Russian Red

28 02 2009

Bajo el nombre de Russian Red (tomado de la denominación del color de pintalabios que siempre emplea) se esconde Lourdes Hernández: la última sensación musical en nuestro país y parte del extranjero. La primera vez que leí algo sobre ella fue hace ya unos meses en el blog del señor pollo, y su disco “I love your glasses” me pareció una pequeña maravilla: sencilla, cercana e intimista.

La verdad es que no sólo su voz es adorable, sino que toda ella lo es; y para que lo podáis comprobar con vuestros propios ojos os dejo un vídeo de ocho minutos extraído del programa de TVE “No disparen al pianista” donde responde a algunas preguntas y canta dos temas: su primer single titulado Cigarettes y una versión acústica del Girls just wanna have fun de Cyndi Lauper (a partir del minuto 5:30 del vídeo) que pone los pelos de punta. Los grandes artistas demuestran serlo cuando se enfrentan al público armados sólo con su voz y una guitarra; y hay que reconocer que Russian Red lo hace con un desparpajo impresionante para sus 23 añitos.





Sé que te conozco, pero no recuerdo por qué

27 02 2009

Tengo que reconocer que no hice ni caso de lo que me decía la enfermera mientras rellenaba la receta de una crema antiinflamatoria para mi maltrecho cuello. Creo que era algo sobre la importancia de sentarse correctamente y mantener la espalda recta a la hora de levantar cosas pesadas, pero no estoy muy seguro porque mi atención se centraba en esos momentos sobre la chica de bata blanca bordada con el logotipo de la universidad de Alcalá.

Estaba seguro de haberla visto decenas de veces anteriormente, aunque mi memoria no era capaz de recordar dónde. Tampoco es que pudiera fijarme demasiado bien en ella porque durante aquel rato apenas levantó la cabeza del pequeño cuaderno en el que tomaba notas, pero en las dos o tres ocasiones que me miró desde la penumbra de aquella consulta la sensación de familiaridad fue en aumento. Sus ojos, su pelo, sus gafas y, sobre todo, la expresión de su rostro las conocía; estaba seguro de ello, así que empecé a buscar una posible conexión lógica.

Tal vez la proximidad entre las escuelas politécnica y de enfermería sea la explicación a mis divagaciones, pero por el motivo que sea no he dejado de pensar en ello desde que cerré aquella puerta amarilla. ¿Estudiábamos en la misma biblioteca durante las tardes de Mayo sentados en mesas cercanas? ¿Era otra paseante del campus y nos habíamos cruzado por sus aceras distraídamente? ¿Apareció quizás en algún extraño sueño que ahora no soy capaz de recordar?

Puede que ninguna de esas razones sea la correcta, e incluso es posible que realmente no nos hayamos visto nunca y todo esto no sea más que un producto más de mi inquieta imaginación. De todos modos, lo más seguro es que mañana me haya olvidado de esta extraña sensación y la estudiante de enfermería en prácticas vuelva al anonimato que siempre tuvo para mí; pero no puedo negar que estas pequeñas cosas que se escapan de la rutina son la chispa de la  vida.

Verde





Paseo por Alcalá (5ª parte)

27 02 2009

Seguimos con la serie de imágenes de ayer centrándonos hoy un poco más en los colores de las calles del centro durante el fin de semana de Carnaval, aunque sin descuidar detalles de algunos elementos de la ciudad y fotografías de personas anónimas que uno se puede cruzar en cualquier rincón de la ciudad.

Ya no me atrevo a decir que es la última entrada de este tipo como hice en la tercera, pues creo que es mejor bautizar este tipo de posts bajo el mismo título y que así sean más fácilmente reconocibles. Lo más probable es que dentro de nada vuelva a pegarme otro paseo por las calles de la ciudad con la consecuente tira de imágenes, así que os emplazo a una futura sexta entrada que muestre más rincones de esta ciudad.

Women in red

Cabaret

Paseo azul

Paseo azul

Rosquilla

La rosquilla gigante

Cadenas

Sin cambios desde que tengo memoria

Cigüeñas de metal

Cigüeñas de metal

Excursión

Excursión

Extrañas proporciones corporales

Extrañas proporciones corporales

Alcalá en Technicolor

Alcalá en Technicolor

Vigilando el campanario

Esperando el anochecer

A contracorriente

A contracorriente





Paseo por Alcalá (4ª parte)

26 02 2009

Viendo que las tres primeras entregas de esta serie de imágenes alcalaínas han tenido bastante éxito entre vosotros, voy a aprovechar que esta semana apenas tengo tiempo para redactar textos largos (precisamente por culpa de algo que podréis leer a principios de la semana que viene) para crear dos entradas más con algunas imágenes que capté en el fin de semana de Carnaval y que publicaré entre hoy y mañana. ¡Espero que os gusten!

Miradas divergentes

Miradas divergentes

Buenos días

Buenos días

Asomado a la fuente

Espiando a la fuente

Tiempos pasados

Restos del pasado

Flores al sol

Flores universitarias

Un día fue un hogar

Aunque no lo parezca, hace tiempo fue un hogar

El tiempo no perdona

El tiempo no perdona

Reflejos partidos

Reflejos partidos

La larga y solitaria espera

La larga espera

En busca de la libertad

Buscando un poco de libertad





¿Qué es y cómo se utiliza un filtro polarizador?

25 02 2009

Las lentes polarizadas siempre me han llamado la atención: hace ya tiempo publiqué en este mismo blog un artículo sobre gafas de sol de este tipo y hoy me gustaría centrarme en un elemento indispensable en fotografía y que tiene más utilidades de las que en principio se podría pensar: los filtros polarizadores circulares.

filtropola

Para ahorrarnos un buen rato de charla sobre los fundamentos de una lente polarizada os recomiendo que le echéis un vistazo a la entrada que os comentaba antes sobre las gafas polarizadas. El enlace es el siguiente: El maravilloso mundo de las gafas de sol polarizadas. En ella podréis ver qué ventajas tienen las gafas polarizadas sobre las “normales” e incluso visualizar un vídeo que muestra los inconvenientes que nos podemos encontrar a la hora de mirar ciertas pantallas con ellas. Una vez puestos al día sobre cómo funciona y qué efectos tiene una lente polarizada nos vamos a centrar en el filtro fotográfico que tiene esa mágica cualidad: el polarizador.

Un filtro polarizador consta de dos partes: una fija que se enrosca en el objetivo de la cámara y otra móvil que podemos girar para buscar el ángulo adecuado, pues el resultado final va a ser completamente distinto en función del ángulo que demos al polarizador como luego veremos con unas imágenes ilustrativas.

El filtro polarizador nos va a permitir bloquear la luz que venga en una determinada dirección; y en base a esto vamos a obtener dos aplicaciones prácticas a este pequeño pero utilísimo elemento.

1. El efecto más característico en un polarizador es el realce del cielo y el aumento de contraste de las nubes. Si hacemos una fotografía de paisaje en la que queramos dar protagonismo a un cielo con claros y nubes, este tipo de filtro va a ser nuestro mejor amigo, pues vamos a bloquear la luz que viene del cielo dejando el resto intacto de tal modo que las nubes parecerán mucho más blancas y el azul mucho más oscuro. Vamos a ver un ejemplo práctico:

Utilizando un filtro polarizador (VIII)

Cielo sin polarizador

Utilizando un filtro polarizador (IX)

Cielo con polarizador

2. La segunda utilidad del filtro polarizador se basa en el hecho de que la luz se polariza fuertemente al reflejarse en superficies lisas. Gracias a esto vamos a poder emplear este pequeño artilugio para eliminar molestos reflejos de ventanas, chapas y demás elementos planos. Vamos a ver un par de ejemplos ilustrativos:

En el primero de ellos tenemos unos coches aparcados a plena luz del día que ofrecen unos feos reflejos de los edificios que hay en las proximidades.

Usando un filtro polarizador (I)

Coches aparcados fotografiados sin polarizador

Si utilizamos el filtro polarizador vamos a poder eliminar los reflejos de uno de los planos; en este caso el más visible, que es del los techos de los vehículos.

Usando un filtro polarizador (II)

Podemos eliminar los reflejos del techo con el polarizador

Con un simple giro de 90º del polarizador vamos a eliminar el reflejo del lateral de los vehículos (se puede apreciar con claridad en la luna tintada de la furgoneta).

Usando un filtro polarizador (III)

Con un giro del polarizador podemos eliminar los reflejos de los laterales

En cristales también vamos a poder eliminar esos molestos reflejos, de tal modo que el vidrio parezca realmente vidrio. Fijaos en los dos siguientes ejemplos ilustrativos:

Usando un filtro polarizador (IV)

Molestos reflejos en las ventasnas al hacer la fotografía sin polarizador

Usando un filtro polarizador (V)

Con el polarizador la cosa mejora bastante

Del mismo modo que podemos eliminar reflejos de cristales y chapas, también lo podemos hacer de una superficie tan deslumbrante como el agua. Ya os decía en la entrada de las gafas de sol que los cristales polarizados están prohibidos en los concursos de pesca, y con el ejemplo que os muestro a continuación entenderéis a la perfección por qué es así:

En la primera imagen nos encontramos con que la superficie del agua refleja tanta luz que apenas nos deja ver el fondo de la misma.

Usando un filtro polarizador (VII)

La superficie del agua sin emplear un polarizador refleja demasiada luz

Sin embargo, podemos echar mano de nuestro filtro polarizador para, dándole el ángulo adecuado, eliminar gran parte del reflejo y ver el fondo perfectamente. En el ejemplo que os he puesto no se puede eliminar completamente el reflejo porque el agua está en constante movimiento, pero en una superficie lisa como un cristal el reflejo quedaría bloqueado prácticamente al completo.

Usando un filtro polarizador (VI)

Empleando el polarizador vamos a bloquear el reflejo que viene de la superficie y podremos ver el fondo con claridad

Como veís, los filtros polarizadores son de gran utilidad para ciertos tipos de fotografías. La pega que tienen es que oscurecen bastante la fotografía, de tal modo que tendremos que aumentar el tiempo de exposición, abrir más el diafragma o subir la ISO con la que disparamos tal y como os comenté hace tiempo en una entrada que trataba de explicar cuatro principios básicos de fotografía.

* Todos los artículos de este tipo en http://luipermom.wordpress.com/fotografia





Paseo fotográfico por Alcalá (3ª parte)

24 02 2009

Tras las dos primeras entregas (aquí y aquí), finaliza hoy por el momento nuestro maratón por las calles de Alcalá con la última serie de imágenes por el momento. Fotografías que abarcan multitud de lugares; algunos muy conocidos así como otros no tan publicitados. Sea como sea, la verdad es que Alcalá de Henares es una ciudad muy agradecida con aquellos que decidimos salir de casa con la cámara a cuestas sin tener una idea preconcebida de qué vamos a retratar.

El caz del Henares

El caz del río Henares a su paso por el recinto ferial

Toda la vida en el mismo lugar

Hay cosas que no han cambiado en las últimas décadas

En medio del tráfico

Dos valientes ciclistas entre el tráfico de la mañana

Detalle de la fachada de la universidad

Un detalle de la fachada de la universidad

Oteando el horizonte

Paloma cabreada

Volare

Una ciegüeña fotografíada en pleno vuelo

El cofre suspendido

El extraño caso del cofre del tesoro colgado en las alturas

Curvas

Las curvas de la carretera

Parque, chalets, coches

Un colorido paisaje en uno de los nuevos barrios de la ciudad

Las agujas de la ciudad

Las agujas de la ciudad

El rastro que lleva a la fuente

Camino a la fuente

El camino

Todavía quedan senderos por recorrer en esta ciudad

Descampado campestre

El descampado más campestre de Alcalá

Ramas de invierno

Los supervivientes del invierno

De paseo

El final del paseo





Amores caducos. Capítulo VII

23 02 2009

NOTA IMPORTANTE: Lo que vas a leer es uno de los capítulos de una obra titulada “Amores caducos”. Tras haber publicado por separado los diez episodios que la componen decidí revisarlos y crear con ellos un texto más completo y mejor estructurado que puedes encontrar en el siguiente enlace donde también hay disponible una versión descargable en formato PDF:

http://luipermom.wordpress.com/amorescaducos

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Paula era una compañera de universidad que conocí a mitad de carrera y de cuyo acento me enamoré tras un par de conversaciones intrascendentes entre clase y clase. Por casualidades del destino coincidimos en la biblioteca en más de una ocasión estudiando para los exámenes y al final, poco a poco y sin saber muy bien por qué, empezamos a tontear hasta que un buen día ella me invitó a su casa para preparar juntos la asignatura de física aprovechando que teníamos el examen final más o menos sobre las mismas fechas. Sobra decir que entre aquellas paredes lo único que no hicimos fue estudiar y al final ni ella ni yo nos presentamos a aquel examen porque las posibilidades de aprobar eran inversamente proporcionales a las ganas de quedarnos un rato más entre las sábanas de su cama.

Aquella chica era de Asturias, pero había venido a estudiar a Alcalá aprovechando que una prima suya tenía casa aquí; un piso que estaba casi siempre vacío porque sus dueños se pasaban jornadas enteras fuera por asuntos de trabajo. Fue precisamente en aquella casa donde todo comenzó y donde todo empezó a terminar entre los dos, ya que en última instancia la pasión incontrolable que compartíamos, junto con la inestimable ayuda de un ex-novio suyo, acabó por arruinar la relación del modo más doloroso posible.

De cualquier modo he de reconocer que guardo muy buenos recuerdos de aquella historia, ya que con el tiempo he sido capaz de dejar a un lado las cosas malas y quedarme sólo con los días más dulces: frescos besos en el agua de la piscina a última hora de la tarde, predicciones de futuro en un banco del parque, el origen de mi afinidad por el aroma a coco, mañanas enteras de compras por Torrejón, los dos durmiéndonos en el sofá del salón mientras veíamos la televisión después de comer… Fue un comienzo de verano realmente increíble en el que me sentía en la cima del mundo. Sin embargo aquella sensación no duraría mucho tiempo, pues cuando ella se fue a pasar 15 días a Langreo (su pueblo; muy cerca de Oviedo) y yo marché como cada verano a pasar una temporada en Oropesa, las cosas cambiaron radicalmente.

De hecho, recuerdo que ella partió apenas unas horas antes que yo, así que me tocó ver cómo su coche se alejaba cargado de maletas calle arriba haciéndose cada vez más y más pequeño… En ese instante, aunque los dos dijimos que nos echaríamos de menos y que ojalá los días pasaran rápido, tuve la terrible sensación de que no volveríamos a estar juntos nunca más y que aquellas semanas tan felices habían terminado. Paula podía decir todo lo que quisiera, pero en realidad estaba contenta por  irse a su pueblo; y no digo que no debiera estarlo, pero lo que decía no se correspondía con lo que sentía, y eso es algo muy peligroso. En cuanto el coche dobló la esquina me di la vuelta y me encaminé hacia mi verdadera casa mientras grandes lágrimas rodaban por mis mejillas tratando de ocultar mi silencioso llanto al mundo escudándome tras unas grandes gafas de sol.

En ese momento pesaban mucho en mí todos los buenos momentos vividos en las últimas semanas porque me dolía pensar que se marchaban para siempre en aquel coche azul: Paula se había encariñado de tal modo conmigo que me decía que no podía entender cómo había podido estar anteriormente con un chico de su pueblo que siempre definía como “un yonki pastillero” y que se daba cuenta de que la relación con aquel tío no era más que sexo salvaje, porque más allá de aquello el tal Arturo no tenía nada especial. Me confesaba, por ejemplo, que jamás habían tenido una conversación cariñosa al despertar juntos como las que teníamos nosotros. Yo me sentía muy especial cuando me decía que conmigo tenía la suerte de tenerlo todo y ser plenamente feliz en todos los aspectos. Por primera vez en su vida sentía que alguien la quería de verdad, y cada vez que decía palabras como aquellas yo pensaba que por fin, tras tantos descalabros sentimentales, había encontrado el amor de mi vida.

El caso es que todavía sin recuperarme del todo del disgusto llegué a Oropesa al día siguiente y allí estaban mis amigos y amigas de toda la vida, a los que no tardé en contar lo bien que me sentía con Paula y la suerte que tenía de estar a su lado. No les iba a confesar nada más llegar mis malas sensaciones en la despedida de mi chica, así que no me compliqué y traté de no mezclar mucho esos dos mundos que no tenían absolutamente nada en común el uno con el otro. Sin embargo, precisamente por ser mis amigos y compartir con ellos muchas horas del día y de la noche, pronto comenzaron a notar cosas un poco extrañas en mi comportamiento; y es que Paula apenas me llamaba y las pocas veces que hablábamos parecía como si le molestara que yo formara parte de su vida. Algo que evidentemente me hacía sentir triste y corroboraba mis malos presagios cuando Paula marchó pocas horas antes.

Los días fueron transcurriendo sin demasiados cambios hasta que una noche aciaga de Sábado en la que recorrimos media localidad para encontrar un bar en el que poder sentarnos a tomar algo los quince integrantes de nuestro grupo (era Agosto y todo estaba llenísimo) las cosas se empezaron a torcer peligrosamente; tan peligrosamente que mi teléfono acabó apagado al final de la noche y yo con la firme intención de no encenderlo nunca más gracias a la persona que una semana antes me decía que quería pasar conmigo el resto de su vida.

Lo que sucedió es que ante la falta de noticias de Paula y lo mucho que la echaba de menos se me ocurrió llamarla sobre la medianoche para ver si me contaba cualquier cosa que me hiciera sonreír, así que me levanté un momento de la mesa, me alejé unos metros y saqué mi teléfono del bolsillo. Marqué su número y… ¿qué me encontré? Pues que Paula era una completa extraña; como si hubiera llamado al teléfono de otra persona. En ese momento no sabía si realmente era ella, si se había quedado amnésica… y por un momento dudé si habría marcado mal; pero sin embargo era su voz la que estaba a otro lado del teléfono diciendo: “¿Sí, quién es? ¿Sí?”… Y yo, pensando que realmente no me escuchaba por algún fallo técnico, decía en voz alta “Paula, soy Luis, ¿me oyes?, ¿Paula?”. Sin embargo, una voz de chico cercana y nítida al  otro lado del teléfono me devolvió de un mazazo a la realidad cuando dijo “¿Pasa algo, Paula?” a lo que ella dijo acompañado de unas risas, “No no, nada, se han equivocado” y a continuación colgó sin más.

En aquel instante mi respiración se detuvo y el brazo derecho cayó sin fuerza hasta quedar perpendicular al suelo con el teléfono colgando de la punta de mis dedos. No me podía creer que la que se supone era mi novia me hubiera ninguneado de aquella manera. Lo que había ocurrido sólo tenía una explicación posible, pero me negaba a asumirla así de primeras y tan de repente.

Ni siquiera me di cuenta de que mi amiga Irantzu (aquella chica que se me “autopresentó” en la playa años atrás) se había acercado a mi lado al darse cuenta de mi reacción. No sé qué cara se me quedó, pero por lo que me dijo minutos más tarde, nunca había visto a nadie con una expresión así en su rostro. De hecho mis amigos me contaron que por un momento pensaron que me estaba dando un mareo o algo así y que por eso Irantzu se acercó a ver si me encontraba bien.

Pese a que esa noche juré una y mil veces que no quería volver a saber nada de Paula, no pude evitar volver a llamarla al día siguiente para asegurarme de que todo aquello no era una simple pesadilla. Esta vez descolgó el teléfono y me escuchó a la perfección; pero cuando pedí una explicación sobre su falta de noticias, su cambio radical de actitud hacia mí desde que se fue a Langreo y, sobre todo, el numerito de hacía unas horas me dijo que tenía que entender que Arturo era alguien muy importante en su vida y que siempre iba a estar ahí. También comentó que desde que llegó a su pueblo sus amigas y su familia le habían estado diciendo que tener novio es un rollo, que aprovechara para pasarlo bien y que se olvidara de mí cuanto antes (y eso sin conocerme de nada. ¡Qué grandes personas!).

Con aquello que me estaba diciendo me quedaba bastante claro que Paula estaba conmigo en Alcalá porque no tenía a otra persona a mano y bastante me estaba doliendo ese hecho ya de por si. Sin embargo, por encima de eso, no me terminaba de convencer del todo aquello de que esa persona con la que Paula sólo tenía en común días de sexo salvaje en el pasado y que siempre era objeto de sus críticas por aquel cariño que no le daba y sus habituales “fiestas químicas” resultara ser ahora alguien tan importante y que estaba presente día y noche en la mente de la que se suponía era mi novia. No me cuadraba por ningún lado, así que como no quería prolongar más aquella agonía le pregunté directamente a Paula si se había acostado con Arturo la noche anterior.

Ella no tuvo excesivos problemas en darme la razón: me dijo que se habían encontrado, que se pusieron a recordar días pasados, bebieron un par de copas y al final acabaron en la cama como en los viejos tiempos. Añadió también que más o menos en esos momentos es cuando se me ocurrió la feliz idea de llamar por teléfono y que con Arturo delante no se iba a poner a discutir conmigo. Y lo más surrealista de todo es que me recomendó que no me enfadara por aquello, pues si se había acostado con él un montón de veces en el pasado no veía problema en hacerlo una vez más. -”¿Qué más da cien que ciento una?”- me dijo. Ante una frase tan cruel, evidentemente, me sentí la persona más estúpida y desgraciada del mundo.

En ese momento yo me encontraba sentado en unas rocas solitarias mirando cómo las olas iban y venían contra ellas, y al escuchar aquello sentí intensos deseos de lanzar el teléfono al fondo del mar ahogándolo allí para siempre. Ya era la segunda vez que me sentía realmente mal gracias al puñetero móvil y no iba a permitir una tercera. Sin embargo, pese a que la situación no se prestaba a ello, conseguí dominar mis impulsos destructivos y organicé unas palabras en mi cabeza con las que le dije a Paula que si tanto le gustaba ese tío, que se fuera con él y me dejara en paz de una vez.

Se notó que ninguno de los dos teníamos muchos deseos de hablar en ese momento. ¿Qué más nos quedaba por decir? Yo quería que Paula se olvidara de mí para siempre y ella parecía haber pasado ya otra página en su vida. Tras colgar el teléfono me quedé casi una hora sentado en aquella roca mirando cómo la espuma pintaba de blanco los riscos más próximos al agua mientras pensaba que, como si de una maldición se tratara, volvía a encontrarme sin amor como tantas veces en el pasado.

Tal vez no debí haberme hecho tantas ilusiones con aquella relación, podría habérmela tomado como algún tipo de “rollo largo” y así no me hubiera afectado tanto aquel final tan abrupto. Quizás aquello que había ocurrido no era tan extraño de todos modos en los tiempos que corren y el problema fue que no supe captar los mensajes que Paula me enviaba codificados en sus silencios… Todas las explicaciones que me podía montar en mi cabeza parecían tener sentido, pero la verdadera historia era que Paula se había acostado con su ex-novio y no tenía el menor remordimiento de conciencia. Teniendo eso en cuenta comprendí que no debía tratar de echarme demasiadas culpas de aquel fracaso, así que me levanté de la roca y opté por dar un largo paseo para empezar a olvidarme de ella.

Nunca volvimos a cruzar una palabra, no volví a escuchar su dulce acento del Norte ni a ver sus bonitos ojos verdes porque tras aquel verano loco se matriculó de la misma carrera pero en la universidad de Oviedo (ignoro si para estar más cerca de Arturo, más lejos de mí o por cualquier otro motivo). Es posible que en casa de su prima siga el libro de física que aquella mañana dejé olvidado sobre su escritorio; y en tal caso, si no las borró en su momento, en él seguirán escritas las notitas cariñosas que nos dejábamos en los márgenes de las hojas cuando estudiábamos juntos en la biblioteca.

Tras aquella experiencia tan humillante tal vez lo más recomendable hubiera sido dejar el amor como una asignatura imposible en mi vida. Sin embargo, un tiempo después me atreví a dar otro salto al vacío obteniendo a cambio la historia de amor más breve y más extraña que he vivido jamás y que pondrá el punto final a los relatos de “Amores caducos”.

“Amores caducos“. Una obra original de Luis Pérez Mompeán (luipermom). Textos e imágenes bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España.





Alcalá ante los ojos de Baldomero Perdigón

22 02 2009

Balomero Perdigón Puebla es un conocido fotógrafo alcalaíno cuya obra refleja las cosas cotidianas de la ciudad complutense. Personaje querido y entrañable, es habitual verle acompañado de sus bártulos fotográficos en todo evento de importancia que tenga lugar por estas calles; y si hoy escribo esto es precisamente porque reconozco en él una profunda inspiración a la hora de salir con mi cámara y ponerme a retratar los más variopintos rincones del lugar donde llevo viviendo 25 años.

Baldo

Si me pongo a recordar, hay un elemento que marcó para siempre mi visión de la fotografía: el libro “Alcalá. Blanco y Negro. 1960-1970″ del propio Baldomero (la obra que me dio la idea para realizar Alcalá de Henares ayer y hoy), pues en él se puede ver que la belleza de una ciudad no radica en sus plazas y esculturas más conocidas; sino en todas esas callejuelas, soportales y tiendas ante las que pasamos cada día casi sin darnos cuenta de que están ahí.

Sin embargo, una mañana recorremos el mismo camino como tantas otras veces y echamos en falta algo: aquel portal, aquella farola, aquella parada de autobús… Cualquier rincón de la ciudad está a merced de la piqueta, y es importante que alguien retrate esos lugares tan sencillos y a la par tan especiales para poder mirar las fotografías dentro de muchos años y recordar el pasado de un pueblo que nunca ha dejado de cambiar.

Gracias Baldomero por enseñarme que las ciudades hablan a través de sus piedras. Tal vez si no hubiera conocido tu obra hoy en día los paisajes urbanos pasarían completamente inadvertidos para mí; pero tu libro me hizo ver que es importante retratar el presente para que la gente del mañana conozca su ciudad del mismo modo que a través de la magia de tus imágenes puedo viajar siempre que quiero a la Alcalá de los años 60 que nunca conocí.

Seguramente por sentirme algo abrumado ante aquel breve encuentro que tuvimos hace unos meses, no acerté a decirte todo esto que hoy se me viene a la cabeza; pero no me cabe duda de que si volvemos a encontrarnos algún día mi agradecimiento esta vez será personal e intransferible, pues sería una pena que nunca supieras que aquellas fotos que realizaste a lomos de tu Vespa cambiaron la visión del mundo de un aficionado a la fotografía cuatro décadas después.





¡Siempre son los cuatro mismos acordes!

22 02 2009

Para comenzar el Domingo con un rato de buen humor, os dejo la demostración de que muchas de las canciones más exitosas de la historia de la música se basan siempre en las mismas cuatro notas:

Por supuesto, también tenemos una versión de canciones de nuestro país (aunque en esta ocasión los que cantan no afinan tanto como en el vídeo anterior :mrgreen: ).

De cualquier modo, es más que probable que estos dos vídeos más o menos recientes estén basados en el siguiente que descubrí hace ya unos meses en el que un tipo demuestra, guitarra en mano, que las míticas ocho notas del famoso Pachelbel Canon pueden llegar a ser una pesadilla que nos perseguirá allá donde vayamos…





Paseo fotográfico por Alcalá (2ª parte)

21 02 2009

Seguimos hoy el paseo que comenzamos hace unos días a través de las calles y plazas de la ciudad complutense, dedicando unas cuantas imágenes a ese motivo que tanto me gusta: el agua.

Cuesta abajo

Una de las fuentes más grandes de Alcalá con los edificios de la ciudad del aire al fondo

Agua

¡Mucha agua!

Colores

Colores cálidos en una calle que hay cerca de la puerta de la iglesia magistral

Un refresco

Dan ganas de meterse a darse un baño en las mañanas de calor

Llega el buen tiempo

La potencia de los chorros de agua

Avenidas

Poco tráfico en una mañana de sábado en las proximidades del centro comercial Alcalá Magna

El presente se hace viejo

Uno de los accesos a la puerta del vado tratada para darle un aire antiguo

Hasta el infinito (y más allá)

Las largas avenidas de los barrios nuevos

Vigilando la retaguardia

Vigilando la retaguardia...

La cigüeña espia

La cigüeña que todo lo ve





Cuándo y cómo limpiar el sensor de una cámara réflex

20 02 2009

Hace unos días, tras hacer unas fotos en las que un inmaculado cielo azul era el protagonista de la parte superior de la imagen, me encontré con la desagradable sorpresa de que aparecían una mancha circular en la esquina superior izquierda. Esa mancha se encontraba exactamente en el mismo lugar en todas las fotografías, de modo que me tocaba enfrentarme por primera vez a algo que todo usuario de cámaras réflex se ha encontrado alguna vez en su vida: polvo en el sensor.

Para confirmar mis sospechas empleé el método habitual de comprobar estas cosas: hacer una foto al cielo enfocando al infinito y con el diafragma lo más cerrado posible. Haciendo eso y examinando con atención la imagen resultante en el ordenador me encontré con que tenía una mota de polvo bastante apreciable en la esquina superior izquierda y otras más pequeñas en el lado izquierdo y en la parte superior de la fotografía. Podéis verlas en la siguiente imagen:

Polvo en el sensor

De todos modos, puesto que la imagen es grande y puede que no apreciéis bien los detalles, os pongo a continuación un recorte de la esquina donde está la mancha más grande.

detalle

Me gustaría aprovechar para comentaros que todas las cámaras réflex van acumulando algo de polvo en su interior con el paso del tiempo: ya sea por el cambio de objetivos, porque su sellado no es perfecto o porque los objetivos zoom tienden a hacer un “efecto fuelle” al cambiar la distancia focal. Es evidente que no es lo mismo ponerse a cambiar de objetivo en un salón del hotel Palace que en medio de una tormenta de arena del desierto, pero por mucho cuidado que pongamos más tarde o más temprano nos tocará limpiar el sensor si no queremos que nuestras fotografías se vayan llenando de zonas oscuras.

Pues bien, una vez identificado el problema vamos a tratar de solucionarlo sin dejarnos una pasta en llevar la cámara al servicio técnico. En el mercado nos podemos encontrar varios sistemas de limpieza, pero hay que reconocer que hasta hoy ninguno ha podido superar a la clásica pera de aire que podemos comprar en cualquier farmacia. Este método es sencillo y rápido, pero sólo nos va a servir para eliminar partículas de polvo que se depositen sobre el sensor. Es importante limpiar el sensor en cuanto detectemos los primeros síntomas de suciedad, porque ese polvo se puede convertir en una especie de “barro” si ante un cambio brusco de temperatura se condensa humedad en el sensor. En ese caso la pera de aire no nos servirá de nada y habrá que emplear otros métodos más complejos (y caros) o bien llevar la cámara al servicio técnico con el consecuente rascado de bolsillo.

Pera de aire

Seguro que ahora mismo estáis pensando en los sprays de aire comprimido que venden en las tiendas de informática para limpiar teclados y demás; pero yo no os los aconsejo debido a que bajo determinadas circunstancias pueden expeler algo de humedad y “regar” nuestro sensor con el consecuente susto y empeoramiento del problema. Y os lo comento porque a mi cuñado le ocurrió hace unos meses y desde entonces no cambia la pera de aire por nada.

Podría explicaros el método paso por paso con fotografías y demás; pero puesto que ya hay en Youtube un vídeo que lo describe a la perfección lo que voy a hacer es ponéroslo directamente y a continuación os comentaré un par de cosas importantes que no hay que olvidar a la hora de realizar el proceso.

VIDEO: Proper Sensor Cleaning Detailed Tutorial

Recordad cuatro cosas muy importantes:

- Batería completamente cargada antes de comenzar (si se nos cierra el obturador en medio del proceso la podemos liar parda).

- No usar el modo de disparo Bulb para realizar la limpieza; en el menú hay una opción dedicada.

- La cámara ha de estar boca abajo para que el polvo caiga al exterior al desprenderse.

- Apretar la pera con fuerza pero sin que la punta de la pera llegue a tocar la superficie del sensor.

Una vez realizado el proceso realizamos de nuevo la fotografía de prueba (apuntamos al cielo, enfoque a infinito y el diafragma cerrado todo lo posible) y si el resultado es perfecto se acabó la limpieza. Si todavía quedan algunos puntos repetimos todo hasta que la imagen quede completamente limpia tal y como podéis ver a continuación:.

Tras la limpieza del sensor

Lo de la limpieza del sensor es una operación temida por mucha gente y de ello se aprovechan los servicios técnicos (que cobran unos precios abusivos y nos dejan sin cámara durante muchos días) siendo en realidad una labor que podemos realizar en casa por muy poco dinero (la pera de aire me costó menos de cuatro euros). No digo que en ciertos casos no sea necesario el uso del servicio técnico (líquidos en el sensor, polvo pegado…) pero en la mayoría de las ocasiones la limpieza la podemos realizar nosotros mismos en menos de un cuarto de hora. Mi consejo, aplicable a todos los ámbitos de la vida, es que seáis cuidadosos pero no tengáis miedo.

* Todos los artículos de este tipo en http://luipermom.wordpress.com/fotografia





Tubos de extensión + Nikkor 50mm 1.8D

19 02 2009

Me estoy dando cuenta de que llevamos unos días de temática fotográfica en el blog; pero es que hoy al fin me llegó el paquete con los tubos de extensión que compré hace unos días por internet y no puedo evitar comentaros algo al respecto.

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Los tubos de extensión no son otra cosa que un cilindro de longitud ajustable por tramos que se interpone entre la cámara de fotos y el objetivo de tal modo que podemos enfocar las cosas desde mucho más cerca (aunque perderemos algo de calidad en la imagen). Los que he comprado son muy sencillos y no los puedo usar con los objetivos AF-S 18-55 y 55-200 porque no puedo regular la apertura del diafragma sin emplear la cámara y el enfoque manual con ellos es un infierno. Sin embargo, el Nikkor 50mm 1.8D sí que posee anillo de diafragmas, y da gusto enfocar a mano con él, por lo que es el compañero perfecto para las fotos en macro que ahora puedo hacer con mi réflex. Dos ejemplos rápidos hechos en cinco minutos hoy a mediodía. Con la práctica espero ir mejorando; ya os contaré…  ;-)

Estigma

2 eur





Los múltiples colores del atardecer

19 02 2009

No sé por qué, pero últimamente me ha dado por los atardeceres. Sin ir más lejos, ayer al salir de la oficina sentí que  me apetecía dejar atrás el asfalto de la ciudad y marcharme un rato al monte para ver ponerse el sol; así que a las seis en punto agarré la cámara de fotos y me encaminé con mi coche hacia los mismos parajes que fotografié hace unas semanas; sólo que aquella vez fue a mediodía y el resultado no me convenció demasiado.

De todos modos, nada más llegar a lo alto del cerro del Viso me llevé una gran decepción, pues el cielo inmaculado que había a mediodía había dado paso a una atmósfera cargada de partículas de contaminación que daban un aire gris al horizonte y pensé que en esta ocasión tampoco iba a poder capturar la belleza que se divisa desde allí.

Pero bueno, ya que había invertido un rato en llegar hasta lo alto del cerro, me dediqué a hacer algunas fotografías de la ciudad porque desde ese lugar siempre queda bonita, pero tenía la sensación de haberme dado el paseo hasta allí para nada porque no había mucho color en el ambiente. Sin embargo, justo cuando estaba empezando a recoger mis cosas para regresar a casa, todo empezó a tomar un tono anaranjado que me hizo volver a sacar la cámara y capturar algunas imágenes realmente bonitas y relajantes. Las mismas partículas en suspensión que un momento antes apagaban todo se encargaron de reflejar los últimos rayos de sol iluminando el horizonte en unos tonos ocres fantásticos.

Os dejo con la secuencia en la que tomé las fotos para que podáis apreciar el cambio gradual que fue tomando el cielo con el paso de los minutos, pero no sin antes “confesaros” que me siento absolutamente libre cada vez que cojo la cámara y plasmo para siempre lo que mis ojos ven en un instante que no se repetirá jamás.

Komatsu

Las faldas del cerro del Viso

Alcalá desde el cerro del Viso

Simetría

En busca del fuego

Campo

Telecomunicaciones

Rumbo a Barajas

Contaminación

El sol cobarde tras los olivos

Ocre

Madrid bajo un cielo rojo

Testigo del anochecer





Paseo fotográfico por Alcalá (1ª parte)

18 02 2009

En estos últimos días he estado haciendo fotografías a diestro y siniestro por muchos rincones de Alcalá de Henares, así que he decidido dedicar tres entradas que iré publicando durante esta semana a presentaros una selección de las mejores imágenes de entre las más de doscientas que disparé en total para confeccionar así una especie de paseo por una ciudad que bajo los rayos del sol luce especialmente bonita.

Verde vs. gris

La puerta principal de la iglesia magistral

Chernobyl en Alcalá

Casa abandonada a escasos metros de la calle Libreros

Escuela de arquitectura de la UAH

Escuela de arquitectura de la universidad de Alcalá

Cigüeñas al atardecer

Dos cigüeñas viendo al atardecer muy cerca de la Plaza de Cervantes

Rio Henares

Las tranquilas aguas del río Henares

Espiando a los patos

Una pareja de patos navegando por el río

Calle del Mercado

La calle junto al ayuntamiento que da al mercado municipal

Llegando al extremo Sur de la Plaza de Cervantes

Llegando a la plaza de Cervantes por la calle Escritorios en una mañana nublada

Callejón de la oficina de turismo

El callejón de la oficina de turismo

Mirando al Norte desde la plaza de Aguadores

Vista hacia el Norte desde la puerta de aguadores

Atardecer en los tejados II

Parte trasera de la iglesia de Santamaría





17ª actualización de la review del Eee701

17 02 2009

Rápida actualización de la review del Asus EeePC 701 (¡madre mía, ya van 17!) para comentar que el modo suspendido el pequeño ordenador consume más batería de lo deseable de modo que en apenas 30 horas nos podemos encontrar con que el portátil se apague por si mismo debido a la falta de energía. Tenéis toda la información en la propia review.