Subidón mental (33)

21 11 2008

Cuando el gran búho me miró la sangre se congeló dentro de mis venas. Sus ojos parecían atravesarme, su gesto altivo no podía significar otra cosa que no fuera rencor y odio hacia mi persona. Aquella preciosa criatura era capaz de desatar en mí en ese instante las más temerosas sensaciones. Las mismas sensaciones que llegan a mi mente cada vez que recuerdo los días fríos de 2006, aquella nochevieja sin fin y tus arrebatos transitorios con los que pretendías machacar mi vida. Por suerte esquivé a tiempo tus ataques y supe buscar mi propio camino. Si hubiera seguido a tu lado no sé cómo estaría; pero sí sé que me encontaría, como decían en Pulp Fiction, “a mil jodidas millas de estar bien”.

El gran buho


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