Después de un montón de años he cambiado de reloj

Hace unos meses os hablé del reloj que hasta hace apenas un rato me solía acompañar siempre. Un curioso modelo con más de 10 años cuya correa elástica y sus manecillas en forma de espinas de pescado suelen llamar la atención de mi interlocutor a la vez que presenta la ventaja de ser comodísimo de llevar. Como se ajusta a la muñeca sin apretar demasiado pueden pasar días enteros y olvidarte de que lo tienes puesto; pero claro, tiene dos inconvenientes:

Por un lado no es resistente al agua, por lo que incluso para darme una simple ducha tenía que andar poniéndomelo y quitándomelo. Teniendo en cuenta lo despistado que soy para ese tipo de cosas tan mecánicas, más de una vez me he dado cuenta de que lo tenía puesto ya metido en la ducha y me ha tocado hacer malabarismos para dejarlo en la estantería del baño.

Por otra parte, no casaba demasiado con mi atuendo en la oficina: si vas con una camiseta y zapatillas pega muy bien; pero cuando vistes con camisa y zapatos, un reloj tan brillante y de aspecto desenfadado “canta” un poco más de la cuenta. Buscaba, por tanto, un término medio (yo siempre llevo el mismo reloj; paso de andar cambiándomelo según la ropa que lleve) que me sirviera tanto para cuando voy más o menos “formal” como para cuando me lanzo a la calle con unos vaqueros viejos y una camiseta de Barrio Sésamo.

Así que nada; sin tener ninguna idea preconcebida de marca, modelo o presupuesto y haciendo caso a uno de esos “impulsos consumistas” que de vez en cuando experimento :mrgreen: , me acerqué esta misma tarde a la relojería Román situada en la Calle Mayor; lugar donde suelo acudir siempre que hay que cambiar alguna pila o correa.

Al final, después de un par de minutos hablando con la chica de la relojería, me decanté por un modelo de Lotus bastante sencillo (fecha y hora; no necesito más), con caja y correa de titanio y de un tamaño más o menos contenido, pues en mis finústicas muñecas no pegan absolutamente nada relojes mastodónticos. Me tiró mucho lo del titanio porque hace años ya tuve un modelo de este material que me gustaba especialmente por su poco peso y porque es un metal extremadamente resistente que no se pone feo con el paso del tiempo. Tal vez sea una simple manía, pero si llevo algo en las muñecas ha de lo suficientemente ligero como para no acordarme de que está ahí al caminar o al teclear. Por cierto, aquel modelo que os digo murió cuando Joe decidió comprobar en la piscina sin mi permiso si era resistente al agua… :-(

A grandes rasgos os puedo comentar que se trata del modelo denominado 15327/1 (un nombre todavía más intuitivo que los que emplea Nokia para sus teléfonos móviles), pesa 54 gramos, es de color gris mate, la esfera tiene el fondo blanco con números negros en cursiva, la caja tiene un espesor de apenas 7 milímetros y es resistente a la inmersión hasta 50 metros. De todos modos, os pongo una fotografía del reloj en su estuche, que será más explicativa que cualquier texto descriptivo que pueda escribir.

Lotus 15327/1

En fin, reconozco que la compra de este reloj ha podido tener una cierta componente de capricho más allá de una necesidad real, pero… ¿Acaso no nos merecemos todos que nos regalemos algo de vez en cuando?  ;-)

La primera vez que veo un correo phising (y me ha parecido MUY cutre)

Ayer Lunes, cuando encendí el ordenador en la oficina, aluciné porque en la bandeja de entrada del correo se había colado un mensaje de phising. Lo sé, por desgracia el spam no es algo tan raro y desde luego que no es la primera vez que ocurre; pero lo que me llamó la atención es que era la primera vez que veía un mensaje de phising con mis propios ojos, y he decir que me pareció una de las cosas más cutres que he visto en la red de redes en los últimos tiempos.

Para uso particular siempre empleo mi cuenta de correo de gmail, que tiene filtros muy buenos y es realmente raro que se cuele algún mensaje indeseable en la bandeja de entrada, pero en el trabajo el servidor de correo es propio y a veces nos entra algún elemento no deseado como el que os voy a contar hoy.

Antes de nada, me gustaría comentaros que un correo phising consiste en un engaño mediante en el que alguien intenta hacerse pasar por tu banco tratando mediante “ingeniería social” que les des tu clave de banca por Internet para a continuación meterle mano a tus ahorros y hacer una transferencia con destino a la cuenta de los ladrones.

Pues bien, esto es lo que me encontré hoy al abrir el Outlook (en casa uso el más que recomendable Thunderbird, pero en la oficina usamos todo de Microsoft; aunque he conseguido que el administrador instale GIMP en los ordenadores de todos mis compañeros):

cajamar phising

El correo en cuestión. Pinchad en la imagen para verlo a su tamaño original.

¿Por qué me llamó la atención este engaño? Muy simple: por lo burdo que es y por el poco cuidado en los pequeños detalles que, por suerte, ponen sus creadores a la hora de crear el correo engaño. Vamos a verlo punto por punto:

- Lo primero de todo: no tengo cuenta en Cajamar; empezamos mal.

- Redacción muy pobre y con multitud de faltas ortográficas. De la estructura del mensaje mejor ni hablamos, porque en preescolar ya escribía cosas mejor expresadas que estos párrafos.

- Alarmismo general a lo largo y ancho de todo el texto, recordando al final que si no damos los datos se suspenderá nuestra cuenta. Me recuerda a los típicos correos del palo “¡Van a cerrar Hotmail si no envías esto a 500 personas!”.

- ¿Para qué necesita el banco que les demos nuestros datos de acceso? Se supone que el administrador del sistema puede entrar en los datos de los clientes sin necesidad de andar dando la lata a nadie.

- Logo de Cajamar cutre-salchichero y pixelado en la esquina superior izquierda. Lo mejor para cuidar y reforzar la imagen del marca del banco, por supuesto.

- Claro, lo más lógico es que use mi cuenta de correo del trabajo para registrarme en el banco, de tal modo que si pasado mañana me despiden puedo ir diciendo adiós a cualquier notificación que me envíen en el futuro.

- El aviso me llega ayer, 18 de Mayo de 2009 y lleva fecha de 2008; ¿por qué tengo entonces nada más que 24 horas para responder?.

- Ni me molesté en pinchar en el enlace, pero vamos, ya me imagino que no debe ser muy complicado contratar un domino llamado cajamar.net, cajamar.com o lo que sea para despistar al personal (el dominio original del banco es cajamar.es).

En fin, de verdad, patético. No sé si habrá gente que pique con estas cosas; pero de verdad que tengo serias dudas de que los capullos que hay detrás de estas cosas se vayan a llevar un duro. Es posible que haya otros engaños más trabajados que éste, pero vamos, que si todos están igual de cuidados que el que hoy os muestro está claro que el gremio de los chorizos informáticos está más en crisis que ninguno.

Geoposicionando nuestras fotografías

Hace ya unas semanas que os hablé de Panoramio; un servicio en Internet cuya utilidad es visualizar sobre un mapa las fotografías que vamos haciendo para ver de una manera gráfica e intuitiva por dónde hemos estado usando nuestra cámara.

Hasta ahora he situado sobre dicho mapa las fotografías “a mano”; lo cual es lento aunque no complicado si están hechas en algún lugar conocido, pero todo un infierno si ha sido disparadas en medio de algún lugar no identificable (una autovía, el trayecto de un barco…). Para estos casos el posicionamiento mediante un sistema GPS va a ser nuestro mejor aliado, pues nos va a dar nuestra posición con una precisión de apenas unos metros en cualquier parte del mundo siempre que estemos a cielo abierto, quedando el punto de disparo de la imagen perfectamente definido.

Accesorios específicos para geolocalizar fotografías

Hay aparatos diseñados para acoplarse en la zapata del flash de algunas cámaras digitales (sin ir más lejos, Nikon comercializa uno llamado GP-1) que no son otra cosa que un receptor GPS que almacena las coordenadas del lugar donde hemos disparado la fotografía y las almacena directamente en los datos EXIF de la toma.

nikon-gp1

Nikon GP-1 montado en una D90

Estos aparatos son bastante caros y están enfocados a gente que realiza grandes trabajos de exploración que han de ser cuidadosamente documentados, quedándose un poco “grandes” para la mayoría de los usuarios que emplea esto del geoposicionamiento como un simple medio de colocar sus fotos en el mapa sin perder demasiado tiempo en ello.

Por otra parte, Sony tiene a la venta un aparato más sencillo denominado GPS-C1 pero casi igual de funcional que el que os comentaba hace un momento: se trata de un pequeño receptor en forma de llavero que va almacenando las coordenadas GPS cada cierto número de segundos almacenándolas en una memoria interna. Esto nos va a permitir añadir esas coordenadas a las fotografías realizadas mediante una sencilla comparación entre la hora del GPS y la de la cámara (para lo cual han de estar perfectamente sincronizadas) que se encarga de realizar el software que Sony incluye con su unidad.

Sony_GPS-CS1_2

Lo peor del primer método (el receptor acoplado en la zapata del flash) es que son aparatos diseñados para cámaras específicas porque es necesario un intercambio constante de información entre el receptor GPS y el cuerpo de la cámara mediante una conexión por cable. De hecho, el modelo comercializado por Nikon sólo sirve para sus propias cámaras réflex de gama media-alta comercializadas en los últimos meses (de la D90 para arriba). Lo mejor de estos dispositivos es que no hay que realizar ningún proceso posterior, pues desde el momento en que pulsemos el disparador las coordenadas GPS quedarán grabadas en los datos EXIF de la fotografía.

Sin embargo, el receptor GPS “independiente” tiene la ventaja de que sirve para cualquier aparato capaz de captar fotografías, pues lo único que hace falta es que las horas de ambos dispositivos estén sincronizadas al segundo, valiendo por tanto incluso para la cámara de un teléfono móvil. En caso de emplear uno de estos receptores GPS vamos a ver que el proceso es algo más laborioso, pero también mucho más flexible y, sobre todo, barato.

El aparato que Sony sacó a la venta hace ya unos cuantos meses fue la punta de lanza de un movimiento que ha puesto la geolocalización muy de moda y al alcance de todo el mundo, pues internamente dicho receptor apenas difería de los que ya se encontraban en el mercado, siendo necesario únicamente desarrollar un software con una funcionalidad similar al comercializado por el gigante japonés de la electrónica.

Y una vez puestos en situación, vamos a ver qué debemos hacer para introducir nuestras coordenadas GPS en las fotografías que hagamos.

Usando nuestro propio receptor GPS

Para realizar este proceso con nuestra propia cámara (sea la que sea) sólo nos van a hacer falta dos cosas:

- Un receptor GPS de tipo datalogger (memoria interna para almacenar los datos de posición que vaya generando)

- Un software específico que se encargue de introducir las coordenadas GPS en las fotografías realizadas.

En mi caso particular, tengo la suerte de que ya contaba con un receptor GPS con las características necesarias: se trata del Woxter BT-Tracer 100 del que hice una review en los primeros días de este blog. Un sencillo y pequeño aparato que podemos configurar para que grabe los datos de un máximo de 25000 puntos a una velocidad máxima de un punto por segundo; más que suficiente para poder almacenar una larga ruta con detalle.

GPS Woxter BT-Tracer 100

Por su parte, el software que empleo para introducir los datos GPS en las imágenes es un plugin para Adobe Lightroom que creó un usuario hace ya un tiempo y que podéis encontrar en http://regex.info/blog/lightroom-goodies/gps . Se trata de un software donationware que funciona muy bien y de una manera bastante sencilla, pero para su instalación es absolutamente necesario poseer Adobe Lightroom 2.

El proceso no es ni mucho menos complejo, pues a grandes rasgos de lo que se trata es de descargar las fotografías al ordenador como solemos hacer habitualmente, transferir también los datos que ha ido grabando el GPS durante nuestro periplo fotográfico y a continuación dejar que el software apropiado se dedique a comparar las horas de ambos elementos y vaya introduciendo en los datos EXIF de cada imagen las coordenadas GPS correspondientes.

Dos ejemplos prácticos de geolocalización

1. Ruta a pie

Mi primer contacto “serio” con el geoposicionamiento de fotografías tuvo lugar el pasado 1 de Mayo; día en el que me fui a Madrid de visita aprovechando para llevarme mi D40 y el receptor GPS que os decía antes. Encendí el GPS nada más salir de Alcalá, lo metí en un bolsillo exterior de la bolsa de la cámara y estuve disparando fotografías durante todo el día, sincronizando los datos al regresar a casa y llevándome la sorpresa de la gran precisión general del posicionamiento de las mismas.

Si echáis un vistazo a los datos EXIF de las fotografías que conformaban la entrada en la que os relataba mi paseo por la calle de Alcalá veréis que todas ellas tienen coordenadas GPS integradas. De ese modo, en cuanto se suben las fotografías a Flickr o a Panoramio, estas se colocan automáticamente sobre el mapa ahorrándonos un rato de trabajo en busca del lugar preciso desde donde fue disparada la fotografía.

Evidentemente, los GPS en ciudad a veces tienen ligeras desviaciones porque la señal no llega con toda la calidad necesaria al estar moviéndonos entre edificios altos, pero en general, si os fijáis en mi mapa de Flickr acercándoos a la zona comprendida entre Manuel Becerra y la calle Goya, veréis que las fotografías están localizadas en su correcto lugar de toma (siempre que conozcáis esa zona, claro  ;-) ) y que coinciden con el recorrido marcado en rojo en la siguiente captura de Google Earth, que no es otra cosa que mis propios pasos aquel día por las calles de Madrid grabados por el receptor GPS que llevaba conmigo.

Recorrido a pie entre Manuel Becerra y la calle de Alcalá

En color rojo, track generado y exportado a google Earth a partir de mi recorrido a pie entre la plaza de Manuel Becerra y la calle Goya (pinchad en la imagen para verla a su resolución original de 1920 x 1080)

2. Disparando desde el coche

Como segundo ejemplo os pongo una fotografía que realicé antes de entrar en Madrid a primera hora de la mañana para demostrar la utilidad práctica de localizar una fotografía cuando no tenemos una referencia muy clara para emplazar el lugar de disparo. En este caso podríamos intuir dónde ha sido realizada viendo los edificios del entorno y la vegetación, pero imaginaos una situación parecida en un tramo de la A-3 entre Cuenca y Valencia donde hay kilómetros y kilómetros de paisaje muy similar.

Por supuesto, al tener las coordenadas GPS en los datos EXIF la fotografía ha sido situada automáticamente en el mapa de Flickr, del que también os ofrezco una captura para que os hagáis una idea de la precisión de este método de geolocalización de imágenes.

Entrando a Madrid por la A-2

Entrando a Madrid por la A-2. Al fondo se ven los edificios de Avenida de América

Captura

La entrada a Madrid por la A-2 en mi mapa de Flickr. La fotografía anterior está tomada en el punto rosa que se ve en la parte superior derecha de la imagen con el coche avanzando hacia la izquierda.

Resumiendo

El empleo de esta técnica de geolocalización de fotografías es realmente simple: como veis, el único secreto consiste en tener perfectamente sincronizadas las horas de la cámara y el receptor GPS. Algo realmente sencillo de lograr, pues el GPS tiene la hora perfectamente ajustada gracias a que se sincroniza automáticamente con los relojes atómicos de los satélites y la cámara la podemos sincronizar con la hora del ordenador, que se actualiza frecuentemente con algunos servidores horarios de Internet que son casi igual de precisos.

Tras la sesión fotográfica ya sólo nos queda descargar al ordenador tanto las imágenes en si como el track extraído del receptor GPS para “unirlos” con el software apropiado (yo empleo el plugin que os decía antes para Lightroom, pero hay más programas disponibles para este fin) y tener nuestras fotografías perfectamente localizadas.

Una vez terminado el proceso ya tendremos nuestras fotografías con las coordenadas GPS introducidas en los datos EXIF de la fotografía, por lo que cualquier programa o servicio online que sea capaz de reconocerlos hará uso de ellos y sabrá colocar nuestras imágenes sobre el punto del planeta en el que fueron realizadas.

* Todos los artículos de este tipo en http://luipermom.wordpress.com/fotografia

Coldplay regala en su web un disco con canciones en directo

Si sois seguidores de Coldplay ya sabréis lo que os voy a comentar, pero en caso contrario os alegrará saber que el grupo británico ha decidido poner a disposición del público de forma completamente gratuita un disco llamado LeftRightLeftRightLeft (vaya tela con el titulito) consistente en versiones en directo de algunas de sus canciones a través de su página web de un modo muy similar a lo que hizo Radiohead con su álbum In Rainbows.

leftright_tracklist

Lo único que se nos pide a cambio es una dirección de e-mail a la que seguramente nos llegará publicidad de vez en cuando, pero creo que la iniciativa merece la pena, pues es la prueba palpable de que algo está cambiando en el arcaico sistema de distribución de la música.

Yo lo acabo de descargar ahora mismo, así que me voy a poner a escucharlo. Ya os contaré  ;-)

Siempre hay algún idiota

La teoría de la navaja de Occam dice: en igualdad de condiciones la solución más sencilla es probablemente la correcta.

Siempre hay algún idiota

Por eso mismo, la explicación más simple a este hecho no es que un cigarrillo encendido haya prendido algún papel y haya ocasionado este desaguisado; sino que algún idiota habrá tirado una cerilla dentro y se habrá entretenido en ver arder lo que hasta ayer era una papelera.

Me gustaría estar equivocado, pero viendo la cantidad de becerros que hay sueltos por la ciudad me temo que esto no ha sido un accidente.

La plaza de Cervantes vista un par de metros por encima de lo habitual

Cada vez que paso por el centro de Alcalá de Henares no puedo evitar recorrer la plaza de Cervantes de un modo u otro. Hay bastantes vías alternativas que evitan pasar por ese lugar, pero es que esta plaza siempre ha ejercido sobre mí un particular magnetismo que me hace atravesarla siempre que tengo ocasión.

El caso es que ayer por la tarde salía de la calle Mayor para enfilar Libreros y me encontré con un escenario recién montado en el extremo Norte de la plaza. Supongo que será para algún evento que se realizará allí este fin de semana, pero aprovechando que llevaba la cámara encima (¿y cuándo no? :-P ) no tardé ni medio segundo en decidir subirme allí y realizar algunas fotografías para sacar la plaza al completo aplicando aquello que os contaba sobre la distancia hiperfocal.

Una tarde cualquiera en la plaza de Cervantes

Es cierto que algunas personas me miraron con cara un poco rara cuando aparecí allí arriba cámara en mano, pero enseguida se olvidaron de mí y la fotografía quedó bastante natural. Eso sí, una pena esa bandera que se ve en la parte derecha y el cable que cruza la plaza de lado a lado; pero bueno, eso es lo que se veía y eso fue lo que retraté.

¡Feliz fin de semana! ;-)

Mis 10 mejores fotografías

Esta es una idea que ya se me había ocurrido hace tiempo, pero que había ido postergando hasta que hace unos días me puse “manos a la foto” y la llevé a la práctica.

Se trata de algo bastante sencillo, pero que requiere de mi atención si quiero que el invento tenga el efecto deseado: he creado un álbum de sólo 10 fotografías en Flickr donde tendré puestas las que para mí sean las más logradas. La gracia del asunto consiste en que como en fotografía siempre se va mejorando (es algo que he podido comprobar desde que empecé a disparar mis primeros carretes hace 20 años) cada cierto tiempo la selección irá cambiando y, por tanto, elevando su calidad (o eso espero).

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Poco más que explicar, la verdad. Os dejo la dirección del álbum en modo presentación por si os apetece echarle un vistazo en un minuto (no se tarda más en verlo) sabiendo que ahí os encontraréis siempre lo más representativo de lo que he captado con mi cámara.

MIS 10 MEJORES FOTOGRAFÍAS

¡Un saludo y gracias por vuestra atención!

Isabel Gemio

Si la persecución gatuna de hace unos días fue una pesadilla un poco atípica, creo que lo que os voy a describir hoy lleva el concepto de sueños extraños a un nuevo nivel. Es una pena que ya no viva Sigmund Freud, porque seguro que se enganchaba a este apartado del blog.

El caso es que iba de camino a la estación de autobuses de Alcalá para acudir a una presentación en Madrid; algo de lo más habitual hace unos meses, cuando tenía tiempo para colaborar con la gente de ultimONivel (aunque dentro de poco os comentaré algo sobre ese tema).

Pues bien, resulta que andaba medio resfriado y con la nariz tan congestionada que apenas se me entendía al hablar. Cuando fui a echar mano a mi paquete de pañuelos de papel me encontré con que no llevaba ni uno encima, así que me tocaba buscarme la vida de algún modo. Era primera hora de la mañana de un Martes: nadie en las aceras, ni siquiera se veían coches por las calles… así que se me ocurrió la idea de entrar en mi antiguo instituto para ver si alguien tenía un Cleanex que dejarme.

Sin embargo el instituto parecía haber pasado a la dimensión oscura de Silent Hill, pues estaba todo lleno de mugre, las paredes con pintadas, los pasillos y las aulas en tinieblas… Me dirigí a uno de los baños (todavía recordaba exactamente dónde se situaban de los años en los que estudié allí) y me llevé la sorpresa de que el cuarto de baño estaba medio derruido.

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Vueltas y más vueltas por los pasillos; arriba y abajo por las tres plantas de un edificio completamente abandonado. No quedaba ni un sólo cuarto de baño en pie, así que opté por dejar atrás aquellas paredes y dirigirme a la estación de autobuses para llegar a tiempo al acto.

No recuerdo bien cómo fue el trayecto en el autobús; debí dormirme, pero sí que tengo claro que aparecí en la puerta del hotel Palace; lugar que ya conocía porque allí acudí a un par de presentaciones hace poco más de un año. Allí, un botones uniformado me coge la maleta en la que llevo mi portátil y mi cámara de fotos para acompañarme hasta un lujoso salón en el que va a dar comienzo la presentación.

Nada más entrar me encuentro un proyector escupe imágenes del último modelo de lavadora de Siemens. El producto no tiene nada que ver con videojuegos, pero la estructura del acto no difiere demasiado de lo que estaba acostumbrado a cubrir meses atrás. Es curioso, pero pese a ser algo muy diferente de lo que había hecho hasta el momento no me sentía extrañado ni fuera de lugar.

Saco mi cámara y disparo como un loco a la flamante lavadora como si se tratara de Hideo Kojima. Como me suele ocurrir en estas cosas, comienzo mi tarea con disimulo y al final termino por levantarme de mi sitio y plantarme al pie del escenario para sacar una mejor perspectiva del lugar. A la gente le gusta ver fotografías, así que siempre intento captar la máxima información gráfica posible.

Vuelvo a mi sitio repasando las fotos en la pantalla de la cámara, pero al pasar por una de las filas de invitados siento que una mirada me recorre de arriba a abajo. Llego a mi asiento y pocos segundos después aparece Isabel Gemio que se sienta en una silla contigua a la mía. Era ella la que me miraba con atención segundos antes, y sus primeras palabras fueron: “¿Ya no te acuerdas de mí?”.

Isabel llevaba un vestido negro escotadísimo, unas medias brillantes y unos zapatos de tacón rojos; hay que reconocer que estaba realmente atractiva; y aunque juraría que jamás había cruzado una palabra con ella, una cierta sensación de familiaridad recorría mi memoria.

Parecía enfadada, sin duda. Es una virtud que algunas mujeres tienen; y es que sólo con aquellas seis palabras que Isabel acababa de pronunciar había conseguido desatar en mí una auténtica tormenta de extrañas sensaciones.

- Tenías mi número; podías haberme llamado, ¿no?

- Isabel, ¿qué número? ¿De qué me estás hablando?

- Es increíble, Luis – (¡Isabel Gemio conocía mi nombre!) -. Con todo aquello que dijiste y ahora, tres meses después, dices que no te acuerdas de mí… ¡¡Esto sí que no me lo esperaba de ti!!

Isabel Gemio parecía conocerme, estaba claro; así que era bastante posible que tuviera razón en todo lo que estaba diciendo, de modo que decidí asumir la situación de que algo en mi cabeza se había cortocircuitado por alguna extraña razón y no recordaba nada de lo que me estaba diciendo.

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- Isabel, no sé qué me ha ocurrido. No recuerdo nada de lo que me ha sucedido en los últimos meses, y eso te incluye a ti. No soy capaz de acordarme de lo que tenemos ambos en común, y mucho menos de tu número…

En ese momento caí en la cuenta de que hacía casi un año que no había cambiado de teléfono móvil, de modo que si ella tenía razón, en la agenda estaría su número… Ante su mirada lo saqué del bolsillo de la chaqueta, consulté la agenda y… allí estaba ella; el único contacto que aparecía en la letra G. Isabel Gemio. 637897….

- 653 – añadió ella completando el número.

Vale, conocía a Isabel; pero… ¿por qué tenía su número? Conozco a mucha gente, pero el número de teléfono sólo lo tengo de los más allegados, así que… ¿qué pintaba aquella conocida presentadora de televisión en mi vida?.

Consulté también el historial de llamadas, y eso sí que me dejó helado: había un par de llamadas entrantes la última semana. Las dos eran de Movistar; publicidad lo más seguro. Sin embargo, había más de una decena de llamadas anteriores que yo mismo había hecho al número de Isabel. Llamadas de más de una hora en todos los casos. También había tres o cuatro llamadas de larga duración realizadas por ella, así que ahora entendía todavía menos mi situación.

El acto continuaba: en ese momento Fernando Romay estaba sobre el escenario presentado un frigorífico cuya principal cualidad es que tenía todavía más altura que él. Sin embargo, desde que Isabel se sentó a mi lado y había comenzado a descubrir todas estas cosas, había dejado de prestar atención a lo que Siemens quería enseñarnos.

De hecho ya me daba exactamente igual aquel acto al que había acudido. Me importaba muy poco el reportaje que tenía que publicar a continuación porque en realidad lo único que quería saber era lo que había ocurrido en mi vida durante los últimos meses, pues aquella amplia laguna mental me estaba atormentando terriblemente.

Isabel se puso muy seria. Cruzó los brazos y dirigió su vista al frente. Tras diez segundos de silencio dijo: “Bueno, no sé qué te ha podido ocurrir, pero también es cierto que tenía tu número y yo tampoco he sido capaz de llamarte”. Parecía que la situación se relajaba un poco, pero yo seguía sin tener ninguna respuesta a aquel extraño misterio.

No sabía por qué no recordaba nada de la última etapa de mi vida y tampoco sabía que había ocurrido entre Isabel Gemio y yo tres meses atrás. Sin embargo, mi curiosidad nunca fue satisfecha, pues un rayo de sol iluminó mis párpados y los abrí de par en par comprobando que estaba en la tranquilidad de mi habitación a las nueve de la mañana de un Domingo cualquiera.

De todos modos no me levanté al momento, pues me quedé un buen rato allí tumbado recordando lo que había soñado. Las dos fases de aquella experiencia onírica eran a cada cual más extraña; pero sobre todo intentaba atar los cabos que habían hecho aparecer todos esos elementos en mi mente durante la noche. No lo conseguí; tan sólo pude hayar una explicación para lo de ir al Palace a una presentación; pero todo lo demás carecía de aparente sentido… ¿y no es precisamente eso lo que da un cierto aire de misterio a esa parte de nuestro inconsciente que se despierta cada noche?

Los datos EXIF de una fotografía digital

Ya os he hablado alguna que otra vez de cosas como la apertura, la distancia focal, el tiempo de exposición, la sensibilidad ISO… Pues bien, los datos EXIF (exchangeable image file format) no son más que esos parámetros (junto con muchos otros más) grabados como información adjunta en cada fotografía, de tal modo que podemos disponer al instante de los datos de esa toma para poder comprender bien dónde estuvo el error o el acierto a la hora de capturar una instantánea.

Los datos EXIF de una fotografía digital son el mejor modo de aprender de nuestros fallos e ir mejorando como fotógrafos. Desde luego, no es un concepto nuevo, pues cuando las cámaras de carrete dominaban el mundo, los fotógrafos iban apuntando en una libreta los tiempos de exposición, aperturas y demás parámetros empleados en cada toma para luego al revelar ver qué había fallado en determinada imagen y cómo podría haberse corregido.

Los datos grabados varían con cada cámara; siendo, a nivel general, las cámaras réflex las que mayor variedad de información guardan. De todos modos, incluso las cámaras de los teléfonos móviles almacenan algún tipo de información básica sobre la toma, por lo que os podéis imaginar que esto de lo que os estoy hablando hoy es algo de lo más normal.

Vamos a tomar como ejemplo la siguiente imagen tomada con la D40 hace unos días para ver sus datos EXIF y así hacernos una idea mejor de lo que podemos consultar en ellos:

Jugando al escondite

Una de las cosas que más me gustan de Flickr es que podemos consultar los datos de una fotografía sin más que pulsar en el enlace correspondiente, aunque también podemos ver los datos EXIF de una imagen en Windows si pulsamos con el botón derecho sobre ella, elegimos “propiedades” y a continuación activamos la opción “avanzadas”. Sea como sea, os voy a pegar a continuación la información principal que vamos a obtener de la imagen anterior y así comentamos sobre algo tangible:

Cámara: Nikon D40
Exposición: 0,002 sec (1/500)
Aperture: f/8.0
Lente: 18 mm
Exposición: 0.00
Velocidad ISO: 200
Tendencia de exposición: -2/3 EV
Flash: Auto, Fired, Return not detected

File Size: 1943 kB
File Type: JPEG
MIME Type: image/jpeg
Image Width: 2958
Image Height: 1967
Encoding Process: Baseline DCT, Huffman coding
Bits Per Sample: 8
Color Components: 3
X-Resolution: 240 dpi
Y-Resolution: 240 dpi
Software: Nikon Transfer 1.3 W
Date and Time (Modified): 2009:03:25 21:27:45
Exposure Program: Aperture-priority AE
Date and Time (Original): 2009:03:25 12:26:21.10+01:00
Date and Time (Digitized): 2009:03:25 12:26:21
Max Aperture Value: 3.5
Metering Mode: Multi-segment
Light Source: Unknown
User Comment: luipermom@*****.*** (editado para evitar mensajes de spam)
Sub Sec Time Original: 10
Sub Sec Time Digitized: 10
Sensing Method: One-chip color area
CFAPattern: [Blue,Green][Green,Red]
Custom Rendered: Normal
Exposure Mode: Auto
White Balance: Auto
Digital Zoom Ratio: 1
Focal Length In35mm Format: 27 mm
Scene Capture Type: Standard
Gain Control: None
Contrast: Normal
Saturation: Normal
Sharpness: Normal

Como veis, el primer bloque es el que contempla los parámetros más básicos de la imagen, y con ellos es más que suficiente para hacernos una buena idea de los parámetros técnicos que se han empleado en su captura. Pero no acaba aquí la cosa ni mucho menos, pues a continuación tenemos un extenso segundo bloque (que he cortado más o menos por la mitad) en el que hay información complementaria sobre aspectos más técnicos como la compresión de la imagen resultante, el software empleado, el patrón de colores del sensor de la cámara, la apertura máxima del objetivo… y un parámetro bastante interesante que es un breve texto que podemos definir en nuestra cámara de tal modo que todas las fotografías lo lleven adjunto. En mi caso tengo puesta mi dirección de mail para, en caso de dudas, poder probar la autoría de una determinada fotografía.

Como podéis ver los datos EXIF son una poderosa herramienta para poder conocer las “interioridades” de una fotografía, así que no menospreciéis su poder y cuando veáis  una fotografía que os llame la atención echadle un vistazo a estos datos porque os pueden dar alguna que otra pista sobre cómo la ha realizado su autor.

¡Un saludo!

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Hasta siempre, Antonio

Reconozco que la noticia de la muerte de Antonio Vega no me ha pillado por sorpresa, pues su deterioro era más que evidente en los últimos años. Sin embargo, eso no evita que sienta una cierta pena por la pérdida de uno de los grandes músicos de nuestro país.

Puede que sus composiciones no destilaran demasiada alegría, pero es que en la vida ha de haber momentos para todo; y Antonio Vega supo poner en muchas ocasiones una melancólica banda sonora a mis días más tristes.

Me gusta pensar que Antonio ahora descansa en el sitio de su recreo, un lugar donde seguro que puede seguir dando rienda suelta a sus tristes sentimientos.

¡Hasta siempre, Antonio!

La tarde en la que pasé miedo de verdad (2ª parte)

Cuando vi a César y al resto del grupo apenas 24 horas después de lo ocurrido en el interior de aquella casa maldita parecían bastante más relajados que yo. Mi cara era un poema porque no había podido conciliar el sueño y todavía  me duraba todo el miedo pasado allí dentro, así que no se podía decir que estuviera ni mucho menos relajado.

Sin embargo, ellos parecían estar bien; como un día cualquiera. Algo no me encajaba y además, ¿por qué habían venido todos si en teoría sólo habíamos quedado César y yo? Algo dentro de mí me dijo que era el único de los presentes que no sabía realmente qué había ocurrido en aquella tarde de Viernes, y mis sospechas se confirmaron segundos después.

Lo primero que César dijo cuando me acerqué al grupo fue que me había portado como un valiente. Que aunque había pasado un mal rato, no me había puesto a llorar ni nada por el estilo como ellos habían pensado. Me habían elegido a mí para gastarme una monumental y macabra broma por mi afición a los libros de Stephen King. “¿Te gusta el terror? ¡Pues toma dos tazas!”, pensaron.

Aunque de primeras me sentí como un idiota, he de reconocer que se curraron un montón todo aquello, pues cuando me fueron contando cómo habían planeado cada acción comprendí que necesitaron bastante tiempo tanto para la planificación como para los diversos ensayos que hubo que hacer.

En el umbral de la puerta

El misterio de que en las habitaciones sucedieran cosas extrañas y que al acudir a ellas no hubiera nadie se explica porque existe un corredor exterior por fuera de las tres habitaciones de la parte trasera de la casa que comunicaba todas ellas entre si. Puesto que además esa parte del edificio daba a un patio interior deshabitado y que cuando César y yo entramos a la casa era de noche cerrada, fue algo que a mí me pasó completamente inadvertido.

Pero vamos a ir repasando paso por paso la secuencia de hechos para que comprendáis qué ocurrió realmente:

Aunque parecía que el resto del grupo no había podido venir, en realidad Iván, Diego y David estaban ya metidos en la casa cuando César y yo nos encontramos. Estaba cada uno en una habitación, y al pasar delante de sus puertas salían al corredor exterior de tal modo que no les podíamos ver desde el pasillo gracias a las tinieblas que reinaban en aquel lugar.

Nada más entrar por la puerta (algo fácil de averiguar gracias al ruido que hacía al abrirse) Diego, que estaba en la habitación del fondo, comenzó a arrastrar una cadena que había cogido del taller mecánico. Y claro, en cuanto escuchó que estábamos próximos a la puerta de la habitación en la que se encontraba salió al corredor exterior de tal modo que a mí me pareció que allí no había absolutamente nadie.

Diego había terminado en ese momento su cometido dentro de la casa, de modo que recorrió todo el corredor hasta la habitación pegada a la puerta para salir por ella mientras yo miraba dentro de la habitación en la que sonó la cadena. Ese es el momento en el que sonó aquel portazo y giró la llave que había sido hábilmente dejada allí por César para que Diego cerrara por fuera en cuanto saliera de allí. Primera parte completada; Cesar y yo estábamos atrapados y con dos personas más dentro de la casa dispuestas a hacernos pasar un mal rato.

Los cristales rotos eran de unas ventanas desencajadas que había en una de las habitaciones de la casa. David tenía un mazo de goma (también sacado del taller) con el que golpeó en ese momento uno de los vidrios y también provocó un poco más tarde el segundo estruendo de cristales. Del mismo modo, aquel sonido inquietante que me recordaba a los pasos de un gigante no era más que el propio David golpeando las paredes de la habitación con ese mismo mazo; y os aseguro que retumbaba por toda la casa de tal modo que te ponía el corazón en un puño.

Cuando César me hizo entrar en la habitación que daba a la calle (la del colchón viejo), Iván salió de su escondite para coger el viejo impermeable que colgaba en el perchero del fondo pasillo. Gracias al ruido que se colaba por la ventana sin cristales, el continuo martilleo de David y lo que César estaba diciendo a gritos no escuché ningún sonido extraño en dicho pasillo. La intención de esto es que al salir de la habitación me fijara en que el impermeable ya no estaba allí, pero yo no me di ni cuenta; algo lógico teniendo en cuenta lo alterado que me encontraba.

La segunda rotura de cristales era la señal para que Diego volviera a abrir la cerradura y se escondiera detrás de la vidriera de la escalera. En esos momentos es cuando César me decía que había que salir corriendo hacia la puerta a toda velocidad sin saber que haciendo eso estaba creando la situación óptima para la ejecución del penúltimo susto: cuando iba recorriendo a toda velocidad el pasillo, Iván, desde la penumbra de una de las habitaciones, lanzó el impermeable a mi paso para que me cubriera por completo y a continuación volvió a esconderse en el oscuro corredor exterior por si me daba la vuelta y me ponía a “investigar”.

Por fin, cuando César abrió la puerta y comenzamos a bajar le tocaba el turno a Diego que, armado con un rodamiento metálico, destrozó una de las vidrieras de la escalera al vernos al trasluz bajar los escalones. Aquel fue el último golpe de efecto de una función absolutamente brillante que consiguió hacerme creer por unas horas que había vivido una auténtica pesadilla y que, como os decía, me impidió dormir un sólo minuto aquella noche.

Fue fascinante comprobar cómo César, David, Iván y Diego ejecutaron aquella compleja coreografía sin que me diera cuenta de nada. Me impresionó escucharles contar lo que ahora os he narrado yo a vosotros, porque claro, una vez finalizada la explicación todo encajó; pero en aquella tarde aciaga de Viernes os aseguro que todo parecía tan real que jamás he vuelto a pasar tanto miedo en mi vida a pesar de que ya han pasado quince largos años.

La tarde en la que pasé miedo de verdad (1ª parte)

Hay lugares que parecen enterrados en la memoria hasta que un día te encuentras con ellos de nuevo sin saber muy bien por qué. En ese momento todos los recuerdos dormidos durante tanto tiempo regresan de golpe a tu mente y te llevan a épocas pasadas en las que todavía quedaba lugar para la inocencia. Tal vez ahora, quince años después, si me sucediera algo como lo que os voy a narrar no reaccionaría como en aquellos tiempos; pero lo único que sé es que a día de hoy todavía recuerdo perfectamente lo que vi y lo que sentí. Lo vivido aquella tarde de primeros de Diciembre no me dejó dormir ni un minuto por la noche; y esas cosas marcan.

Os digo esto porque hoy me gustaría contaros una historia que no recordaba desde hace muchos años referida a un negocio de coches usados que el padre de un amigo del instituto tenía cerca de la antigua plaza de toros de Alcalá de Henares. Se ve que tan olvidada no tenía esta historia, porque cuando hace unos días me fui a dar una vuelta por la ciudad cámara en mano y pasé por la puerta de ese lugar, al ver que no había cambiado nada en absoluto comencé a recordar todos los detalles del mal rato que pasé en una tarde de invierno cuando apenas llevaba tres meses en el instituto y todavía estaba conociendo a mis nuevos amigos.

Hice la fotografía que tenéis a continuación, guardé la cámara, me quedé mirando a aquellas ventanas sin cristales y como por arte de magia los recuerdos comenzaros a aflorar en mi mente…

El escenario de una tarde de terror

Aquel negocio de compraventa de coches era del padre de mi amigo César. En realidad todo el edificio era de él, aunque sólo empleó la planta de abajo para montar “Automóviles Avenida”, quedando la planta de arriba en su estado original.

Por aquella época me juntaba también con Diego, Raul, Iván, David y Roberto; gente de mi recién estrenado instituto con los que pasaba los recreos y también alguna que otra tarde allá por el año 1995. En nuestras conversaciones surgió más de una vez esta casa, pero siempre rodeada de un aire de misterio porque César solía contar historias del oscuro pasado del inmueble. En ellas nos decía que se trataba de un lugar en el que se escuchaban ruidos extraños y se movían las cosas sin que nadie las tocara. César nos decía también que aunque su padre había prohibido a todo el mundo entrar en aquella planta abandonada cerrándola con llave, había conseguido una copia con la que podríamos entrar a explorar aquel territorio misterioso y desconocido.

Quedé con toda mi pandilla un Viernes a las siete de la tarde en la puerta de la tienda (ese portalón acristalado que se ve en la parte derecha de la fotografía), pero como los exámenes quedaban cerca al final fui el único en acudir a la cita. Allí estaba César, quien pese a la poca asistencia se mostraba decidido a que entráramos los dos, pues ese día el negocio estaba cerrado por asuntos personales. Cualquier otro día hubiera sido imposible entrar a la planta prohibida porque su padre hubiera estado en la recepción y no nos hubiera dejado pasar de ninguna de las maneras.

César abrió la puerta de la tienda y a continuación atravesamos el garaje que ocupaba toda la parte de ventanas enrejadas pintada de verde. Allí estaba la crujiente escalera con vidrieras casi opacas que daba acceso a la planta de arriba; y es que aunque entonces allí había un negocio de coches, no hay que olvidar que en realidad todo aquel edificio había sido la casa de una familia décadas antes.

El sonido de los pies en los peldaños podridos ya empezaba a atemorizarme, pero ni mucho menos me hizo sentir el vuelco en el estómago que experimenté al tener delante de mi la pesada puerta desvencijada y resquebrajada que daba acceso a la planta abandonada donde se supone que ocurrían cosas que sólo podía imaginarme gracias a las novelas de Stephen King que solía leer. De cualquier modo, no sabía yo que tras esa puerta chirriante me esperaba uno de los peores ratos que he pasado en mi vida, porque de haberlo sabido hubiera dado media vuelta antes de poner siquiera un pie en el umbral.

César sacó su llave del bolsillo, dio dos vueltas a la cerradura y empujó la pesada puerta. Pasaron unos segundos hasta que mis ojos se habituaron a la penumbra, pues aunque las ventanas no tenían cristales ni persianas, la única luz presente en el lugar era la que se colaba del exterior. Fue entonces cuando divisé un largo pasillo con un perchero al fondo y un viejo impermeable colgado en él. César me pidió silencio con un gesto, y poco a poco empezamos a adentrarnos por el pasillo que daba acceso a las diferentes estancias de lo que en su día debió ser un lugar cálido y acogedor, pero que en ese momento a mí me parecía lo más inhóspito del mundo y comencé a preguntarme qué estábamos haciendo allí.

Llegamos a la altura de la primera habitación (recuerdo que había tres puertas en la parte izquierda del pasillo y dos en la derecha) y en ese momento se escuchó un leve sonido metálico en una de las del fondo. Al ser tan poca cosa lo interpreté como algún ruido que se había colado desde el exterior o algo así, pero justo cuando iba a abrir la boca el sonido se repitió, sólo que esta vez con mucha más fuerza: era una cadena; una cadena que se arrastraba por el suelo. A mí se me heló la sangre en las venas al tiempo que César parecía estar también asustado, pero aún así avanzamos un poco más en un busca del origen de aquellos sonidos.

Llegamos a la habitación del fondo a la izquierda y… no encontramos nada; absolutamente nada. Sin embargo, el mayor susto me lo llevé cuando la puerta por la que habíamos entrado a la casa hacía unos segundos se cerró con un fuerte portazo y comenzó a sonar la cerradura. Corrí hacia allí pero ya era demasiado tarde: la puerta estaba cerrada y no había manera de salir por allí si no era con la llave que César tenía en el bolsillo. Comencé a gritarle a César que teníamos que salir de allí, que sacara la llave y abriera la puerta de una vez, pero me dijo que la había dejado colgando en la cerradura y que por lo tanto estábamos atrapados.

Pasé unos segundos muy malos porque pensé que corríamos un verdadero peligro. No creía mucho en casas embrujadas ni cosas por el estilo, pero aquella situación me estaba desbordando y al mismo tiempo veía que César también estaba empezando a perder el control, pues empezó a dar patadas a una pared al tiempo que decía a los espíritus de aquella casa que se manifestaran si se atrevían.

Un estruendo de cristales rotos volvió a cortar mi respiración; seguíamos sin estar solos en aquel maldito lugar. César comenzó a gritar y yo empecé a decir que deberíamos salir a un balcón a pedir ayuda, pues alguien pasaría por la calle. César dijo que había que pensar en algo para salir de allí, pero justo entonces un sonido martilleante comenzó a sonar por toda la casa: era como si un ser gigantesco hubiera cobrado vida y estuviera caminando por algún lugar. No sé por qué, pero comencé a imaginar unas garras peludas y enormes avanzando por una de las habitaciones y a punto de salir por el pasillo para atraparnos, lo que contribuyo a que mi pánico fuera en aumento.

César me hizo pasar a una de las habitaciones que daba a la calle, pero el acceso al balcón estaba bloqueado por un sofá raído y de un color indeterminado por el paso del tiempo. Allí, en la oscuridad, se veía un colchón con una gran mancha oscura apoyado en la pared y un mueble de cajones totalmente destrozado por su parte superior. En otra de las habitaciones volvían a sonar cristales rotos y en ese momento la cerradura de la puerta volvió a girar dos veces. La puerta estaba de nuevo abierta, pero lo que no sabíamos en ese momento es si quien estaba dentro de la casa había salido o tal vez habrían llegado nuevos invitados.

Le pregunté a mi amigo qué hacer, y me dijo que deberíamos arriesgarnos y tratar de cruzar todo el pasillo para salir de allí. No podíamos permitir que se volviera a cerrar aquella pesada puerta, de modo que a la de tres saldríamos ambos corriendo hacia ella tratando de hacerlo lo más rápidamente posible. Respiré, hice acopio de energías y comencé a contar: “Uno, dos… ¡tres!”

Salí a toda velocidad delante de César sin mirar hacia ninguna otra cosa que no fuera la puerta de salida, pero aproximadamente a la mitad del trayecto sentí que algo se movía a mi derecha y se echaba encima de mí: no supe lo que era, pero en cuanto me tocó noté que era algo de tela muy áspera y reseca. Aterrado, di un grito que retumbó en todo el pasillo y a punto estuve de tropezar con mis propios pies al tiempo que apartaba aquella tela de mí con asco y miedo. Seguí corriendo con el corazón galopando en la garganta y tratando de que mi imaginación no pusiera forma a aquella amenaza, pues sólo contribuiría a hacerme sentir más frágil.

Llegué a la ansiada puerta que me parecía infinitamente lejana. Se escuchaban aullidos al fondo del pasillo, pero ya no sabía si era César o cualquier otra persona. Comencé a patear la puerta con todas mis fuerzas, dando de lleno con la planta de mis pies para intentar abrirla. No recordaba que abría hacia dentro, y que así nada iba a poder hacer por abrirla. César me alcanzó, giró el picaporte y la puerta rotó sobre sus bisagras; parecíamos estar a salvo, pero eso no evitó que bajara las escaleras dando saltos para llegar cuanto antes al taller de coches de su padre. Sin embargo, no había acabado todavía aquella terrorífica experiencia, pues al pasar por el rellano de la escalera el cristal de una de las vidrieras que hacían de tragaluz saltó en mil pedazos, sintiendo con claridad sus impactos sobre la parte trasera de mis pantalones.

Temblaba de miedo, crucé las instalaciones del taller en un tiempo que se me hizo interminable pero que debieron ser apenas unos segundos. Escuchaba una respiración agitada acompañada de unos torpes pasos pocos metros detrás de mí, pero ya ni siquiera me atrevía a mirar atrás por si no era mi amigo César. Por fin, a través del cristal de la puerta divisé las farolas, la gente, el tráfico… y fue entonces cuando la adrenalina fue, poco a poco, dejando paso a al razón. No quería salir a la calle gritando ni pidiendo auxilio, pues al fin y al cabo no estaba muy seguro de lo que había vivido en los últimos minutos, así que traté de empezar a pensar con frialdad.

César me alcanzó, sacó las llaves del bolsillo con pulso tembloroso y abrió la puerta del local. Jamás me sentí tan contento de respirar el frío aire de las tardes de Diciembre, pues aquel lugar que acababa de dejar atrás me parecía el mismísimo infierno. Mi amigo también parecía haberlo pasado muy mal: la palidez de su cara, aquella respiración agitada y, sobre todo, la expresión de sus ojos eran síntomas de haber vivido una experiencia aterradora.

Estuvimos un par de minutos plantados en la acera recuperando el ritmo normal de nuestros corazones y mirándonos sin decir una palabra. De hecho ese día no hablamos en absoluto de todo esto; era como si tuviéramos miedo de haber tenido una alucinación y que al contárselo al otro nos mirara como si fuéramos unos locos. ¿Qué había pasado en aquella casa maldita? ¿Había realmente alguien allí? ¿Fue todo aquello una mera sugestión?

Recuerdo que aquella noche no conseguí dormir ni un minuto porque no podía evitar recordar una y otra vez las imágenes de lo que había visto al tiempo que tampoco podía contarle nada de aquello a nadie por si pensaban que los libros que tanto me gustaba leer me estaban causando algún tipo de trastorno. Al día siguiente decidí llamar a César y quedar para hablar del tema; y menos mal que lo hice, porque de no haberlo hecho aquello me hubiera atormentado durante mucho tiempo.

Continuará…

Recuerdos en imágenes de la kedada de hoy

Escribo esto apenas cinco minutos después de entrar por la puerta de casa y haber compartido dos horas fantásticas con otras cinco personas (y la llamada de Li, que fue una sorpresa de lo más agradable).

Sin embargo, me ha dado bastante pena tener que haberme venido el primero, pues hoy a mediodía mi hermana y mi cuñado me comentaron que vendrían a última hora de la tarde a cenar a casa y además tenía que ultimar una traducción para llevarla mañana a la oficina. Lo de la traducción no era problema, pues me hubiera acostado un poco más tarde y la hubiera terminado; pero había quedado con ellos a las 19:30 y debido a ello me tuve que levantar de la mesa donde estábamos tomando algo en la calle Mayor diez minutos antes de esa hora. Sin embargo, cuando estaba a medio camino de mi casa me llamó mi hermana para decirme que al final se quedaban en Madid a cenar, de modo que enseguida di media vuelta con la esperanza de que mis compañeros de kedada todavía siguieran allí.

No estaban, así que recorrí toda la Calle Mayor y Libreros con la esperanza de que estuvieran dando una vuelta por allí; pero no fue así y me vine para casa definitivamente con el ánimo un poco entristecido. Si el aviso de mi hermana hubiera llegado un cuarto de hora antes no me hubiera movido de aquel lugar, pero por una puñetera casualidad al final la kedada duró un poco menos de lo que podía haber durado.

Pero bueno, al final lo que cuenta son esas dos horas compartidas con unas personas fantásticas (qué grande es Emi y qué geniales las anécdotas de los viajes de Magneto por el norte de Europa) y con las que espero volver a coincidir antes o después. La tristeza por mi prematura marcha se disipa pensando que tendremos más oportunidades de vernos; y de hecho Emi y yo le debemos una foto juntos a Elisa, pues se lo prometimos por teléfono y al final con las prisas no pudimos hacerla.

Por lo demás, charlas cruzadas de todo tipo (incluyendo algunos aspectos de este blog) y, por supuesto, fotos de cada uno de los asistentes realizadas con mi querido AF Nikkor 50mm 1.8D que cada vez se pasa más tiempo montado en la cámara. Unas fotos con las que me vais a permitir cerrar esta entrada, pues verlas me trae muy buenos recuerdos de las dos horas inolvidables que he pasado esta tarde.

¡Un saludo a todos y un abrazo muy grande a los cinco que vinisteis esta tarde a la Plaza de San Diego!  :-)

Kedada Alcalá 10/05/2009 (I)

Emi

Kedada Alcalá 10/05/2009 (II)

Nuria

Kedada Alcalá 10/05/2009 (III)

Gema

Kedada Alcalá 10/05/2009 (IV)

Tiex

Kedada Alcalá 10/05/2009 (V)

Magneto

Kedada Alcalá 10/05/2009 (VI)

Luipermom

Pensamientos breves de una tarde de Domingo

Bueno, ya he preparado la cámara para salir dentro de una horita para el centro de la ciudad. No sé qué tal se dará la tarde ni la gente que me encontraré en la kedada, pero he de reconocer que estoy un poco inquieto por conocer a unas personas con las que he cruzado multitud de comentarios en este blog pero a las que no he visto nunca en persona (aunque igual alguno nos conocemos de vista, pues Alcalá no es tan grande como parece).

Luces, sombras y reflejos

Por cierto, durante la mañana he aprovechado para escribir un largo texto que he decidido dividir en dos partes. Lo he metido en la categoría de relatos, pero se trata de una experiencia personal que tuve hace quince años y que me he animado a contar exactamente como sucedió; sin un ápice de ficción. Ademaś, si sois de Alcalá creo que os gustará, pues transcurre en una casa abandonada por la que habréis pasado unas cuantas veces (y no; no es la casa del loco ;-) ).

No os preocupéis porque no tendréis que esperar mucho para leerlo: lo publicaré entre mañana y pasado a primera hora de la mañana, así que si tenéis ganas de leer, haced un par de huecos en vuestra agenda porque yo creo que os va a entretener bastante.

¡Un saludo!

Mañana nos vemos a las 17:30 en la plaza de San Diego

Bueno, tal y como os prometí a mediados de semana, os recuerdo a menos de 24 horas de “la hora H” que mañana tenemos una kedada a las 17:30 en la puerta de la universidad (Plaza de San Diego). Por lo que he visto en la previsión meteorológica el día de mañana tendrá mejor pinta que éste, porque aunque por la mañana ha hecho mucho sol, después de comer se ha nublado y ahora mismo tiene toda la pinta de que va a haber tormenta.

Tenéis toda la información en el siguiente enlace:

Toda la información sobre la 1ª kedada de “No Sé Ni Cómo Te Atreves”

¡Hasta mañana!  ;-)