Subidón mental (22)

13 08 2008

En ocasiones veo pájaros volando en derredor sabiendo que no llegarán más allá de las altas cumbres de Gredos. Otras veces las garzas no vuelan, sino que viven en pisos superiores haciendo gala de sus graznidos agudos y estridentes. No sé qué especie de talento tendrá el ejecutar sonidos tan desagradables, pero por lo que veo a ciertas subespecies sí que les atrae tan peculiar ritual de danza gañana de cortejo y posterior apareamiento.

Pero volviendo al duro suelo (si es que alguna vez lo hemos pisado) hay que reconocer que el ser humano es de lo más raro: en verano habita bajo cientos de setas de colores y pasa un montón de horas cada día tumbado bajo el sol para cambiar el color de su piel. Y sí, esa piel se vuelve más oscura… hasta que se vuelve a la ciudad y a la segunda ducha todo vuelve a ser como era en Diciembre. Hay excepciones a esto, como la de un famoso cantante que en su día era negro y de tanto tomar el sol se volvió blanco; lo que me deja muy claro que nadie está contento con lo que tiene.

Peligro de muerte

Una cosa es dar paseos al sol, hacer vida sana en medio del campo y cosas así, pero el acto de tostar las células epiteliales al sol “porque sí” tiene pinta de ser una completa pérdida de tiempo. Al fin y al cabo un a rey muerto rey puesto, y gracias a los rayos del sol en la playa siempre huele a pelo chamuscado y células calcinadas reemplazadas en poco tiempo por otras nuevas y más bonitas.

Lo peor es la vuelta a casa y el paso por el supermercado, donde infinitas colas forman ante las cajas para pagar religiosamente (o mejor dicho, ateamente) aquellos bienes de consumo que cada cual tiene en su altar particular. Una barra de pan 85 céntimos, ¿qué? Debe ser que los hornos en la costa han de ir forrados de oro para que no se oxiden, porque sólo así me podría explicar semejantes precios. Pero un momento, el horno que tengo en casa tiene ya unos cuantos años, es de acero y no se ha oxidado ni lo más mínimo, así que me parece que mi teoría no se sostiene por ninguna parte. Me da a mí que nos están timando como a chinos con esto de inflar los precios en verano. Seguro que si me paso por aquí en Navidades no hay ni colas infinitas ni panes a precio de cabello de ángel. Poderoso caballero es Don Dinero…


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