Llevo unos días escuchando bastante a The chemical Brothers. No es ningún “nuevo descubrimiento”, pues desde los tiempos del Dig your own hole vengo siguiendo todos sus temas muy de cerca, pero es cierto que no con tanta atención como hace unos años.
Cierto es que (para mi gusto) la calidad de sus creaciones ha bajado bastante en los dos últimos discos, pero aun así temas como Surface to air del Push the button o la maravillosa The pills won’t help you now del último We are the night son capaces de ponerme los pelos de punta y arrancarme una sonrisa.

The Chemical Brothers siempre me han llamado la atención por su “cultura musical”: ponerse delante de una mesa de mezclas y hacer un hit que suene en las discotecas de moda no debe ser tan complicado cuando en ocasiones no es más que un ritmo machacón y repetitivo junto a una melodía de tres notas con el pitch aumentado y disminuido a voluntad.
Sin embargo, “los hermanos químicos” toman elementos de lo más variopinto para crear una música electrónica (no confundir con el bakalao o chunda-chunda) que te llega muy dentro: algunas de sus composiciones son puro funk, otras son variaciones al estilo del algunos de los cánones de Bach, también nos podemos encontrar melodías minimalistas que terminan en una cascada de notas e instrumentos sonando como una maquinaria de precisión… En definitiva, una variedad de estilos y una fidelidad a su propio estilo que les hace merecedores de todo mi respeto y mi aplauso.
Y como los videoclips que acompañan a algunas de sus canciones también son auténticas maravillas audiovisuales hoy quería finalizar esta entrada con el de The golden path, que es de los más agradables de ver y uno de esos temas que te dejan con una sonrisa en la cara.





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