Llega el ocaso y con él todos los gatos se hacen pardos. Al tiempo que Venus se ilumina en el cielo también lo hacen los faros de los coche y el alumbrado público que nos permite seguir con nuestras vidas incluso cuando el brillo del astro rey es para la otra mitad del mundo.
Gracias al frío de la madrugada y la blanca palidez de la luna podemos disfrutar de la calidez de los rayos del sol a primera hora de la mañana. Es el mismo principio dual que nos permite disfrutar de un mar en calma tras una noche de tormenta, del regreso del amor cuando parecía haberse ido para siempre, de una sonrisa sincera tras una mañana aciaga o de una nueva canción que nos pone los pelos de punta cuando todo parecía haberse inventado ya.
Los contrastes de la vida: simples, necesarios e imprevisibles al mismo tiempo.






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