Siempre he pensado que el conocimiento del idioma inglés es algo básico en la práctica totalidad de los puestos de trabajo actuales (y, en general, para desenvolverse en la vida). Hoy en día toda la información técnica de casi cualquier cosa está redactada originalmente en inglés, siendo el resto de los idiomas disponibles en los manuales una mera traducción más o menos fidedigna. Además, a la hora de enviar documentos internacionales a través de Internet, el redactarlos en inglés es una garantía de que en el lugar donde lo reciban va a haber alguien capaz de entenderlo (digo esto porque en Komatsu mandamos informes a las fábricas de maquinaria situadas en Alemania, Italia, Reino Unido y Japón y en todos los casos los redactamos en inglés).
Por tanto, siempre intento consultar toda la información posible en idioma anglosajón, pues de ese modo nunca dejo de practicarlo. Sin ir más lejos, en Wikipedia busco siempre en inglés y la mayoría de páginas sobre fotografía que consulto también están escritas en el idioma de Shakespeare. Me desenvuelvo bien en inglés y creo que (exceptuando tal vez textos muy muy técnicos sobre temas específicos) puedo comprender el significado de todo lo que caiga en mis manos gracias a que ya son muchos años batallando con textos de todo tipo. También se me vienen a la memoria las presentaciones a las que asistí como redactor de ultimONivel en las que el programador estrella de turno se expresaba únicamente en inglés y sin posibilidad alguna de traducción simultánea.
Del mismo modo, tampoco me tiembla el pulso a la hora de redactar algo en dicho idioma, y de hecho en Komatsu me paso el día traduciendo informes de averías de las diferentes máquinas a las que damos asistencia (el inglés era un requisito imprescindible para entrar), puesto que a nosotros nos los mandan los mecánicos en castellano y hay que enviarlos a fábrica en inglés. Además, otra labor que realizó allí habitualmente es la traducción al español de los cursos oficiales de formación para ingenieros, mecánicos y maquinistas que nos mandan en perfecto inglés desde fábrica, por lo que, como veis, me paso el día “cambiando el chip” entre ambas lenguas.
En todo caso, lo que sé de inglés no me lo han enseñado en ningún lugar “oficial”: estuve ocho años en una academia que había en mi barrio, recibí las clases habituales en el instituto y cogí todas las asignaturas optativas que pude durante la carrera; pero vaya por adelantado que nunca he ido a la escuela de idiomas ni poseo título oficial alguno en lengua inglesa.
Y digo esto precisamente porque el otro día recordaba (sin saber muy bien por qué) mi primera entrevista de trabajo; a la que acudí pecando un poco de novato en esos temas, puesto que era la primera vez que me enfrentaba a algo así y no sabía muy bien cómo podría ir las cosas. Es verdad que en casa me dieron algún que otro consejo, pero como cada entrevista es un mundo, fui un poco sin saber qué me iba a encontrar.

Rumbo a una entrevista de trabajo
Antes de asistir a aquel encuentro preparé mi currículum (ni siquiera había terminado la carrera todavía) y llegado al apartado de los idiomas, tras meditarlo durante un par de minutos, escribí “Inglés: nivel medio” siguiendo el razonamiento de que aunque me sentía muy a gusto con esa lengua, no poseía ningún título oficial; y por lo tanto no tenía un nivel ni demasiado alto ni demasiado bajo. La definición por tanto de nivel medio, ¿no?. Vamos, para mí, si pones nivel alto en inglés es porque estás en cuarto de la escuela oficial de idiomas, estás estudiando filología inglesa o algo así.
Pues bien, llegué al lugar donde estaba la empresa, me presentaron al director de la misma, comenzó la entrevista y he de decir que al principio todo fue bastante cordial. Lo fue hasta que apareció el responsable de recursos humanos, quien abrió la puerta, entró en la sala, cogió mi currículum, le echó un vistazo y sin ni siquiera saludar me espetó: “Inglés nivel medio; o sea que ni puta idea, ¿no?”.
Aquello me dejó sin saber qué decir y con la sensación de que a aquel tipo no le había caído demasiado bien. Supuse que sería algún tipo de triquiñuela para poner nervioso al candidato a ver cómo reaccionaba, de modo que me rehice un poco y le comenté lo mismo que os contaba hace un par de párrafos sobre lo que yo consideraba “nivel medio”. No sé si quedó muy convencido, pero me dijo que para el puesto al que optaba tener un buen nivel de inglés era imprescindible.
Y bueno, la entrevista terminó con la promesa del director de llamarme en un par de días; cosa que, por supuesto, nunca ocurrió como ya me imaginaba. Pero aunque supongo que aquello se debió más a mi falta de experiencia en el campo sobre el que se basaba aquel puesto (logística y tratamiento de materiales como el aluminio o el PVC) que en la anécdota del nivel de idioma, siempre me quedaré con el recuerdo de ese mal rato que pasé en aquella primera entrevista de trabajo.
Por suerte, algún tiempo después tuve la entrevista en Komatsu donde no hizo falta discutir sobre mi nivel de inglés, pues directamente me pasaron un par de textos en castellano para traducir y se ve que lo hice bastante bien, porque dos días después comencé a trabajar allí.
¿Qué falla en mi razonamiento sobre lo que es un “nivel medio” de inglés? Pues que la gente se flipa mucho a la hora de redactar currículums y con saber decir yes, no, blue, pink, beer, sex y party ya se creen que saben un montón y luego pasa lo que pasa: que los entrevistadores están hartos de ese tipo de cosas y acabamos pagando justos por pecadores.
En fin, lo único que os puedo decir es que no le tengáis miedo al inglés porque hoy en día, sobre todo gracias a Internet, tenéis mil y una formas de practicarlo y sentiros cómodos con él. Pensad que en el futuro tal vez tengáis ocasión de alegraros por haber elevado un poco vuestro dominio de dicha lengua.
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