Hoy por la mañana me acerqué a la escuela politécnica de la universidad de Alcalá de Henares donde hace unos días realicé mi último examen de la carrera para imprimir (infructosamente) unos documentos y el panorama que me encontré fue muy diferente al que estaba acostumbrado durante estos años. Ni que decir tiene que en el mes de Julio no hay demasiada gente rondando por allí, de modo que aprovechando que llevaba la cámara encima realicé unas cuantas fotografías del lugar, pues el tema de los lugares solitarios me llama mucho la atención.
Desde el vestíbulo principal arrancan unas escaleras que siempre están a rebosar de gente subiendo y bajando; pero hoy no había allí absolutamente nadie para dar color a la escena. Me gustó mucho el contraste entre luces y sombras de la escena y las amenazantes notas colgadas en el tablón de la derecha.
En la primera planta el panorama no era muy diferente: la luz entrando a borbotones por la ventana iluminando las plantas y las sombras de los grandes ventanales tatuándose sobre las columnas de granito.
En los pasillos de los laboratorios las puertas cerradas y los carteles medio desprendidos en los tablones anuncian que en estos días apenas nadie pisa estos suelos. Durante el curso es habitual asomarse a estas estancias y observar como un montón de alumnos se afanan en llevar a buen puerto sus prácticas, pero ahora la imagen es bien diferente. Lo que más me llamó la atención en ese momento era el silencio sepulcral que se podía sentir allí, pues es algo a lo que no estoy para nada acostumbrado.
Las mesas del vestíbulo de la planta baja en las que la gente suele utilizar sus portátiles, jugar a las cartas o charlar animadamente son hoy mudos testigos de todas las confidencias contadas a sus lomos. Con los exámenes de Septiembre todo volverá a su frenético ritmo habitual, pero verlas hoy tan vacías me hacía pensar que en cuanto nos descuidamos un poco el tiempo se va volando y no vuelve jamás.
Me encantan estas pequeñas sorpresas que me dan la oportunidad ver las cosas cotidianas desde un punto de vista diferente.









Bonita escuela, la mía parece un barracón.
Hace años las clases de ingeniería en la universidad de Alcalá de Henares se daban en unos barracones que daban auténtico miedo, pero hace ya unos años se construyó esta escuela y desde entonces todos contentos.
¡Un saludo!
Ya aprobaste el último examen, ¿no?
Ahora toca presentar el tfc.
Pues sí, y en ello estoy. Espero tenerlo listo para Septiembre o así, pues voy a aprovechar el verano para darle caña.
¡Un saludo!
[...] 2008 En ocasiones hay pequeños hechos que me llaman poderosamente la atención, y aprovechando la reciente visita a mi escuela completamente vacía me perdí por los jardines colindantes para disfrutar de un poco de [...]
tu escuela es preciosa!!!
Hola Luis!
He descubierto este blog por casualidad y este post en concreto me toca la fibra sensible. Qué rara está “la poli” en verano, que vista con la calma de tus fotos parece un sitio incluso acogedor… de no ser por los tablones de notas (el adjetivo “amenazantes” les viene al pelo). En fin, que a través de tus fotos como que descubro otro edificio diferente.
Por cierto, curiosas coincidencias, yo también estaba en ese examen de potencia, también era mi última asignatura y yo también aprobé. Lo que me sorprende es la seguridad que tenías de aprobar. Yo estuve acojonao hasta que salió la nota.
¡Wow; el mundo es un pañuelo!
Me alegro de que gracias a las fotos hayas visto “la poli” desde un punto de vista diferente. Ese día fui a ver al profesor que me lleva el TFC, pero al entrar en la escuela y ver que no había absolutamente nadie por allí aproveché que llevaba la cámara para retratar algunos de los rincones que tantas veces he visitado en los últimos años.
Y respecto al examen, hay que reconocer que no fue nada fácil, pero al menos iba con la tranquilidad de haber “casi aprobado” en dos de las tres convocatorias anteriores y por lo tanto siempre me quedaba la opción de hacer uso del “tribunal de compensación”.
¡Un saludo!