Las fiestas de la glotonería
No sé cómo habréis pasado vosotros el primer día del 2009, pero yo lo he hecho empachado; y mucho.
Las fiestas de Navidad son las de la glotonería: comenzamos sobre el día 22 de Diciembre con el típico festejo en la oficina y ya es un no parar de zampar hasta el mismísimo 6 de Enero. Vamos a desglosarlo un poco para darnos cuenta de la magnitud del tema:
22 de Diciembre: nos ponemos de tortilla de patatas, jamón, champagne y empanada hasta las orejas en el trabajo.
24 de Diciembre: cena de Nochebuena con su típico asado super-grasiento, langostinos, turrón para parar un barco… la copita de sidra final es ya una especie de apocalipsis estomacal que nos dejará sentados en el sofá hasta las tantas de la madrugada porque nadie en su sano juicio se acostaría con semejante cantidad de comida en su cuerpo.
25 de Diciembre: si ya estábamos con el estómago hecho un cuatro con la cena de ayer, hoy toca una comilona tan copiosa (o más) como lo que nos hemos metido al cuerpo catorce horas antes. En caso de sobrevivir tenemos empacho asegurado hasta el día 27 como mínimo.
31 de Diciembre: cena de fin de año que, si bien no es tan copiosa como la de Nochebuena, a estas alturas de las fiestas ya empieza a suponer toda una proeza conseguir digerirlo todo. Para colmo, a las 12 de la noche nos toca meternos otras tantas uvas a presión en nuestro sistema digestivo; en el cual comienza a parpadear una luz roja indicando que el colapso está a punto de producirse.
1 de Enero: comida de año nuevo con su marisco, su pavo, su vino tinto y los inevitables turrones. Si para colmo han sobrado embutidos y similares de la cena anterior, también se añadirán a todo lo que hay ya en la mesa de por si. Para cuando están retransmitiendo los habituales saltos de skí en La 2, es muy probable que nosotros estemos tumbados en el sofá con una indigestión de las grandes.
6 de Enero: desayuno a base de roscón de reyes (muy digestivo) y chocolate a la taza (todavía más ligero que lo anterior). Por si no hemos tenido suficiente, a las dos de la tarde nos espera una comida en casa de la abuela de una magnitud próxima a la de la cena de Nochebuena, por lo que existe un grave riesgo de que no lleguemos vivos a la hora de cenar.
Pero es que incluso en el extraño caso de que hayamos llegado íntegros al día siete y, por tanto, hayamos logrado sobrevivir a las fiestas de la glotonería; comprobaremos con horror como de todas esas tabletas de turrón y de las cuatro cajas de polvorones que se compramos a primeros de Diciembre, apenas se ha consumido la tercera parte, por lo que tenemos asegurada una dieta hipercalórica basada principalmente en almendras, azúcar y harina hasta que llegue la primavera.
Ya no sé qué hacer: mi estómago me está pidiendo a gritos la independencia alimenticia y todavía estamos a mitad de las fiestas… A este paso se me declara en huelga; ya veréis, ya.









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