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Lugares abandonados (7)
En los alrededores de mi antiguo instituto situado en el Paseo de las Moreras, hay un bloque de viviendas que poco a poco va perdiendo el esplendor de tiempos pasados. Se trata de unas casas declaradas en estado de ruina, y desde hace unos meses ya hay incluso un proyecto de derribo y construcción de un nuevo inmueble en su lugar.
A día de hoy todavía quedan algunas ocupadas (ignoro el plazo que las familias tienen para desalojar el lugar) pero de vez en cuando paso por allí y me encuentro con alguna recién tapiada para evitar que pueda entrar gente aprovechando el progresivo abandono del lugar.
Después de haber estado pasando por esa calle durante tantos años, algún día se me hará raro ver que el extenso bloque blanco de viviendas de dos alturas que ocupa la mitad de la calle ha dejado paso a un edificio de varios pisos impoluto, ordenado y con jardín.
Echaré de menos el pequeño caos urbanístico de una calle que parece más de pueblo que de ciudad pese a que a escasos metros de ella se extienda una de las principales vías de Alcalá de Henares: Ronda Fiscal.
Funcionamiento del sensor y valores ISO
Me gustaría tratar en este artículo dos conceptos muy relacionados entre si: el principio de funcionamiento del sensor de una cámara y la variación de la sensibilidad ISO. Vais a ver que algo como cambiar el valor ISO antes de tomar una fotografía no es más que actuar sobre la señal digital generada por el propio sensor, así que lo mejor es que comencemos a ver cómo se transforma la luz en señales eléctricas para repasar luego cómo trata la electrónica de la cámara dichas señales.
¿En qué se basa el sensor de una cámara digital?

El sensor de una cámara digital está formado por una matriz de fotocaptores, que son unos componentes electrónicos que reaccionan ante la luz dando a su salida una señal eléctrica proporcional a la intensidad lumínica que incide sobre ellos. Cada uno de estos fotocaptores reacciona ante un color primario (rojo, verde o azul), por lo que cada píxel de una fotografía es “pintado” por tres de estos componentes (aunque en realidad son cuatro porque el verde se repite debido a la estructura del patron Bayer).
La imagen que tenéis a continuación sería una pequeña porción de la superficie de un sensor vista al microscopio; siendo cada una de esas “burbujas” un píxel.

Claro, en el diagrama vemos que cada píxel sólo reacciona ante uno de los tres colores anteriormente mencionados, así que… ¿cómo se determina la mezcla de colores que define el tono final de cada punto de la imagen?
Aquí es donde entra en acción el famoso patron Bayer, que no es más que una interpolación de los valores de los píxels con sus adyacentes para, mediente complejas fórmulas matemáticas, hacer un promedio con el que averiguar el color de cada píxel que forma la imagen.
Con el siguiente corte lateral os podréis hacer una idea de cómo capta la imagen el sensor de la cámara: la luz atraviesa unas minúsculas lentes para concentrarla sobre la superficie de cada uno de los fotocaptores de cada píxel (se diferencian mediante los filtros cromáticos que hay en ellos) y al llegar a lo que es el fotodiodo como tal (la parte de electrónica interna de cada fotocaptor) se convierte en un impulso eléctrico que interpretará el circuito electrónico de la cámara.

Pues bien, lo que llamamos sensibilidad ISO no es más que una medida de la capacidad del sensor de la cámara para captar la luz (hace años indicaba la sensibilidad de los carretes, así que el concepto sigue siendo el mismo). Los sensores digitales tienen una sensibilidad base única (ISO 200 en la mayoría de las réflex Nikon) y partir de ella se ponen a disposición del fotógrafo múltiplos y divisores para ayudarle a adaptarse de la mejor manera posible a la iluminación existente ya que, a diferencia del carrete, podemos cambiar ese valor en cada fotografía que vayamos a disparar.
A grandes rasgos, cuanto más alto es el valor ISO más sensibilidad va a mostrar la cámara. Si, por ejemplo, pasamos de ISO 200 a ISO 400 la cámara va a ser el doble de sensible ante la luz, por lo que podremos disparar la fotografía con una velocidad el doble de rápida que la original para congelar el movimiento o bien cerrar un paso el diafragma (un paso significa una diferencia del doble o la mitad en la cantidad de luz) empleando la misma velocidad que en la fotografía a ISO 200, permitiéndonos obtener una mayor profundidad de campo. Hay multitud de combinaciones en función del efecto que queramos obtener en la fotografía; pero todo se basa en jugar con los cuatro principios básicos de la fotografía digital.
ISO por encima del valor base
Al seleccionar un valor ISO por encima del base estamos amplificando la señal que sale de cada fotocaptor; y más cuanto más alto sea el ISO seleccionado. Suponiendo un ISO base de 200, al seleccionar 400 estamos amplificando la señal por dos, con ISO 1600 la amplificamos cuatro veces… y así sucesivamente.
Obviamente de la nada, nada se saca (como decía un profesor de mi colegio al referirse a los alumnos más vagos) por lo que esa amplificación de la señal conllevará una cierta pérdida de calidad debida a que el paso de analógico (mundo real) a digital (sensor) lleva aparejado un cierto error que, aunque sea muy pequeño, también es amplificado junto con el resto de la señal, por lo que a ganancias elevadas éste empieza a ser visible. Vamos a ver esto mismo con un ejemplo un poco más tangible:
Imaginad que tenemos una grabación de voz en la que hay un siseo de fondo que representa solamente un 1% de lo que se escucha por los altavoces. El ruido será tan bajo que va a ser indistinguible incluso cuando estemos callados; pero si amplificamos la grabación ocho veces, la relación entre la señal y el ruido no va a cambiar (seguirá siendo un 1% de lo que se escucha) pero cuando estemos callados el siseo va a escucharse ocho veces más alto que en la grabación original, por lo que en este caso será claramente distinguible.
Más o menos así es como se justifica lo que os explicaba el otro día sobre que el ruido de una fotografía se aprecia sobre todo en las zonas oscuras de la misma (serían como los silencios en nuestra grabación) por lo que tratando que la imagen quede expuesta de una forma uniforme y luminosa, el ruido no debería ser un gran problema aunque estemos empleando valores ISO elevados.
ISO por debajo del valor base
Por su parte, también pueden existir valores ISO inferiores al de base (para permitirnos tiempos de exposición más o menos largos en condiciones de mucha luz o la posibilidad de abrir mucho el diafragma); algo que se lograría atenuando la señal procedente de los fotocaptores. Si a partir de un ISO base 200, atenuamos la señal a la mitad tendremos un ISO 100; y si la atenuamos a una cuarta parte obtendremos un ISO 50.
De cualquier modo, como en cualquier proceso realizado sobre una señal digital codificada, va a haber una cierta pérdida de calidad que, si bien no va a ser tan evidente como en el caso de la amplificación, viene a decirnos que si queremos obtener la mejor calidad de imagen (para un trabajo de estudio o para fotografías “tranquilas” y en condiciones luminosas adecuadas) lo ideal sería emplear el ISO base de la cámara.
Cuando mi amigo Joe pasó directamente de una cámara analógica a una réflex digital, lo que más le gustó (casi más que el hecho de poder ver los resultados inmediatamente en pantalla) fue la posibilidad de variar el valor ISO a voluntad y de manera instantánea; pues en las cámaras de carrete no te quedaba más remedio que aguantar con la misma sensibilidad durante todos los fotogramas del rollo aunque a una foto nocturna le siguiera al día siguiente otra a pleno sol.
Bueno, ahora ya sabéis todo lo que estáis desencadenando en la electrónica de vuestra cámara cada vez que hacéis algo tan sencillo como cambiar el valor ISO antes de disparar una fotografía. ¿Os imaginabais que ocurrían tantas cosas ahí dentro?
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Fotografiando trenes en la estación de Oropesa
El viernes por la tarde estuve cerca de una hora en la estación de trenes de Oropesa del Mar. Recuerdo que de pequeño iba allí a menudo con mi abuelo a verlos pasar y la verdad es que me apetecía mucho recordar aquellos ratos de nerviosismo al saber que estaba a punto de atravesar la estación un tren sin parada que a su paso removía todos los papeles que había en el suelo del andén.
Obviamente me llevé la cámara de fotos para ver si era capaz de captar alguna imagen de recuerdo y tengo que reconocer que se disfruta un montón cuando uno va a fotografiar algo sin prisa y sin mirar el reloj. Tras casi un centenar de fotografías de diversos trenes que pasaron por allí y de alguna cosa curiosa que vi, he decidido seleccionar una docena para compartir con vosotros un rato de relax absoluto al ritmo de una tarde que parecía no terminar jamás.
Por cierto, durante toda la “sesión fotográfica” sonaron en mis auriculares canciones aleatorias de los tres discos de Bloc Party. ¡Son buenísimos!
Inspiración vs. horarios
Nunca he visto una forma más elegante de decir “abrimos y cerramos cuando nos da la gana” que la de esta tienda de tatuajes situada en las inmediaciones del parque O’Donell de Alcalá de Henares.
HORARIO
El arte no tiene un horario comercial, por lo tanto abrimos de lunes a viernes desde las 16:30 hasta las 20:30h, si el tiempo lo permite y el artista se encuentra inspirado.
Shenmue
Descubrí Shenmue sentado en el mismo sofá donde hoy escribo estas líneas aporreando el teclado de mi portátil. Fue hace ya unos cuantos veranos; cuando traje mi recién comprada Dreamcast para aprovechar los tiempos muertos de un mes en el que no había gran cosa que hacer por aquí.

No vine con muchos juegos porque apenas tuve tiempo (ni dinero) para comprar tres títulos en las escasas dos semanas que hubo entre la adquisición de la máquina y el viaje a la playa; pero recuerdo bien que mi ocio digital durante aquel verano se repartió entre Metropolis Street Racer, Quake 3 Arena y Shenmue (su primera parte; pues no conseguí la segunda hasta un par de años después). En Alcalá ya había probado durante algunas horas los dos primeros títulos, pero decidí reservar la aventura de Ryo Hazuki íntegramente para ocupar mis horas de asueto en el apartamento.

Sin embargo, pese a que desde entonces considero que Shenmue es una auténtica obra maestra de los videojuegos, mi primera toma de contacto con él fue un completo desastre: me puse a jugar después de comer y ante el pausadísimo ritmo de las primeras horas de juego… ¡me quedé dormido con el mando en las manos!
Shenmue no es un juego en el que nada más presionar el botón de START estemos ya metidos de lleno en la acción; sino que sus inicios consisten en unas secuencias cinemáticas que nos van metiendo en la piel del protagonista de la gran historia que narra el título y que transcurre en el Japón de los años 80. Algo más de treinta minutos durante los cuales apenas tocaremos el mando de la consola y tras los que nos esperan varias horas consistentes en dar vueltas y más vueltas por la casa y la ciudad con objeto de ir familiarizándonos con todo lo que nos rodea y las posibilidades que tenemos (que no son pocas).

Una vez superada esta etapa inicial, Shenmue comenzará a mostrarnos todo su potencial: poco a poco nos veremos envueltos en una trama llena de bandas callejeras, amores a medio gas, venganza, mafias, revelaciones del pasado, reliquias mágicas… Todo ello aderezado con unos inmensos escenarios recreados empleando ciertas zonas de la ciudad de Yokosuka y decenas de personajes con los que podremos interactuar y dialogar. Tampoco faltarán combates de acción, pruebas de habilidad, meteorología cambiante, la existencia de ciclos solares que nos obligarán a terminar nuestras tareas dentro de unos horarios estipulados…
Y hablando de tareas, en este juego el dinero no nos caerá del cielo, así que si queremos juntar algunos ahorros tendremos que buscar un trabajo y cumplir nuestro cometido con responsabilidad. Un dinero que luego podremos gastar en máquinas recreativas, capsule toys, bebidas, tiendas, pagar el billete del autobús y algunas cosas más. Algo que da al titulo una humanidad y una cercanía con el jugador que no he vuelto a sentir más que en la segunda parte de este mismo juego (donde todo se llevó un poco más allá todavía).

Reconozco que nunca me he alegrado más de darle una segunda oportunidad a un videojuego: Si tras aquella frustrada primera vez el título hubiera acabado enterrado en el fondo de un cajón me hubiera perdido un montón de horas de disfrute. Por suerte, un par de días después decidí recomenzar el juego pensando que si tanta fama tenía sería por algo y, esta vez más espabilado, comprendí que a Shenmue no se puede jugar desde la perspectiva de un espectador; sino metiéndose en la piel de Ryo Hazuki; un chico que ansía vengar la muerte de su padre y que no se detendrá ante nada para lograr su propósito. Shenmue es un título que te hace sentir las cosas que le suceden a su protagonista provocándote gracias a ello tristeza, temor o alegría según se va desarrollando el guión; y eso es algo de lo que muy pocos títulos pueden presumir.

Shenmue fue un magno proyecto del equipo AM2 de SEGA con Yu Suzuki a la cabeza y que tenía más aire de cine que de videojuego (de hecho se contrataron a diferentes actores de doblaje para que cada personaje que aparecía en el juego tuviera una voz diferente); y aunque el listón parecía difícil de superar, la aparición de su continuación consiguió lo que parecía imposible: crear un título todavía más rico en detalles, más grande, más largo y más intenso. Disfruté con Shenmue II tanto como con su antecesor (de hecho, considero a las dos partes como un mismo videojuego; imposibles de separar) pero, si os parece, lo trataremos de una forma similar a éste en una futura entrada.
El título del que hoy hablamos costó la friolera de 70 millones de dólares, convirtiéndose en el juego más caro de la historia hasta el momento. Un coste que reportó unas pérdidas tremendas a SEGA debido a la escasa cantidad de consolas Dreamcast que se vendieron; y es que para haber cubierto los gastos de producción tendrían que haberse vendido dos Shenmues por cada máquina distribuida en el mundo.
Pero aun entendiendo que Shenmue representa un gran agujero en el bolsillo de SEGA, no puedo dejar pasar la ocasión de decir en voz alta que la compañía japonesa nos dejó colgados de mala manera a todos los que vivimos con intensidad las aventuras de Ryo, pues la historia se queda abruptamente cortada al final de la segunda parte y jamás se ha anunciado el desarrollo de la tercera. Rumores y más rumores; pero jamás ha habido nada tangible por parte de la empresa responsable de la saga.

En parte es lógico, pues Shenmue (y sobre todo Shenmue II) fueron títulos que costaron muchos millones de dólares y sus ventas tampoco es que fueran como para tirar cohetes, por lo que la compañía decidió no seguir perdiendo dinero y canceló la futura tercera parte. Ojalá algún día la veamos en algún formato, pero a día de hoy las posibilidades de que aparezca un hipotético Shenmue III son bastante remotas porque las nuevas hornadas de jugadores seguramente lo vean como algo “fuera de lugar” y, desgraciadamente, los jugones de la vieja escuela no somos tantos como para que nos hagan caso.

¡Buena suerte en tu aventura, Ryo!
NOTA: todas las fotografías que ilustran este artículo son propiedad de www.shenmuedojo.net; un lugar más que recomendable para ponerse al día sobre esta auténtica obra de arte digital.
Creo que aquí el tiempo transcurre más despacio
Es increíble lo que me cunde el tiempo aquí: Llegué hace una semana escasa y durante estos pocos días he disparado algo más de setecientas fotografías, he avanzado un montón el proyecto de fin de carrera, he bajado casi todos los días a la playa un ratillo, todas las tardes me he dado una vuelta con mi hermano y (lo que más me llama la atención) he redactado una quincena de artículos técnicos sobre fotografía de los que ya he publicado cuatro de ellos; por lo que ese será uno de los puntos fuertes del blog a lo largo de las próximas semanas.
No sé si es que aquí el tiempo cunde más, si el cambio de aires me ha dado alas o si dormir mucho me hace ser un poco hiperactivo; pero sea como sea, me alegra ver que mi inspiración no se ha secado como llegue a pensar en Alcalá alguna que otra vez poco antes de venir.
¡Buenas noches!
¿Por qué un 50mm no deforma las imágenes?
Siempre se ha dicho que un objetivo con una focal fija de 50mm no produce deformaciones en las imágenes. Las líneas rectas fotografiadas a través de ellos serán completamente rectas y, por lo general, van a ser los objetivos que más calidad de imagen den, mayor apertura tengan y, además, vamos a poder adquirirlos a un precio bastante asequible para las prestaciones que ofrecen.
¿Dónde está el secreto de estas ópticas? ¿Por qué pagamos veinte veces más por un objetivo 70-200 f/2.8 que no es tan luminoso ni tan nítido como un simple AF Nikkor 50mm f/1.8 D que nos ha costado apenas 120 euros?
Pues bien, no hay truco ni secreto: la sencillez es la clave de todo esto. Un 50mm es un objetivo con una construcción óptica simplísima. Con apenas seis o siete lentes dispuestas de una forma totalmente simétrica ya tenemos el objetivo diseñado, por lo que el coste es muchísimo menor que el de una óptica con veintiuna lentes y un montón de capas especiales puestas para evitar flares y aberraciones varias.

Diseño óptico de un 50mm f/1.4
La ausencia de distorsión de un 50mm se debe precisamente a esa simetría a la que me refería hace un momento: la imagen atraviesa la óptica sin apenas necesidad de variar su amplitud. En un gran angular lo que se hace es condensar un campo de visión muy amplio sobre la pequeña superficie del sensor, y de ahí que siempre existan deformaciones.
Del mismo modo, empleando un teleobjetivo hay de adaptar el estrecho ángulo de visión resultante a la superficie del sensor; algo que se hace mediante un complejo sistema de lentes que se puede apreciar en el esquema óptico de cualquier objetivo de este tipo.
Sin embargo, el 50mm no tiene esa necesidad porque prácticamente se limita a dejar pasar la realidad a través de sus lentes sin necesidad de expandirla y contraerla a continuación o viceversa. Un 50mm es casi como poner un tubo vacío delante del objetivo y dejar que a través de él pasen todas las cosas que vemos.

Es esa misma simpleza la que le hace ser tan nítido (no es lo mismo atravesar siete lentes que veintiuna), tener una gran apertura y, sobre todo, ser relativamente barato. Su pega es que sobre un sensor de tamaño DX (o APS-C como también se les llama) se queda un poco “largo” y perdemos su similitud con la vista humana tal y como os contaba en la review del Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G; pero el resto de características quedan intactas, por lo que sigue siendo una gran óptica para darse cuenta de que en fotografía muchas veces lo más sencillo es lo que mejor funciona.
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Lugares abandonados (6): Taller mecánico en la Avenida de Guadalajara
Hay un antiguo taller mecánico situado en la avenida de Guadalajara (en pleno centro de la ciudad de Alcalá de Henares; frente a la estación de Continental Auto) que siempre me ha llamado mucho la atención porque parece sacado de la serie “Cuéntame”.
El viejo logotipo de Citroen en el frontal, la carpintería (todavía en funcionamiento) que hay junto a él, el tono azul de la decoración y esa puerta de madera que no se ve en ningún negocio desde hace décadas hacen que me fije en él con atención cada vez que paso a su lado. No puedo evitarlo.
Y estoy seguro de que dentro de no mucho tiempo lo derribarán y acabarán edificando algún lujoso edificio residencial; así que al menos aquí quedará mi particular recuerdo de un lugar que considero bastante pintoresco dentro de la ciudad.
Agosto
Son los pequeños detalles los que, sin mirar un calendario, nos dicen que ha llegado el mes de Agosto.
Tarde gatuna
Los jardines de la Torre del Rey de Oropesa del Mar están plagados de gatos. La gente que pasa por allí les suele dejar comida y agua, por lo que los felinos están contentos y cada vez en mayor número. Además, es un lugar en el que se pueden cobijar y que se cierra al público por las noches, por lo que allí se sienten más o menos seguros.
Bueno, pues el caso es que hoy estuve por allí con mi hermano y mi cámara (qué novedad, ¿no?
). En principio quería hacer unas fotografías de paisaje desde lo alto de la torre, pero como la tarde estaba muy poco clara por efecto de la bruma decidimos rodear la torre por los jardines en busca de algún gato que hubiera por allí y que se dejara fotografiar un rato.
Y el caso es que gatos había unos cuantos, pero de primeras se extrañaron de nuestra presencia y salieron por patas (o más bien por pezuñas
). Sin embargo, echándole un poco de paciencia y quedándonos estáticos en la misma posición durante un buen rato, algunos de ellos fueron cogiendo confianza y empezaron a arrimarse un poco a nosotros.
El caso es que al final conseguí alguna que otra fotografía medianamente decente, así que para no perder las costumbres me gustaría compartirlas con vosotros. ¡Miau!
Fotografiando con un teleobjetivo
Si en la entrada anterior decíamos que los angulares exageran la separación entre los planos de una imagen, un teleobjetivo presenta el efecto contrario: comprime los planos en el eje Z de tal modo que, debido a su gran longitud focal, las cosas parecen estar más cerca entre si de lo que en realidad están.
Por ese motivo se emplean mucho para retratos, ya que podemos alejarnos bastante del sujeto (es un poco incómodo posar con naturalidad teniendo un objetivo pegado a tu nariz), alisan las facciones de la cara y hacen que el fondo de la imagen no nos distraiga del motivo principal como podéis ver en el siguiente ejemplo:
Un teleobjetivo no es la mejor opción para fotografías de paisaje generales, y si se os ocurre salir a la calle sólo con él enseguida echaréis de menos una óptica con menor longitud focal como me ocurrió a mí el día del incendio detrás de la fábrica GAL.
Sin embargo, los objetivos largos no tienen rival para captar los detalles que nos pillan un poco lejos de nuestro alcance: esa flor un poco elevada a la que no nos podemos acercar más, ese pájaro que saldría volando si damos un paso más…
A mí me llaman mucho la atención este tipo de ópticas porque me permite captar pequeñas cositas que en una fotografía más general pasarían completamente desapercibidas; pero también es verdad que abultan bastante y es complicado disparar a pulso con ellos a no ser que tengamos mucha luz ambiental. Por ese motivo uso menos de lo que me gustaría mi AF-S DX Nikkor 55-200mm 1:4-5.6 G ED; pero eso no quita que de vez en cuando lo saque de casa para tratar de exprimirle todo el jugo posible.
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Fotografiando con un angular
Aunque mucha gente tiende a pensar que cuanto más angular sea un objetivo más cosas entrarán en la fotografía, la verdadera “fuerza” de este tipo de ópticas es su capacidad de exagerar las diferencias entre los conceptos de “cerca” y “lejos” (olvidaos hoy por un rato de las lecciones que Coco nos enseñaba en Barrio Sésamo
).
Una fotografía de paisaje realizada con un gran angular sin tener algún elemento cercano suele ser, por lo general, bastante sosa. Además, en ese caso gran parte de la imagen va a quedar vacía (más cuanto más angular sea el objetivo) porque al entrar tantas cosas en la fotografía, muchas veces no vamos a saber con qué rellenarla. Tenéis un ejemplo en la siguiente imagen que he captado expresamente para aclarar el concepto de “fotografía de paisaje sosa”

Ejemplo de fotografía realizada con un angular que no dice absolutamente nada (y qué mal queda el horizonte justo en medio de la imagen, ¿verdad?)
La gracia de las ópticas angulares es la perspectiva que nos dan y lo lejos que aparenta estar el fondo con respecto a lo que hay en primer plano. Además, no hay que olvidar que gracias a la técnica de la distancia hiperfocal vamos a poder tenerlo todo enfocado incluso aunque haya bastante distancia entre el primer plano y el fondo.
De cualquier modo, me gustaría aprovechar para comentar que un angular no es la óptica ideal para retratos, pues además de que por sus características va a mostar unos rasgos faciales algo alargados en imágenes captadas muy de cerca, no va a ser capaz de aislar el motivo principal del fondo como haría un objetivo de distancia focal algo más larga.
Pues bien, la próxima vez que hagáis una fotografía de paisaje con un angular, probad a meter algo en primer plano; algo que sitúe al espectador en un lugar real y no en medio del vacío. Si os fijáis en la siguiente imagen, podréis observar que la simple barandilla que aparece en primer plano nos hace sentir parte de la escena en lugar de mostrarnos un paisaje sin más.
Ese es el aspecto que más me gusta de los grandes angulares: que son capaces de hacernos sentir en medio de la historia que narra la fotografía. Y si a día de hoy no me he hecho con un 10-20 o algo así es porque cuestan una pasta (ninguno baja de los 500 ó 550 euros) y no está la economía como para andar haciendo gastos superfluos. De todos modos, si las imágenes que ilustran esta entrada han sido tomadas con un objetivo de 18mm en sensor DX, imaginaos lo que debe ser rebajar esa distancia focal casi a la mitad…
En otra entrada hablaremos de los teleobjetivos, que realizan justo el efecto contrario a los angulares y también son bastante interesantes
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Estadísticas: Julio de 2009
Jamás de los jamases pensé que podría haber tal diferencia de visitas entre un mes y otro; pero Julio casi ha triplicado la afluencia de público con respecto a Junio (si bien es algo que luego matizaremos) hasta el punto de que soy consciente de que la bonita gráfica ascendente que os iba mostrando mes a mes ha quedado marcada para siempre con un prominente pico. Si alguna vez consigo superar de nuevo este número de visitas creo que será cuando Madrid haya conseguido celebrar unos juegos olímpicos.
En total, durante el mes de Julio ha habido 54474 visitas al blog, lo que representa un incremento del 239% con respecto al mes anterior. El promedio diario durante este periodo de tiempo se sitúa en 1757, siendo el máximo mensual el correspondiente al día 8 con 5718 visitas y el mínimo al 25 con 574.
De cualquier modo, quiero dejar claro que estos datos hay que cogerlos “con pinzas”, pues durante las dos semanas posteriores a la muerte de Michael Jackson hubo en el blog una auténtica avalancha de visitas provocada por aquella entrada comentando el suceso como muestra la siguiente gráfica desglosada por días:
Una vez pasado todo el boom mediático las visitas se han vuelto a estabilizar entre 700 y 800, cosa que me parece que está más que bien teniendo en cuenta que estamos en pleno verano y pensé que os olvidaríais de mí durante los meses de calor
. Sin embargo, cada mes me sorprendéis más y me hacéis ponerme manos al teclado con ilusión en busca de nuevas ocurrencias sabiendo que siempre estáis ahí.
¡Muchas gracias a todos los que os pasáis por este rinconcito de Internet de vez en cuando!











































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