Autobuses, perros e inundaciones

7 07 2008

Llego con el coche al barrio y trato infructosamente de encontrar un hueco en el que aparcar. Doy vueltas y más vueltas sin conseguir absolutamente nada, de modo que me dirijo a una zona remota que no conozco de nada, pero que según me dice el GPS es la única en la que tal vez consiga dejar el coche.

Efectivamente logro aparcar, pero de repente descubro que estoy en una perrera llena de vallas altas y alambradas de espino. Se escuchan ladridos y gruñidos en la oscuridad de un bosque que no me deja ver más allá de mis manos. De repente un cartel aparece entre las ramas de la vegetación: “Parada de autobús”.

Llega un destartalado vehículo en el que apenas cabrían diez personas y me subo en él al tiempo que descubro junto al conductor a Elena; una compañera de la facultad a la que llevo meses sin ver. Elena me pregunta si ya he terminado la carrera y me cuenta que ella acabó abandonándola para dedicarse a cuidar niños pequeños. Me pregunta por alguno de sus antiguos profesores y le digo que sólo han pasado dos años desde su marcha, por lo que todo sigue más o menos igual que entonces.

De repente el autobús pega un frenazo y el conductor se calza una gorra de policía al tiempo que asegura que va a descubrir a los que se hayan colado en el autobús. Dice pertencer al FBI y que en el caso de que alguien no tenga billete será llevado a Guantánamo vestido con un mono naranja de inmediato.

Viaje nuboso

En ese instante recuerdo que al ver a Elena ahí sentada me he despistado y no he sacado mi billete, por lo que empiezo a asustarme al ver que el policía está a punto de llegar a mi altura con cara de muy pocos amigos. Con un rápido gesto consigo que la ventanilla que tengo a mi derecha se convierta en uno de los teletransportadores del videojuego Portal y salgo despedido a través de él apareciendo en el salón de mi casa.

Allí están mis padres, que sin extrañarse lo más mínimo por mi repentina materialización en medio del sofá me piden una factura del billete del autobús, así que les digo que tenía un agujero en el bolsillo que comunicaba con el fondo del mar y que por lo tanto la factura está empapada e ilegible. Ellos lo creen y me dicen que cosa el agujero con hilo de nylon para que no se deshaga con la sal, así que cojo el costurero y me pongo a arreglar la vía de agua antes de que la casa se empiece a inundar, porque en esos momentos sale tanta agua del bolsillo de mis vaqueros que ya nos llega por los tobillos y pronto alcanzará los enchufes.

Más o menos fue ahí cuando desperté un poco sobresaltado y con cara de no saber muy bien qué estaba pasando…


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2 respuestas

7 07 2008
Tere

Pues vaya sueño si jaja no me extraña que te despertases sobresaltado.Un tanto a gobiante esa situacion,que el tio del FBI te pida el billete y justo tu no lo tienes,que mal!!!!!!!!!!!!!

Besitos y espero que lleves bien el veranito.

8 07 2008
luipermom

Pues sí, Tere, no veas qué nochecita. Por unas cosas o por otras mis sueños siempre son de lo más raros, y lo peor es que cuando estás soñando (al menos en mi caso) las cosas parecen de lo más real.

Precisamente el hecho de que mis sueños sean tan “raros” es lo que me ha animado a plasmarlos aquí cuando los recuerde.

¡Un besito, Tere! ;-)

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