosas con las que me siento mucho más realizado. No me cabe la menor duda de que Sony, Nintendo y Microsoft seguirán amasando fortunas gracias a sus ventas millonarias, pero mucho tendrían que cambiar las cosas para que en el futuro vuelvan a ver un euro sacado de mi bolsillo. Es una época que, sencillamente, ya pasó para mí.





Lo más probable es que las cosas nunca ocurran (pero ocurren)

18 12 2008

La primera vez que supe de tu existencia fue en un post-it amarillo que encontré hace unos días pegado a mi currículum. Apenas unos segundos después te materializabas en forma de voz al otro lado del teléfono; una voz amable que supo guiarme cuando veía peligrar mi futuro más inmediato.

Recuerdo aquellos días y mis reiteradas visitas a tu oficina para asaltarte a base de preguntas. Unas dudas que te encargaste de disipar con eficiencia y rapidez; y el caso es que aunque a partir de cierto día yo ya no tenía nada “profesional” que consultarte, lo cierto es que todavía me picaba el gusanillo de lo personal y gracias a ello mi cara siguió asomando por tu puerta cada vez que tenía ocasión de hacerlo.

Y así, decisión a decisión, visita a visita, sonrisa a sonrisa vas conociendo a las personas. Y un día te das cuenta de que aquella voz anónima que un día descolgó un auricular, se ha convertido en una persona con sus historias, su suave perfume, su simpatía y su calor. El hecho de pensar que todas esas charlas que tenemos son fruto de la más aleatoria de las casualidades siempre me hace pensar que las cosas que nos pasan en la vida no son más que una probabilidad entre muchos millones.

Reflejos en el cristal

¿Y si no hubieras sido tú quien cogió el teléfono aquella mañana? ¿Y si no trabajaras en ese lugar? ¿Y si yo hubiera dejado la carrera en el segundo año? ¿Y si vivieras en Mallorca? ¿Y si nunca hubiera existido alguno de los dos?… Cualquier pequeño cambio en un sólo factor de la ecuación hubiera llevado al mismo inevitable resultado: nuestro ratito de charla de esta mañana sobre aquellas sillas tan altas jamás hubiera tenido lugar (y he de añadir que hubiera sido una verdadera lástima).





¿Por qué escribo? ¿Para qué escribo? ¿Para quién escribo?

7 12 2008

Las tres cuestiones que planteo en el título de esta entrada son algo que todo blogger debería preguntarse alguna vez. Pienso firmemente que todo lo que hacemos tiene un fin y un sentido; que nunca hacemos algo “porque sí” por muy descabellado que pueda parecer. Por eso mismo hoy he decidido sentarme a hacer una reflexión para poder ahondar en estas tres importantes preguntas y ofreceros mis propias respuestas:

¿Por qué escribo?

Escribo porque siempre lo he hecho; es algo natural en mí. Recuerdo los años del instituto en los que plasmaba mis reflexiones en papel por puro placer y se las pasaba a mi amigo Joe para que me diera su punto de vista. A veces eran auténticas “idas de olla” y en ocasiones trataban temas mucho más serios, pero vistas detenidamente no eran muy diferentes a las cosas que se pueden encontrar por aquí.

Dientes de sierra

Sin embargo, todos aquellos textos están ahora guardados en carpetas bajo libros y apuntes de la universidad en un maletero del que no sé si volverán a salir alguna vez. Aquellas reflexiones que tantas horas me llevaron escribir sólo las vieron los ojos de Joe aparte de los míos, y la verdad es que ahora lo pienso y me da un poco de pena.

Precisamente por ello cuando creé mi primer blog sentí que tenía un rinconcito propio en el que escribir mis pensamientos y que cualquier persona podría leerlos. Puede que no fueran demasiados los interesados en saber de mis cosas, pero seguro que serían más de dos y además ahí quedarían para siempre por si a alguien en el futuro las encontraba de pura casualidad. Poco a poco aquel pequeño rincón fue creciendo y un día sentí la necesidad de buscar nuevos retos, de modo que creé un segundo blog totalmente continuista con el anterior y que no es otro que en el que os encontráis ahora mismo.

Entonces, a modo de resumen se podría decir que escribo para que mis pensamientos, emociones, reflexiones y sentimientos no se pierdan en el tiempo ni en una oscura caja de cartón y también para que cualquier persona pueda encontrarlos en el futuro y sentirse identificada con ellos.

¿Para qué escribo?

No es lo mismo el por qué que el para qué, ya que si bien lo primero indica el origen de las cosas, lo segundo tiene que ver con la meta que se busca, de modo que vamos a mirar hacia el futuro para buscar el sentido a todo esto a través de dos razones principales:

La primera es que escribo para tener una especie de “archivo” en el que tener almacenados todos los recuerdos de mi vida. Sería genial ponerse a releer todo esto dentro de muchos años y recordar cosas que creía completamente olvidadas. Ya dije hace tiempo en una entrada de este mismo blog que escribo porque no me fío de mi memoria; y lo cierto es que así es, pues a veces me he puesto a repasar alguna de las primeras entradas publicadas y me he encontrado con pequeños detalles que ya no recordaba.

Hojas resecas

La segunda tiene que ver con la necesidad vital de trascender; y es que todos llegamos a un punto de nuestras vidas en el que queremos hacer algo por lo que se nos recuerde. Hay gente que lo hace plantando un árbol, otras personas crean una fundación de algún tipo… Hay mil y una maneras de trascender, pero a mí el cuerpo me pedía hacerlo a través de la escritura y la fotografía.

Es cierto que mis artículos en ultimONnivel me permitían llegar a la gente de un modo bastante directo y que me permitía expresarme como quería (he de reconocer que jamás tuve ningún tipo de censura en la web dijera lo que dijera en mis análisis y reportajes) pero me veía limitado porque sólo escribía sobre una temática que cada vez sentía más lejana. Lo que realmente quería era abarcar todos los campos posibles, pues ya desde pequeño nunca quise encasillarme en nada y consideré que era mejor saber un poco de todo que mucho de una cosa y nada del resto. Por eso llegué a un punto en el que me llenaba más escribir cualquier pequeña reflexión personal en este blog que redactar un extenso artículo sobre el último lanzamiento de la industria del ocio digital.

Evidentemente, cuando hace unos meses mi tiempo libre empezó a escasear tuve que elegir, y sin dudarlo demasiado opté por cuidar de este rincón dejando el tema de los videojuegos exclusivamente a la gente de ultimONivel que está mucho más metida en todo ese mundillo.

Por tanto, puedo afirmar que escribo para llegar a la gente de tal modo que lean algo mío y se sientan identificados con ello o les sirva de distracción / guía / ayuda / consejo a la hora de hacer alguna cosa. No es que quiera ser un gurú espiritual ni nada por el estilo; pero sí que me alegra un montón leer comentarios de personas que muestran su agradecimiento por lo bien que les ha venido una review a la hora de comprarse un móvil o porque alguno de mis textos les ha hecho pasar un rato agradable y despreocupado. Ese es para mí el más grande de los premios a las horas que invierto en este blog cada semana.

¿Para quién escribo?

Después de todo lo que os he contado hasta este punto creo que la respuesta es obvia y, como en el caso anterior, tiene dos puntos principales:

Por una parte escribo para mí mismo: para no olvidar nada de lo que vivo y para que me sirva de espejo en el que reflejarme en el futuro. Dicen que quien olvida su pasado está condenado a repetirlo, así que puesto que aquí están plasmados mis éxitos y mis fracasos, creo que será un buen referente por si llegan tiempos de “desorientación vital”.

Farol

Y claro, también escribo para vosotros: para entreteneros, para serviros de utilidad y para compartir lo que vivo, lo que siento y lo que veo todos los días. Puede que mi vida no de para grandes aventuras, pero salir a la calle y observar todas esas pequeñas cosas que nos rodean ya es en si algo muy grande y es lo que siempre os intento contar aquí.

Por lo tanto este blog depende de dos cosas: de vosotros y de mí. Día a día compruebo como siempre estáis al pie del cañón, así que podéis tener la certeza de yo tampoco os fallaré.

¡Un saludo y mil gracias por estar ahí siempre! :-)





Las bifurcaciones de cada día

3 12 2008

La vida no es otra cosa que una sucesión de bifurcaciones que cada día vamos recorriendo sin darnos cuenta. Tomamos caminos que no sabemos dónde nos conducirán al tiempo que descartamos otros; y lo hacemos con la convicción de que nos espera un futuro mejor.

Si nos parásemos a pensarlo nos convertiríamos en unos paranoicos incapaces de decidir nada sin hacer previamente un preciso cálculo de probabilidades; pero por suerte no somos conscientes de la importancia de las pequeñas decisiones de cada día y nos lanzamos a la aventura de vivir sin más.

Dos caminos





¡Larga vida al bolígrafo Bic!

24 11 2008

Es curioso: por mi mano derecha han pasado decenas de bolígrafos diferentes y aunque unos me han parecido mejores que otros, he de reconocer que hasta el momento ninguno ha conseguido reemplazar definitivamente al mítico boli Bic azul al que vuelvo una y otra vez demostrando que hay inventos que son imperecederos.

Hola!

PD: la mano que sujeta el bolígrafo es la de mi hermana… :-P





Aquella tortura veraniega llamada Vacaciones Santillana

16 11 2008

Mis recuerdos de los veranos en la niñez son por lo general siempre positivos excepto por una cosa que, si nacisteis en la década de los ochenta, tal vez conozcáis vosotros también: el maldito Vacaciones Santillana. Una auténtica tortura patrocinada por los profesores y bendecida por los padres que no servía para otra cosa que amargarle las tardes al estudiante de turno.

vacacionessantillana

Aquel invento del demonio servía en teoría para que los conocimientos que habías adquirido durante el curso escolar no se perdieran en esos tres meses de vacaciones estivales; pero la cruda realidad es que aquello era un tostón que se hacía con desgana y desidia. Si el pobre chaval (es decir; yo) había estudiando durante el curso y había sacado buenas notas (seamos sinceros: había que ser muy vago para suspender en el colegio alguna asignatura) ¿qué necesidad había de amargarle esos meses de diversión y despreocupación escolar? ¿No sirven acaso las vacaciones para cambiar radicalmente la vida monótona y cuadriculada que llevamos durante el resto del año? ¿Acaso mi padre se llevaba cosas del trabajo para hacer durante aquellos días de Agosto?

Incluso ahora le veo todavía menos sentido a aquellas páginas llenas de ejercicios: total, si en el futuro al chaval le da por ir a la universidad ya le tocará pasarse los veranos estudiando para sacar alguna asignatura en Septiembre; pero durante la infancia ese tiempo de vacaciones debería ser sagrado y estar regulado por algún decreto-ley o similar.

Me acuerdo bien de los primeros años de la década de los noventa en los que durante mi estancia en la playa tenía que estar dos horas después de comer (concretamente de 15′00 a 17′00; hay cosas que no se olvidan con facilidad) haciendo los ejercicios del libro de tal modo que refrescara todo el conocimiento que mi mente infantil había recavado durante los largos meses del invierno. Sobre el papel esto es muy bonito, pero en realidad yo sólo me veía sentado en la mesa de la terraza, bostezando, con un calor que ni en el infierno y mirando el reloj una y otra vez deseando que llegaran las cinco de la tarde para irme a la calle a reunirme con mis amigos.

Lo peor del tema es que a mis amigos no les obligaban a rellenar el puñetero cuadernillo, y era habitual dirigir mi vista hacia la calle y verlos en los columpios de la urbanización jugando y durmiendo la siesta sobre el césped. Una auténtica tortura que a día de hoy todavía recuerdo bien. Algún día debería rebuscar por el maletero de mi armario para hallar alguno de esos Vacacioes Santillana, prenderle fuego, grabarlo y subirlo a Youtube. Anda que no me iba a quedar ancho…

p127330

Tengo que confesar que durante aquellas dos horas malditas no hacía ni el huevo, y lo que ocurría es que al final del verano me pegaba una panzada a hacer ejercicios durante dos o tres días para que en el primer día del curso los profesores (los muy mamones te pedían el cuadernillo y todo) creyeran que había sido un chico ejemplar y lo había llevado todo al día durante el verano.

Y si aún aquello me hubiera servido de algo podría entenderlo; pero en el colegio año tras año veías los mismos temas de las mismas asignaturas una y otra vez, sólo que cada curso un poco más ampliados: un año aprendes a sumar, el siguiente a sumar llevando, luego a restar… y así hasta el día que descubres la calculadora.

En fin, ignoro si actualmente el Vacaciones Santillana se sigue vendiendo o alguna asociación de defensores del tiempo libre ha conseguido que el ministerio de educación lo retire del mercado; pero sea como sea a mí ya nadie me devolverá todas aquellas horas de vacaciones perdidas en la terraza del apartamento con un lapicero en la mano y la mirada perdida en el infinito.

img_not_vacacionessantillana

¡Y una leche!

PD: De regalo os dejo… ¡Un anuncio de los odiosos cuadernillos! :mrgreen:






El día que mis padres se dieron cuenta de que ya no eran jóvenes

7 11 2008

Hoy os voy a contar una historia personal que me sucedió hace un par de veranos y que me llamó mucho la atención en el marco de un viaje familiar a Galicia; en concreto en una excursión a la bonita ciudad de Vigo.

Para poneros en antecedentes os comentaré que mis padres, pese a ser cada uno de una punta de España, resulta que veraneaban ambos en Vigo desde su más tierna infancia pero no lo supieron hasta que se conocieron en la juventud por casualidades de la vida que parecen ser algo habitual en la familia. Sea como sea, la primera vez que mis padres se fueron juntos de vacaciones sin más familia de por medio optaron por ir una vez más a Vigo, ya que al fin y al cabo era un lugar especial para los dos y que ya conocían al dedillo.

El tiempo de las cerezas

Eligieron el hotel Nilo, en pleno centro de la ciudad; y antes de que llegara el siguiente verano se casaron, compraron el apartamento de Oropesa del Mar, tuvo lugar mi nacimiento y debido a ello nunca más volvieron a pisar tierras gallegas (pese a que mi padre es de A Coruña) ni disfrutaron de más vacaciones en pareja.

Bueno, pues para resarcirse de todos los años que habían transcurrido desde aquel último viaje al Norte, hace un par de veranos nos fuimos mis dos hermanos, mis padres y yo a pasar una semana en una casa rural de Raxó (Pontevedra). Aquella semana se nos pasó volando y he de reconocer que disfrutamos mucho todos, pero hay un gesto de apenas unos segundos en el rostro de mis padres que todavía no he olvidado y que es en lo que hoy me quiero centrar.

Por las tardes aprovechábamos para hacer alguna que otra excursión por los lugares de los alrededores, y sin duda la que más ganas tenían de hacer mis padres era la que nos llevaba a Vigo, pues querían volver a ver todos los lugares que recordaban cuando eran aún más jóvenes que yo. No paraban de elucubrar sobre cómo estaría aquella cafetería en la que merendaban por las tardes, la plaza que atravesaban cada mañana para ir a comprar el periódico… y sobre todo qué aspecto tendría el tantas veces recordado en charlas de sobremesa hotel Nilo.

Pues bien, tras muchos callejear por calles que en mayor o menor medida habían cambiado su aspecto con el devenir de los tiempos llegamos a la calle del Hotel Nilo. Lo primero que vimos fue la cafetería que os comentaba antes, y por lo que decían su aspecto no había sido demasiado modificado en los últimos treinta años. Sin embargo, cuando llegamos a la puerta del hotel Nilo la sonrisa se les heló a los dos al mismo tiempo con una sincronía asombrosa.

La puerta estaba cubierta de polvo y carteles medio arrancados, las ventanas del primer piso (las únicas que se alcanzaban a ver desde donde estábamos) aparecían completamente opacas y, en resumidas cuentas, estaba claro que el negocio no había ido muy bien en los últimos tiempos y su dueño había optado por echar el cierre definitivo a aquel lugar.

Ambos se acercaron a la sucia puerta de cristal e intentaron atisbar el interior; pero apenas nada se distinguía en la penumbra que reinaba, así que me acerqué con la cámara, limpié como pude un trozo de vidrio con la ayuda de un pañuelo de papel, pegué el objetivo de la cámara contra aquella pequeña transparencia para evitar reflejos indeseados y conteniendo la respiración disparé una fotografía que me permitiera captar aquel instante para siempre. Una ventana al pasado por la que todos nos fuimos asomando uno por uno.

El hotel abandonado

Al margen de que una gruesa capa de polvo cubría todos los elementos de la recepción, las paredes estaban bastante dañadas fruto sin duda de sacar todos los muebles y enseres sin ningún tipo de cuidado. Al fin y al cabo el negocio estaba ya condenado, así que no importaba destrozar todo al desmantelarlo. Mis padres comentaban que aún recordaban haberse sentado alguna vez en los sofás marrones que se ven en primer término y que ahora parecían tener un millón de años. Sin embargo, lo que más me llamó la atención era esa colección de postales que había sobre el mostrador y más aún la hora en la que el reloj (posiblemente el elemento del hotel que más tiempo pudo “sobrevivir”) había decidido dejar de funcionar: las 7:40:10, o tal vez las 19:40:10, de un día indeterminado en un año desconocido para nosotros.

La alegría que mis padres habían mostrado hasta el momento en aquella excursión se terminó en el momento que vislumbraron aquel panorama. Era como si al ver aquella tétrica recepción que en otros tiempos rebosaba vitalidad se hubieran dado cuenta de la cantidad de años que han transcurrido desde que estuvieron allí y todo ese tiempo hubiera pasado en un segundo por delante de los ojos.

No sabría explicaros exactamente qué es lo que vi en sus rostros, pero sí que me di cuenta de que en aquel instante se dieron cuenta de algo que aunque era evidente a veces es difícilo de asumir: ya no eran jóvenes.





El amor y las espinas del pasado

15 10 2008

A veces veo pasar alguna acaramelada pareja delante de mis ojos y no puedo evitar recordarme a mí mismo en parecida actitud tiempo atrás. No sé si es el propio discurrir del tiempo o los batacazos que me he ido dando en la vida en lo que respecta a temas sentimentales lo que me ha hecho ver las cosas desde otro punto de vista; pero el caso es que mi perspectiva con respecto a todo esto ha variado considerablemente desde aquel primer amor platónico de mi infancia.

Anónima pareja de dos

Siempre fui una persona que se enamoraba con facilidad, que dedicaba muchos esfuerzos a la otra persona, que se contentaba con poco; con demasiado poco… y lo poco que necesitaba ni siquiera lo tenía cuando más falta me hacía. No necesitaba grandes viajes ni excéntricos lujos; era feliz con muy poca cosa, pero a veces me paraba a pensar en soledad y me daba cuenta de que en realidad no tenía nada.

El problema es que a medida que caes una y otra vez te vas dando cuenta de que en cada ocasión duele menos, de que te haces más duro, más fuerte y más cauto. Y no dudo de que el tiempo cura las heridas, que los recuerdos buenos son los que al final prevalecen; pero ahora mismo veo imágenes como esa y no me siento para nada identificado pese a que no hace tanto las cosas eran más o menos como las captó el objetivo de mi cámara hace un par de días.

Cactus a contraluz

Desde mi último fracaso personal decidí dedicarme más energías a mí mismo y menos a los demás; y la verdad es que no me puedo quejar porque las cosas han ido mejor desde ese cambio de rumbo. Parece el más puro egoísmo, pero en realidad es el instinto de supervivencia. Al fin y al cabo, cuando el amor se convierte en un camino lleno de espinas es mejor adentrarse entre los árboles y buscar el horizonte por ti mismo.





No existen canciones buenas ni malas

10 10 2008

Tengo una teoría sobre la música desde hace un montón de años: no existen en términos absolutos canciones buenas ni canciones malas. La buena música lo es para nosotros porque la asociamos con cosas agradables o experiencias pasadas muy gratificantes; del mismo modo esa misma canción que a nosotros nos parece una maravilla a muchas otras personas puede no hacerles sentir absolutamente nada.

Este sencillo razonamiento también se puede aplicar al cine, la pintura, la literatura… y es que el arte en general tiene la particularidad de que cada persona puede formarse su propia “visión mental” de lo que tiene ante si, demostrando una vez más que las verdades absolutas son algo en realidad inexistente.

Por ejemplo, ¿por qué me gusta tánto la música de Los Planetas? Pues porque llegaron a mi vida en un momento en el que su mensaje me llegó muy hondo y era justo lo que necesitaba en aquel instante. Y sé que a muchas otras personas el grupo formado por J y compañía les parece un gran bodrio; pero es que como os decía la buena música lo es para cada persona en particular.

Del mismo modo, a veces he escuchado una canción el día que me ha ocurrido algo realmente bueno y tiendo a asociar el recuerdo de aquello con esa canción, ganando por tanto muchos puntos en mi “escalafón musical”. ¿Nunca os ha pasado que una canción que antes no os decía nada se ha convertido de la noche a la mañana en una de vuestras favoritas? Pues si lo analizáis con calma seguro que al final llegáis a la conclusión de que es por algo de esto.

¿Cuál es por tanto la estrategia para encontrar buena música? Muy sencillo: escuchar tanta variedad musical como sea posible. Así tal vez algún día encontremos un grupo que no habíamos escuchado nunca antes y que podamos hacer propio y sentir cosas que nunca antes nos había proporcionado una canción.

¡Que viva la buena música! (de cada uno, claro  ;-) )





La última entrada desde Oropesa

22 08 2008

Bueno, pues ya está: las maletas esperan en la entrada de casa y ya está todo guardado a excepción de este portátil que ha hecho de punto de acceso durante todo el verano con mi exigua conexión de 56 Kb comportándose inmejorablemente bien.

No sé si os lo he comentado alguna vez, pero siempre me gusta escribir una última entrada cuando el verano ha llegado a su fin; y hoy desde luego no va a ser una excepción. Creo que es bueno comentar unas últimas impresiones antes de ir a la cama y emprender viaje poco después.

La verdad es que me siento un poco triste ahora mismo. Tristeza que mañana se habrá pasado en buena medida, pero la verdad es que estos dos días han sido tan especiales que ahora se hace un poco dura la idea de volver a la ciudad y las luces apagadas de esta casa me recuerdan un poco al ligero vacío que siento ahora en el corazón. A veces la vida es un poco injusta, pero creo que las personas merecemos ser felices y la distancia es un cruel enemigo de la felicidad. Yo ya aprendí lo que es eso hace un tiempo y puedo decir que no fue una experiencia muy satisfactoria; saber de otra persona únicamente a través del teléfono y no tenerla cerca para darle un abrazo, un beso o una caricia es algo bastante cruel. Y no ya sólo por mí, sino también por la persona que se queda aquí; pues a tantos kilómetros no soy capaz de sacar lo mejor de mí y la versión de Luis que tendría esa persona sería bastante “descafeinada” comparada con la de estos días. Esa persona es tan especial que se merece lo mejor de mí, y no un montón de lamentos por no poder pasear de su mano por la playa cada dos por tres.

Lo mejor de todo es que me he dado cuenta de que nada ha cambiado dentro de mí pese a los palos que me he ido llevando en la vida. No sé si es que creo firmemente en esta forma de ser que tengo o que en realidad nadie cambia por muchos disgustos que le den. Sea como sea, estoy especialmente feliz de haber conocido a una persona con la que he podido compartir unos días de playa, lluvia, brisa y sol al tiempo que charlábamos de un montón de cosas.

Nadie sabe las vueltas que puede dar la vida, y desde luego no seré yo el que se formule teorías filosóficas sobre lo que puede o no puede pasar en el futuro. Nadie es capaz de hacer planes a largo plazo, y en el río de la vida somos arrastrados por la corriente sin que podamos hacer mucho más que nadar con todas nuestras fuerzas para acercarnos a la orilla que más nos guste.

En fin, después de este rato de filosofía barata, voy a apagar este ordenador, voy a guardarlo en la maleta junto con el resto de mis cosas, me voy a meter en la cama y voy a dedicar mis últimos minutos del verano a pensar en estos días tan inolvidables que he pasado. Ya mañana tendréis tiempo de leer con calma un resumen más extenso de lo que han dado de si este verano del 2008, pero antes de irme a dormir me apetecía contaros cómo me siento en estos momentos.

¡Muy buenas noches y gracias por vuestros minutos!





Pequeñas grandes decisiones

12 08 2008

A lo mejor no nos paramos a pensarlo habitualmente, pero de vez en cuando uno se da cuenta de que al fin y al cabo nuestras vidas se van creando a partir de las pequeñas acciones de cada día. Una tarde cualquiera te dan un folleto con la historia de una fortificación y piensas en hacer un amplio reportaje sobre el tema; preparando la documentación del mismo empiezas a hablar con la persona que está al cuidado del lugar, al final te haces amigo suyo y acabas cenando en animada charla el día que comienza sus vacaciones. Es un pequeño milagro surgido a partir de una simple casualidad, y eso es muy grande porque uno se plantea cosas como: ¿qué hubiera estado haciendo estas tardes si no me hubiera pasado por allí aquel día?

Parking nocturno

La vida da muchas vueltas, eso lo tengo bien claro desde que era pequeño; pero lo que nunca me deja de sorprender es que a las personas más interesantes nos las vamos encontrando de las maneras más curiosas e inesperadas. Así me pasó con Joe, con Javier, con Sonia… y ahora también con Patricia y su amiga Nycolle; lo que me hace ver una vez más que tener una mente abierta y predispuesta a conocer gente hace que de vez en cuando te lleves sorpresas de lo más agradables.

Puede que la pizza no fuera gran cosa, pero al menos estuvimos de charla todo el tiempo y eso siempre deja un buen recuerdo. Echaré de menos las charlas a los pies de la Torre del Rey, pero estoy seguro de que nos volveremos a ver pronto en algún lugar del tiempo.





Cuestión de edad

8 08 2008

Al hilo de un tema que sacó a la luz esta tarde Patricia (la “guardiana” de la Torre del Rey de Oropesa del Mar) he estado dándole vueltas a la cabeza a una pregunta: Si te permitieran quedarte para siempre con cierta edad, ¿qué edad elegirías?

Pues bien, después de haber repasado mentalmente varias épocas de mi vida más o menos felices he llegado a la conclusión de que me quedaría en el tiempo presente porque ahora mismo valoro enormemente todas las experiencias anteriores (buenas y malas) que he tenido hasta este momento. Todo lo vivido hasta este punto es lo que me hace ser como soy, y por lo tanto bienvenidas sean todas esas cosas que han sucedido en el pasado. Considero que cada día que pasa soy una persona más completa y con una perspectiva más amplia de las cosas; algo de lo que me siento de lo más orgulloso.

Sin embargo, quedarse en el tiempo presente para siempre sería triste, porque implicaría no evolucionar más ni acumular más de esas valiosas experiencias que os digo. Por lo tanto, mi respuesta ante la pregunta que os formulaba en el primer párrafo siempre sería, sin duda, “mañana te contesto”.

19